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¿Está en peligro la seguridad del programa nuclear paquistaní?
En letra impresa nº 913   |  4 de Marzo de 2008
 
(Publicado en War Heat Internacional nº 61, febrero de 2008)
 
Ante la crisis en la que vive Pakistán, poblado por 169 millones de habitantes y única potencia nuclear del mundo islámico desde que iniciara en los setenta sus programas de armas y realizara en mayo de 1998 la primera prueba con una cabeza atómica, diversas potencias con EEUU a la cabeza comienzan a inquietarse por la seguridad de las más de 50 armas nucleares de las que el país asiático dispone, aunque algunas fuentes elevan la cifra por encima del centenar. Aunque Pakistán se ha comportado tradicionalmente como un actor racional en lo que a su arsenal nuclear respecta - el 21 de febrero de 2007 los Ministros de Asuntos Exteriores de Pakistán e India alcanzaban un acuerdo para reducir los riesgos de accidentes vinculados a sus arsenales nucleares -, los temores crecen ante tres hipotéticos escenarios: que terroristas yihadistas ataquen alguna de sus instalaciones nucleares; que el caos en el país lleve a perder el control de las cabezas y otras piezas nucleares; o que terroristas logren hacerse con material nuclear o piezas importantes del arsenal.
 
El proceso político y el futuro de la seguridad
 
Las continuadas movilizaciones de la oposición contra el estado de excepción impuesto por el General/Presidente Pervez Musharraf el 3 de noviembre, unido a la presión internacional liderada por los EEUU y por la Commonwealth, organización internacional que el 23 de noviembre suspendía a este país como miembro mientras no levante dicha medida, han conseguido doblegar la posición de Musharraf. Este no sólo ha renunciado a sus intentos de retrasar las elecciones legislativas y regionales al menos un año - finalmente se celebrarán el 8 de enero próximo - sino que también renunciaba el 28 de noviembre a la jefatura de las Fuerzas Armadas.. El 15 de noviembre había terminado la legislatura y dicha renuncia era una de las condiciones imprescindibles para que continuara con tranquilidad el calendario político. Así no sólo tranquilizaba a muchos, dentro y fuera de Pakistán, que Musharraf entregara el bastón de mando al General Ashfaq Pervez Kayani, según todos los análisis la persona prevista por ser el número dos del régimen, sino también porque se considera a este último un hombre moderado, buen aliado de Occidente y más que probable continuador de la línea pragmática de Musharraf. Kayani, quien fuera antiguo asistente militar de Benazir Bhutto cuando esta era Primera Ministra, había intercedido semanas antes ante Musharraf para lograr el regreso desde el exilio de la líder del opositor Partido Popular Paquistaní.
 
El camino que ha llevado hasta esta prometedora situación no ha sido fácil y aún existen múltiples riesgos en el horizonte. El pulso arrastrado durante  meses entre la Presidencia y la cúpula del Tribunal Supremo perduraba porque Musharraf retrasaba su renuncia a la Jefetura de las Fuerzas Armadas, puesto incompatible con su cargo presidencial. El Parlamento le avaló en octubre como Jefe del Estado para otros cinco años y el Supremo se disponía a frenar al proceso por no haber cumplido la obligación de dejar el mando supremo militar. En aplicación del estado de excepción las fuerzas de seguridad descabezaban al Tribunal Supremo - al menos 8 de sus magistrados incluido su Presidente Iftikhar Mohamed Chaudhry, rival enconado de Musharraf, fueron puestos bajo arresto domiciliario - y realizaban en los primeros días múltiples detenciones entre miembros de la abogacía y de la magistratura, periodistas y opositores del principal partido religioso, el Jamaat e-Islami, y de la Liga Musulmana de Pakistán-Nawaz, del exiliado ex-Primer Ministro Nawaz Sharif. Benazir Bhutto reaccionaba con prudencia, asegurando que no aceptaría una ley marcial encubierta pero llamando a sus seguidores a la calma. Con el regreso de Sharif a Pakistán el 25 de noviembre y el aval de un rediseñado Tribunal Supremo a Musharraf para que siga en la Presidencia otros cinco años, emitido el 22 de noviembre, el camino aparece despejado para continuar el proceso político hacia las elecciones a las que, previsiblemente, concurrirán tanto Sharif como Bhutto.
 
En lo que al terrorismo respecta, y como botón de muestra, un ataque suicida a tan sólo un kilómetro de la residencia presidencial había provocado el 30 de octubre siete muertos, y feroces combates entre yihadistas y militares en el valle de Swat, en el noroeste del país, producían el día anterior la muerte de 60 radicales en una acción militar posterior al atentado suicida que el 25 de octubre matara en dicho lugar a 38 soldados. Este activismo letal ha sido una de las excusas para imponer el estado de excepción junto al bloqueo constante de un sector de la judicatura al Ejecutivo, y Musharraf obtenía al día siguiente de decretarlo la liberación de 211 militares retenidos desde hace meses por los talibán pero haciendo a cambio una concesión a estos excarcelando a 28 detenidos de los que 7 lo habían sido por planificar atentados suicidas. Con más de 250 muertos en enfrentamientos a mediados de octubre en la región del Waziristán del Norte, 200 radicales y 50 soldados, el desafío permanente del talibán paquistaní Baitullah Mehsud en Waziristán del Sur - quien liberaba a 211 de los 300 militares retenidos - y los cruentos atentados, suicidas o no, que se suceden sin parar, Musharraf se había escudado en esta situación para declarar un estado de excepción que no obstante tiene una lectura política y de poder en Islamabad y que el Presidente se ha comprometido a levantar el 16 de diciembre. A pesar del estado de excepción, el 24 de noviembre eran asesinadas 35 personas en un doble ataque suicida en Rawalpindi, ciudad donde se encuentra el Cuartel General del Ejército paquistaní y donde cuatro días después se producía la cesión del mando militar por parte de Musharraf.
 
Los arsenales nucleares y su seguridad
 
El hecho de que Pakistán sea extremadamente discreto a la hora de informar sobre la ubicación de dichas armas, unido a la inestabilidad creciente en varias regiones del país y a la poca fiabilidad de algunos de los sectores oficiales, lleva a que la preocupación por su seguridad se incremente en estos días. El descubrimiento en febrero de 2004 de lo que el Doctor Abdul Qadeer Khan, el padre de la bomba paquistaní, hizo con la connivencia de algunos elementos dentro de las Fuerzas Armadas es recordado hoy y, en particular su colaboración interesada con países como Irán, Libia, Corea del Norte - y quizás algún otro - a los que facilitó durante años materiales, tecnología y conocimientos. La red fue codescubierta por EEUU y Alemania al relacionar estos el anuncio por parte de Corea del Norte en el otoño de 2002 de su programa nuclear, que había sido dinamizado por el Doctor Khan, y que Pakistán tuviera en febrero de 2004 unos misiles “Ghauri” que se parecían demasiado a los norcoreanos “Nodong”. Ahora se observa con preocupación la evolución de las lealtades al Estado de altos cargos militares y de los servicios de inteligencia, el ISI, pues entre ellos están los responsables de la seguridad de los arsenales. En los últimos seis años se han descubierto dos casos de filtración de datos sobre los programas nucleares y los equipamientos recordándose que, aparte del escándalo en torno al Doctor Khan, dos científicos paquistaníes se entrevistaron con miembros de Al Qaida en la localidad afgana de Kandahar en 1999 y que en agosto de 2001 Baschiruddin Mahmud, entonces Jefe del Comisariado para la Energía Atómica de Pakistán, se habría reunido también en suelo afgano con el propio Osama Bin Laden. La reacción internacional tras el 11-S en lo que a Afganistán respecta debió de parar el desarrollo de estos vínculos, pero no hay que olvidar que ya años antes, en 1995, la red de Khan había sido capaz de vender piezas de centrifugadoras nucleares a Irán por valor de 3 millones de dólares en efectivo. Los más pesimistas recuerdan tanto que la red de Khan no fue desmantelada hasta hace tres años, y gracias a un enorme esfuerzo político por parte de Musharraf ya que atacaba a un hombre considerado héroe nacional en el país, como que esta había sido especialmente activa aprovechando momentos en los que en Pakistán se vivían crisis internas, como viene sucediendo últimamente.
 
La evolución de las lealtades en las fuerzas paquistaníes se produce en paralelo a la fragmentación progresiva del país. Ante ello EEUU tiene crecientes recelos respecto a los diversos niveles y técnicas de seguridad que facilitaron a Pakistán tras el 11-S, aportando la formación en suelo estadounidense a técnicos paquistaníes para separar las piezas de las armas nucleares y blindar mejor su protección. Ahora, si las Fuerzas Armadas se dividieran en el marco de una guerra civil o si el caos se adueñara de sectores como las bases donde se encuentran almacenados los componentes de las bombas, el personal de las mismas podría buscar una salida individual traficando con material fisible - plutonio o uranio enriquecido - o con piezas de las bombas ansiadas por otros, desde terroristas hasta Estados ávidos. Además, estas instalaciones, de cuyo control es responsable un mando conocido, el General Khalid Kidwai, tienen ya siete años de vida y nunca han sido puestas a prueba para comprobar su funcionamiento. Ahora, cuando el General Musharraf ha cedido finalmente el bastón de mando militar al General Kayani, es un buen momento para recordar que, mientras dos actores racionales como los Estados indio y paquistaní, enfrentados varias veces en el campo de batalla, han sido capaces de informarse con antelación de sus ensayos nucleares o de comprometerse a no atacar las instalaciones nucleares respectivas, los terroristas yihadistas con Al Qaida a la cabeza no se guían por tales normas racionales de comportamiento y seguirán teniendo, entre sus posibles objetivos, los arsenales de la a día de hoy única potencia nuclear musulmana del mundo.

 


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