Ya es hora que los líderes de Irak empiecen a asumir más responsabilidades. Entonces, ¿por qué los que han estado defendiendo esta posición durante más tiempo y con mayor vehemencia ahora están impidiendo que se lleve a cabo?
He aquí cómo está la situación: Las fuerzas americanas en Irak operan hoy bajo la autoridad de un mandato del capítulo 7 de las Naciones Unidas. Mientras ese mandato esté vigente, Irak tiene “soberanía menguada”, un estatus que los líderes electos del país encuentran degradante – como es natural.
El mandato expira a fin de año. En ese momento, los líderes de Irak querrán mantener relaciones normales con Estados Unidos: “Llegar a acuerdos bilaterales convenidos por dos naciones soberanas” según lo que expresó recientemente el embajador iraquí en Estados Unidos, Samir Sumaidaie.
Con esto en mente, los diplomáticos americanos planean empezar conversaciones sobre un Acuerdo dentro de un Marco Estratégico para moldear las relaciones de seguridad, diplomacia y de asuntos económicos entre las dos naciones. Negociaciones en busca de cooperación: ¿Quién podría oponerse a eso?
La respuesta es MoveOn.org – el grupo tristemente célebre por llamar al comandante americano en Irak, el general David Petraeus, “General Betray Us” (Traiciónenos) – así como los seguidores y partidarios de MoveOn en el Congreso de Estados Unidos.
Sus argumentos van desde lo engañoso hasta lo difamatorio. En la última categoría, MoveOn arremete diciendo que la meta de Bush es proporcionar una “enorme ganancia inesperada” a “inversionistas americanos” proveniente de la riqueza del petróleo de Irak. Aunque el argumento es infundado – obviamente lo es – esto ayuda a agitar la ira antiamericana en Oriente Próximo, que para MoveOn, sin duda alguna es un extra.
La presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi y los senadores Hillary Clinton, Chris Dodd y Barack Obama no han ido tan lejos – pero ni uno ni otro ha criticado a MoveOn por hacerlo. En vez han estado criticando lo que ellos dicen son planes del presidente Bush para establecer bases americanas “permanentes” en Irak.
Pero altos funcionarios de la administración han dicho en repetidas ocasiones que cualquier base que Estados Unidos opere en Irak no será permanente – sólo se quedarán siempre y cuando americanos e iraquíes estén convencidos de que son mutuamente beneficiosas.
Por ahora, al menos, está seguramente en el interés americano continuar la misión que el general Petreaus y sus tropas comenzaron hace un año este mes: Enfrentarse a las células de al-Qaeda y de las milicias iraquíes patrocinadas por Irán. Entre las observaciones clave de Petraeus estaba que los terroristas muertos, capturados y en fuga no alimentan guerras civiles – y ciertamente la violencia sectaria en Irak se ha reducido dramáticamente desde que empezó el aumento de tropas para las operaciones contra los subsidiarios de al-Qaeda e Irán.
Durante el mismo período, los iraquíes han estado aprendiendo a defenderse: Según el embajador Sumaidaie, más del 70% de las operaciones militares desarrollándose ahora en Irak son lideradas por las fuerzas iraquíes apoyadas por tropas de Estados Unidos y no al revés.
Los iraquíes viven en una vecindad peligrosa. La continuada ayuda americana así como el entrenamiento son esenciales. Pero el número de tropas americanas disminuirá con el tiempo y éstas se centrarán en menos tareas. El hecho de que algunas fuerzas americanas probablemente se queden a largo plazo es algo que difícilmente raya en lo extraño: Las tropas de Estados Unidos han estado en Bosnia (donde el presidente Bill Clinton las envió) por años, las fuerzas americanas han estado en Corea del sur (donde el presidente Truman las envió), y en Alemania y Japón (donde el presidente Roosevelt las envió) por más de medio siglo.
Ni tampoco lo es poner en práctica un acuerdo “para limitar las opciones de la siguiente administración” como un bloguero de MoveOn alega. Si el sucesor del presidente Bush quiere un acuerdo distinto – o ningún acuerdo – no hay nada pueda detener la decisión que se tome.
Pero si Bush consigue forjar una relación estable y que funcione con Irak, le habrá hecho un gran favor al siguiente presidente. Y dejar una fuerza más bien grande en vez que sea pequeña beneficiará muy especialmente al presidente Obama o a la presidenta Clinton. ¿Por qué? Porque eso permitiría a Obama o Clinton que trajera a casa más tropas antes – y llevarse los honores de ello – sin arriesgar los sustanciales avances que se han conseguido desde que empezó la misión de Petraeus.
Lo último que un demócrata entrando – o regresando – a la Casa Blanca debería desear es tener que hacerle frente a una crisis en Irak, con tropas americanas operando en el limbo y con unos líderes iraquíes enojados por habérseles dicho que se den prisa y después que esperen debido a los dimes y diretes de políticos americanos.
Qué oportunidad sería ésta para que al-Qaeda y las milicias iraquíes pusieran a prueba el temple de un nuevo presidente viendo si pueden recuperar algo del terreno que han perdido.
Puede que los partidarios hiperactivos de MoveOn – que invirtieron muchísimo en ver a Bush (y a Estados Unidos) derrotados en Irak – prefieran ese panorama al de la diplomacia, la cooperación y una mayor libertad e independencia iraquíes. Pero ningún político que sea ducho o de principios – en ambos partidos – debería apoyarlos en la tarea.