Si algo demuestra el voluminoso libro La Guerra de Charlie Wilson, obra del veterano periodista de CBS News George Crile fallecido en 2006, es que la tan manida frase “la política es el arte de hacer posible lo necesario” a veces se hace realidad, posibilitando incluso que eso que es necesario pero que parece inalcanzable llegue a lograrse. Eso es precisamente lo que consiguió en la década de los años ochenta del siglo XX el Honorable Charles Nesbitt Wilson, un congresista de Tejas que logró poner en marcha un circuito de apoyos a los muyahidin (guerreros sagrados del Islam) afganos que, involucrando al Gobierno estadounidense y a la CIA pero también a actores variados como el Gobierno paquistaní del General Zia Ul Haq y sus servicios de inteligencia, el ISI, miembros del Gobierno egipcio, contactos en Israel y quién sabe quién más - lean el libro para ilustrarse - logró coadyuvar a derrotar sobre el terreno al Ejército soviético desplegado en Afganistán desde 1979. Recuperando la frase que la CIA utilizó durante la pionera entrega del premio al “Colega Honorario” a Charlie Wilson en junio de 1993 - “Charlie Did It”, es decir, “Charlie lo hizo” - podemos asegurar que hizo “lo necesario”, que entonces no era otra cosa que derrotar a los soviéticos en el contexto de la Guerra Fría en el que aún vivía el mundo.
Para aquellos que puedan acercarse a las interesantes páginas de este libro que, además, ha servido de base para realizar una entretenida y también recomendada película, con el ánimo más puesto en el 11-S y en la Al Qaida que según algunos creó o contribuyó a crear Washington en los ochenta, su lectura les permitirá entender el contexto en el que tal ayuda - por otro lado no sólo estadounidense - se produjo. Aunque es evidente que ésta, aportada en gran medida gracias a la labor quijotesca de un terco Charlie Wilson que formó binomio con el pintoresco agente de la CIA Gust Avrakotos y que facilitó a los muyahidin los famosos “Stinger” aparte de otros modelos de armas en abundancia, coadyuvó a derrotar a los soviéticos sobre el terreno, también lo es que tal esfuerzo hay que situarlo en su justo lugar, recordando en paralelo el deterioro de la URSS provocado por la firmeza occidental y sobre todo estadounidense manifestada en el terreno político-diplomático, económico, tecnológico y militar, con una presidencia de Ronald Reagan que también supo con su Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI, en sus siglas en inglés) doblegar a su principal enemigo de entonces.
Charlie Wilson había pasado por la Academia Naval de Annápolis, servido en la VI Flota y trabajado en el Pentágono antes de decidirse a probar suerte en la política. En esta se ocupaba de temas mundanos sirviendo los intereses de sus electores tejanos cuando un día comprendió que su presencia en el Subcomité de Operaciones en el Exterior, dependiente del Comité de Asignaciones de la Cámara Alta, bien podría servirle para hacer algo útil en una lucha contra los comunistas que él consideraba obligada. Era uno de esos estadounidenses que no podía olvidar a sus 58.000 compatriotas muertos en Vietnam y que quería pasar factura a una Unión Soviética a la que consideraba responsable última de dicha hecatombe. Desde su puesto en la Cámara Alta Charlie Wilson observó con inquietud el triunfo sandinista en Nicaragua en julio de 1979 y la consolidación de la Revolución en los primeros ochenta, el contagio a El Salvador o a Granada de dicha dinámica revolucionaria y el papel de Cuba y de la URSS detrás de todo ello, pero a diferencia de muchos otros que entonces en Washington consideraron que el frente principal del anticomunismo estaba en el Caribe él supo ver que Afganistán, donde los soviéticos recibían como respuesta de los guerrilleros locales desesperados ataques con viejas armas o con cuchillos y piedras, podía convertirse en el Vietnam de los soviéticos si se les ayudaba de forma inteligente y con las armas que necesitaban. El libro narra cómo los soviéticos se aventuraban poco en el accidentado suelo afgano haciendo que el 80% de sus acciones militares se realizaran con cazas Mig y con los temidos helicópteros de combates Mi-24 Hind, y ahí es donde nuestro protagonista decidió fijar el objetivo principal de su activismo, en derribar a los “pájaros” soviéticos. Un excelente reportaje sobre Charlie Wilson que he rescatado de mi biblioteca para redactar esta reseña apareció en el número de julio de 1989 de la veterana revista de los mercenarios,
Soldier of Fortune, y está dedicado al seguimiento de su esfuerzo personal incluso sobre el terreno, en Afganistán, sirviendo junto con el voluminoso libro de Crile para demostrar lo que un sólo individuo, bien motivado y conocedor de sus capacidades, pudo hacer entonces y podría hacer hoy en términos de movilización.
[1] La historia, que tendrán que leer, termina con la evacuación militar soviética de Afganistán culminada el 15 de febrero de 1989, en ella no falta nadie en cuanto a protagonistas - aunque Osama Bin Laden no aparece citado ni una sola vez en el libro - y se entiende mejor cómo la desmovilización incontrolada de los muyahidin y el abandono a su suerte de Afganistán tras vencer en dicho país al enemigo soviético provocó efectos nefastos en el vecino Pakistán, en el propio Afganistán y en otros lugares tanto próximos como alejados del escenario principal de esta historia.
Leer este libro hoy es interesante, entre otras cosas porque nos permite saber más sobre el único Yihad guerrero que ha triunfado hasta la fecha en la Historia Contemporánea y que esperamos que sea el único. Aquí debemos extraer como lección que el Yihad guerrero que hoy agitan los yihadistas salafistas a lo largo y ancho del mundo, y que aún bebe en las fuentes de lo que para ellos supuso la victoria afgana que consideran propia y en la que los occidentales no tienen mérito alguno, no debe de triunfar, y que los errores, olvidos y desatenciones que se cometieron en 1989 dejando a Afganistán a su suerte no deberían de repetirse en otros escenarios de hoy. Si lo hiciéramos tendríamos que seguir repitiendo la dura frase con la que termina la película que sirve de agradable refuerzo a la lectura de este libro.