(Publicado en Expansión, 24 de enero de 2008)
La semana pasada la Guardia Civil detenía a catorce sospechosos de integrar una célula islamista que estaba planeando un gran atentado en suelo español. No es la primera vez que ocurre y mucho me temo que tampoco será la última. Bin Laden ya mencionó a España en su primera gran alocución al mundo después del 11-S, poco después de que comenzaran a caerle las bombas sobre su refugio de Afganistán. Desde aquel 7 de octubre de 2001 Bin Laden y su lugarteniente Ayman Al Zawahiri han nombrado a Al Andalus 14 veces, unas para amenazarnos por tener tropas en tierra del Islam, otras para reclamar Ceuta y Melilla, y el resto para reivindicar la reconquista de lo que considera suyo por la gracia de Ala, esto es, nosotros.
En el 2003 el PSOE se mofó de la detención de otros islamistas en Cataluña, a los que ridiculizó como el “comando Dixan”. Entonces sus líderes decían que el gobierno de Aznar exageraba para meter miedo a los españoles. Hoy, cuatro años después de la tragedia del 11-M y lo que siguió, el gobierno de Rodríguez Zapatero ha arrestado cerca de 300 personas relacionadas con el terrorismo islámico. Aunque no se quiere reconocer, la amenaza jihadista desde fuera y desde dentro del suelo español es una realidad. Grave y cada día más aguda. Y no se trata de Irak. Como estas últimas detenciones ponen de relieve, lo que pasa en Pakistán también tiene su incidencia aquí entre nosotros.
Al Andalus no es una mera figura retórica, sino una auténtica llamada para el terrorismo. La jihad no conoce ni respeta fronteras. Su plan es de un alcance global. Es el imperialismo del Corán y no acepta términos medios: O nos dominan, o nos eliminan. Hace cuatro años, cuando José María Aznar dijo algo parecido en una de sus conferencias, El País lo condenó en un editorial, equiparándolo a Bin Laden. Hasta ese punto llegaba la ceguera. Hoy ya no se escribe con semejante frivolidad porque ya hay suficientes pruebas de que el jihadismo quiere atacar en España, sea cual sea el color del gobierno y haga lo que haga con su política exterior. Al Andalus es una reivindicación mucho más profunda que todo eso. Es su puerta para reconstruir el Califato.
Lo paradójico para el actual gobierno socialista es que estas detenciones se producen a la vez que se estaba clausurando la tan cacareada Alianza de Civilizaciones. ¿Cómo puede explicar ahora el odio que muestran los jihadistas contra nosotros? ¿Cómo justificar sus macabros planes por su pobreza si estaban adaptados a la tierra que los acogía? Cuando los historiadores escriban dentro de 50 años lo que está pasando en Europa con la radicalización de su población musulmana, sin duda pintarán a Rodríguez Zapatero como el nuevo Chamberlain. Quien con su actitud apaciguadora no sólo no evitó la guerra contra Hitler, sino que la hizo mucho más costosa en términos de sufrimiento y pérdidas humanas y materiales.