(Publicado en La Razón, 12 de enero de 2008)
¿Qué se la ha perdido a Bush en Oriente Medio? Una buena parte de su política exterior de dos mandatos. Suponemos que ha ido ahora a buscarla, pero lo cierto es que no hay ninguna declaración previa que oficialice los objetivos del viaje, mientras que los que podemos dar por supuestos rayan en lo inasequible. ¿Entonces qué? Algo enigmático. Bush no puede aportar a la campaña por la presidencia de su partido una exhibición de inutilidad. Por otra parte sus interlocutores no pueden negarle en la cara lo que pida y una colección de bellas declaraciones bilaterales es de suponer que esté atada y bien atada.
Dejando Irak aparte, como lo está, a priori, en el itinerario, dos son los grandes temas: Fortalecer la coalición suní contra el peligro de hegemonismo chiíta y nuclear de Irán y empujar el sempiterno proceso de paz israelo-palestino. Las relaciones entre ambos circulan en las dos direcciones. Israel es miembro tácito e innombrable de esa absolutamente informal coalición y algún progreso en el tema palestino es el precio a pagar a sus vecinos suníes. El documento de la Inteligencia americana sobre el programa nuclear iraní, expresando su “confianza” en que el aspecto militar quedó suspendido a finales del 2003, ha desarbolado todo el diseño estratégico. A un árabe no le entra en la cabeza que un servicio de inteligencia pueda gastarle esa mala pasada a su jefe supremo. Este hombre no controla ni el despacho oval ¿qué protección puede ofrecer? Todos han corrido a Teherán para suavizar relaciones. En Israel , la desolación. Si Washington se ata de manos y pies en el tema que para ellos significa supervivencia, a qué viene negociar con un interlocutor impotente. Este es el planteamiento inicial. Veremos el desarrollo.