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El verdadero John McCain
Colaboraciones nº 2170   |  7 de Febrero de 2008
 
Después de ser punta de lanza el año pasado junto a Ted Kennedy de una desastrosa ley de amnistía para inmigrantes ilegales que socavaba la seguridad nacional, el senador republicano “que habla sin rodeos” John McCain afirma haber visto la luz. En sus apariciones televisivas promete poner en primer lugar el tema del cumplimiento de las leyes de inmigración. En campaña, ofrece a la ligera la promesa de reforzar la seguridad fronteriza y pone énfasis en la necesidad de restaurar la confianza de los americanos en la capacidad de su gobierno para defender el territorio nacional.   
 
“Capté el mensaje” dijo a los votantes en Carolina del Sur. “Primero aseguraremos las fronteras”.
 
Pero ¿cómo puede McCain curar la desconfianza de los ciudadanos cuando su propia credibilidad en ese tema está herida de muerte? Él no se cree sus propios cuentos electoralistas. Él sabe que lo sabemos. Eso es un cóctel de cinismo mezclado con anabolizantes y drogas pesadas.
 
No todos hemos olvidado cómo el irascible senador de Arizona se puso a soltar palabrotas contra sus honestos adversarios de partido, especialmente contra el senador John Cornyn, durante un enfrentamiento verbal por la puesta en vigor de legislación. No todos hemos olvidado que votó contra la exclusión de criminales convictos para que así reciban beneficios en su plan de amnistía. No todos hemos olvidado la forma velada y saboteadora de debate en la que McCain, Kennedy, Lindsey Graham y Harry Reid conspiraron para embutir su plan a los votantes.
 
Su admisión del fracaso de la vergonzosa amnistía ha sido de mala gana y llena de resentimiento. Mientras ahora les dice a los votantes conservadores aquello que quieren escuchar sobre la necesidad de construir la valla fronteriza, él usa un tono despectivo respecto a las barreras físicas cuando habla con empresarios. “A propósito, creo que la valla es lo menos eficaz” dijo a ejecutivos en Milwaukee, según un reciente artículo en Vanity Fair. “Pero construiré la maldita barrera si es lo que quieren”. ¿Hablar sin rodeos? Más parece discurso de odio.
 
A pesar de su supuesta sabiduría recién descubierta sobre lo que quieren los americanos – protección contra la invasión, compromiso con el estado de derecho, sanciones serias contra los empresarios, el fin de las ciudades santuario, cumplimiento de la ley por propia iniciativa de los ilegales al ver que ésta se endurece, una reforma de la deportación y el fin de las prestaciones sociales especiales para extranjeros ilegales que sólo invitan al aumento de las infracciones. El rebelde sigue siendo un republicano a lo Geraldo Rivera. Al igual que el etnocéntrico presentador de la televisión americana que no puede decir 2 frases sobre la inmigración sin ahogarse en demagogia, McCain naturalmente recurre a perogrulladas sobre fronteras abiertas cuando se ve presionado a entrar en detalles sobre la ley.
 
En lugar de poner énfasis en la necesidad de cooperación local y estatal con las autoridades federales de inmigración para evitar la liberación de criminales ilegales, o hablar de crímenes 100% evitables cometidos por matones ilegales que nunca deberían haber puesto un pie en suelo americano, McCain no para de contarnos dramones sobre las fronteras abiertas. El año pasado durante varias veces y en respuesta a preguntas de los ciudadanos que habían expresado frustración porque los que violan las leyes de inmigración no rinden cuentas de sus actos, McCain respondió: “No voy a llamar a un soldado y decirle que voy a deportar a su madre... No lo voy a hacer. Puede hacerlo usted”.
 
Pero ¿qué pasa si esa madre le ha robado un número de la Seguridad Social a algún ciudadano americano para trabajar de manera ilegal? ¿Qué pasa si había sido deportada anteriormente, si ha vuelto a entrar ilegalmente y está condenada por delitos anteriores? ¿Y qué si forma parte de una banda criminal que trafica con seres humanos? ¿Qué pasa si ha estado trabajando en un área estratégica como en seguridad aeroportuaria, una base militar o un puerto? ¿Seguirá rehusándose a cumplir con su obligación constitucional de atender a las necesidades de defensa común y garantizar las bendiciones  de la libertad para los americanos respetuosos de la ley?
 
Si McCain se niega a hacer cumplir la ley de inmigración contra ilegales que son padres de soldados, ¿qué me dice de los soldados ilegales que utilizaron documentos robados o falsificados para ingresar en el ejército? ¿Y por qué sólo ilegales que son padres de soldados? ¿Por qué no los ilegales que son padres de policías, profesores, médicos y comerciantes? El cumplimiento selectivo de la ley que ofrece McCain es la receta perfecta para la anarquía migratoria que tenemos hoy.
 
El cascarrabias ha tenido éxito intimidando a los votantes y eludiendo preguntas difíciles de la prensa usando su violín retórico. Hay una razón por la que muchos progres en los medios de comunicación y en el Partido Demócrata quieren que John McCain sea el candidato presidencial republicano. Les da cobertura para seguir atacando al movimiento de bases conservador.
 
En Michigan, la historia del ilegal que es padre de un soldado se topó con abucheos. Los porristas de McCain en el New York Times y demás medios impresos intentaron pintar a los detractores como catetos insensibles y racistas, de la misma forma que lo hicieron durante la campaña aciaga y vergonzosa de amnistía del año pasado.
 
McCain no ha aprendido nada. ¿Y nosotros?

 
 
Michelle Malkin es autora del nuevo libro: “Unhinged: Exposing Liberals Gone Wild”.
 
 
©2008 Creators Syndicate, Inc.
©2008 Traducido por Miryam Lindberg
 


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