(Publicado en La Razón, 29 de febrero de 2008)
Con guerras ilegales y mentiras inmorales Zapatero quiere seguir ganando elecciones. El PP cometió el error, o tuvo la pusilanimidad, de no tomar al toro por los cuernos desde el primer momento y ha estado desde entonces escurriendo el bulto y eludiendo el trapo. Zapatero se inventó suicidas el 11 de Marzo, de la más absoluta nada y con la más consciente de las falsedades, y eso es lo único que son capaces de esgrimir desde un lado, para encontrarse, naturalmente, con un muro de silencio del otro. Zapatero tuvo razón en pensar que si no había suicidas el carácter jihadista del atentado era poco creíble, tanto que aspectos esenciales siguen sin aclarase.
Tendría que explicarnos, y nadie se lo ha pedido, cómo es que si vio amenaza en la rabia de los yihadistas por Irak no vio que la promesa de retirar las tropas para apaciguarlos podrían interpretarla como invitación a un atentado para auparlo al poder. Su ceguera nos salió bien cara. ¿Y qué se puede pensar, en esas circunstancias, de la despavorida desbandada de las tropas, para humillación de nuestros soldados y contra todas las prácticas internacionales?
Y luego viene la rentable estulticia de la guerra ilegal. ¿Desde cuándo hay guerras legales? Tantas como revoluciones legales. La guerra se produce cuando se da una completa ruptura de la legalidad, como con Sadam, que violó diez y siete resoluciones obligatorias a lo largo de diez años. Por eso es otra la terminología usada históricamente. Guerra justa o injusta. Los iraquíes se sintieron liberados y odian a los terroristas que se oponen a su liberación, contra cuya salvaje inhumanidad nunca ha tenido Zapatero una mala palabra, para no echar a perder el negocio.