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En este año de Dios
Colaboraciones nº 2116   |  4 de Enero de 2008
 
Todos los años, el día de Navidad, los lectores del Wall Street Journal, uno de los diarios más vendidos de América, de orientación liberal-conservadora, se despiertan con el editorial “In hoc anno Domini”. Su autor es Vermont Royster, un periodista doble ganador del Pulitzer, que, empezando como reportero, ocupó todas las plazas del diario entre los años 40 y los 80 del pasado siglo. En 1949 escribió ese artículo que desde entonces reaparece cada año en la sección de opinión. Merece la pena reproducirlo en español:
 
“Cuando Saúl de Tarso salió en su viaje hacia Damasco, todo el mundo conocido yacía en servidumbre. Había un Estado, y era Roma. Había un dueño de todo ello, y ese era Tiberio César.
 
En todas partes había un orden civil, porque el brazo del Derecho de Roma era largo. En todas partes había estabilidad: en el gobierno y en la sociedad, porque los centuriones se encargaban de que así fuera.
 
Pero, en todas partes había también algo más. Había opresión – para aquellos que no eran amigos de Tiberio César. Estaba el recaudador de impuestos, para hacerse con el grano de los campos, y el hilo de los husos para alimentar a las legiones, o para llenar el hambriento tesoro con el que el divino César era generoso con las gentes. Estaba el censor, para encontrar reclutas para el circo. Estaban los ejecutores, para silenciar a quienes el Emperador proscribía ¿Para qué servía un hombre si no para servir al César?
 
Estaba la persecución a los hombres que se atrevían a pensar de manera distinta, que oían voces extrañas o leían extraños manuscritos. Estaba la esclavización de aquellos hombres cuyas tribus no procedían de Roma, el desdén para quienes no tenían un aspecto familiar. Sobre todo, había en todas partes desprecio por la vida humana. ¿Qué le significaba al poderoso un hombre más o menos en un mundo lleno?
 
Entonces, de pronto, hubo una luz en el mundo, y un hombre que vino de Galilea decía: dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
 
La voz de Galilea, que desafiaría al César, ofrecía un nuevo reino en el que cada hombre pudiera andar erguido sin agacharse ante nadie, sino ante Dios. Lo que habéis hecho al más pequeño de entre mis hermanos, me lo habéis hecho a mí. Envió este evangelio del Reino del Hombre hasta los lugares más recónditos de la Tierra.
 
Así que la luz vino al mundo y los hombres que vivían en tinieblas tuvieron miedo, e intentaron correr la cortina para que el hombre siguiera pensando que la salvación se encontraba en los líderes.
 
Pero sucedió que, durante un tiempo, en lugares dispares, la verdad hizo libre al hombre, aunque ofendiese a quienes vivían en las tinieblas, e intentaron acabar con esa luz. La voz dijo: apresuraos. Caminad mientras tengáis luz, pues las tinieblas avanzan, y el que camina en la oscuridad no sabe a dónde va.
 
Camino de Damasco la luz brillaba esplendorosamente. Pero después, también Pablo de Tarso tuvo miedo. Temió que otros césares, otros profetas pudieran un día persuadir a los hombres que el hombre no era más que un sirviente, que los hombres podían entregar el regalo de su Dios por un plato de lentejas, y que dejaran de caminar libres.
Sucedería entonces que las tinieblas volverían a apoderarse de las tierras, que se quemarían los libros, y los hombres pensarían sólo en qué comer y qué vestir, y escucharían sólo a los nuevos césares y a los falsos profetas. Sucedería entonces que los hombres no mirarían hacia arriba ni para ver una estrella invernal en el Oriente, y, de nuevo, no habría luz alguna entre las tinieblas.
 
Entonces Pablo, el apóstol del Hijo del Hombre, habló a sus hermanos los Gálatas, con las palabras que nos haría recordar siempre en cada año del Señor:
 
Cristo nos ha hecho libres; manteneos pues firmes, y no os dejéis sujetar al yugo de la servidumbre”.
 
En 1986, el Presidente Reagan otorgó al autor de estas líneas la medalla presidencial de la libertad, la mayor condecoración civil americana, y, según rezaba en la mención:
 
“Durante medio siglo como periodista, escritor y profesor Vermont Royster ha iluminado la vida política y económica de nuestros días. Su sentido común refutó las pretensiones de la ‘opinión experta’, y su persuasiva elocuencia advirtió de los males de una sociedad desposeída de sus raíces en la fe. Puede oírse en su prosa a la voz del pueblo americano: honesta, abierta, orgullosa, y libre”.
 
En este nuevo año del Señor, de eso se trata; de nada más.

 
 
Juan F. Carmona Choussat es Licenciado y Doctor en Derecho cum laude por la UCM, Diplomado en Derecho comunitario por el CEU-San Pablo, Administrador civil del Estado, y correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Su libro más reciente es "Constituciones: interpretación histórica y sentimiento constitucional", Thomson-Civitas, 2005.


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