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En la fiesta de Juan
En letra impresa nº 916   |  7 de Marzo de 2008
 
(Publicado en ABC, 7 de marzo de 2008)
 
El pasado martes por la noche, Washington, no era una fiesta. Una ciudad de aplastante mayoría demócrata y que se ha volcado con el senador Obama, veía esfumarse las posibilidades de salir elegido esa noche como el candidato demócrata a la presidencia. No sólo Hillary no se retiraba, sino que tras sus victorias en Rhode Island, Ohio y Texas, ponía en entredicho el liderazgo del favorito de los washingtonianos, una población mayoritariamente negra.
 
Al mismo tiempo, los sentimientos entre los republicanos eran bien distintos. Se acabó la lucha intestina y desde ese momento, su candidato formal, el senador John McCain, podría dedicarse a lo que tiene que hacer: llegar a la Casa Blanca.
 
Hace unos meses, un estratega del campo de Clinton se regodeaba en Madrid diciendo que por primera vez en muchos años, los republicanos llegarían a su convención sin un candidato claro. Tengo que llamarle para felicitarle. Su pronóstico era acertado, sólo que se equivocó de partido.
 
No es de extrañar, por tanto, que en la noche del martes, un prestigioso bufete de abogados de la capital americana organizase una fiesta para el equipo de McCain. En la planta 12 del histórico edificio Watergate. No más de treinta personas que iban desgranando los resultados a medida que se iban conociendo. La alegría estaba cantada cuando el senador por Arizona superó la barrera de los 1.191 delegados y su principal rival, Mike Huckabee anunció su retirada, pidiendo el apoyo  para el candidato oficial del partido republicano.
 
O sea, que mientras Obama y Clinton continúan desangrándose en una carrera cada vez más costosa y erosionando su imagen mutuamente, el dinero fluye en el lado republicano y la mayor preocupación de McCain ahora es elegir un buen compañero como vicepresidente.
 
Con la debida moderación alcohólica, las copas se alzaban en sucesivos brindis entre el equipo de McCain la otra noche. Me hubiera gustado poder saludar a algún representante de nuestra embajada en Washington, pero no había nadie.


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