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La corrupción reina en la Alianza de Civilizaciones
Colaboraciones nº 2141   |  23 de Enero de 2008
 
Con el agua al cuello a causa de sus múltiples escándalos en otros tantos frentes y cuestionada por doquier a causa de su ineficacia de Sudán a Corea del Norte, Naciones Unidas abre un frente nuevo con otra de sus cuestionables iniciativas, la llamada Alianza de Civilizaciones, que está programado celebre su primera reunión esta semana en España. El programa fue elogiado por doquier en el 2005 por el entonces Secretario General de la ONU Kofi Annán como un puente sobre diferencias culturales y religiosas, pero implica a una larga cadena de asociaciones y organizaciones de dudosa reputación que arrojan serias dudas tanto sobre el propio proyecto como sobre la capacidad de Naciones Unidas para dar carpetazo a los escándalos de la última década.
 
Casi cuatro años después de presentarse oficialmente, sigue sin estar claro lo que pretende la Alianza de Civilizaciones. Según la declaración de Annán en el 2005, la Alianza está concebida para "superar prejuicios, errores de concepción, malinterpretaciones y polarización", pero en términos claros lo único concreto que hasta la fecha ha ocupado a la Alianza es montar su propio secretariado con un presupuesto inicial de 3,7 millones de dólares y una reunión de su "Grupo de Alto Nivel" de un fin de semana en Mallorca, España.
 
Más allá de este mandato cogido con alfileres y de un sistema de dirección bastante vago -- factores ambos característicos de los métodos utilizados por Naciones Unidas y criticados ya en la investigación de Paul Volcker de uno de los escándalos más sonados de la ONU, el Petróleo por Alimentos -- lo que más llama la atención de la Alianza son los íntimos colaboradores de Annán a los que la iniciativa española da empleo.
 
Entre los funcionarios involucrados en la Alianza destacan dos nombres en particular: Iqbal Riza, el ex director de personal de Annán entre 1997 y el 2004, y Giandomenico Picco, un veterano alto cargo de la ONU que volvía a la organización como enviado personal a tiempo parcial del Secretario General y después como consejero allegado. El primero está acusado, entre otras cosas, de destruir grandes cantidades de pruebas documentales de la oficina de Annán en diciembre de 2004, en plena investigación Volcker. La nebulosa conexión de Giandomenico Picco con la Alianza de Civilizaciones es más problemática, dado que alternó su cargo en la ONU con un puesto en la compañía privada IHC Services (conflicto de intereses), que tenía generosos contratos con la ONU.
 
Aunque se sabe que a comienzos de 2005 Picco trabajaba ayudando a Riza a montar la Iniciativa de la Alianza de Civilizaciones de Naciones Unidas, el programa se remonta a un programa anterior de la ONU, llamado Diálogo entre Civilizaciones, centrado inicialmente alrededor del año 2001 (un diálogo que evidentemente no sirvió para evitar el 11 de Septiembre) y que durante años consumió fondos de la ONU en forma de diversas conferencias y paneles.
 
La Alianza de Civilizaciones de hoy está manchada por un tercer escándalo, ya que mientras Picco alternaba sus cargos en IHC Services y Naciones Unidas, según la investigación de las autoridades norteamericanas, aparece toda una retahíla de sobornos a un funcionario de la ONU, Alexander Yakovlev (condenado por un tribunal federal de Manhattan en agosto de 2005), y al director del Comité de Supervisión Presupuestaria de Naciones Unidas, Vladimir Kuznetsov, (que era procesado judicialmente en septiembre del mismo año). Todos los caminos conducen a Roma menos en Naciones Unidas, donde suelen conducir a sobornos depositados en cuentas numeradas en paraísos fiscales, y luego a una celda en Nueva York.
 
¿Qué lleva a un país occidental a reconvertir una iniciativa torpedeada por sus propias obras? Desde que las elecciones de 2004 devolvieran al poder al Partido Socialista español tras ocho años de gobierno del Partido Popular, el principio del multilateralismo ha reinado en España. El presidente español sorprendía tanto a Europa como Estados Unidos con su precipitada retirada de las tropas españolas de Irak, y más tarde instaba a los demás países involucrados en el conflicto a hacer lo mismo. Sus acciones han sido abiertamente criticadas tanto por la administración Bush como por el ex presidente Aznar, por no mencionar a numerosos altos cargos de Bruselas hasta Australia.
 
Fue en otoño de 2004, mientras comenzaba a caer toda la trama de los sobornos del Diálogo entre Civilizaciones de la ONU cuan castillo de naipes, que Zapatero realizaba su famoso discurso de la "Alianza de Civilizaciones" en la 59 Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, instando a una alianza entre los mundos occidental y musulmán. Desde entonces, la Alianza se ha convertido en la piedra angular de la política exterior española, 7 años después del nacimiento de la original.
 
Mientras que las ideas políticas de la Alianza permanecen en el aire (el argumento sostenido por parte de sus críticos es precisamente que está llena de aire), la suerte corrida por su predecesora no parece augurar nada bueno. Aunque las ideas políticas de Jatami, el fundador del Diálogo, han sido populares en el ámbito internacional, su política chocaba con frecuencia con los miembros del parlamento iraní. Fue en el 2005 que era reemplazado por el actual Presidente, Mahmoud Ahmadinejad, siendo entonces alistado para el grupo de alto nivel constituido por Naciones Unidas para dirigir la iniciativa de Zapatero.
 
Este vínculo entre Jatami y Zapatero es tan interesante como significativo. Ambos líderes consideran un nuevo precedente de cooperación internacional y entendimiento entre los mundos occidental y musulmán, a los que afirman representan. Desafortunadamente, estos precedentes no han desembocado en una cooperación significativa en materia del programa nuclear de Irán, por ejemplo.
 
Poco después del anuncio de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (compuesta de una junta de 35 países) de que remitía el asunto del programa nuclear iraní al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Zapatero celebraba una conferencia de prensa conjunta con el entonces Secretario General Annán. El Presidente español destacaba la importancia de las negociaciones para alcanzar un consenso mientras el Ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, se reunía con funcionarios de la OTAN en Bulgaria y también apoyaba un consenso diplomático en la materia. Si bien junto a Gran Bretaña, Francia y Alemania, España se comprometía de esta manera al uso de la diplomacia para instar a Irán a cooperar con la Agencia, Gran Bretaña, Francia y Alemania se unían a Estados Unidos para exigir resultados inmediatos. El gobierno español quedaba aislado (junto a Irán en realidad) apoyando negociaciones diplomáticas a través de la Agencia. La Alianza de Civilizaciones cumple pues lo que parece ser el axioma general de los programas de Naciones Unidas: sólo sirve para mal.
 
A nivel teórico, los resultados tampoco son esperanzadores. La Alianza de Civilizaciones pretendería coordinar un esfuerzo de la comunidad internacional por aliviar la situación de tensión generada por los atentados jihadistas musulmanes, tanto a nivel institucional como de la sociedad civil, pero lo cierto es que el llamado Informe del Grupo de Alto Nivel dedica una cantidad desproporcionada de su espacio a criticar a Occidente como culpable de los ataques musulmanes. Aparece además alguna mención imprecisa a los sistemas educativos, siendo también Occidente el que tiene que retocarlos: países como Arabia Saudí o entidades como la Autoridad Palestina pueden continuar educando a sus vástagos con perlas como que "los judíos son los hijos que tienen los cerdos con los monos" o que "Europa será conquistada a través del vientre de las musulmanas"; ello no es problema para la Alianza.
 
Este primer documento oficial de este programa de la ONU es además testamento del valor limitado de estos ejercicios. La Alianza de Civilizaciones se centra obsesivamente en presuntos fallos de los países occidentales al tiempo que ignora voluntariamente los errores de los países musulmanes, llegando incluso a justificar implícitamente imponer límites a la libertad de prensa, la libertad de expresión o la libertad religiosa en aras de detener "el avance del odio que resulta en islamofobia, xenofobia y antisemitismo" (la segunda y el tercero aparecen de adorno, a juzgar por el espacio dedicado). La Alianza propone además una dudosa agenda para "mejorar" el trato de los medios no musulmanes a los musulmanes (algo inaudito para cualquier democracia que pueda decir "libertad de prensa" con cierta propiedad).
 
La poca información que existe acerca de la Alianza de Civilizaciones impide hacerse un juicio claro, si bien la información que ha trascendido permitiría tener una idea de momento: es una enorme mordaza a poner a los medios occidentales cuando quiera que se atrevan a aplicar a los países musulmanes la décima parte de la crítica que dedican a Estados Unidos o Israel. Irónico además es el hecho de que Naciones Unidas presente este programa en España, un país que ha hecho tanto por librarse de la censura de su pasado y que se arriesga tanto por tener un mínimo de libertad en toda su geografía.
 
Si esta es la Alianza que Zapatero quiere aliar, está claro que de Civilizada tiene más bien poco.

 
 
George Chaya es licenciado en Derecho y Ciencias Sociales y analista en geopolítica y Oriente Medio. Asesora a varios gobiernos de América Latina en materia de Oriente Medio, y dirige la oficina de prensa del Consejo Libanés de la Revolución de los Cedros.
 
 


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