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Despertar del aturdimiento
Colaboraciones nº 70   |  12 de Abril de 2004
 
España está aturdida. Al dolor por la brutal muerte de nuestros compatriotas se ha sumado la incomprensión sobre el porqué de los ataques terroristas. Estamos descubriendo horrorizados lo mucho que algunas personas que viven entre nosotros nos odian y el enorme sufrimiento que están dispuestos a causarnos.
 
Nuestro aturdimiento proviene de lo profundo de nuestro sueño anterior. Los españoles no habíamos asumido suficientemente la amenaza que suponía Al-Qaeda, pese a las numerosas evidencias. No habíamos comprendido que el islamismo radical es nuestro enemigo aunque nosotros no nos consideremos cruzados ni veamos en el Islam una religión del Mal.
 
Debemos quitarnos nuestro aturdimiento. Debemos reaccionar. No debemos preguntarnos qué hemos hecho mal para que se nos quiera matar con tanta saña. Y no debemos hacerlo por la simple razón de que no hemos hecho nada malo: nos odian por lo que somos y no por lo que hacemos. Nos odian porque somos demócratas, occidentales, modernos y cristianos. Nos odian porque España fue musulmana y ya no lo es. Nos odian porque somos la mejor prueba de que los mayores niveles de bienestar se alcanzan haciendo precisamente lo contrario de lo que ellos predican.
 
España, como el dormido al que se despierta de un manotazo, está sobresaltada y le está costando comprender lo que está pasando. Quizá esto explique las dudas y las vacilaciones de algunos. Se están oyendo demasiadas voces que aconsejan hacer con el terrorismo islámico lo que nunca hicimos con ETA: esconderse, pedir clemencia, claudicar. Se está argumentando que la mejor forma de no recibir los zarpazos terroristas es confundirse con el decorado y esperar a que la amenaza pase. Que se ocupen otros (en particular, EEUU) de solucionar los problemas del mundo. Nosotros vivimos muy bien en España y no queremos complicaciones.
 
No. Lo que no sirvió con ETA, no servirá con Al-Qaeda. Hemos repetido una y mil veces que los españoles no cederíamos ante el chantaje de ETA. No debemos hacerlo ahora tampoco ante el de Al-Qaeda. Sabemos que al terrorismo se lo derrota plantándole cara, sin apartar la vista frente a sus asesinatos y amenazas.
 
Al-Qaeda es una nueva ETA para España y, como tal, la derrotaremos. Hacía ya mucho tiempo que sabíamos que ETA era nuestra enemiga y la tratábamos como tal. Por eso hemos avanzado tanto en su derrota, como han vuelto a demostrar las detenciones y el descubrimiento de su arsenal el pasado fin de semana. Debemos despertar y afrontar a Al-Qaeda como nuestro enemigo terrorista que es.
 
Y, al despertar, nos daremos cuenta de que son muchos los que están con nosotros y han sufrido ya la muerte de sus compatriotas a manos de terroristas islámicos: americanos, turcos, británicos, australianos, indonesios, alemanes, afganos, franceses, filipinos, israelíes, tunecinos, italianos, iraquíes, paquistaníes, marroquíes, indios…
 
Quizá entonces nos demos cuenta del significado de lo que EEUU lleva diciendo desde hace tiempo: el terrorismo islámico se desbarata, también, fuera de nuestras fronteras.
 
No es algo que nos deba sorprender: ETA misma se asentó fuera de nuestras fronteras y ha sido la cooperación francesa la que ha permitido asestarle los tan certeros golpes de los últimos años.
 
El gran problema es que los países en los que se origina el terrorismo islámico o no quieren o no pueden cooperar de una manera efectiva. A menudo, sus regímenes son más parte del problema que de la solución.
 
Solventar ese problema es seguramente el mayor reto al que se enfrenta el mundo en su lucha contra el terrorismo islámico. Un mundo del que España hace buena parte.


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