Elisa Morejón tiene mala suerte. Primero, porque es cubana pero quiere vivir como vivimos los demás, en libertad, libre del miedo de la policía política de una dictadura represiva y asfixiante. Segundo, porque está casada con un doctor en medicina, Óscar Elías Bicet, que actualmente se pudre en las cárceles de los Castro por el simple delito de defender la libertad de expresión para todos los cubanos.
El doctor Bicet, a los ojos de la dictadura castrista no sólo es un disidente demócrata y pacifista, no sólo es educado y culto, sino que es negro y eso para los castro es definitivo. Su racismo les ha llevado a pensar que los negros cubanos le deben lealtad absoluta, son sus esclavos políticos. La rebeldía de Oscar Elías Bicet le ha costado una condena de 25 años. Una desgracia para él y para su familia.
Pero Elisa Morejón no tenía suficiente penitencia con esa tragedia motivada por el empecinamiento represor de unos pocos. Ahora ha conseguido un pasaporte que le permita viajar y explicar el caso de su marido, en su deseo de verle pronto en libertad y con las atenciones médicas que necesita.
La mala suerte de Elisa Morejón es que ha comenzado por el gobierno español en la forma de la Secretaria de Estado Trinidad Jiménez. La pobre pueda que no sepa que ha ido a dar con los cómplices de la dictadura castrista. La misma Jiménez que seguramente le prometerá todo tipo de consuelo se sienta en un gobierno que impide que el comunicado de la próxima cumbre Unión Europea-Estados Unidos llame a la transición democrática en Cuba y rechace la sucesión hereditaria de Fidel a Raúl. El mismo gobierno socialista que también se niega a introducir una condena por la actuación desestabilizadora de Hugo Chávez en la región.
Hace muchos años, la mujer de otro preso político, esta vez en la todavía URSS, la mujer de Natan Sharansky, removió cielo y tierra para conseguir que su marido saliera del GULAG donde estaba sepultado. Tardó diez años, pero al final dio con un presidente, Ronald Reagan, que hizo de la liberación de Sharansky su propia cruzada. Y Sharanski, a quien me complace infinitamente conocer personalmente, acabó siendo liberado.
Con esto sólo quiero transmitir esperanza a una mujer como Elisa Morejón, injustamente castigada por una dictadura. Pero también ponerla sobre aviso: El actual gobierno español ha traicionado a los disidentes cubanos. Cuando le ha tocado elegir, ha optado por el lado de la represión, no por el de la libertad en Cuba. Que no se llame a engaño y que no se deje engatusar por lo que le cuenten. Lo que si debe saber es que la UE se deja llevar por lo que sobre Cuba diga España y que la España actual no está a la altura de las circunstancias históricas y prometedoras que se abren a los cubanos. Su Reagan no está en Madrid. Búsquelo en Praga, La Haya o Londres, pero no aquí.