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La ofensiva yihadista global que no cesa
Apuntes nº 60   |  18 de Enero de 2008
 
Tras haber detectado controladores aéreos portugueses una amenaza terrorista contra la Torre Eiffel el 11 de enero y la larga letanía - de 50 minutos y en audio, emitida desde Internet - del cuadro estadounidense de Al Qaida Adam Yahiye Gadahn (alias Azzam el estadounidense), hecha pública el 6 de enero como primera grabación de Al Qaida del nuevo año y en la que, aparte de hacer un llamamiento para aprovechar la gira del Presidente George W. Bush por Oriente Próximo para asesinarlo, se ensalzaban las recientes victorias de los “muyahidin” en el Magreb, en Irak y en Afganistán, la amenaza terrorista yihadista sigue mostrándose alta. A las “victorias” yihadistas en Argelia citadas en nuestro anterior estudio cabe añadir, lamentablemente, el asesinato de tres militares y las heridas graves provocadas a otros cinco en un atentado producido en la región de la Cabilia el 9 de enero, en el primer atentado importante tras el suicida que segó la vida de cuatro policías en Naciria el 2 de enero.
 
Pronta capacidad de recuperación de los yihadistas en sus múltiples frentes
 
El atentado suicida de Naciria se había producido pocos días después de la detención, en el barrio popular de Argel de Bachdjerrah el 29 de diciembre, de Maaruf Rachid (alias Abderrahman), organizador en todas sus fases - fijación de objetivos, reclutamiento de los suicidas y elaboración de los explosivos - de los tres sangrientos atentados suicidas producidos en Argel el 11 de abril y que, realizados de forma casi simultánea, costaron la vida de 30 personas más los tres suicidas. Buena prueba pues de que la técnica suicida está bien expandida ya por el país magrebí, y que ante las caídas de algunos de sus elementos importantes Al Qaida en la Tierra del Magreb Islámico (AQMI) procura responder con nuevas demostraciones de su fuerza.
 
Tal capacidad de recuperación demostrada en Argelia es la que los yihadistas salafistas quieren mostrar también en otro escenario para ellos crucial de su combate como es Irak. Las “victorias” en Irak de las que hablaba “Azzam el estadounidense” han sido efectivamente visibles en los últimos días en el país mediooriental y debemos recordar que responden a un llamamiento también reciente y extenso - del 30 de diciembre, de una hora de duración, también en audio y transmitido por Internet - del propio Osama Bin Laden. Éste urgía a los “muyahidin” a boicotear cualquier gobierno de unidad nacional en Irak que lo único que hará será, según él, facilitar a los EEUU el control del país árabe y de sus hidrocarburos. Los intentos de boicotear tal deriva del país descrita por Bin Laden se han materializado en diversos atentados suicidas, centrados la mayoría de ellos en ataques contra los suníes aliados de los estadounidenses. Junto a los cometidos en diciembre - el día 4 en Bagdad (8 muertos), el 7 también en Bagdad (dos que mataban a 16 y a 10 personas, respectivamente), y el 25 (también dos, con 25 muertos en Baiji y 10 en Baquba) - enero está siendo especialmente duro tras el llamamiento de Bin Laden. El 1 de enero morían 30 personas en Bagdad, el 2 de enero 10 en Baquba, el 6 de enero eran 11 los muertos en un atentado suicida en el centro de Bagdad, el 7 eran asesinadas 14 personas en un doble ataque suicida también en la capital, el 9 de enero seis soldados estadounidenses morían por la explosión de una bomba en la provincia de Diyala y el 10 de enero tres atentados causaban 15 muertos en Bagdad.  En la línea de identificar frentes de combate yihadista cabe recordar también que el mensaje del líder de Al Qaida inmediatamente anterior al del 30 de diciembre se hizo público el 29 de noviembre y en él se llamaba a los europeos y al resto de fuerzas y operadores extranjeros a dejar Afganistán: cabe recordar que en el país centroasiático se sufrieron en 2007 un total de 150 ataques suicidas y que 2008 comenzaba con un ataque suicida, producido el 3 de enero al oeste del país, que mataba a siete policías afganos y a un ingeniero indio. Por otro lado, hablar de Afganistán obliga a hacerlo de Pakistán, donde el magnicidio cometido contra la ex-Primera Ministra Benazir Bhutto no debe de caer en el olvido, y ello no sólo por el importante perfil de la veterana líder política sino porque el telón de fondo de su asesinato es el de un país donde se mueven con demasiada libertad terroristas yihadistas salafistas de todo el orbe, desde los diversos orígenes del subcontinente indio y de los pueblos centroasiáticos hasta árabes de diversas latitudes e incluso extremistas islamistas de Filipinas. Aunque para algunos la excusa de tal presencia es la ruta de Afganistán o de Cachemira el objetivo de dichos “muyahidin” es hacerse con el control de un Estado poblado por 169 millones de habitantes y hasta hoy la única potencia nuclear del mundo musulmán. Precisamente dicha centralidad de Pakistán ha llevado al Reino Unido - país europeo en el que las abundantes acciones terroristas cometidas o frustradas en los últimos años se han gestado en Pakistán - a decidir incrementar el número de sus diplomáticos allí destinados, tal y como lo explicaba el Ministro de Asuntos Exteriores, David Milliband, en un artículo aparecido el pasado 6 de enero en The Sunday Times. Una de las medidas estrella anunciadas por Milliband es nada menos que gastar 80 millones de libras esterlinas en el próximo trienio en medidas diversas destinadas a impedir que el extremismo siga creciendo en el país asiático. En este punto cabe recordar una de las últimas intervenciones de Benazir Bhutto tres días antes de caer asesinada: el 24 de diciembre afirmaba durante un mitin en la ciudad paquistaní de Larcana que algunas madrassas (escuelas coránicas) del país se habían convertido en escuelas donde se transforma a niños en futuros asesinos.
 
Escenarios europeos en los que hay que mantenerse firmes
 
Junto a la buena noticia de la condena dictada el 10 de enero por un tribunal de Bruselas contra Bilal Soughir, ciudadano belga de origen tunecino condenado a 10 años de cárcel por dirigir la red que reclutó a Muriel Deagauque, la mujer belga convertida al Islam que murió como suicida en Bagdad en 2005, o la del paquistaní Sohail Qureshi en el Reino Unido tras haberse declarado culpable de un delito recientemente tipificado - el de preparación para el terrorismo, etérea actividad que hasta hace poco se no se hubiera considerado perseguible pero que hoy sí lo es ya, afortunadamente, para el sistema penal británico y que debería serlo también para los demás sistemas penales europeos por su relevancia respecto al terrorismo yihadista salafista - hay que mantenerse atentos a la nueva prueba de fuego que tanto algunos sistemas judiciales europeos como determinadas opiniones públicas y los medios que ayudan a dirigirlas están sufriendo en estos días. Precisamente en el Reino Unido, donde acabamos de inventariar un éxito, podríamos inventariar en breve un fracaso de responsabilidad compartida - de producirse - por jueces y por círculos de opinión: nos referimos a la solicitud de extradición dictada por el Juez Baltasar Garzón contra dos residentes británicos recientemente liberados de Guantánamo y que la Justicia española considera involucrados en la red española de Al Qaida. Efectivamente el Juez español había dictado el 19 de diciembre una orden europea de detención y entrega (Euroorden) contra Jamil El Banna y Omar Deghayes, dos individuos que tras haber pasado cinco años en Guantánamo volvían al Reino Unido donde algunos círculos les habían preparado un vistoso recibimiento en clave de victoria y aprovechado para criticar a los EEUU y su guerra contra el terror. Ahora parece que todo aquel que haya pasado por Guantánamo es obligatoriamente inocente de toda culpa e incluso merecedor de homenajes y ensalzamientos.
 
Manteniéndose por supuesto la presunción de inocencia de cualquiera lo responsable es permitir a la Justicia que cumpla su labor de protectora de las sociedades y de sus libertades que tiene, en lugar de calificar de forma cíclica a algunas de sus iniciativas de ataques a las libertades civiles de determinados individuos. Ante realidades como la gran campaña mediática de apoyo a El Banna y a Deghayes, las aceradas críticas al Juez Garzón desde sectores que tanto han ensalzado algunas de sus iniciativas - en particular la dirigida contra Augusto Pinochet -, la reapertura interesada del debate tan agudizado en Europa sobre los vuelos de la CIA con prisioneros atravesando nuestro espacio aéreo o de los interrogatorios por agentes europeos de algunos de estos prisioneros en Guantánamo, entre otras manifestaciones, lo que se impone ahora es el rigor y la cordura ante algo tan serio como es la necesidad de combatir a los terroristas. Frente a la victimización de los yihadistas y a la actitud irresponsable de diversos sectores hay que llamar a la seriedad y criticar tales simplificaciones. El que la actriz Vanessa Redgrave haya pagado la fianza de El Banna y de Deghayes y que pintorescos personajes como la baronesa Kennedy, Sir Geoffrey Bindman o el dramaturgo y Premio Nobel de Literatura Harold Pinter se hayan apresurado a interceder por ambos haciendo llamamientos públicos al Gobierno español en el marco del creciente hábito de determinados personajes del mundo artístico y literario a abrazar sólo determinadas causas y generalmente de forma muy subjetiva no debe de ocultar un enorme riesgo: que El Banna y Deghayes, quienes ya están en libertad bajo fianza, puedan quedar libres y se pierda para siempre la posibilidad de extraditarlos a España gracias a la sórdida ceremonia de confusión que algunos círculos están organizando.

 
 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.


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