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La reacción a Fitna: ¿quiénes son los extremistas?
Colaboraciones nº 2233   |  1 de Abril de 2008
 
Trabajo en una comedia sobre las costumbres del serrallo. Siendo autor español creo poder pinchar a Mahoma sin problemas: de pronto, un enviado… de no sé dónde, se queja de que ofendo con mis versos a la Sublime Puerta, Persia, una parte de la península de la India, todo Egipto, los reinos de Barca, Trípoli, Túnez, Argelia y Marruecos: y he aquí mi comedia por los aires para satisfacer a los príncipes mahometanos, entre los que no hay uno, creo, que sepa leer, y que no dejan de maltratarnos diciendo: ¡perros cristianos!
 
Así hablaba Beaumarchais en Las Bodas de Fígaro. Tres siglos después, ya no necesitamos enviados, los proporcionamos nosotros mismos.
 
He aquí unas cuantas reacciones occidentales al vídeo de Internet Fitna.
 
El reportaje estaba disponible el 27 de marzo alrededor de las siete de la tarde. Hacia las diez de la noche el primer ministro holandés ya había aparecido por televisión para condenarlo y calificarlo de deplorable. Felicitó a los musulmanes por su respuesta comedida. Lo hizo en holandés e inglés. Al día siguiente, el diario Trouw mejoró esto publicando su editorial también en árabe. El 29 de marzo el proveedor del vídeo tuvo que retirarlo ante la avalancha de amenazas.
 
Aparentemente el representante de los holandeses no había ido lo suficientemente lejos pidiendo perdón al mundo por la libertad de expresión y el presidente en ejercicio de la Unión Europea (y somos veintisiete países) estimó que la película constituía incitación al odio. Resulta que en derecho penal holandés esto es un delito. No quedó claro si la UE pretendía interponer una querella contra Wilders. El periódico De Telegraaf incrementó el celo publicando el modo y manera de presentar una queja legal contra el autor. Parece que la fiscalía había previsto un formulario porque, decía, ayudaría al proceso administrativo si muchas personas decidían acudir a los tribunales.
 
El secretario general de la ONU consideró firmemente – todas las reacciones son firmes y sus autores se muestran muy escandalizados – que la película dañaba las creencias de los musulmanes y era anti-islámica.
 
En comparación, las declaraciones procedentes de los países musulmanes fueron moderadas. Irán calificó las imágenes de violentas y su contenido blasfemo. Indonesia pensó que el vídeo era engañoso y racista. Jordania atacó al autor por ser sionista y extremista. La Hermandad Musulmana dijo que no era ningún llamamiento al diálogo, sino más bien a la guerra. Marruecos estuvo particularmente simpático y lo consideró un ejemplo de la estupidez humana.
 
La evolución parece clara, nos hemos convertido en radicales islámicos.
 
Ya somos más papistas que el Papa. Vaya, más bien no, puesto que el Papa bautizó a un musulmán italiano en la Vigilia de Pascua.
 
Las agencias de prensa aprovecharon la fitna, o sea el caos por el que obviamente transita Occidente, para hablar de Wilders como de un político extremista de ultraderecha. Es cierto, ha pedido la prohibición de un libro, el Corán. Pero también propone un adelgazamiento del estado de bienestar, menores impuestos y más control sobre la inmigración. ¡Intolerable!
 
¿Se puede ser más condescendiente con los musulmanes? ¿Se les puede tratar más como niños? No es seguro.
 
¿Apaciguará esto a los radicales o los animará a actuar?
 
Dado que se les ha robado el mensaje, quizá estén más airados que ayer. Imagínese su preocupación: Mira yo iba a hablar de la película esa holandesa, y, no te lo vas a creer, va y sale el primer ministro y dice mi parte. ¡Qué (expresión malsonante)!
 
Algunos creerán que están haciendo amigos, aunque quizá sólo les den razón para creer en nuestra debilidad y en que cualquier cosa nos arredra.
 
No se ha oído a ninguna voz oficial que defienda la libertad de expresión. Para mayor exactitud, sí se habló de ello antes de la aparición de la película dejándose caer que se podía prohibir y que Wilders debía ser precavido. Todo el mundo podía recordar que los vecinos de Hirsi Ali lograron que el juez la hiciera mudarse por el peligro que representaba. Acabó abandonando el país.
 
Por cierto, qué es lo que ha dicho.
 
Escribiendo en De Volkskrant recordó al primer ministro que podía haber sido más hábil antes de que saliera el vídeo. Sugería lo siguiente:
 
No se puede reaccionar sobre un película que no ha sido aún realizada, y hasta entonces cualquier posición oficial del gabinete permanecerá en un segundo plano.
 
Añadía:
 
En los Países Bajos el gobierno gobierna, y el parlamento controla. Respecto al parlamentario Wilders el gobierno se comportó como el controlador. Intentó activamente (…) acallar al representante. Que la oposición no haya actuado contra este grave intento de censura es más preocupante que cualquier película sobre el Islam.
 
¿Quién ofende más al Islam: el parlamentario que se plantea las cuestiones dolorosas pero relevantes sobre una creencia religiosa o el gobierno que expresa hipócritas palabras de respeto?
 
Como contraste recuerda el comentario de Ahmed Aboutaleb, un musulmán que resulta ser secretario de estado en ese mismo gobierno:
 
Los musulmanes deben pensar sobre el miedo que acompaña a su creencia. La mayoría permanece silente y eso no es bueno. Hemos escogido Holanda, precisamente por la libertad. Esto hay que decirlo. Echo de menos la voz que expresa su rechazo al extremismo.
 
Concluye Hirsi Ali:
 
Esperemos que el gobierno en su conjunto apoye ahora la elegante posición de su secretario de estado, Ahmed Aboutaleb.
 
No estaría mal, pero cabría incluso conformarse con menos. ¿Podría dejarse el discurso radical en la boca de los radicales sin hurtárselo?
 
De pronto, un enviado… de Occidente, se queja de que ofendo con mis versos…
 
Querido occidental, le entendí mal, creí que de usted vendría la voz que rechaza el extremismo, dice el musulmán.

 
Juan F. Carmona Choussat es Licenciado y Doctor en Derecho cum laude por la UCM, Diplomado en Derecho comunitario por el CEU-San Pablo, Administrador civil del Estado, y correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Su libro más reciente es "Constituciones: interpretación histórica y sentimiento constitucional", Thomson-Civitas, 2005.


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