El trayecto al Tratado de Westfalia
Los inicios del cristianismo se pueden dividir en dos etapas. En la primera, cuando los cristianos son todos ellos judíos y hacen proselitismo únicamente entre los judíos y en el seno de las sinagogas, siendo el tema teológico de discusión en las sinagogas sobre si el rabino Yeshu (Jesús) era el Mesías o no. La gran mayoría del pueblo judío de Israel no aceptó a Yeshu (Jesús) como Mesías, mientras que un porcentaje algo mayor de judíos de la Diáspora si lo aceptaron. En esta primera etapa los judíos-cristianos propagaban la idea de perdón, paz, misericordia, justicia y no-violencia y pasan paulatinamente a hacer proselitismo entre los no-judíos (gentiles) llegando a una segunda etapa en la que ya predominan los cristianos de origen no-judío y la religión cristiana aspirará al control del imperio Romano y su expansión mundial, hasta llegar al Concilio de Nicea en el año 325, convocado por el emperador Constantino I el Grande.
El objetivo de Constantino era mantener unido el Imperio Romano, en grave riesgo de división por las luchas internas. En esta época el cristianismo se ha alejado totalmente del judaísmo El debate en esta segunda etapa se centra en la divinidad y substancia del rabino Jesús. En los primeros siglos de la era cristiana tuvo gran predicamento entre los romanos el mitraísmo. Alcanzó su máxima difusión en los siglos III y IV d.E.C. y se convirtió en una fuerte competidora del cristianismo.
La práctica del mitraísmo, religión de origen persa, como la de todas las religiones paganas, fueron declaradas ilegales en el año 391 por el emperador romano Teodosio. Una sola religión –la cristiana- y un solo líder espiritual –el Papa, como sucesor de Jesús- podían garantizar la perpetuidad del Imperio Romano que estaba en peligro de disgregación por múltiples luchas intestinas. La creencia en un solo Dios, un solo Papado y la hegemonía del cristianismo excluyente de otras religiones y formas de pensar, era la garantía ideológica de la unidad imperial.
Pero en el cristianismo existían tres corrientes cristológicas en siglo IV, que básicamente disentían en la relación y naturaleza del unigénito Hijo respecto al Padre. La primera era el arrianismo, comandado por el presbítero Arrio de Alejandría y Eusebio de Nicomedia, quien sostenía que el Hijo, que se había encarnado en el rabino Jesús, era el Hijo de Dios y que por lo tanto tenía un origen temporal, la primera de las criaturas creadas, y por ello no era coeterno con su Padre. La segunda corriente y opuesta a la anterior, sostenía que el unigénito Hijo de Dios era ontológicamente igual al Padre, ambos el mismo Dios, pues Padre e Hijo tenían la misma substancia. El obispo Alejandro de Alejandría y su diácono
Atanasio defendían esta postura. Es el grupo que tuvo mayor número de adeptos. Posteriormente se desarrolló una tercera posición, intermedia entre las dos anteriores, cuyos seguidores son generalmente conocidos como
semiarrianos. Eusebio de Cesarea fue uno de sus principales representantes. Los semiarrianos afirmaban que el Hijo no tenía un inicio temporal, pero debía considerarse al Padre como precediéndolo en existencia. Los semiarrianos afirmaban que el Hijo era de una substancia similar pero no igual a la del Padre. Tras la victoria del bando que defendía la consustancialidad,
Arrio fue considerado hereje, por negarse a aceptar la declaración final del Concilio, y excomulgado junto a otros dos obispos.
El emperador Constantino aconsejado por Osio, decidió en favor de Atanasio para mantener el orden y la unidad del Imperio, proclamando que Jesús era
consustancial con el Padre. Con esta fórmula como base, se compuso el
Credo Niceno en el que se resumía la doctrina cristiana de la Trinidad, particularmente en lo que se refiere al
Logos. Este símbolo o credo se propuso inmediatamente en la asamblea. Su frase fundamental era:
engendrado, no hecho, consustancial con el Padre.
El cristianismo basaba su judeofobia o antisemitismo en la “teología de reemplazo” y del “auto-declarado heredero y autoproclamado rey en vida de su padre” en la cual el cristianismo se coloca en la posición de Israel en la Biblia para tomar las promesas de Dios, pero las consecuencias del pecado y la desobediencia de la humanidad se las sigue atribuyendo al pueblo judío.
El cristianismo se declaraba heredero y culminación del judaísmo e intentaba eliminar al judaísmo de la faz de la tierra, a través de las conversiones forzadas o del castigo y asesinato.
Posteriormente el cristianismo pasó a considerar el judaísmo como herejía pagana.
Durante siglos el Catolicismo fue la religión del Imperio Romano y de sus restos, el Imperio Bizantino en el este europeo y Roma en el occidente europeo.
El Renacimiento europeo supuso una vuelta a los orígenes y fuentes de la cultura europea, una vuelta al pensamiento griego y en el campo de la religión una vuelta al estudio de la Toráh-Tanaj, (Antiguo Testamento, en terminología cristiana). De esta vuelta a los orígenes y el estudio de la Biblia sin intermediarios, nacerá la Reforma Protestante.
Catolicismo y Reforma Protestante entrarán en guerra, el catolicismo como religión del viejo régimen feudal y el protestantismo como religión de la burguesía naciente y pujante.
La Reforma representará weberianamente el espíritu del capitalismo frente al feudalismo del catolicismo.
Después de un largo periodo de guerras inter-cristianas entre la Reforma Protestante y la Contra-Reforma católica se llega a la Guerra de los Treinta Años.
Entre todos los estados implicados en la guerra —Francia, España, Provincias Unidas (países Bajos), el Sacro Imperio Romano Germánico, Suecia y Dinamarca mientras negociaban la paz, simultáneamente se enzarzaban en campañas bélicas. Finalmente se firmó el 24 de octubre de 1648, en Westfalia, el Tratado de Paz.
La Paz de Westfalia supuso modificaciones en las bases del Derecho Internacional, con cambios importantes encaminados a lograr un equilibrio europeo que impidiera a unos estados imponerse sobre otros y emplear la religión como casus belli inter-cristiana.
Los efectos de la Paz de Westfalia se mantuvieron hasta las guerras y revoluciones nacionalistas del s. XIX.
Este tratado supuso la desintegración de la república cristiana y el imperialismo de Carlos V y además, se propugnaron principios como el de la libertad religiosa para los cristianos de diferentes credos. La libertad religiosa se fue instaurando a diferentes ritmos, en general más rápidamente en la órbita protestante y más lenta en la católica.
En la católica España, la antigua vanguardia de la Contra-Reforma, la libertad religiosa fue reconocida en el año 1869. (377 años de dominio en exclusiva del catolicismo desde el año 1492 de los Reyes Católicos).
Con la paz de Westfalia el papado dejó definitivamente de ejercer un poder temporal relevante e importante en la política europea como había tenido hasta la fecha.
La religión dejará de ser un factor bélico y el discurso religioso católico y protestante abandonará la idea de vencer militarmente al enemigo cristiano.
A partir de la Paz de Westfalia (1648) el Estado substituirá las instituciones religiosas como máxima autoridad en las relaciones internacionales.
En la práctica supondrá que el Estado dejará de estar sujeto a normas morales externas a él mismo.
El Estado se erigirá sobre aquellos que considere más apropiado y mejor para su engrandecimiento y enriquecimiento.
Como consecuencia del Tratado de Westfalia se aceptará el principio de soberanía territorial, el principio de no injerencia en asuntos internos y el trato de igualdad teórica entre los estados, independientemente de tamaño y poderío.
La Paz de Westfalia supuso el fin de los conflictos militares-religiosos aparecidos como consecuencia de la Reforma Protestante y la Contra-Reforma. Desde la Reforma las guerras europeas se desencadenaban por motivos geo-políticos, económicos y religiosos. Tras la Paz de Westfalia, la religión dejó de ser esgrimida como casus beli.
El Tratado de Westfalia buscaba una convivencia religiosa entre católicos y protestantes, pero la intransigencia de ambas ramas del cristianismo, mayormente en el campo católico, en la práctica empujó a exiliarse a los que no adoptaban la religión del gobernante.
El judío europeo no será considerado ciudadano libre de su país, y continuará siendo obligado a vivir en guetos.
El gueto era una ciudadela amurallada en donde los judíos estaban obligados a vivir, de la cual no se les permitía salir, excepto con un salvoconducto durante la vigilia a los más adinerados.
Dad al Cesar lo que es del Cesar y dad a Dios lo que es de Dios
Las diferentes confesiones cristianas justificaron la separación de Iglesia y Estado con la sentencia de Jesús de dar al Cesar (estado) lo que era del Cesar (estado), y dar a Dios (la correspondiente iglesia) lo que era de Dios (la iglesia).
Esta sentencia era la versión cristiana del principio clásico judío “Diná deMaljutá Diná” que en arameo significa “la ley del reino es la ley”. Para el judaísmo, el Estado tiene precedencia y prevalece sobre la religión.
En el Siglo de las Luces se dará una corriente de pensamiento, la Ilustración, que correrá por toda Europa, en particular en Francia y el Reino Unido, durante casi todo el siglo XVIII, abarcando el Racionalismo y Empirismo del s. XVII hasta la Revolución Industrial, la Revolución Francesa y el Liberalismo.
En la Revolución Francesa (1789-92) se permitirá que el judío pueda abandonar el gueto.
Posteriormente, Napoleón Bonaparte en Francia dará al judío, y por primera vez en Europa, el derecho a ser considerado un ciudadano libre y con los mismos derechos que el resto de hombres.
La Ilustración tuvo una gran influencia en las elites europeas tanto en el aspecto económico, político, en el social, y en lo religioso. La religión quedó en lo teórico relegada al terreno de lo personal. El catolicismo y el protestantismo prosiguieron su dinámica proselitista pero focalizada en el campo del misionerismo y en la creación de instituciones benéfico-sociales, en la enseñanza y en la sanidad.
¿Y el Islam?
Muhammad, cuyo nombre completo era Abu l-Qasim Muhammad ibn 'Abd Allāh al-Hashimi al-Qurashi, nacido en la Meca el año 570, fundará una nueva religión que será monoteísta y pretenderá ser la culminación y sello del profetismo de Israel.
Según el Islam, el mensaje que recibirá Muhamad de Alláh es esencialmente el mismo que habrían recibido Musa (Moisés) e Isa (Jesús). Muhammad al inicio no rechazó completamente el judaísmo y el cristianismo, pero afirmaba haber sido enviado por Alláh para completar y perfeccionar sus enseñanzas, que habían sido tergiversadas expresamente por los judíos y por los cristianos respectivamente.
Muhammad llevó a término una serie de guerras en las que impuso militarmente el Islam por toda Arabia y consiguió unificar la península arábiga.
En La Meca, el nuevo profeta predica en un primer tiempo un monoteísmo absoluto y caritativo, refiriéndose a la Biblia que judíos y cristianos nestorianos heterodoxos que frecuentó le habían explicado. Muhammad dedicó todas sus fuerzas y energías al proselitismo y pidió la conversión de sus amigos, familiares y vecinos, y trató en vano de persuadir a sus similares de La Meca, los cuales no tardaron en tratarlo de loco y rechazarlo.
Aún muy débil para hacer uso de la fuerza, Muhammad se contentó con condenar al infierno a todos los que "pusieron al lado de Alláh otra divinidad" –en referencia a los cristianos-.
En su primera etapa el monoteísmo de Muhammad estaba muy cerca al de los judíos. En 619, el profeta del Islam pierde a su tío y protector, Abu Taleb, padre de su primo y futuro califa Ali.
En 622, acompañado de un puñado de adeptos, Muhammad debe retirase a Medina (Yathrib), dónde consigue una alianza de paz con las tribus judías locales. Esta etapa es denominada la Hégira, en referencia a la emigración (hijra), y marca del principio del calendario y de la era islámica. En Medina, dónde los clanes árabes en conflicto buscan un líder, Muhammad se impone rápidamente como árbitro. Allí, cambia de actitud pasando de la moderación de sus predicaciones de la Meca a jefe teocrático-militar-guerrero, justificando cambios radicales y razias en el nombre de Alláh. Establece en Medina la primera sociedad islámica política y militar que le permitirá más adelante reconquistar su ciudad de origen, La Meca.
Muhammad concibe el Reglamento de la ciudad de Medina según el cuál la comunidad islámica (umma), compuesta por todos los habitantes de Medina – judíos, cristianos, que aceptaron someterse y con menores derechos y musulmanes, es dirigida por el representante de Alláh y se mantiene unida contra el "agresor" de La Meca. A partir de ese momento, la violencia al encuentro de infieles deja de ser únicamente espiritual y simbólica, y se transforma en una práctica física legitimizada por el Corán. El objetivo de la Umma es entonces extender el Islam alrededor de Medina y, una vez las fuerzas militares reunidas, de reconquistar – en realidad islamizar – La Meca. La violencia del Yihad tiene como vocación vengar el honor de Alláh y de su "enviado", "humillados" por los politeístas y las personas del Libro (judíos y cristianos).
Muhammad ya fue capaz de reconquistar La Meca sin la ayuda militar de las tribus paganas y judeo-cristianas, y al no necesitarlos dejó de respectar la libertad de culto de las diferentes comunidades que había querido incorporar.
El "Enviado de Alláh", que había contado durante mucho tiempo con la islamización de los judíos de Medina, considerados inicialmente como monoteístas auténticos, acabará acusándolos de haber traicionado el mensaje de la Toráh y de haberse desviado del camino de Alláh.
En otros tiempos venerados por Muhammad, los hijos de Israel, que rechazaron la nueva revelación, son de repente acusados de hipocresía, despojados de sus bienes, asesinados por tropas musulmanas enviadas por Muhammad y forzados al exilio.
La ruptura definitiva se hará con el cambio de orientación (kibla) de las plegarias, al principio hacia Jerusalem y después hacia La Meca.
Esperando compensar las terribles derrotas militares de la segunda gran batalla de Uhod, Muhammad y sus fieles más devotos atacan en agosto del 626 a la tribu judía de los Banou-Nadir, expatriándolos bajo pretexto de una supuesta tentativa de asesinato del Profeta Muhammad, cuando estos sólo habían resistido a los órdenes del Bello Modelo que les había pedido de abandonar la ciudad. Después de haber resistido a los ataques mequinenses en Medina en 627, Muhammad ataca la tribu judía de Banou-Kurayza, dónde matará a todos los hombres, robará todos los bienes y se llevará a las mujeres y los niños. Después de la toma de La Meca en 628, Muhammad vuelve a Medina de dónde lanza enormes ataques contra los oasis de Jaïbar, Fadak, Wadi al-Qirah y Taima dónde vivían las tribus judías del norte de Heyaz. La victoria sobre los judíos de Kaibar será considerada como una "recompensa de Alláh"
Muhammad fallece en Medina el 8 de junio del 632.
A partir de 634, dos años después de la muerte del fundador político-militar del Islam las primeras guerras expansionistas del Islam ensangrentaron todo el Oriente Próximo, empezando por las regiones arameas (Siria en 636), egipcias (640) y beréberes del imperio bizantino.
Los persas serán atacados en Mesopotamia en la batalla de Nehavend en 642 y serán definitivamente vencidos en 651.
Persia y el imperio Bizantino serán entonces regularmente amenazados por los yihadistas musulmanes de la península arábiga.
Los emperadores bizantinos y persas reclutaran las tribus árabes cristianas de los Ghasanides, encargadas de proteger las fronteras del Sur del Imperio Bizantino, de los Lajmides, que defenderán las fronteras del Oeste del Imperio persa.
El Islam se extenderá 50 años después de la muerte de su fundador, desde el océano indico al atlántico.
Muhammad era de un clan de la tribu de Quraysh, de La Meca, y los sucesores del imperio islámico serán miembros de su clan.
Abu Bakr, el primer califa, que murió el 23 de agosto del 634 en Medina. Poco antes de su muerte, atribuida por unos al envenenamiento y por otros a causas naturales, nombró sucesor a Omar, elección que fue ratificada por la Umma, comunidad musulmana- con la oposición de Ali y sus partidarios, aunque sin ningún incidente serio.
Omar ibn al-Jattab, el segundo califa, que falleció el 644, siendo su sucesor Uzman ibn Affan, el tercer califa.
La elección de los califas entra en conflicto, cada vez que se produce, con las reivindicaciones con los partidarios de Ali, que afirman que Ali ibn Abi Tálib, primo y yerno de Muhammad es quien debe ocupar el cargo debido a su estrecha relación con Muhammad.
El tercer califa, Uzman ibn Affan, es asesinado en el año 656 y el primo y yerno de Muhammad, Ali es elegido como cuarto califa.
Pero este nombramiento es rechazado por Muawiya I, otro miembro del clan omeya, que era en ese momento gobernador de Siria.
Muawiya acusó a Ali de ser cómplice en el asesinato de su predecesor Uzman y se levanta en armas contra Ali. Ambos partidarios y sus ejércitos se enfrentan en la batalla de Siffin, evento importantísimo para el Islam, ya que marca el origen de las dos grandes divisiones doctrinales del Islam.
En la batalla de Siffin (657) Ali –primo y yerno de Muhammad- aceptó la propuesta de que las diferencias entre él y Muawiya fueran resueltas por un árbitro independiente.
Éste falló en favor del gobernador de Siria y Ali se replegó a su capital, la ciudad de Kufa, en el actual Irak.
Algunos partidarios de Ali, sin embargo, rechazaron en Siffín el arbitraje y abandonaron el campo de batalla. En adelante serían conocidos como "jariyíes" (los que salen).
Más adelante entrarían en guerra abierta con Ali por haber aceptado el veredicto posterior a Siffin, a quien asesinaron dentro de la mezquita de Kufa en enero del 661.
La cuestión sucesoria no se cerró con el asesinato de Alí, ya que sus partidarios, los alíes, del partido de Ali, se rebelaron contra el califa de Damasco y proclamaron a los hijos de Ali, (primeramente a Hasan, que falleció, y posteriormente a Husseyn) como legítimos sucesores y nietos del profeta.
Los seguidores de Ali, Hasan y Husseyn será los alíes, embrión del chiísmo.
Los sunnitas se harían con el poder dando lugar al califato omeya Muawiya, quien es proclamado califa en el 661 inaugurando el califato omeya, con capital en Damasco.
El nieto mayor de Muhammad e hijo de Ali, Hasan llevará a cabo refriegas contra las tropas del califa omeya Muawiya, pero prefiere evitar otra guerra civil y firma un tratado de paz a resultas del cual abandona el liderazgo de los alíes y se retira a la ciudad de Medina
Muawiya muere en Damasco en el año 680 quedando nuevamente abierta la cuestión sucesoria al califato.
Hasan ya había fallecido, quedando Husayn como líder de los alíes y probable candidato al título de califa por la dignidad que le confiere ser hijo de califa y nieto de Muhammad.
Muawiya antes de morir intenta forzar el paso de un sistema electivo a uno hereditario proclamando heredero a su hijo Yazid, que fue aclamado como nuevo califa en Damasco.
Yazid, hijo de Muawiya es rechazado por gran parte del imperio islámico, mayormente por los alíes, que solicitan a Husayn –el nieto de Muhammad- que en ese tiempo se encontraba en La Meca, acuda a Kufa, donde fue asesinado su padre Ali, para liderar una rebelión contra Yazid.
Batalla de Kerbala
Husayn aceptó liderar la guerra contra Yasid.
Yazid ibn Muawiya se entera de la rebelión y envía un ejército al encuentro de Husayn ibn Ali y sus 72 fieles-soldados, sorprendiéndolos antes de que pudieran llegar a Kufa, en los alrededores de la ciudad de Kerbala (Irak).
En Kerbala se dio una batalla desigual, la Batalla de Kerbala, que tendrá suma importancia en el chiísmo y será fundamental en el Islam chiíta.
Los tres millares de soldados enviados por Yazid ibn Muawiya privaron a la comitiva de Husayn de las fuentes de agua, obligándoles a combatir durante dos días bajo un sol abrasador, y los supervivientes, entre ellos Husayn, fueron torturados y asesinados. Únicamente se perdonó la vida al hijo menor de Husayn, Ali Zayn a-Abidin Ali Zayn, y a las mujeres de la caravana, que fueron conducidas a Damasco para ser vendidas como esclavas. El cuerpo de Husayn fue enterrado en Kerbala, y su cabeza llevada también a Damasco para entregársela al califa.
Los chiítas conmemoran el "martirio de Husayn" el 10 de muharram del año 60 de la Hégira (10 de octubre del 680) la festividad de la Ashura, en la que los fieles devotos se flagelan y golpean brutalmente para recordar el sufrimiento de Husayn.
Los sunnitas también celebran la Ashura, (que ya era una fiesta religiosa antes de dicha batalla), aunque de otra manera y por otras razones.
Los chiítas nombran a su Imam Husayn como el "señor de los mártires".
En el lugar donde, según la tradición, fue enterrado el cuerpo de Husayn se edifico la Tumba del Imám Husayn, y su cráneo se encuentra según cierta tradición en un mausoleo anejo a la Gran Mezquita de Damasco, lugar de peregrinación chiíta, y según otra tradición se encuentra en Kerbala, o en El Cairo, en la mezquita Al-Husayn.
La batalla de Kerbala marcará el principio del cisma entre los chiítas y sunnitas.
Irán es un país de mayoría chiíta con una minoría sunnita y Arabia Saudita es de mayoría sunnita con una minoría chiíta.
Ahadineyad e Irán
En Arabia Saudita está totalmente prohibido el establecimiento de iglesias, sinagogas u otros centros religiosos que no sean musulmanes. El régimen sunnita wahabita ha destruido 5 mezquitas chiítas, una de ellas levantada por Fátima, la hija de Muhammad, esposa de Ali y madre de Hasan y Husayn, los fundadores del chiísmo. La minoría chiíta sufre de discriminaciones y su religión –a pesar de ser musulmana- es considerada una herejía.
En Irán, los zoroastrianos, los judíos y los cristianos pueden celebrar sus respectivos cultos en sus respectivos centros religiosos, estando totalmente prohibido el misionerismo cristiano y la salida de Irán de toda la familia. La conversión de un musulmán a otra religión es penada con la muerte.
Las escuelas judías y cristianas están controladas por directores y maestros musulmanes.
En Irán está prohibida la práctica del sunnismo. Las mezquitas sunnitas están proscritas, y la minoría sunnita sufre también de discriminaciones, aunque menores que los zoroastrianos, judíos y cristianos.
En el mundo musulmán la religión es motivo de casus belli.
En Pakistán los sunnitas mayoritarios discriminan a los chiítas y entre ambas comunidades se producen atentados terroristas.
Hamas en Israel quiere destruir al estado hebreo por motivos religiosos. En el Líbano Hisbulláh quiere imponer el poder de Siria en el país y la supremacía religiosa contra los cristianos.
En Sudan los sunnitas del norte ya han asesinado a más de dos millones de cristianos y animistas del sur del país.
En Nigeria los musulmanes quieren imponer la Shariá –ley musulmana- a todo el país, cuando la mitad es cristiana. Y así un largo historial.
En Irán los ayatolláhs controlan la vida del país y detentan el control de la economía y la riqueza.
Los mulláhs –clérigos chiítas- poseen la riqueza del país, controlan todo el poder político y social, aplican la pena de muerte a los homosexuales, adúlteros, apostatas; amputan las manos y pies a los ladronzuelos, ahorcan a los que beben alcohol después de haber sido detenidos por cuarta vez.
Los clérigos chiítas de Irán imponen la política interna y externa del país, en su Yihad quieren destruir Israel, a pesar de no haber tenido ningún conflicto fronterizo ni de ningún tipo (Israel e Irán no tienen fronteras en común y están separados por más de mil km.) y el motivo es de tipo religioso.
Irán es una mulá-ayatolacracia, una teocracia regida por los clérigos chiítas. El presidente de Irán, Mahmmud Ahmadineyad, proclamó en Teherán el 11 de febrero del 2008 en la conmemoración del 29 aniversario del triunfo de la Revolución Islámica de Irán que "esta Revolución es la continuación del levantamiento de Kerbala y pertenece al mismo género, y, el pueblo iraní enamorado del Imám Huseyn, hijo de Ali, da sus pasos por la senda marcada por estos."
Este discurso expresa claramente que los ayatolláhs de Irán quieren proseguir la guerra religiosa, que rechazan la doctrina sunnita y que su voluntad es seguir con el levantamiento de Kerbala, que siguen la senda del rechazo al sunnismo y la guerra por la supremacía dentro del Islam, para imponerse en el mundo entero, y no precisamente a través acciones misioneras, sino bélicas.
Huseyn se levantó para liderar la rebelión contra Yazid ibn Muawiya, que era contestado por gran parte del mundo musulmán. Ahmaidneyad cree sinceramente que el mundo musulmán rechaza a los líderes de los países musulmanes y se preparan a destituirlos, pero que gracias al poderío nuclear de Irán, las masas musulmanas abandonarán a Yazid ibn Muawiya, (los actuales líderes corruptos del mundo musulmán), como en Gaza han abandonado a Abu Mazen por Hamas.
En la batalla de Kerbala los fieles seguidores de Huseyn perdieron, pero ahora gracias a la potencia nuclear de la Revolución Islámica de Irán, Huseyn, (los seguidores de Jomeini, Ali Jamenei, Ahmadineyad) esta vez vencerán.
Los católicos y protestantes europeos llegaron a la Paz de Westafalia en el 1648, cuando los países que la constituían eran los imperios dominantes en el mundo entero, el Reino Unido, España, más tarde Francia, cuando estos países eran los más desarrollados del mundo, tanto a nivel económico, técnico, científico, y con la mayor capacidad destructora del mundo de su época, llegan a un tratado en busca de paz, a pesar de sus altos y bajos, y rechazan la religión como motivo de casus belli e impugnan el empleo de la fuerza y de la violencia para sus actividades proselitistas (a pesar de mantener la actividad de la Inquisición Católica, dirigida contra los judíos).
Los EEUU no importaron las guerras de religiones. Thomas Jefferson redactó la Declaración de Independencia de los EEUU en 1776.
Éste, como todos los fundadores de la democracia en América, siendo profundamente cristianos –protestantes- no sólo no persiguieron a los judíos, sino que fueron grandes admiradores del pueblo judío y de su acervo.
Mientras los católicos y protestantes abandonaron la religión como motivo de guerra, los sunnitas quieren culminar Kerbala y derrotar a los seguidores de Huseyn, y los chiítas consideran que tienen que tomar la revancha de Huseyn.
Mientras el cristianismo no busca la guerra ni imponerse militarmente, el Islam si, tal como sus líderes proclaman explícitamente.
En el Islam no existe el concepto de Dad al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios.
En el Islam todo es de Alláh, y la elite religiosa impone todas las normas.
En Europa los clérigos están controlados por el estado y dependen de él. La riqueza está en manos de las clases adineradas y la ley del estado es la ley máxima. Y en ningún momento los clérigos católicos o protestantes piden o exigen la Guerra Santa ni la persecución del infiel.
La riqueza está en manos de las clases adineradas y la ley del estado es la ley máxima.
El gobierno –poder ejecutivo-, controlado por el poder judicial y el legislativo, y no el clero, impone la política interna y externa en los países de substrato cristiano.
Algunos izquierdistas europeos, siendo el caso más grotesco el de Alfonso Guerra, comparan los obispos con los ayatolláhs.
El discurso izquierdista y anticlerical del ex vicepresidente en el gobierno socialista de Felipe González, Alfonso Guerra comparando a los obispos con los ayatolláhs de Irán no sólo falsea la verdad, sino que insulta la memoria de los homosexuales, adulteras, apostatas, y herejes que han sido ejecutados en Irán en nombre de Alláh por los ayatolláhs.
Guerra miente cuando compara obispos y ayatolláhs y banaliza y trivializa la actuación criminal de estos últimos que piensan que el futuro del mundo se dirimirá en la continuación de Kerbala.
Los izquierdistas y Alfonso Guerra no se han enterado que la Paz de Westfalia fue firmada en 1648, y que los yihadistas musulmanes parten de la batalla de Kerbala.
En todo caso la comparación más adecuada es la equiparación entre los ayatolláhs y los dirigentes comunistas de los antiguos países socialistas