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El cáncer cultural de nuestro tiempo
Reseñas nº 113   |  15 de Enero de 2008
 

(Del libro Secularización y nihilismo. Cristianismo y cultura contemporánea, de Massimo Borghesi. Encuentro, Madrid 2007)

Difícil resulta encontrar una reflexión sobre la cultura europea que escape al lugar común del proceso de secularización occidental que encandila al progresismo europeo en general y español en particular. Este simplismo deja insatisfecho al lector mínimamente inquieto. Y el español del año 2007 intuye que bajo la piel de cordero del movimiento laicista español se esconden unos colmillos que teme, y con razón, peligrosos. Y es que la alternativa cultural del siglo XXI no es entre secularización y religiosidad; la cosa parece ir por otro lado.
 
En “Secularización y Nihilismo”, Massimo Borghesi aborda este supuesto proceso de secularización occidental; supuesto, porque éste es sólo aparente. Para el autor, occidente no está perdiendo su religiosidad, sino que ésta se está metamorfoseando en un particular tipo de creencia: “caracterizado por la New Age, la nueva era asume el rostro de la ‘era de acuario’ cuya llegada marca el declive de la ‘era de Piscis’, la era cristiana que ha durado dos mil años. La llegada del nuevo milenio se carga así de expectativas escatológicas; un nuevo ‘eón’ va a acontecer” (p. 40). El relativismo, el hedonismo, la apología multicultural que observamos a nuestro alrededor, esconden toda una filosofía de la historia, del progreso y del hombre. Una religión ideológica en toda regla, que se presenta precisamente como la superación alegre y despreocupada de cualquier tipo de creencia pasada.
 
Se trata de “una religiosidad etérea y ligera, informe, que, lejos de abrir lo humano hacia Dios entendido como ‘otro’, es, más bien, el elemento llamado a ‘cerrar’ el mundo, a hacer soportable la existencia finita en la ‘era del vacio’. Se establece así un extraño círculo entre religiosidad y nihilismo” (p41). Para Borghesi, no se está produciendo un abandono de la religiosidad, sino una mutación, una perversión. No asistimos al triunfo de Voltaire, sino que -es la tesis de Borghesi- a “la consolidación de un pensamiento ‘religioso’ parasitario respecto al horizonte abierto por el cristianismo, que contiene su propio modelo de caída y redención” (p. 55). Esta nueva pseudoreligión tiene como característica el rechazo, no sólo de la fe, sino de la razón, y se lleva por delante tanto al cristianismo como a la ilustración, funcionando como una creencia oscurantista en sentido pleno: Es un cáncer cultural en toda regla.
 
Este cáncer tiene sus propios dogmas que se presentan, precisamente, como no dogmáticos, pero que poseen toda la fuerza de la creencia e incluso de la superstición; apología gay, hipersexualidad, multiculturalismo o legalidad internacional se presentan como dogmas incuestionables e incuestionados. Ninguno de ellos se sostiene racionalmente, y ese es precisamente el problema; buscando librar al hombre de la religión, el postmodernismo lo ha liberado también de la razón, y lo ha convertido en un manojo de ilusiones vacías, de emociones instantáneas y de ansias nunca saciadas. Susceptible de ser manipulado e instrumentalizado por una nueva religión que se presenta como no-religión.
 
La crisis del cristianismo es la crisis de la razón, y el triunfo de la pseudoreligión. Borghesi hace un profundo estudio de la relación entre cristianismo y cultura, empezando por la feliz coincidencia entre pensamiento griego y revelación cristiana. Más allá de los intelectuales de salón o de barra de bar, lo cierto es que durante dos mil años reflexión filosófica y teológica han ido de la mano; incluso en Nietzsche o Marx, Dios es una constante, aunque sea a combatir obsesivamente. Para ellos, como para Hegel con el Absoluto, la relación con Dios puede ser problemática y polémica, pero siempre seria; en ella se pone el hombre en juego, que sufre, lucha, gana o pierde. Pero siempre poniendo la vida en ello. Pocas cosas hay más serias que eso.
 
Por el contrario, el nihilismo contemporáneo afirma cree que hay que esconderse de un mundo desagradable del que huir; valle de lágrimas, para una cultura que sólo acepta llorar de alegría. Dios está fuera de lugar porque es demasiado serio. Y a la negación de este mundo demasiado serio y arduo le sigue la creación de un mundo virtual: Sobran el esfuerzo, el sacrificio, la lucha, la esperanza y la fe en el futuro; se instalan el pasotismo, el hedonismo, el pacifismo, la fe sólo en lo instantáneo. Un mundo virtual para un hombre que no soporta el mundo real. La principal víctima de ello no es ni Dios ni el mundo; es el hombre, que queda mutilado, capado, disminuido en su humanidad.
 
Lo interesante es que la apología de lo simplemente estético o lo lúdico –“el fulgor de los colores y el fragor de los sonidos” (p. 131)- esconde la desesperanza, el pesimismo, la degradación del hombre a pasividad sin futuro ni ilusión. Para no rendir cuentas crea nuevos dioses, desdivinizados, a la manera del agónico Imperio Romano; “el momento actual oscila entre paganismo y gnosis, entre idolatría  rechazo de la teodicea” (p.139). Para no creer en nada, se crean divinidades sociopolíticas o culturales indoloras, desde la democracia o el diálogo hasta los derechos humanos y el multiculturalismo.
 
“Secularización y nihilismo” es un certero análisis filosófico de la cultura occidental, de las contradicciones suicidas de la sociedad contemporánea. Y más allá de eso, la obra de Borghesi es una propuesta para volver la cara hacia una ilustración cristiana, que tiene de religión tanto como de filosofía. A propósito del diálogo entre Guardini y Platón, Borghesi propone la recuperación del diálogo entre fe y razón como fundamento de una cultura cristiana; de un diálogo entre fe y razón, entre revelación y conocimiento. Así, por las páginas desfilan con soltura Malebranche, Blondel, Santo Tomás, Hegel o Gilson.
 
El punto de partida de Borghesi es el mismo que el de Benedicto XVI o Juan Pablo II; Europa vive una crisis religiosa porque vive una crisis intelectual sin precedentes. Y ello conduce a un mismo punto de llegada; la recuperación del cristianismo en Europa será sólo posible desde la recuperación también del prestigio de la razón, de la reflexión racional. En la tercera parte del libro, se propone la recuperación de la cultura cristiana, que pasa por la recuperación del prestigio de la razón filosófica, y con ella, por la recuperación de la dignidad del hombre como ser racional y libre. Ser humano capaz de hacer y hacerse preguntas sobre el mundo que le rodea, sobre sí mismo y sobre el más allá.
 
Borghesi adelanta en la obra la gran cuestión del momento; en el siglo XXI, el humanismo caminará de la mano del cristianismo o perecerá tragado por los dogmas de la religión civil o por el salvajismo yihadista. Como en los tiempos más oscuros de la historia europea, el saber y la razón filosófica parecen destinados a sobrevivir encerrados en los muros de los monasterios del siglo XXI, sean éstos cuales sean.


 

 
 
Oscar Elía Mañú es Analista  del GEES en el Área de Pensamiento Político.


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