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“Rajoy 3.0”
En letra impresa nº 932   |  31 de Marzo de 2008
 
(Publicado en Boletín del PP de Washington, 31 de marzo de 2008)
 
Se diga lo que se diga, sean las causas que sean, hay una cosa cierta e inexorable del resultado electoral del 9 de marzo: el PSOE de Rodríguez Zapatero ha ganado y el PP no ha vencido. No por triste menos claro. El consuelo que se pueda encontrar en el aumento de votos –importante-, en la mejora de escaños – significativa- o una mayor participación en las comunidades donde gobierna el Partido Popular, no puede cambiar la realidad de las cosas: Z seguirá gobernándonos otros cuatro años. El reto ahora es evitar que obtenga su tercer mandato.
 
Las vacaciones de Semana Santa han traído al país un periodo inusitado de calma política, a la que no estábamos acostumbrados desde hacía meses. Todo el mundo parece instalado en una inacabable reflexión. El gobierno, sobre su composición y su programa de acción; el Partido Popular, sobre su posible renovación, el tono y el contenido de su futura acción opositora.
 
Los ejercicios de reflexión suelen ser buenos, siempre y cuando se acaben asimilando las lecciones correctas. Si lo que se extraen son lecciones equivocadas, más valdría evitarlos. Pero, ¿qué podemos esperar para España en el segundo mandato de Rodríguez Zapatero? He aquí algunas claves:
 
-          Zapatero 2.0: con unos poquitos votos más que en el 2004 y una presencia parlamentaria más holgada, pero sobre todo, con un apoyo popular del 436 de los votantes, algo que ningún otro líder socialista jamás había conseguido, José Luis Rodríguez Zapatero logra algo muy importante para el ejercicio del poder, acabar con la permanente deslegitimación de haber llegado al poder de forma accidental. Su elección en el 2008 nada tiene que ver, a primera vista, con la de 2004. Siempre hay pasión e irracionalidad, pero ya nadie puede discutirle su tirón político. Se supone que estará encantado de haberse quitado de encima la sombra de la sospecha sobre su propia capacidad de persuasión.
 
-          Talante y mal rollo: el dirigente socialista se estrenó tras ganar en 2004 diciendo que gobernaría desde el talante y para todos. Hoy sabemos, por desgracia, que o se engañaba, o nos engañaba, o ambas cosas a la vez. Su actitud permanente ha sido la de primar el sectarismo, traicionar sus compromisos a diestra y siniestra, y pretender eliminar del espacio político al principal partido de la oposición y a la mitad del país que le apoyó entonces (y que le sigue apoyando ahora). Nada más conocer los resultados de estos últimos comicios, el presidente se apresuró a declarar que con más poder puede permitirse el lujo de ser más humilde y gobernar de otra manera. Tiemblo, conociendo las dobleces que se gasta y la continua perversión del lenguaje que maneja. Zapatero ha dado reiteradas pruebas de entender la política como una guerra, como un auténtico proceso de destrucción del adversario, limitado en sus acciones simplemente por el oportunismo y la correlación de fuerzas.  Confiar que ahora, más libre de ataduras, va a cambiar sustancialmente su forma de entender el mundo, pertenece al mundo de los sueños y de los ingenuos. Su modelo es el PRI mexicano y hará cuanto esté en su mano para instalarse en el poder. Zapatero quiere a su PSOE embedded en el Estado.
 
-          Democracia totalitaria: es discutible que la intolerancia política de Rodríguez Zapatero pueda convivir bien con los principios básicos de la cultura tradicional que dio forma a la democracia liberal. El ansia de poder de los socialistas de Zapatero ha levado a despreciar la esencia democrática, a saber, hacer valer la voluntad de la mayoría. Su concepción de que la mayoría es igual a la adición lineal de las minorías, le garantiza sin duda la gobernabilidad, pero desprecia a veces al grupo más votado o con mayor representación política, como pasó en Galicia. Por no hablar del significado profundamente antidemocrático del famoso pacto del Tinell, excluyente y sucio donde los haya. Zapatero tampoco es liberal, en el sentido de primar la libertad del individuo. Para él, el estado puede y debe actuar con injerencia en esferas que hasta ahora estaban reservadas como derechos inalienables de la persona, desde su fe a su vida o muerte. Y estas son creencias demasiado profundas como para poder pensar que Rodríguez Zapatero se va a desprender voluntariamente de las mismas. Su democracia post-moderna es bastante menos democrática de lo que quiere hacernos ver.
 
-          Izquierda, radicalismo e infantilismo: en toda izquierda radical siempre hay un elemento de infantilismo. Y no lo digo yo, ya lo avisó Lenin hace un siglo más o menos. El PSOE de Zapatero no se escapa a esta tendencia. Se ha dicho, y mucho, que su razón de ser estribaba en polarizar y movilizar a la base radical en España. Lo ha hecho sin problemas con sus políticas destructivas de la España que conocíamos. ¿se puede esperar algún signo de racionalidad y moderación para éste, su segundo mandato? Yo no lo espero. Por una sencilla razón: como todos sabemos, una parte muy importante de su victoria se debe al trasvase de votos desde los grupos más radicales del panorama político español, incluyendo a IU, ERC y PNV. ¿Han votado los independentistas de Cataluña al PSC, por citar un caso, porque se han vuelto moderados o socialistas de la noche a la mañana? ¿O más bien porque el PSC se ha hecho más nacionalista y radical? Como todo lleva a pensar que esto último es lo acertado, la necesidad de que Rodríguez Zapatero siga contentado a una base cada vez más estrambótica tiene que llevar, por fuerza, a unas políticas más y más extremas.
 
¿Cómo combatir todo esto en la medida que se materialice (y en mi opinión lo hará y bien pronto)? Hay que empezar reconociendo que el líder de la oposición en estos cuatro años pasados, el Rajoy  que hemos conocido, ha conseguido lo que casi nadie se esperaba: mantener al PP como una alternativa creíble de poder. A pesar de la feroz campaña orquestada desde el PSOE y muchos medios de comunicación. No hay que insistir en ello, porque aún sin haber podido vencer el 9-M, el crecimiento significativo del PP pone de manifiesto su gestión. Con todo, el inmovilismo no es una opción, ni el enrocamiento. Pero lo que más conviene en estos momentos es no equivocarse en los cambios que sí son necesarios y evitar los gratuitos.
 
-          Rajoy 3.0: Mariano Rajoy, lo ha dicho. Se siente libre para construir su propio equipo. Al menos ahora está en la situación de poder presentarse como lo que él quiere y decide, libre de un pasado cada día más alejado de su estilo y manera de hacer las cosas. Pero una cosa es cambiar de caras y otra, muy distintas, cambiar de ideas. El post-aznarismo es un invento interesado de la izquierda y el PP debe calibrar muy finamente cuáles son los impulsos que de verdad mueven a su electorado.
 
-          El falso debate sobre el centrismo: ya han saltado las voces que dicen ver en la no victoria del PP un déficit de centrismo. Hay que dejarlo bien claro, porque los votos no mienten: el PP no tiene ningún problema con el centro, porque el PP es la fuerza en la que se han reconocido y a la que han votado mayoritariamente los “centristas españoles”. Quien de verdad tiene un problema por el centro es Zapatero y su partido socialista. EL PSOE no se ha movido electoralmente hacia el centro, sino que le ha robado buena parte de su base a los radicales y extremistas. El PP no tiene que transformarse para ganar el centro, porque ya está ahí.
 
-          Malas y buenas ideas: los dirigentes socialistas han acusado al PP de ser antipatriota porque hablaba de crisis económica y de agoreros apocalípticos por agitar el fantasma de la balcanización de España. Sería una mala, pésima, idea abandonar esos temas porque se nos acusa de radicales y extremistas. Los votantes no lo han percibido así. entre otra serie de cosas porque el discurso de el PP, sus ideas, su diagnóstico sobre la situación por la que atraviesa España era el correcto y apropiado. ¿No se avisó de que el diálogo con ETA no podía conducir a buen puerto? Ahora es Rubalcaba quien anuncia “un largo ciclo de violencia”; ¿No se denunció que con las concesiones a los nacionalistas se estaba quebrando el principio de igualdad entre los españoles? Hasta Rosa Díez lo mantiene; ¿No se criticó que el gobierno nos llevaba con su inacción derechitos a una grave crisis económica? Delicada situación que Solbes ha tenido que admitir públicamente tras las elecciones. El PP no tiene por qué renovar sus ideas fuerza, porque eran acertadas y lo seguirán siendo si se defienden con claridad.
 
-          Comunicación y sociedad: es ya un mito eso de que el PP tiene enfrente a todos los grupos mediáticos. De ser así, en lo que habría que pensar es en adecuar la comunicación a dicho entorno. La buena nueva es que fuera del PP existe eso que se conoce como sociedad civil,  donde en los últimos años han ido surgiendo iniciativas variopintas, pero todas ellas en nuestro lado de la trinchera, el bando de la libertad y la dignidad humana. No se trata de cambiar de mensaje, sino de vehiculizarlo de otra manera y por otros canales. Innovación y networking serán clave en el lado del conservadurismo español, como lo ha sido en otros países.
 
-          Personalismo y equipo: Z juega en el terreno del líder faraónico. Sería bueno que al líder del PP no se le viera ni aislado ni solo. ¿Por qué no innovar con una práctica común en otros vecinos? ¿Por qué no crear un gabinete en la sombra, con nombres y apellido que impulse alternativas y marque estrechamente al gobierno? El cambio es posible y hay que ponerle caras. Y no pasa nada si algunas de ellas cambian durante el camino al poder.
 
Es manido decir que las crisis encierran también una oportunidad. Evitemos los riesgos y llevemos al PP y a España a donde se merecen.


 

 

 


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