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Una estrategia frente al terror
En letra impresa nº 220   |  21 de Marzo de 2004
 

(Publicado en el Diario Palentino, el 21 de marzo de 2004)


Los brutales atentados del pasado 11 de marzo en Madrid nos han recordado, de forma especialmente dramática, que el terrorismo es hoy la principal amenaza a la seguridad y a la libertad de los españoles. La amenaza del terrorismo es, por tanto, una amenaza real y presente, no hipotética o futura, por lo que la seguridad debe seguir siendo sin duda la máxima prioridad. El nuevo Gobierno debe tener como objetivo fundamental la disuasión, prevención y neutralización de cualquier futuro ataque terrorista contra nuestro territorio o nuestros ciudadanos.

La amenaza terrorista actual proviene tanto de grupos criminales transnacionales como de estados delincuentes. En este sentido, los países democráticos debemos dotarnos de las capacidades necesarias para disuadir en primera instancia y combatir si fuera necesario aquellos regímenes totalitarios que utilizan el terrorismo como instrumento para alcanzar sus objetivos políticos o estratégicos. En segundo término, los países libres no podemos consentir que ningún estado ampare, apoye o de cobertura a ninguna organización o actividad terrorista, debiendo utilizar para prevenir esta conducta todos los medios necesarios, incluyendo en última instancia los militares, bajo un principio de proporcionalidad.

La lucha contra las redes terroristas transnacionales exige una combinación de medios militares, policiales y de inteligencia. Estas redes aprovechan el proceso de globalización en marcha para operar tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Las nuevas organizaciones terroristas transnacionales, a diferencia del terrorismo clásico, no se limitan a pretender un objetivo determinado, sino que buscan la destrucción de la civilización occidental en su conjunto. Esto hace que sus atentados no busquen sólo causar un efecto psicológico, sino que pretenden causar el mayor grado de destrucción y muerte posible, como muy bien hemos podido comprobar estos días.

Por su parte, la proliferación de armas de destrucción masiva no es sólo una amenaza en tanto que puedan ser adquiridas por grupos terroristas o transferidas a ellos por estados delincuentes. Estas armas son también una clara amenaza en manos de estados totalitarios que pretendan intimidar o chantajear a los estados democráticos para lograr su supervivencia, para agredir impunemente a sus vecinos o para hacer prevalecer sus intereses frente al resto de la comunidad internacional.

Los países democráticos debemos por tanto permanecer vigilantes para que estados totalitarios no se doten de armas nucleares, químicas o biológicas, ni de los vectores que, como los misiles de largo alcance, pueden proyectar esta amenaza sobre nuestros territorios. Para ello es necesario fortalecer tanto los instrumentos internacionales de control de armas, en particular los mecanismos de inspección, como potenciar la labor de inteligencia sobre estos países y, llegado el caso, sancionar e incluso intervenir militarmente en aquellos países que se hayan convertido en un riesgo grave e inminente para nuestra seguridad, la paz o la estabilidad internacional.

En cualquier caso, la práctica totalidad de las amenazas actuales a nuestra seguridad: el terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva, los estados fallidos o los conflictos regionales, son a su vez amenazas compartidas con nuestros socios europeos y nuestros aliados atlánticos. Por tanto, la respuesta a estas amenazas debe ser necesariamente una respuesta común en el marco de la Unión Europea y la OTAN. La incipiente Política Europea de Seguridad y Defensa debe tener como máxima prioridad la lucha contra el terrorismo y la prevención de la proliferación de armas de destrucción masiva. Pero en la lucha contra el terrorismo global al que nos enfrentamos sólo podremos vencer sobre la base de una sólida alianza de todas las democracias.

En esta línea, la Alianza Atlántica representa hoy el instrumento con más potencial para articular la respuesta necesaria a la amenaza terrorista. En estos momentos resulta esencial por tanto fortalecer el vínculo trasatlántico entre Europa y los Estados Unidos para hacer frente de forma eficaz a estas graves amenazas comunes.


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