- “¿Cómo decidiste venir hasta España, con lo lejos que está Rumania de aquí?”
- “Porque en Rumania todo el mundo sabe que en España todo vale”.
Así comenzó la charla con un inmigrante rumano que actualmente trabaja en la construcción y que llegó de su país hace ocho años, cuando Rumania no era un país miembro de la Unión Europea.
Para preservar su intimidad y por su propia seguridad, le denominaremos Pepe, acogiéndome, como periodista, al derecho de secreto profesional.
Su seguridad es la que más le interesa y, todo hay que decirlo, precisamente ese ha sido el factor que más trabajo ha costado que se crea. Es así porque Pepe llegó a España gracias a los servicios de una mafia.
* Su relato es digno de un buen guión de cine. Una vez más, la realidad supera con creces la ficción.
El éxodo
Rumania es uno de los claros ejemplos del devastador efecto que tuvo el comunismo durante buena parte del siglo XX en los países del Este de Europa. De conocerse como el París del Danubio en los años treinta, Bucarest pasó de ser una de las ciudades más cultas y ricas de la vieja Europa, a la capital de uno de los países más arruinados a causa de las casi cinco décadas de dictaduras estalinistas.
Solamente basta echar un vistazo a cualquier guía turística de los años treinta, para observar el nivel de vida de los rumanos que vivían en la capital: anuncios de las Galeries Lafayette, direcciones de dieciocho teatros y cincuenta cines. Impulsada por el petróleo, las materias primas y la agricultura, la economía rumana funcionaba a toda máquina. Hoy, con 22 millones de habitantes, los salarios rumanos representan sólo el 16% de la media comunitaria.
El horizonte para cualquier joven rumano, como Pepe, que tiene 37 años, ha sido desolador hasta ahora. Desde la omnipresencia de la corrupción (uno de los campos en los que la Comisión Europea le ha exigido mayores esfuerzos) hasta la economía, puesto que no hay que olvidar que el dictador Ceausescu dejó a Rumania sumida en la más absoluta pobreza, que ha repercutido en la falta de confianza de los rumanos hacia el Estado. La herencia de la dictadura es una losa muy pesada.
Rumania tiene tres asignaturas pendientes: el éxodo de su gente joven, tanto de gente preparada, como de miles de ciudadanos sin cualificación conocida, el envejecimiento de la población y la corrupción. Transparencia Internacional sigue considerando a Rumania el segundo país con mayor percepción de la corrupción de Europa, tras Albania.
El Gobierno está haciendo grandes esfuerzos por mejorar esta situación, sobre todo por su condición de postulante, primero, y miembro, después, de la Unión Europea, pero todavía queda mucho camino por recorrer y hay muchos jóvenes que no están dispuestos a empeñar su juventud en la espera.
- “Yo no soy de Bucarest, soy de Brasov, la ciudad del Conde Drácula, para que te sitúes. Vamos, que mi madre vive muy cerca del castillo. Decidí marcharme un buen día que llegué harto a casa de no encontrar trabajo y pensé que si quería tener un nivel de vida aceptable me tenía que marchar de Rumania. Yo era militar, pero con el cambio a la democracia, muchos militares nos quedamos sin trabajo. Lo único bueno es que tenemos buena disciplina y aquí eso se aprecia mucho cuando vas a pedir trabajo. Que seas formal y cumplas”.
Es cierto. Rumania es el país más pobre de la Unión Europea y ocupa el número 64 del ranking mundial en el Índice de Desarrollo, según PNUD.
Sin embargo, su nivel de formación es superior al que cabría esperar de un país en estas condiciones. Precisamente los profesionales cualificados son los que más han acusado el tránsito de un sistema comunista a otro capitalista. Las reglas del mercado han arrojado del mismo a mucha mano de obra cualificada, pero poco rentable. Los que se dedicaban a la agricultura han podido mantener su medio de vida, si son los propietarios de la tierra. Los que más emigran son los agricultores que trabajan por cuenta ajena, los profesionales de las zonas urbanas y los militares que se han quedado sin empleo. Rumania está despertando el interés de inversores extranjeros, pero todavía es pronto para que se ajuste el mercado de trabajo interno.
- “En Brasov, en Bucarest y en cualquier ciudad de Rumania, todo el mundo puede llegar a saber ciertos lugares donde acudir si te quieres marchar. En mi ciudad, hay un par de garitos, como decís aquí, en los que sabes que te pueden ayudar. Es muy fácil: tú dejas caer al camarero que te quieres marchar y solo tienes que acudir al mismo bar durante unos días para que entren en contacto contigo. Yo tuve que esperar quince días”.
- “Pero no te imagines un antro oscuro y tétrico, con gente de pinta dudosa. No. Es un bar normal y corriente. Tú vas con tus amigos, tomas unas copas, bailas…lo normal que hace la gente los sábados por la noche. Como tú ya has dicho que te quieres marchar, estás atento”.
- “Como te digo, a los quince días de dejarme caer por allí, se me acercó una chica y me dijo que si quería marcharme, me esperaban siete días después a las afueras de Bucarest y me dio la dirección de una gasolinera. Tenía que estar allí a las dos de la mañana, llevar poco equipaje y 1.500 euros. No me dijo nada más, ni tampoco supe nunca más de ella”.
No es de extrañar el periplo que cuenta Pepe. El papel de las mafias es fundamental si se quiere salir de un país de forma clandestina.
Las mafias internacionales controlan cerca del 80% del tráfico de personas. Las zonas de origen del tráfico humanos son África, Europa oriental y sudoriental, los países que integraron la hoy disuelta Unión Soviética, América Latina y el Caribe, considerada una región donde también se da el fenómeno de tráfico interregional, mientras que las de destino preferenciales son Estados Unidos, Europa occidental, Israel, Japón, Tailandia y Turquía.
Este dato es fundamental para entender que es muy poco probable que estos ciudadanos se lancen a esta aventura por su cuenta y riesgo. Sin entrar en el circuito de una mafia, es muy difícil tan siquiera intentarlo.
Las mafias están estructuradas como empresas multinacionales que disponen de sucursales en los países emisores de ilegales: el África negra, Asia, Europa del Este y Latinoamérica, son los principales focos del negocio. Interpol estima que tan solo en Europa pueden llegar a existir unas 4000 oficinas de estas mafias que están perfectamente informadas de las legislaciones nacionales para poder actuar luego en consecuencia. Controlan todo el proceso, desde el origen hasta su llegada, abandonándolos a su suerte si se presentan complicaciones.
También, según datos de Interpol, sabemos que unos 30 millones de documentos de identidad, robados o falsificados, circulan ilegalmente por todo el mundo. El banco de datos de este organismo nació en 2002 y almacena información sobre aproximadamente seis millones de ellos. Cinco millones del total circulan por la Unión Europea.
El gran tráfico de documentos es controlado por multinacionales del delito que blanquean sus propios ingresos. Expiden tarjetas de residencia o de crédito, cartas de invitación, resoluciones, permisos de trabajo, certificados de penales, médicos, de buena conducta o carnés de conducir.
La falsificación es relativamente fácil. Tan solo se necesita un buen equipo informático, una buena fotocopiadora y un sello fabricado en Quito o en Bucarest, por ejemplo. Esto es suficiente para engañar a las diferentes administraciones que generalmente, no cuentan con la preparación adecuada para detectar este tipo de documentos falsos.
La misma fuente de información asegura que una persona que se disponga a marcharse de su país, necesita entre 5.000 y 6.000 euros, para poder conseguir entrar en el espacio de Schengen.
Pepe tuvo más suerte porque, en principio, solo necesitó 1.500 euros…aunque eso solo fue el comienzo que, poco a poco, fue descubriendo.
- “Una vez que llegué a la gasolinera en la que se me había citado, no tuve que esperar mucho tiempo porque el contacto fue puntual. Cuando llevaba un ratito esperando, me hicieron señas con las luces de un coche y me invitaron a montarme en él. No pongas cara rara ni te imagines nada malo. No me pasó nada. Dentro del coche había un señor muy bien vestido que me trató con mucha educación. Me pidió el dinero y me entregó un pasaporte holandés. Ah! Se me olvidó decirte que tuve que entregar una foto a la chica del bar… eso creo que no te lo había dicho.”
- “¿Qué por qué no tomé la matrícula del coche por si acaso me pasaba algo?...bueno, tenía matrícula diplomática…sí, sí matrícula diplomática”.
- “Qué me estás queriendo decir cuando me dices que tenía matrícula diplomática, ¿es que era un coche robado?”
- “¡Qué va! Te quiero decir eso…”.
- “¿Me estás diciendo que quien facilita los papeles falsos para salir son…?”
- “Eso mismo. No te extrañes porque en mi país es un secreto a voces. Es la mejor manera de quitarse problemas de encima y de ganar dinero fácil. A mi no me sorprendió nada. Es más, si no hubiera sido así, es entonces cuando me habría asustado de verdad”.
En Rumania, el 42% de las familias reconoce haber pasado sobornos y el 38% de los funcionarios admite haber recibido alguno, según un informe del Banco Mundial. Esta corrupción es necesaria para sobrevivir, es el síntoma de una normalidad asumida –sea en el hospital, en la escuela, en la administración pública o en otra parte-.
En 2002, se creó una comisión nacional anticorrupción, pero no obtuvo importantes resultados. Hoy, el
Departamento Nacional Anticorrupción (DNA) ha logrado adquirir la autonomía exigida por la UE, y cuenta con la confianza de cerca del 39% de los rumanos.
De hecho, los altos niveles de corrupción hicieron peligrar la entrada de Rumania y Bulgaria en la Unión Europea. Los dos nuevos socios deberán cumplir estrictas normas en materia de control de la corrupción y de limitación de los fondos agrícolas.
En el caso de Rumania, la Comisión le exige esfuerzos en la reforma del sistema judicial, la lucha contra la corrupción como se ha dicho, el IACS (Asociación Internacional de Sociedades de Clasificación) las agencias de pago de fondos europeos y el sistema fiscal.
En caso de que produzcan incumplimientos o problemas, puede aplicar cláusulas de salvaguardia -incluidas en los dos tratados de adhesión-, medidas transitorias, correcciones en los fondos comunitarios y un mecanismo de cooperación y verificación para el sistema judicial y la lucha contra la corrupción.
Las presiones de la UE y el peligro inminente de una explosión social, son los motivos que han dictado la ley anticorrupción, considerablemente reforzada desde el 1 de enero de 2006.
España o Eldorado
- “Pero no llegué directamente a España. Al día siguiente de mi encuentro en aquella gasolinera me fui en autobús rumbo a Alemania, donde estuve trabajando unos meses de camarero, pero no te creas que es fácil. Allí te piden la documentación todo el tiempo, en cuanto te ven con pinta de que eres extranjero y no eres estudiante, precisamente… que te estás buscando la vida. Lo del pasaporte holandés me salvó en ocasiones, pero una vez que te han echado la vista encima, no te dejan en paz. Llevas pasaporte holandés, pero saben que eres rumano. Nos conocemos”.
“En esto está pringado todo el mundo. Cuando llegaba en autobús a las fronteras de cada país me hacían pagar más dinero y si no, me tenía que quedar en tierra. Me gasté más de 3.000 euros. Pasé por Hungría, Eslovaquia y Chequia hasta llegar a Alemania… era más fácil que ir por Austria…”.
Al preguntarle el por qué del pasaporte holandés, Pepe afirma que es solo una manera de despistar. Y además, es el que sigue utilizando. El destino es España porque “es que aquí todo vale y eso lo sabemos todos. Si haces alguna cosa, bueno, las leyes son muy permisivas, aquí hay un montón de mafias de mi país y no pasa nada… pero oye, yo soy un rumano bueno, que a mi me han robado mis propios paisanos en mi propia casa!”.
-“Aquí se vive bien, el clima es estupendo y sabes que es fácil regularizar tu situación y traerte a tu gente. Yo me traje a mi hermano y a su mujer. Mi madre no quiere venir, ella dice que ya es mayor para cambiar, así que me he comprado un buen coche y me voy todos los veranos a verla”.
- “Pero ya os podéis preparar porque como ahora se puede viajar porque somos de la Unión Europea, conozco a un montón de gente que se está preparando para venirse a España, sin tener que pasar por todo lo que yo pasé, que entre unas cosas y otras, tardé seis meses en llegar hasta aquí, esquivando controles y trabajando para recuperarme porque me fui quedando sin dinero”.
Sobre la propuesta del Contrato de Inmigración del Partido Popular, Pepe se muestra muy contundente.
“A mi me parece fenomenal y no me parece xenófobo. ¿Por qué? Si lo que hay que hacer es controlar y poner orden por el bien de todos, por vosotros y por nosotros, que también venimos buscando una vida mejor. Creo que a España le interesa dar una imagen de cara al exterior de que no todo vale, que las leyes se cumplen. Ya te he dicho que ese fue precisamente el principal motivo por el que elegí llegar hasta aquí. Si te soy franco, a mi me habría gustado quedarme en Alemania, allí si que funcionan las cosas bien, pero no es fácil quedarse, son más estrictos que vosotros, no son nada permisivos”.
“Yo no se nada de política, pero creo que si sigue llegando gente sin control y de forma masiva como está llegando, las cosas serán peor para todos porque todos queremos vivir, trabajar y salir adelante. Al final, los que os vais a tener que marchar vais a ser vosotros porque, no te engañes, los españoles, además, os habéis hecho muy señoritos y no queréis trabajar en la construcción, ni en el campo. Nosotros sí queremos, así que cuando se os acaben los trabajos buenos, tendréis que trabajar como nosotros”.
Testimonios como el de Pepe deberían hacernos pensar a todos, tanto a los ciudadanos, como a los políticos que tienen encomendada la tarea de gobernar por el bien de todos.