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Los narcos declaran la guerra a los mexicanos
Colaboraciones nº 2158   |  31 de Enero de 2008
 
La maniobra entre el venezolano Hugo Chávez y el grupo terrorista de las FARC para pulir sus deterioradas imágenes y desgastar a su enemigo común, el presidente colombiano Álvaro Uribe culpándole de los retrasos en la liberación de tres de los cientos de secuestrados y exigiéndole que negocie con los terroristas, ha mostrado ante el mundo la crueldad de los narcoguerrilleros. Sólo los ciegos y los sectarios pueden negar ya la condición terrorista de los FARC. Por desgracia, en Occidente –salvo Estados Unidos por motivos de cercanía- no merece tanta atención la ofensiva terrorista del narcotráfico para derrotar al Estado mexicano.
 
Hace un año, en diciembre de 2006, el presidente mexicano Felipe Calderón (PAN) declaró la guerra a la delincuencia y el narcotráfico[1], y ordenó el despliegue de unidades de la Policía Federal y de las Fuerzas Armadas[2] para hacer frente a la potencia de fuego de varios cárteles de la droga y a su infiltración en las policías y administraciones locales. En estos meses, se han librado auténticas batallas que, en algunos lugares de México, como los estados de Sinaloa y Nuevo León y la ciudad de Tijuana, recuerdan por su violencia a Somalia, Pakistán o Irak. Las bandas de narcotraficantes llegan a sitiar comisarías, a irrumpir en cárceles, a buscar a sus víctimas heridas en el interior de hospitales para rematarlas, a robar los cadáveres de sus jefes y a emboscar convoyes militares[3]. Además, la logística y la crueldad de los cárteles ha aumentado: son capaces de secuestrar a rivales, policías y funcionarios, ocultarlos durante días, torturarlos y matarlos. La última marca para asustar a los mexicanos es el abandono de cadáveres decapitados –más de 40- o descuartizados, como si sus asesinos fuesen partidas de hunos[4].
 
Uno de los principales periódicos mexicanos presenta así la situación[5]:
 
En su arrogancia, los narcotraficantes han declarado la guerra al Estado y en el último año han demostrado que en su obsesión por mantener intacto su negocio harán lo que sea: financiar campañas políticas, costear marchas para repudiar la presencia del Ejército, utilizar a menores de edad, secuestrar empresarios, cobrar derecho de piso a comerciantes so pena de ser asesinados e incluso utilizar a personas inocentes como escudos ante las balas.
 
Los datos de la delincuencia en México, un país de 104 millones de habitantes y miembro de la OCDE, son aterradores. Tiene una las tasas de homicidios más altas del mundo. De acuerdo con un informe[6] presentado por varios diputados a principios de enero:
 
Al cierre de 2007 el número de homicidios creció a 26 mil 769, lo que equivale a 73 muertes diarias denunciadas; y las pérdidas económicas ascienden a 50 mil millones de pesos (...). Tan sólo las ejecuciones del narcotráfico y del crimen organizado, supera las 2 mil muertes. En todo el país son alrededor de 170 mil presos, cuyo costo de manutención equivale a más de 21 millones de pesos diarios. (...) Sólo una de cada cinco víctimas denuncia el delito, y del total de delitos cometidos sólo en un 14 por ciento se inicia averiguación previa.
 
Los asesinatos cometidos por narcos y sicarios, que en México se llaman ejecuciones, fueron 8,3 diarios en 2007, lo que supone 3.000 muertos, producidos en todo el país, salvo en los estados de Tolima, Tlaxcala y Baja California. Las bajas mortales entre policías federales, estatales y locales, marinos y militares fueron 197.
 
En el año recién comenzado, la violencia criminal no ha decrecido. A mediados de enero, una veintena de pistoleros se atrincheró en el centro de la ciudad de Tijuana y mantuvo un tiroteo con fuerzas policiales y militares[7]. A los delincuentes no les importó poner en peligro la vida de unas docenas de niños[8] que estaban en una guardería cercana y que fueron evacuados por los uniformados. Los pistoleros disponían de equipos de comunicación y “durante el tiroteo, los sicarios tuvieron acceso a la frecuencia policíaca y amenazaron a uniformados diciendo que eso les pasa por meterse con ellos”[9].
 
La explicación de una advertencia tan chocante hay que buscarla en el pasado del país. Durante muchos años, la delincuencia organizada convivió muy a gusto con el poder monolítico del PRI. Al comentar el libro Almanaque 2008, de Sergio Aguayo[10], un profesor universitario escribió[11]:
 
El apartado “Narcotráfico y violencia” reconoce que ambos crecieron por la pasividad de Fox, la fragmentación del poder y un efecto no deseado de la democracia. Dicho tráfico nació dependiente del poder político y por décadas respetó las reglas del Estado que le vetaba participar en política, desviar drogas destinadas a EU al mercado interno y respetar las decisiones del gobierno. Concluye: “La alternancia en el poder y el aumento en el poder de los estados destrozaron los acuerdos y hoy el crimen organizado trata con funcionarios de los tres niveles de gobierno y promueve el consumo”. Es decir, que hoy el narco trate con gobiernos estatales y municipales de los tres principales partidos, y no sólo con uno, le ofrece mayor autonomía de acción para regionalizar sus actividades, fortalecerse y concentrarse o diseminarse frente a emergencias, participar en las elecciones e imponer candidatos —como recién sucedió en Michoacán—, generar una base de apoyo social estable y dispersa, incursionar en otras actividades delictivas, todo ello aunado a la presencia de los “nuevos virreyes”, algunos gobernadores que al amparo de la descentralización política reclaman una sospechosa soberanía.
 
Un Estado criminal, como era el mexicano levantado por el PRI o también el soviético del comunismo[12] y el italiano de la partitocracia de posguerra[13], carecía de acicate moral para combatir el delito común, ya que sus dirigentes eran delincuentes políticos. Éstos preferían repartirse los negocios con acuerdos entre caballeros: a cambio de dinero o servicios, como la eliminación de oponentes, los delincuentes comunes podían seguir operando. La situación se mantuvo hasta que las mafias sobrevivieron a esos regímenes y se alimentaron de sus restos. Como señala Aguayo en la entrevista citada, “la Dirección Federal de Seguridad, en los años 70 y 80, sólo incluía como amenaza a la seguridad nacional a aquéllos que se oponían al gobierno prisita” y no a la delincuencia organizada; ésta, añadimos nosotros, o era parte del régimen o estaba comprada.
 
El modelo de Colombia: las FARC en México
 
Los narcotraficantes no sólo combaten contra los representantes de la ley, sino entre ellos. Por ejemplo[14],
 
Durante esos años, el Distrito Federal había sido un territorio “neutral” en el cual podían operar todos los grupos delictivos sin ningún roce entre ellos, no obstante, los últimos acontecimientos en los que varias personas han sido mutiladas, se ve la disputa de un solo grupo por controlar el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, punto neurálgico para el acceso de la droga al país.
 
Pero todos los cárteles, el de Sinaloa, el del Golfo, el de Tijuana[15], coinciden en demoler el Estado para hacerse con territorios francos y repetir lo ocurrido en Colombia en los años 80. Las guerrillas y los cárteles aliados expulsaron de amplias zonas del país sudamericano a las autoridades nacionales y sometieron a las locales. Disponían de cultivos de coca, laboratorios, pistas de aterrizaje de aviones y hasta de submarinos[16]; los jefes de los cárteles obtuvieron cargos de elección popular; los guerrilleros hallaron un medio de ingreso de dinero. Y ambos bandos se prestaban apoyo en la lucha contra el enemigo común: el Estado. Se han descubierto alianzas entre diversos cárteles mexicanos[17] y entre éstos y otros guatemaltecos[18] y colombianos, al igual que hacían las familias de la mafia en Estados Unidos.
 
Un periodista mexicano resume así las similitudes y diferencias entre México y Colombia[19]:
 
Lo que está ocurriendo en México recuerda a la Colombia de la década de 1980, cuando los cárteles de Medellín y Cali tenían más poder que el Gobierno en algunas zonas del país. México no ha llegado a ese nivel. No existe manera de que el jefe de un cartel de la droga mexicano gane una banca en el parlamento, como lo hizo Pablo Escobar, del Cartel de Medellín, o presentarse a las elecciones al Senado, como hizo Carlos Lehder, del Cartel de Cali. Pero hay algunos paralelismos. “La violencia que se genera en México alrededor del narcotráfico es comparable con la nuestra en los años 80”, dijo el año pasado en una entrevista con Reuters el general Oscar Naranjo, jefe de la policía de Colombia. “México está experimentando lo que uno puede llamar la segunda generación de narcotraficantes (...) que pretenden desarrollar control territorial de unas áreas, que pretenden asegurar el monopolio del tráfico”, añadió.
 
A las FARC y a los narcotraficantes, como a Hugo Chávez, les interesa que la desestabilización arraigue en toda Iberoamérica, porque es buena para los negocios y para su estrategia política. Por ello, el grupo narcoterrorista colombiano, del que ahora se ha revelado como protector el caudillo venezolano[20], se ha establecido en México.
 
Respecto al narcotráfico, el titular de la Procuraduría General de la República mexicana, Eduardo Medina Mora, y el vicepresidente de la República de Colombia, Francisco Santos Calderón, afirmaron en octubre de 2007 que las FARC venden en torno a la mitad de la cocaína que producen a los cárteles mexicanos[21]. Respecto a la política, Santos reveló que el frente internacional de las FARC distribuye una media de un millón de dólares al año a sus redes de apoyo en México[22], constituidas por profesores universitarios, estudiantes y militantes de extrema izquierda. Los miembros de estas redes se encargan de reclutar guerrilleros y colaboradores, de recoger información y de organizar actos contra los gobiernos de Colombia, Estados Unidos y México.
 
Según el vicepresidente Santos, el 78% de los ingresos de las FARC proviene del narcotráfico y el resto de extorsiones, rescates por secuestrados y aportaciones internacionales. En consecuencia, de ese millón de dólares, más de tres cuartos tiene su origen en la cocaína. A los receptores de ese dinero la derrota de los narcos mexicanos tampoco les conviene.
 
Las enormes cantidades de dinero en metálico que atesoran los narcos les permiten penetrar en todos los ámbitos del Estado. En 2003, el Ejército mexicano irrumpió en 11 sedes estatales de la Fiscalía Antidroga para detener a varios funcionarios corruptos y apoderarse de pruebas de su implicación en el narcotráfico. Esta Fiscalía se fundó en 1997 para sustituir al Instituto Nacional de Combate a la Droga, cuyo jefe, el general Gutiérrez Rebollo, fue detenido y condenado como protector del cartel de Juárez. Como contaba el corresponsal del diario español El País, “cuando los cuerpos locales de policía son corrompidos, llegan los policías federales para poner orden, y cuando estos sucumben, interviene el Ejército, acechado también por las millonadas manejadas por los carteles”[23].
 
También se han detectado apoyos financieros del narcotráfico a algunos políticos[24]. Y, al igual que las mafias del Este de Europa y de la droga sudamericana, los cárteles mexicanos disponen de un numeroso y preparado ejército formado por militares y policías renegados. Entre 1994 y 2006, 237.000 efectivos militares desertaron. ¿Cuántos de ellos se han puesto al servicio de los narcos, con sus conocimientos sobre combate, técnicas y organización militares, espionaje, contraespionaje y comunicaciones? Los servicios de información de Estados Unidos y Colombia advirtieron a mediados de 2007 que varios sicarios ex miembros del Ejército colombiano y antiguos ejecutores a sueldo de los cárteles de Cali y Medellín se habían trasladado a México para seguir ejerciendo su trabajo: matar y entrenar gatilleros[25].
 
En esta guerra, México cuenta con un aliado: Estados Unidos. A fin de reducir la entrada de droga en su territorio, evitar el surgimiento de un narco-Estado y frenar la expansión de las mafias[26], Washington lleva presionando o colaborando con los distintos Gobiernos mexicanos desde hace décadas. Por ejemplo, en 1969 cerró la frontera común para obligar a la erradicación de las plantaciones de marihuana y amapola.
 
El actual presidente, George Bush, ha solicitado al Congreso la aprobación de un plan antidroga de ayuda a México valorado en 1.400 millones de dólares y que incluye equipos militares y de alta tecnología, unidades caninas y asesoría y capacitación técnica para fortalecer el sistema judicial mexicano[27]. El Gobierno federal de EEUU también se ha comprometido a transmitir información al mexicano y a controlar el tráfico de armas. Según quienes conocen este mundo, los narcotraficantes envían a EEUU vehículos con droga a través de una frontera abierta debido al Tratado de Libre Comercio, que en el viaje de regreso vuelven cargados con armas de alta potencia y con sacos de dinero.
 
Sin embargo, Estados Unidos tiene sus propios intereses, que a veces pueden no coincidir con los de México. Como dice Aguayo,
 
Para Estados Unidos lo importante es evitar que lleguen drogas a su territorio (...). Y desde entonces, hace casi cuatro décadas de esa política, está orientada a erradicar plantíos y frenar el tráfico de narcóticos hacia Estados Unidos. Hace casi diez años vengo insistiendo que hay un error fundamental porque el consumo ha estado desatendido. Y si uno observa las cantidades que dedica el gobierno mexicano para frenar el tráfico o la producción de droga para el consumo es ridículo. En el 2000 aproximadamente el gobierno mexicano dedicaba 850 millones de dólares para combatir producción y tráfico y sólo 26 millones de dólares a combatir el consumo. En Estados Unidos aproximadamente la mitad de los recursos se destina a combatir consumo y la otra a combatir tráfico y algo de producción que tiene. Estas cifras duras muestran que el Estado mexicano ha identificado correctamente a la droga como amenaza a la seguridad nacional pero ha errado en poner el acento en buscar una política más equilibrada.
 
En resumen, la persecución militar, policial y judicial de los narcotraficantes no debe ser la única política.
 
El combate en la oscuridad
 
La campaña de Calderón, ¿es innecesaria?, ¿desproporcionada?, ¿viola los derechos fundamentales? En opinión de organizaciones bien conocidas por su dedicación a deslegitimar a los Estados y orillar los verdaderos delincuentes como Amnistía Internacional[28], la implicación de las Fuerzas Armadas supone un riesgo para los derechos humanos. Sin embargo, ¿de qué otra manera podría combatir el Estado a semejantes enemigos? Una de las consecuencias negativas de la globalización ha sido el reforzamiento de las mafias y del terrorismo: nuevos negocios, acceso a más armamento[29] y reclutas, dispersión de sus centros de mando. Mientras las organizaciones de delincuentes y terroristas se han adaptado al nuevo mundo de la flexibilidad y las redes, los Estados mantienen estructuras rígidas y muchos de sus funcionarios se mueven con conceptos de la Guerra Fría.
 
El narcotráfico, la corrupción y la delincuencia han crecido en las últimas décadas en México. Ahora Calderón trata de derrotarlas antes de que su país conozca el destino de Colombia o de las barriadas de las grandes ciudades brasileñas. Cuanto más tardase el Estado mexicano en combatir a los cárteles, mayor sería la potencia de éstos. Sin embargo, después de un año de lucha en campo abierto, los gobernantes[30] y analistas[31] mexicanos se han dado cuenta de que la respuesta armada no es la única. Tal como ha ocurrido en España en la lucha contra ETA, no bastaba con que la Guardia Civil y los demás cuerpos policiales detuvieran docenas de comandos, reales o supuestos, entrenados o bisoños, operativos o de distracción; la verdadera manera de ahogar a ETA y a todo el llamado MLNV ha sido mediante otras medidas como la expulsión del brazo político de las instituciones, una campaña internacional para demostrar el verdadero carácter de los terroristas, el cierre de los banderines de reclutamiento de etarras, el cumplimiento íntegro de las penas de cárcel... Y si se hubiera contado con la colaboración de los nacionalistas y del PSOE, la ETA habría sido derrotada hace ya unos años.
 
Junto con el ejemplo español, puede aducirse el italiano[32]:
 
El combate contra la mafia que encabezó [el juez Giovanni] Falcone se inició cuando el clan de Corleone, encabezado por Totò Riina había impuesto su dictadura en la organización, tras haber desencadenado contra sus rivales una guerra civil de un ferocidad sin precedentes. Frente a la amenaza del Estado, Riina respondió también con una violencia atípica, que constituyó probablemente su error fatal. La mafia siempre procuró imponer su reinado del terror sin que se hablara mucho de ella, pero en los años ochenta lanzó una ofensiva terrorista contra las autoridades, de la que terminarían por ser víctimas, entre otros, los jueces Falcone y Borsellino. La guerra, sin embargo, la ganó el Estado.
 
La ganó porque no cedió, porque los gobernantes y los ciudadanos de esos años no aceptaron rendirse.
 
Por tanto, los siguientes pasos a dar por el Gobierno mexicano deben centrarse en las áreas que no se ven, que no producen efectos en poco tiempo, pero que aíslan a los delincuentes: la información, el consumo de drogas, el reclutamiento de peones por parte de los cárteles, las reformas legales que erradiquen la impunidad, el ofrecimiento de alternativas a las personas dedicadas al menudeo, la expulsión de la política y de la Administración de los corruptos, la financiación y el blanqueo de fondos, etcétera. En esta lucha hay que romper el tópico tan querido a la izquierda y a los corresponsales de prensa extranjeros de que los delincuentes medran gracias a la pobreza de la gente; más bien a las mafias les interesa mantener la miseria, para así disponer de soldados para sus ejércitos.
 
Al menos la sociedad mexicana ya ha comprendido que la narco-violencia es un enemigo mortal, al que no se puede aplacar con tributos de las cien doncellas.
 
Y tengamos presente que los tentáculos de esas mafias llegan a España, que es uno de los principales mercados del mundo para la cocaína[33] y de los centros de blanqueo de los narcodólares.

 
 
Notas


[1] http://www.gees.org/articulo/3451/59.
[2] http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=343038.
[3] http://www.correo-gto.com.mx/notas.asp?id=8316.
[4] http://www.oem.com.mx/laprensa/notas/n542836.htm.
[5] http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/39514.html.
[6] http://www.diariolarazon.com.mx/portal/article.php?story=20071227184327272.
[7] http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=342855.
[8] http://www.elperiodicodemexico.com/nota.php?sec=Nacional-Seguridad&id=155267.
[9] http://fotos.eluniversal.com.mx/fotogaleria/wfg.html?gal=4363.
[10] http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=228530.
[11] http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/39519.html.
[12] http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/140.
[13] http://www.elmundo.es/papel/2006/11/11/opinion/2048851.html y http://www.elmundo.es/papel/2004/11/23/mundo/1723144_impresora.html
[14] http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=342890.
[15] La lista de los mayores cárteles aquí: http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=218320.
[16] http://www.elperiodicodemexico.com/nota.php?sec=Internacional-Seguridad&id=149705.
[17] http://www.noticias-oax.com.mx/articulos.php?id_sec=7&id_art=26120.
[18] http://www.contralinea.com.mx/archivo/2006/marzo/htm/Alianza_Carteles_MexGuat.htm.
[19] http://www.elperiodicodemexico.com/nota.php?sec=Nacional-Politica&id=155201.
[20] http://www.europapress.es/00069/20080118083125/parlamento-venezolano-respalda-propuesta-chavez-reconocer-beligerancia-farc-eln.html.
[21] http://www.el-universal.com.mx/notas/452299.html.
[22] http://www.eluniversal.com.mx/nacion/150855.html.
[23] http://www.elpais.com/articulo/internacional/Ejercito/mexicano/desmantela/policia/antidroga/corrupcion/elpepiint/20030118elpepiint_12/Tes.
[24] http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=343150.
[25] http://www.eluniversal.com.mx/nacion/151278.html.
[26] http://pan.starmedia.com/noticias/hispanos/pandillas_106722.html y http://www.elpais.com/articulo/internacional/Desarticulada/celula/Cartel/Golfo/operaba/frontera/EE/UU/elpepuint/20070418elpepuint_5/Tes
[27] http://www.lostiempos.com/noticias/23-10-07/23_10_07_inter6.php.
[28] Ésta asociación califica en su página web a las FARC y al ELN de “grupos armados de oposición”, con lo que desoye la postura de EEUU y la Unión Europea, que los trata de “terroristas”.
[29] Una muestra del armamento de que disponen los narcos mexicanos: http://www.cronica.com.mx/galeria/details.php?image_id=2041
[30] http://www.eluniversal.com.mx/notas/475471.html.
[31] http://www.hoyinternet.com/noticias/nacionmundo/mundo/latinoamerica/hoy-mxicojan16,0,7524435.story?page=2&coll=hoy-latamerica-heds-top.
[32] http://www.elcultural.es/HTML/20060622/LETRAS/LETRAS17993.asp.
[33] http://www.lavanguardia.es/lv24h/20070626/51366642757.html.


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