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Líbano: las resoluciones y los cadáveres se amontonan
Colaboraciones nº 2164   |  7 de Febrero de 2008
 
Más de 2 años han transcurrido desde la retirada de las fuerzas sirias del Líbano y las promesas de democracia. El asesinato del Capitán Wassim Eid (junto a 10 personas más) ha sido el más reciente de la serie de actos de desestabilización perpetrados desde 2005. Con el vacío constitucional presidencial, todos los indicios apuntan a que el Líbano va a seguir en el limbo mucho tiempo como campo de batalla de actores regionales e internacionales, lo cual significa a su vez que a no ser que haga algo concreto, Occidente se seguirá despertando a golpe de bomba.
 
La situación actual es misteriosamente similar a la del período de 1968/1974: atentados, bombas, asesinatos, y enfrentamientos entre el ejército libanés y los “terroristas revolucionarios” (en la época eran la OLP y el Frente para la Liberación de Palestina, los ahora “socios en la paz” de Occidente).
 
En aquel momento todo conspiraba para desestabilizar el país y fortalecer a Yasser Arafat y sus milicias, y el Líbano acabó reducido a escombros en la ofensiva israelí contra la OLP. La guerra fue una realidad y nadie quiso evitarla. Henry Kissinger lograba una tregua - que ha perdurado hasta hoy - entre Israel y Siria por el Golán, cediendo a cambio el Líbano al régimen de Assad padre y garantizando la invasión de Siria en 1975 legitimada por la Liga Árabe como “la Fuerza de Disuasión Árabe” de 1976.
 
Al igual que ahora, los sunnitas su pusieron del lado islamista (la OLP entonces) con el pretexto de anteponer su identidad árabe a su identidad libanesa, pero la verdadera razón, oculta y disfrazada, fue el dinero que llegaba de Arabia Saudí y Kuwait. Los sunnitas chantajearon a los cristianos y volaron el estado libanés renegando de su compromiso con el Pacto Nacional de 1943. El Estado libanés se vio bloqueado, lo que trajo el Septiembre Negro y a Estados Unidos usando la Sexta Flota no para responder a Siria, sino para evacuar a los cristianos libaneses a Florida.
 
La situación se repite hoy con la amarga ironía de la historia. Hay unos 500.000 refugiados palestinos en el Líbano – sunnitas – que alimentan oficiosamente a la comunidad sunnita. La excusa kissingueriana de ahora para la inoperancia occidental es que esto reduce el atractivo chiita y gravitará de forma positiva en el proceso de paz palestino-israelí.
 
El motivo de que 2 años después de la retirada siria todo siga igual no ya que entonces, sino igual que en 1975, es que Occidente habla del renacer de la democracia libanesa, hace amenazas huecas, y redacta resolución tras resolución; pero salvo matar a Siria de aburrimiento con ellas, no hace nada más. Ni Occidente ni Estados Unidos han movido un dedo mientras los libaneses emigran en masa, sus líderes son asesinados, y el gobierno de Siniora ve premiada su incompetencia con dinero saudí. Los actores son los mismos y la situación, idéntica. El resultado no puede ser diferente.
 
Por ejemplo, Occidente ofreció pomposas promesas de construcción de un ejército libanés fuerte. Todo lo que el ejército libanés recibió el verano pasado para hacer frente a los terroristas de Fatah Al-Islam fue un paupérrimo paquete de ayudas. Occidente está lejos de enviar fuerzas de la OTAN, y no hablemos de fuerzas de la ONU bajo el paraguas del Capitulo 7 de la Carta de Naciones Unidas.
 
Nadie ha podido explicar hasta la fecha tampoco cuál es la estrategia de la comunidad internacional para derrotar a Hezbolá en el Líbano. Si Hezbolá es un brazo de Irán, como la comunidad internacional reconoce, ¿por qué no sella la frontera del Líbano con Siria, como clara advertencia a Damasco de dejar de interferir en el Líbano? No sólo no se hace, sino que por el contrario, lo que vemos es un régimen sirio rehabilitándose a través de Austria, Italia y España ante la comunidad internacional, y que a la sazón es invitado a la pantomima de Anápolis. Siria incluso impone a su candidato a la Presidencia, Michel Suleiman.
 
La situación real es tan cómica que Siniora y Hariri denunciaban los vuelos israelíes ¡sobre el espacio sirio! El gobierno sirio no sólo no mueve un dedo con la situación del país, sino que acude de paladín defensor de Siria mientras Siniora y Hariri son descritos por Occidente como “demócratas”, "antisirios" o “pro-occidentales”. Si la administración Bush cree seriamente que Siniora y Hariri son la vanguardia de la democracia, la soberanía y la independencia libanesas, este último atentado debería servirle de revulsivo.
Si como parece ser el caso asistimos a la repetición de 1968 y 1975, el Líbano volverá a pagar el precio de ser el campo de batalla de guerras ajenas y Occidente seguirá cruzado de brazos. La alternativa y solución a esta situación es otro episodio familiar, la salvación de Kosovo, versión libanesa.
 
Occidente puede hacer todas las declaraciones que quiera y la ONU puede redactar la Biblia en verso, pero cada asesinato subraya que nadie cree ya lo que Occidente tenga que decir. Si Occidente desea realmente apoyar la democracia libanesa tendrá que ser “mucho más” que resoluciones de la ONU y circulares de prensa del Departamento de Estado.

 
 
George Chaya es licenciado en Derecho y Ciencias Sociales y analista en geopolítica y Oriente Medio. Asesora a varios gobiernos de América Latina en materia de Oriente Medio, y dirige la oficina de prensa del Consejo Libanés de la Revolución de los Cedros.
 
 


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