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La judeofobia en España, hoy
Colaboraciones nº 2181   |  14 de Febrero de 2008
 
Bertrand Russell; “un mundo mejor”
 
Bertrand Russell, el famoso filósofo británico, escribió en 1943 “El Rol del Estado Judío en la creación de un mundo mejor”.
 
Su idea central era que debía establecerse un estado judío en Palestina después de la guerra, no sólo para compensar el sufrimiento judío sino también para beneficio de la cultura y la paz en el mundo.
 
La persecución nazi a los judíos es una de las más horripilantes crueldades en gran escala - quizá la más horripilante - que marca a nuestra época como una de retroceso hacia el barbarismo. Esta es una de las principales razones que me han llevado a apoyar esta guerra, a pesar de que me opuse a la guerra de 1914-1918. Una gran parte de la perversidad forjada por Hitler es irreparable; al muerto no se le puede restituir la vida. Pero es un claro deber de los victoriosos otorgar cualquier reparación que sea posible. Durante mucho tiempo dudé de la importancia de un hogar nacional judío en Palestina como un elemento de tal reparación, pero gradualmente he llegado a ver que en un mundo peligroso y en gran medida hostil, es esencial para los judíos tener algún país propio, alguna región donde no sean considerados como extranjeros, algún Estado que sintetice lo que es distintivo en su cultura. (…) Entramos de este modo a nuestro segundo problema: el de proteger a los judíos en Palestina de una agresión extranjera. (…).

Respecto al futuro, vivimos en una época en que aumenta todo tipo de fanatismo nacional, racial y religioso, y temo que debemos pensar como probable que el mundo musulmán compartirá este renacimiento general del fanatismo. Esto significará que los judíos en Palestina necesitarán protección militar constante, además de lo que ellos puedan contribuir por sí mismos como auto defensa. En este aspecto ellos estarán en la misma posición que cualquier otro estado pequeño. (…)

Puede esperarse que cuando la lucha (la 2ª Guerra Mundial) finalice las Naciones Unidas continuarán cooperando sobre ciertos temas, y tal cooperación será un comienzo de ese control internacional sólo por medio del cual puede preservarse la paz. Yo no pienso que sea utópico suponer que uno de los objetivos en que ellos cooperarán será la protección de los judíos, no sólo de la agresión militar en Palestina, sino de una legislación doméstica discriminatoria en cualquier lugar. De esta manera el problema judío puede llegar a ser una de las causas que promocione los primeros estadios de un gobierno internacional. (…).

Volvamos de estas extensas consideraciones a las funciones de un Estado Nacional Judío en Palestina: tal estado debe ser útil, no sólo para aquellos que vivan en él, sino también para todos los judíos que vivan en cualquier lugar. Desgraciadamente, el antisemitismo no está limitado a Alemania, y no es probable que cese con la derrota de Hitler. Sin embargo, pienso que sería posible, en el Tratado de Paz, insertar disposiciones que prohíban toda legislación discriminatoria contra los judíos, y crear un Tribunal Internacional, una de cuyas funciones seria escuchar las demandas sobre la violación de dichas disposiciones. (…)
 
Si el mundo debe ser salvado de una recurrencia periódica de grandes guerras, necesita de un organismo inteligente y activo de opinión internacional para combatir el nacionalismo insano que es la causa de nuestros problemas. Creando un cuerpo tal de opinión, seria natural esperar que los judíos cumplan un papel importante en él, ya que están distribuidos por todo el mundo y no pueden llenar a ser, ellos mismos, una nación conquistadora e imperialista. Más aún, ellos tienen un interés especial en la preservación de la paz, ya que ahora, como en el tiempo de las Cruzadas, han sido los chivos emisarios de todas las guerras. Por lo tanto, sería un acto inteligente que el Estado Palestino, una vez firmemente establecido, aliente a algunos de sus hombres más capaces a dedicarse al estudio de tales problemas internacionales, en tanto puedan amenazar la paz del mundo, y a sugerir soluciones lo más justas posible que tengan la posibilidad de ser adoptadas. Por este medio el Estado Palestino podría atraer el respeto de todos los estudiosos de asuntos internacionales, y sus pronunciamientos podrían ser reconocidos como hechos importantes. El antisemitismo no es sólo una abominación contra los judíos, sino también una seria pérdida para las naciones, las que, al practicarlo, pierden las ventajas que podrían obtener de la capacidad y laboriosidad judías. Es de esperar - hablo como un no judío - que la humanidad no continuará como hasta ahora malgastando el no demasiado abundante capital de talento humano. Logrando este resultado, el Estado Sionista, si es ilustrado y liberal, puede hacer contribuciones que sean de un valor inestimable atrayéndole el respeto del mundo.

(Bertrand Russell emplea el nombre de Estado Palestino al Estado Sionista...

El nombre Palestina era empleado por los judíos europeos desde el emperador Adriano del s.II para nombrar lo que es Israel Shelemá –completo-).

Luther King; ¡quien critica al Sionismo critica a los judíos”

Martín Luther King escribió una “Carta a un amigo antisionista” en la que decía:
 
"...Tu dices, mi amigo, que no odias a los judíos, que eres solamente "anti-sionista". Y yo te digo: Quien critica al Sionismo, critica a los judíos; y ésta es la verdad de Dios".

"El anti-semitismo, el odio a los judíos, permanece como una mancha en el espíritu de la humanidad. Entonces, entiende esto: el anti-sionismo es, en esencia, anti-semitismo, el odio al Pueblo judío, y así será siempre".

"¿Por qué es así? Tu sabes que el Sionismo es ni más menos que el sueño del Pueblo judío de retornar a su Tierra. Las Escrituras nos dicen que una vez florecieron en Tierra Santa. De allí fueron expulsados por el tirano romano, los mismos romanos que mataron a nuestro Señor".

"El Pueblo negro, mi amigo, sabe qué es sufrir el tormento de la tiranía bajo las reglas impuestas por gobernantes que no elegimos. Nuestros hermanos de África rogaron, imploraron, pidieron, demandaron que se les reconozca su derecho natural a vivir en paz en su propio país, soberanamente".

"El antisemita se regodea en cada oportunidad en la que puede liberar su malicia. Los tiempos han convertido en impopular la manifestación abierta del odio a los judíos. Siendo éste el caso, el antisemita busca siempre nuevas formas y foros en donde poder instilar su veneno. Ahora lo esconde tras una nueva máscara. ¡Ahora no odia a los judíos, sólo es antisionista!".
 
(Agosto de 1967), un año antes de ser asesinado.
 
España
 
En España después de la expulsión de los judíos en 1492 (Edicto de expulsión de 31 de marzo de 1492) la presencia judía se mantuvo en la clandestinidad en los anussim “forzados”, los criptojudíos, llamados despectivamente “marranos”  o judíos conversos por la fuerza, pero esta memoria se fue diluyendo en general con el paso del tiempo, a pesar de quedar aún  restos aislados o colectivos como el de los “xuetons” y “xuetes” en las islas Baleares.
 
Durante siglos la Iglesia Católica persiguió a los anussim judaizantes, (que retornaban a la fe de Moisés).
 
Uno de los pilares de la génesis y constitución del nuevo estado con los Reyes Católicos será una sola religión y un solo estado.
 
Esto llevará a la secular intolerancia social-política, ideológica y religiosa que ha caracterizado a España desde finales del s. XV hasta fechas muy cercanas.
 
Muchos historiadores internacionales, y también españoles, consideran que la expulsión de los judíos fue parte importante de la génesis del declive económico, cultural y científico español al haber acabado con la única burguesía y elite intelectual existentes entonces.
 
La diáspora de los judíos españoles por el sur y centro de Europa, Turquía y norte de África llevó la cultura sefardí y el ladino a estos países.
 
La Inquisición persiguió y asesinó durante siglos a los “marranos” y su actividad fue declinando desde en el siglo XVIII hasta su disolución el 15 de julio de 1834, durante la regencia de María Cristina.
 
El Tribunal de la Inquisición  se limitó a coartar la libertad de expresión y a impedir la propagación de las ideas ilustradas o progresistas.
 
El maestro Cayetano Ripoll, acusado de deísta, fue el último condenado a muerte por el Santo Oficio y ejecutado, el 15 de julio de 1826.
 
El cristianismo basaba su judeofobia o antisemitismo en la “teología de reemplazo” y del “auto-declarado heredero y autoproclamado rey en vida de su padre” en la cual el cristianismo se coloca en la posición de Israel en la Biblia para tomar las promesas de Dios, pero las consecuencias del pecado y la desobediencia de la humanidad se las sigue atribuyendo al pueblo judío.
 
El cristianismo se declaraba heredero y culminación del judaísmo e intentaba eliminar al judaísmo de la faz de la tierra, a través de las conversiones forzadas o del castigo y asesinato.

Esta teología dio lugar a la gran mayoría de teologías y exégesis desde el Concilio de Nicea, del año 325 de la era cristiana

El judaísmo se considera a si mismo como el primogénito de Dios, de entre los diversos hermanos, todos ellos hijos de Dios.

El cristianismo se considera a si mismo como única verdad absoluta  y seguidor del unigénito hijo de Dios. Al ser unigénito hijo, el resto no son hijos, son excluidos. Deviene una religión excluyente.
 
En general, con la excepción de los grupúsculos nazis, el antisemitismo español ha sido durante siglos de tipo religioso católico y no racial, como si lo fue en Alemania y Austria en el siglo XX.
 
Muchos nobles españoles se emparentaron con judíos conversos al cristianismo. Incluso el rey Fernando el Católico tenía ascendencia judía llegó a decir en 1481 que “las leyes que prohibieran algo a los judíos era como prohibírselo a él”. La memoria le falló en 1492.
 
Al ser el antisemitismo español de substrato religioso católico, durante siglos la población española más identificada con el catolicismo era la más antisemita y judeófoba, y los sectores –muy minoritarios- liberales eran menos antisemitas y muchos  de ellos reivindicaban tener ancestros judíos.
 
Los sectores españoles más reaccionarios pretendían descalificar a los liberales con el argumento de que muchos de estos (los liberales y librepensadores) tenían ancestros judíos. Los sacerdotes y feligreses católicos xuetas mallorquines, sabedores por todos los isleños de su origen exclusivamente judío, no eran, naturalmente, antisemitas.
 
A mediados del siglo XIX cuando las tropas del general Prim en sus campañas por Marruecos entraron en contacto con las comunidades sefardíes que les recibieron  en castellano, a partir de entonces los españoles redescubrieron gran parte de la historia de España.
 
En 1869 fue reconocida la libertad de culto por primera vez en España desde los Reyes Católicos. Durante los años 1920, el gobierno español inició una política de acercamiento a la comunidad sefardí. Durante la dictadura de Primo de Rivera, un decreto de 20 de diciembre de 1924 ofreció a los miembros de esta comunidad la posibilidad de adquirir la nacionalidad española, aunque sólo unos pocos judíos, sobre todo de Salónica, aceptaron la oferta.
 
La Iglesia Católica después de la derrota nazi en 1945 fue ampliamente criticada por su colaboración con el nazismo y el fascismo, y por su rol cómplice con el Holocausto, en el que fueron exterminados seis millones de judíos, por el mero hecho de ser judíos, por la industria de la muerte alemana-austriaca nazi.
 
Entre 1962-1965 se da el Concilio Vaticano II por el Papa Juan XXIII y clausurado por Pablo VI. Este Concilio manifestó en la declaración Nostra Aetate un cambio en su relación y consideración con el judaísmo:
 
La Iglesia Católica exhorta a sus fieles que prudencia, caridad, mediante el diálogo y colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de fe y vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socio-culturales que en ellos existen.

El Concilio “reconoce que los comienzos de su fe y de su elección se encuentran ya en los Patriarcas, en Moisés y los Profetas, conforme al misterio salvífico de Dios. Reconoce que todos los cristianos, hijos de Abraham según la fe, están incluidos en la vocación del mismo Patriarca y que la salvación de la Iglesia está místicamente prefigurada en la salida del pueblo elegido de la tierra de esclavitud. Por lo cual, la Iglesia no puede olvidar que ha recibido la Revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo, con quien Dios, por su inefable misericordia se dignó establecer la Antigua Alianza, ni puede olvidar que se nutre de la raíz del buen olivo en que se han injertado las ramas del olivo silvestre que son los gentiles. Cree, pues, la Iglesia que Cristo, nuestra paz, reconcilió por la cruz a judíos y gentiles y que de ambos hizo una sola cosa en sí mismo”.

Y concluye que “la Iglesia Católica reprueba cualquier persecución contra los hombres, consciente del patrimonio común con los judíos, e impulsada no por razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos.

La Iglesia Católica llega a considerar al pueblo hebreo como su hermano mayor.
 
El 14 de mayo de 1948 las Naciones Unidas dieron vida a la independencia del estado de los judíos, Israel, pero sólo una parte de la tierra perteneciente al pueblo judío.
 
La URSS y todos los países del bloque soviético, junto con los EEUU apoyaron la Independencia de Israel.
 
Los soviéticos y el bloque socialista votaron a favor de la independencia de Israel porque:
 
1. muchos judíos que emigraron a Israel eran izquierdistas,
2 esperaban que el estado hebreo acabaría siendo un país de la órbita socialista,
3. muchos dirigentes comunistas europeos eran judíos,
4. el enemigo de la URSS, la Alemania nazi, era enemigo del pueblo judío, y
5. los regimenes y poblaciones árabes eran filonazis y proalemanes.
 
El bloque de países árabes, panárabe, votó en contra. Los países árabes, bajo la órbita de los refugiados nazis encarnada en el panarabismo nazional-socialista del Baas, atacarán a Israel, para “acabar la obra de Hitler”, al cabo de pocas horas de proclamada la independencia de Israel.
 
No hubo ningún intento por parte de la ONU de evitar la agresión armada que había proclamado la Liga Árabe meses atrás y, al día siguiente de la declaración de independencia, los cinco países árabes vecinos declararon la guerra al naciente Estado de Israel y trataron de invadirlo.
 
El discurso clásico antisemita cayó en desprestigio a partir de la derrota nazi (1945) y de divulgarse el Holocausto, pero no su substrato ni contenido, sólo que se transmutó en antisionista.
 
A partir de entonces los antisemitas no se declararan antisemitas, sino antisionistas.
 
El antisemitismo no desapareció en Auschwitz, como preveía Bertrand Russell.
 
En la Guerra de los Seis Días (5-10 mayo de 1967), la URSS cambiará por intereses geoestratégicos su apoyo a Israel por el mundo árabe. Israel a pesar de tener gobiernos muy escorados a la izquierda no quiere dejarse dominar por la URSS.
 
La izquierda estalinista española clandestina seguirá los mandatos del Kremlin y será manifiestamente antisionista. Los sectores liberales españoles en general, y catalanes en particular, serán simpatizantes de Israel, mientras que el régimen franquista era manifiestamente antisemita.
 
En 1975 fallece en la cama el general Franco.
 
En la democracia española, los sectores políticos de la derecha, portadores un gran substrato antisemita irán perdiendo parte de su judeofobia a medida que la Iglesia Católica española gire a posiciones de mayor tolerancia hacia el pueblo judío.
 
Los sectores de la izquierda, de obediencia comunista o socialista, que son hostiles al catolicismo o más distantes con el clero, no recibirán las nuevas tendencias del catolicismo ni serán influidos por ellas. Ya que si bien abandonan, en diferente grado, su relación con el catolicismo, no abandonarán en absoluto su clásico substrato antisemita, antaño religioso, ahora transmutado en antisionismo, el antisemitismo en versión moderna.
 
La izquierda abandonará y rechazará  el catolicismo, pero no el antisemitismo implícito del catolicismo pre-conciliar Vaticano II. El estereotipo del pueblo judío en el imaginario colectivo español era el de un pueblo deicida y usurero.
 
El viejo discurso antisemita de que el pueblo judío era deicida, ahora se metamorfoseará en que Israel es el asesino de los inocentes árabes y de los débiles y el asesino de la paz.
 
El viejo discurso antisemita de que el judío se queda con la riqueza del pobre, ahora se transmutará en que Israel ha robado las tierras a los pobres árabes.
 
Si antes se decía que las sinagogas eran templos dedicados al diablo, ahora se dirá que Israel está dedicado al Imperio del capitalismo.
 
En el siglo XIX y XX la mayor parte de los dirigentes e intelectuales de los partidos socialistas y comunistas europeos eran judíos. (Marx, Trotsky, Rosa Luxemburg, Eduard Bernstein, etc.)
 
En España en esa misma época no había prácticamente judíos.
 
Durante el período del s. XVI al XX España no tuvo una elite intelectual considerable e influyente, y sin capacidad de transformar el país a los nuevos retos que se iban sucediendo. Los escasos intelectuales pretendían, en general,  vivir del estado y eran sus fieles servidores.
 
La izquierda española, por razones históricas, era manifiestamente hostil a la religión católica y su discurso era muy rudimentario. La derecha española, por las mismas razones históricas, era totalmente fiel a Roma y su discurso tampoco era nada elaborado.
 
En España el auténtico librepensamiento y los liberales eran minoría sin poder de incidir o influir sobre la población y siempre bajo sospecha del régimen reinante. El clímax de tanta rudeza llegó a la Guerra Civil Española entre 1936-1939, preámbulo de la 2ª Guerra Mundial.
 
El antijudaísmo español en el siglo XXI
 
Actualmente, en la primera década del s. XXI, la situación ha cambiado. El antisemitismo no acabó en Auschwitz, como tampoco acabó en España con la disolución de la Inquisición.
 
España tiene una de las poblaciones europeas más antisemitas, a pesar de que el número de judíos en España es prácticamente irrelevante. En las encuestas sobre antisemitismo, España está a la cabeza. El antisemitismo en España en transversal, afecta a todas las clases sociales, a todos los partidos y a todos los periódicos.
 
En los extremos del arco parlamentario y extraparlamentario español están los nazis, que antaño glorificaban el Holocausto y hoy lo niegan y justifican simultáneamente. En el otro extremo están los grupúsculos de extrema izquierda y los comunistas que manifiestan la nueva versión del antisemitismo, el antisionismo.
 
En la derecha cuanto más liberal es el sector, menos antisemitismo, y cuanto menos liberal, mayor antisemitismo. En la izquierda predomina –con excepciones- el antisemitismo, disfrazado en su versión moderna de antisionismo. Cuanto más a los extremos esté el partido, más antisemita es.
 
Los partidos nacionalistas en la periferia española manifiestan algunas diferencias. En el País Vasco, el nacionalismo de base genética y de contenido étnico-racial, rechaza a Israel. El nacionalismo vasco de extrema izquierda, que nació en el seno de la Iglesia Católica Vasca, es manifiestamente enemiga de Israel.
 
ETA se identifica con los grupos islamistas y panarabistas. Los partidos y grupos afines a ETA son claramente hostiles a Israel. En Cataluña, los sectores nacionalistas no izquierdistas, CiU, se han identificado con el pueblo judío. Ellos mismos se consideran como los “judíos de España” y rodeados de los españoles “los árabes” que “no les permiten tener acceso a su independencia”.
 
Los grupos nacionalistas catalanes izquierdistas desde ERC hasta los de obediencia marxista consideran que Cataluña es a los palestinos, como España a Israel. El partido nacionalista gallego, BNG, presenta lo más rancio del antisemitismo, se ha negado a condenar el Holocausto.
 
Cada grupo le asigna el rol que desea a Israel. Israel deviene el comodín de sus deseos y voluntades. Paradójicamente la derecha, que siempre había sido antisemita, es el sector español menos antisemita.
 
El PP y su antiguo líder Aznar es partidario de que Israel forme parte de la OTAN. España, sin apenas judíos en su suelo, es el segundo país del mundo con más corresponsales de TV y prensa en Israel. El primero son los EEUU.
 
Los judeofobos son manifiestamente pro-islamistas y muchos de los conversos islamistas españoles proceden del comunismo español y en el país vasco, del nacionalismo filo-etarra
 
El presidente del gobierno español, Zapatero, su ministro de Asuntos Exteriores, Moratinos, y el portavoz del PSOE son declaradamente antisemitas y pro-islamistas. Chamberlain tenía un discurso entreguista y “pacifista” como el que ahora repite Zapatero en versión moderna.
 
La izquierda española es incapaz de plantar cara al nuevo totalitarismo, el islamismo, y se alía con los islamistas, en su pretendida Alianza de Civilizaciones –versión moderna del pacto Ribbentrop-Molotov.
 
La izquierda española acusa de todos los males de España a la Iglesia Católica y considera que los musulmanes –en número creciente por las sucesivas oleadas migratorias y su elevada tasa de natalidad- pueden ser unos buenos aliados para vencer en los futuros comicios electorales y para el debilitamiento del catolicismo.
 
Los islamistas controlan cada vez más el mundo musulmán español y europeo, y la carnaza que ofrecen los antisemitas de la izquierda al mundo musulmán y a los más fervientes seguidores del Islam los yihadistas, es la hostilidad visceral hacia Israel.

 


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