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Rafael Bardají: “En política exterior, ZP nos metió en un purgatorio”
Colaboraciones nº 2231   |  31 de Marzo de 2008
 

(Publicado en La Nación, 29 de marzo de 2008)

Considerado uno de los analistas políticos más brillantes, es uno de los miembros fundadores del Grupo de Estudios Estratégicos.
 
Después del 9 de marzo, ¿puede seguirse hablando de Zapatero como ‘presidente por accidente’?

Esa expresión ha quedado obsoleta. Nos guste o no, Zapatero es un presidente con un apoyo popular claro: once millones de votos legitiman su proyecto, despejan las dudas sobre su acceso al poder.

O sea, que de ‘amarga victoria’, nada.

Si yo fuera Zapatero, estaría muy contento. Ha eliminado por la izquierda al Partido Comunista, se ha tragado buena parte de los votos de los nacionalistas radicales y ha vuelto a dejar en la cuneta un proyecto que tenía visos de alternativa: el del PP.

¿Puede éste hablar de ‘dulce derrota’?

La derrota es la derrota y todo lo que se haga por autocomplacencia es un grave error de estrategia.

La caída pudo ser más dura, ¿no?

Sí, pero ni el aumento de votos puede obviar que el PP no ha sido capaz de batir el proyecto de Zapatero.
 
Parece que ese proyecto no es tan simple como parecía.
 
Soy de los que nunca pensaron que Zapatero fuera tonto. Creo que su concepción de la política es bastante consistente, aunque a muchos nos parezca exótica. Lo que busca es un cambio de régimen.

Hablamos, por tanto…
 
De una revolución.

¿De qué tipo?
 
Política y social.

¿En qué consiste la política?
 
En emplear todos los medios al alcance para eliminar al adversario político. De ahí su empeño en vaciar de contenido las instituciones de la democracia liberal.
 
¿Y la social?
 
En hacer creer que lo normal, la columna vertebral de la sociedad, no son las mayorías sino las minorías; da igual lo estrambóticas que sean.
 
¿Están ya en marcha ambas revoluciones?

Desde hace cuatro años. Y me temo que a lo largo de esta legislatura Zapatero no va sino a acelerarlas.

Aunque sea implícitamente, el programa de Zapatero incluye el ‘no’ a la Constitución, el diálogo con ETA, la crisis económica. ¿En qué país vivimos para que se votara lo que se votó?
 
No seré yo quien diga que en el país de los Rodolfo Chiquilicuatre, pero…
 
¿Pero?

España no está acostumbrada a asumir responsabilidades ni tiene ganas de hacerlo. Éste es un país en el que la gente vive cómodamente instalada en la riqueza fácil, en la cultura del aquí y ahora, en la despreocupación por el futuro…

¿A qué conduce eso?

A allanarle el camino a la agenda revolucionaria que promueven Zapatero y la izquierda radical.

Esa agenda busca cambiar las categorías mentales de la gente. ¿Por qué no juega el PP a lo mismo?

Porque se contenta con ser visto como un buen gestor en lo económico; por eso no le importa ceder a la izquierda el terreno en lo cultural; terreno en el que la derecha lleva treinta años, incluyendo los ocho de Aznar, perdiendo las elecciones.

En esta línea, ¿qué discurso tendría que hacer el PP en materia de inmigración?

En primer lugar, decir “basta” a la inmigración procedente de países musulmanes.

¿Y en segundo lugar?

Retomar la idea de la identidad nacional con el modelo australiano en la cabeza: estamos abiertos a todos siempre que asimilen nuestra forma de vida.

Y en materia de dignidad humana, ¿qué debería hacer el PP?
 
Poner en marcha una campaña a favor de los derechos de la persona; campaña que pasa por decir que el Parlamento no puede regular ni la vida ni la dignidad, pues éstos son derechos innatos, anteriores a toda situación política.

Mientras la cúpula del PP pone en orden sus ideas, las que parecen tenerlas bastante claras son las bases, ¿no?

En los últimos cuatro años ha surgido un movimiento claramente conservador que ha opuesto a Zapatero un montón de iniciativas: publicaciones, think tanks, plataformas cívicas…

¿Será el PP la vanguardia de ese movimiento?

No necesariamente. Es más, muchos activistas de ese movimiento ni siquiera están afiliados al PP.

Pero le votan.

En la medida en que creen que representa a la opción política de la derecha.

¿Podría el PP perder su apoyo?

Sí, si sigue corriendo rápido para ocupar un espacio político que hace años dejó de existir en España: el centro.

Pues en Génova 13 hay quien cree que el aumento de votos se ha debido precisamente a ese corrimiento al centro.

Si ésa es la lección que sacan, me temo que nunca van a ilusionar a su gente. Mire, los cuatrocientos mil votos de más son porque los votantes han visto en el PP un baluarte frente a la revolución de Zapatero.

¿Qué debería hacer el PP?

Permanecer fiel a esos principios y valores que caracterizan al centro-derecha español. Lo que no puede hacer el Partido Popular es convertirse en el ala derecha del PSOE.

Ese movimiento conservador del que habla, ¿caerá sobre el “ansia infinita de paz” de Zapatero?

Cuando estuvo en minoría, Zapatero mostró un talante belicista y aniquilador. Imagínese ahora, que tiene más capacidad de movimiento.

O sea, que su talante…

No es liberal, es totalitario.

Zapatero mostró sus peores artes cuando la intervención en Irak; intervención de la que se han cumplido cinco años. ¿Irak fue un error?

Para mí sigue siendo una intervención noble, con unos objetivos legítimos.

Sin embargo, los resultados…

No ponen en entredicho el buen propósito de la acción. La situación ha sido más complicada de lo que se preveía, pero está empezando a corregirse. Hay que abandonar esa mentalidad de fast food según la cual las guerras se ganan en cinco años.
 
Otra cosa que parece estar corrigiéndose son las relaciones EEUU-España. Ahí está la carta de felicitación que Bush mandó a Zapatero.

Aunque se haya cerrado ese paréntesis de provisionalidad provocado por la idea de que Zapatero iba a durar cuatro años, la carta no deja de ser un gesto diplomático entre Gobiernos. Queda el enfrentamiento personal, que lo trasciende todo.

Y si gana Obama?

Seguiríamos teniéndolo complicado, pues se exigiría de nosotros una serie de gestos respecto a Cuba, Venezuela… En fin, que las relaciones no mejorarán mientras el Gobierno se mantenga alineado con los malos de la película.
 
Eso en Estados Unidos. ¿Y en Europa?

Los grandes seguirán sin hacernos un hueco en su mesa, sin invitarnos a sus parties, mientras no hagamos los deberes en casa; deberes que pasan por una economía saneada y unas fuerzas armadas potentes.

¿Es algo que tenga Zapatero en cartera?

Me temo que no.

En el primer debate con Zapatero Mariano Rajoy dijo: “En política exterior, yo Sarkozy y Merkel, usted Castro y Chávez”.

Es una radiografía acabada del purgatorio en que nos metió Zapatero solito.


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