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Cumbre borrascosa
En letra impresa nº 939   |  4 de Abril de 2008
 

(Publicado en ABC, 4 de abril de 2008)

Ninguna cumbre internacional es, por definición, un fracaso. Hasta nuestra diplomacia se complace con las tres palabras arrancadas al presidente Bush. La OTAN es una organización político-militar, que cuenta con la mayor y mejor maquinaria bélica de la Historia. Acumula más de tres millones de soldados, miles de aviones, carros de combate, buques de guerra, armas nucleares y se gasta una cantidad importante en defensa. Y, sin embargo, lleva dos años sin ser capaz de que sus miembros aporten media docena de helicópteros para Afganistán.
 
Al mismo tiempo, la OTAN vive de lleno en un mundo global, donde las amenazas surgen en rincones muy alejados de sus bases y frente a las cuales sólo cabe una repuesta global. Estados Unidos ha venido defendiendo en los últimos dos años la necesidad de acercar a las estructuras aliadas a países tan distantes como Corea del Sur, Nueva Zelanda y Australia. Y hay quien, como yo, opina que Israel también debería ser otro invitado. La OTAN tendría que caminar hacia una organización de alcance global. Pero, por el contrario, en Bucarest sólo se ha podido invitar a Croacia y Albania, dos naciones que sin duda se lo merecen, pero que están muy lejos de añadir nuevas capacidades y horizontes a una Alianza necesitada de ambos.
 
La OTAN decidió hace muchos años que sus decisiones sólo responderían al acuerdo de sus miembros y que ningún otro factor debería determinarlas. Así fue como se consumó la primera ola de ampliación hacia Centroeuropa, en contra de la opinión de Rusia. En Bucarest, los aliados no han sabido permanecer tan firmes, y la ampliación hacia el Este, incluida Ucrania, ha quedado en suspenso. El fantasma de Rusia ha pesado demasiado en algunos líderes.
 
Y en cuanto a los refuerzos para Afganistán, los seiscientos soldados franceses anunciados son importantes, pero del todo insuficientes para cerrar una falla en la solidaridad entre aliados. Al final, una cumbre que se ha contentado con gestionar las muchas insatisfacciones mutuas y poco más.


 

 


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