Ante la perduración de intentos de atentados terroristas en suelo europeo por parte de yihadistas salafistas de orígenes diversos, y ante la persistencia de la amenaza terrorista en la vecindad magrebí es importante plantearse el papel de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado (en adelante, FCSE) en la lucha contra este terrorismo global.
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La investigación de un fenómeno terrorista como es el yihadista salafista obliga a quienes lo combaten a realizar esfuerzos muy variados y complejos. Por un lado se trata de identificar a los terroristas y sus apoyos en el seno de comunidades musulmanas en las que aquellos se ocultan, para lo que es preciso contar con figuras como los agentes sociales que fuerzas policiales como la británica tiene asentadas en el seno de dichas comunidades. Se cuente o no con tales figuras es fundamental desarrollar al máximo el papel de los instrumentos específicos de información: el Servicio de Información de la Guardia Civil (SIGC) y la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) para el caso que nos ocupa. Por otro lado hay todo un mundo periférico en torno a la actividad terrorista en sentido estricto, formado por actividades delincuenciales de diverso tipo - tráficos ilícitos (drogas, seres humanos, armas, dinero sucio, mercancías robadas, etc.), pequeña delincuencia de diverso alcance, delitos fiscales, etc. - que las FCSE han venido combatiendo tradicionalmente sin relacionarlas, en principio, con el mundo del terrorismo. Esta última realidad está obligando, como veremos en el presente análisis, a realizar un esfuerzo añadido a dichas FCSE para hacer interactuar sus diversas secciones, divisiones, direcciones o servicios dentro de cada una de ellas y, además y en paralelo, para coordinarse mejor entre sí y con fuerzas policiales de otros países dada la mundialización progresiva del fenómeno terrorista yihadista.
En lo que al caso español respecta es importante añadir la complejidad en cuanto a la división territorial del Estado, la cesión de competencias a las Comunidades Autónomas y el consiguiente surgimiento en algunas de estas de cuerpos policiales - los Mossos d’Esquadra en Cataluña y la Ertzaintza en la Comunidad Autónoma Vasca, principalmente - y la necesidad de coordinar a tales instrumentos con los propios del Estado central.
Para ser más proactivos que reactivos en la lucha contra el terrorismo yihadista salafista que aquí nos ocupa, objetivo siempre buscado, será importante aproximar un método científico a la gestión de esta lucha antiterrorista, comenzando por describir la naturaleza de la amenaza, siguiendo por la explicación de su funcionamiento - en el que destaca la susodicha interacción entre diversas dimensiones delincuenciales - y haciendo predicción de por dónde puede esta orientar su camino.
1. El terrorismo yihadista salafista como amenaza global: conceptualización y determinación del objeto de estudio
El terrorismo yihadista salafista está determinado por toda una serie de actividades que van desde la planificación y el adoctrinamiento hasta la ejecución de ataques terroristas de diverso tipo, pasando por la compleja y con frecuencia difusa dimensión logística y organizativa, que tienen como soporte ideológico el yihadismo salafista, una modalidad del islamismo radical que destaca por su carácter ortodoxo suní, por su búsqueda radical de las raíces más tradicionales del Islam una vez se ha hecho abstracción de esta religión interpretándola según una visión extremadamente rigorista, por su carácter universalista y por su hostilidad no sólo al mundo occidental sino también a buena parte del mundo islámico tal y como hoy lo conocemos. El yihadista salafista combate con igual ahínco tanto a infieles - cristianos en sus diversas confesiones, judíos, budistas, ateos, etc. - como también a los propios musulmanes a los que acusa de apóstatas, situando entre ellos a todos los shiíes así como a aquellos suníes a los que califica de desviados por no abrazar su ideología extremista.
Así, dentro del islamismo radical podemos ubicar tanto a extremistas shiíes como los seguidores de Muqtada Al Sadr en Irak o los miembros del Partido de Dios (Hizbollah) en Líbano, o a los Pasdarán iraníes y sus instrumentos terroristas en el exterior, como a los terroristas suníes de Hamas en Palestina, y, ya en una dimensión distinta - y según ellos superando en pureza a los anteriores -, a los yihadistas salafistas. Cuando el yihadismo salafista penetra en comunidades e individuos hace de estos instrumentos de un combate universal y permanente que sólo terminará cuando el mundo esté gobernado por un califato universal que agrupe bajo su mando no sólo a todo el orbe islámico sino también al resto de la comunidad internacional.
[2] En dicho combate los yihadistas salafistas de corrientes como Takfir Wal Hijra (Excomunión y Exilio) no ven impedimento en utilizar todas las herramientas a su alcance, incluso aquellas consideradas pecaminosas e inmorales por la Sharía (ley islámica) y castigadas severamente por la misma en los Estados musulmanes en los que esta legislación religiosa se aplica. De interés para nuestra investigación será precisamente el observar cómo ámbitos delincuenciales como los del tráfico de estupefacientes, del tráfico de seres humanos, de la prostitución, e incluso el mundo carcelario, vienen siendo instrumentalizados cada vez con más frecuencia por los grupos y células yihadistas salafistas para sus fines terroristas.
[3] Ello está obligando a las FCSE de España y de otros países, tanto occidentales como árabo-musulmanas, a adaptarse doctrinal y organizativamente a tal realidad para combatir con más eficacia al terrorismo yihadista salafista. Hoy es evidente para todos que los combatientes del Yihad guerrero (los muyahidin), considerados otrora como luchadores no contaminados por actividades pecaminosas condenadas por la Sharía, se benefician del tráfico de opio a gran escala desde Afganistán o del pequeño o gran tráfico de hachís desde Marruecos, y que cada vez con más frecuencia incorporan a sus células y grupos a delincuentes de todo tipo aprovechando de paso sus redes clandestinas.
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2. La concretización progresiva del terrorismo yihadista salafista en el contexto general de la lucha antiterrorista del Estado
En su último Informe sobre la
Situación del Terrorismo en la Unión Europea y Tendencias, hecho público por la Oficina Europea de Policía (EUROPOL) en abril de 2007, se afirma que más de la mitad de los 706 detenidos por terrorismo en 2006 lo fueron por vinculación con el terrorismo yihadista: en 7 de los 13 Estados miembros de la Unión que aportaron datos a EUROPOL para que esta realizara el estudio la mayoría de los detenidos fueron islamistas radicales destacándose el Reino Unido, con 156 detenidos, seguido de Francia, con 139, y de España con 51. El que nuestro país ocupe lugar tan destacado en el ranking, el tercero, obedece a un proceso de implantación del terrorismo yihadista salafista en su suelo relativamente reciente pero que se ha acelerado de forma exponencial en los últimos años.
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2.1. La percepción del terrorismo islamista en España en los últimos veinte años
El terrorismo que hoy conocemos como yihadista salafista tuvo visibilidad en otros países de Europa, y en particular en Francia, antes de tenerla en España.
[6] Cuando en el verano de 1994 el entonces emir del Grupo Islámico Armado (GIA) argelino, Djamel Zitouni, emprendió la organización de atentados en suelo francés, inició con ello un proceso que luego ha tenido manifestaciones letales en la propia Francia pero también en otros lugares del continente. Junto al secuestro por un comando del GIA de un Airbus de Air France en Argel, el 23 de diciembre de 1994, para lanzarlo sobre la ciudad de París, anticipo europeo del 11-S que fue felizmente abortado por el Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional (GIGN) francesa tomando por asalto el avión en Marsella, la labor de Zitouni sí tuvo otros efectos nefastos en Francia. Un atentado con bomba contra el metro de París en la estación de Saint Michel, realizado el 25 de julio de 1995, provocaba 8 muertos y 80 heridos y abría un período de ataques contra medios de transporte público que culminaba con otro ataque mortal, también en París, en la estación de metro de Port Royal, que provocaba el 3 de diciembre de 1996 el luctuoso resultado de 4 muertos y 70 heridos. La desaparición de dicho emir de la dirección del GIA, en 1996, y la progresiva división en el seno de ese movimiento terrorista frenaron de momento la visibilidad de la amenaza contra Europa, pero la progresiva mundialización del yihadismo salafista de la mano de Osama Bin Laden y de su red Al Qaida hizo que esta no dejara de planear sobre el continente. La transformación del GIA en el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) en los primeros meses de 1998 se produjo por inspiración directa del propio Bin Laden quien había creado en febrero de ese año el Frente Islámico Mundial contra los Cruzados y los Judíos con el objetivo de combatir ya no sólo a los apóstatas en el seno de las comunidades musulmanas sino también a los países occidentales que apuntalaban a los regímenes árabo-musulmanes responsables últimos de la corrupción del Islam. Tal decisión incrementaba exponencialmente la amenaza contra Occidente en general y contra Europa y contra España en particular. De hecho, la experiencia nos ha demostrado después que tal amenaza iba a hacerse, algunos años después, enormemente ambiciosa y letal.
En lo que a España respecta, el CNP desarticulaba una célula de 11 individuos del GIA en Valencia en abril de 1997. Hasta entonces parecía que los terroristas, en este caso argelinos, utilizaban a España como mero lugar de paso hacia Francia y otros destinos europeos. No obstante las amenazas de Bin Laden y de su red Al Qaida cada vez se tomaban más en serio en Europa y, en consecuencia, también en España. Años después, la desarticulación del Comando Meliani de Al Qaida, en diciembre de 2000 en Francfort, hizo intervenir a diversos servicios policiales y de inteligencia en la investigación y el CNP detenía en Alicante en junio de 2001 a uno de sus integrantes huídos: Mohamed Bensakhria, un antiguo miembro del GIA reconvertido al GSPC reclamado a España por una comisión rogatoria francesa.
[7] En aquellos primeros meses de 2001 las FCSE también controlaban a individuos pertenecientes al otro gran comando de Al Qaida entonces existente en Europa Occidental: el Comando Varese, desarticulado en mayo de 2001 en varias localidades del norte de Italia y a uno de cuyos elementos, el tunecino Essid Sami Ben Khemais, se había seguido en Madrid y desde aquí se había avisado a las autoridades italianas de su desplazamiento a aquel país dado que estas sí tenían causas contra él.
Tras producirse los macroatentados de Nueva York, Washington DC y Pittsburg el 11 de septiembre de 2001 las estrategias antiterroristas comenzaron a reforzarse porque se vislumbró la amenaza ya dentro de nuestras fronteras. En cualquier caso ya de las detenciones de Valencia surgieron algunas sentencias importantes, que permitían predecir que se estaba ante una amenaza terrorista en toda regla: a título de ejemplo, los argelinos Allekema Lamari y Abdelkrim Bensmail, terroristas del GIA condenados cada uno de ellos a 7 años de cárcel a fines de los noventa, se harían tristemente célebres después, el primero como autor material de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid y uno de los siete suicidas de Leganés, y el segundo como partícipe en el intento de atentado contra la Audiencia Nacional desarticulado por el CNP a través de la Operación Nova, en noviembre de 2004, y juzgado a partir del 15 de octubre de 2007 por dicha institución judicial.
En la Operación Dátil, desarrollada por el CNP contra la red Al Qaida en España - la conocida como célula de Abu Dahdah - en el otoño de 2001, individuos de origen sirio más otros de origen magrebí fueron detenidos en un operativo que tuvo visibilidad en todo el mundo, como también lo tendría el proceso judicial posterior, en el otoño de 2005, el primero celebrado contra Al Qaida en Europa.
En 2003 el CNP llevó a cabo tres operaciones importantes contra el terrorismo yihadista salafista. En la Operación Laguna, en enero de ese año, se detenía en Cataluña a 16 individuos vinculados al terrorismo en Argelia (en concreto a la Falange Forkane del GSPC), a intentos de atentado en Londres (contra el metro de la capital británica en noviembre de 2002) y en París (contra la Embajada de la Federación Rusa) y a la redes de entrenamiento terrorista en el desfiladero del Pankisi, en Georgia, lideradas por el grupo de Abu Hafs, una franquicia de Al Qaida en el Cáucaso. Además, en la Operación Aguadulce, en la que también se desvelaban vínculos con el exterior de nuestro país de los terroristas aquí detenidos, un marroquí procedente de Holanda era detenido en España cuando preparaba un atentado.
Con anterioridad al 11-M vemos pues cómo se habían desarticulado redes y células terroristas formadas principalmente por elementos magrebíes - salvo la excepción del componente sirio en la Operación Dátil -, con un predominio de argelinos en un principio pero también con una creciente visibilidad de elementos marroquíes después.
En la Operación Nova, en realidad dos operaciones subdivididas en Nova I y Nova II, ambas consecutivas y realizadas en el otoño de 2004, se desvelaron planes de atentados en suelo español, desdiciendo a quienes pensaban que la salida de las tropas españolas de Irak había hecho desaparecer la amenaza contra nuestro país.
[8] En estos planes se incorporaba además la figura del suicida y hasta treinta presuntos terroristas yihadistas se sentaban el 15 de octubre de 2007 en la Audiencia Nacional para ser juzgados por sus planes de atentar contra objetivos como la propia Audiencia - con un camión bomba conducido por un suicida y cargado con 500 kilogramos de Goma 2 -, el Tribunal Supremo, la sede del Partido Popular o la estación de Príncipe Pío, entre otros. El hecho de que ni los explosivos ni el camión se hubieran adquirido o que la mayor parte de los planes se hubieran urdido en prisión quizás debilite la carga de la prueba ante el Tribunal que los juzga pero quienes han investigado y llevado a cabo las detenciones de los sospechosos no dudan de la intención real de estos de llevar a término sus planes.
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Múltiples han sido las operaciones policiales producidas a partir del 11-M que demuestran tanto la vinculación firme de los yihadistas con el mundo delincuencial como la fijación por el activismo terrorista dentro y fuera de nuestras fronteras.
[10] De hecho cabe destacarse que entre 2005 y 2007 se han desarticulado cuatro redes de captación y canalización de combatientes para el frente iraquí, en junio y diciembre de 2005, en enero de 2006 y en mayo de 2007.
La Operación Tigris, realizada el 15 de junio de 2005, producía 11 detenciones en Cataluña, la mayoría de individuos de origen magrebí y que tenían como uno de sus objetivos prioritarios el reclutar combatientes para Irak.
[11] La Operación Sello II, realizada en enero de 2007 también en Cataluña, permitía tanto la detención de individuos presuntamente vinculados con los atentados del 11-M como la desarticulación de otra red de envío de terroristas a Irak. Entre ambas destacan las Operaciones La Unión, con diversos detenidos en 2005 Málaga, La Unión y Ceuta; Gamo, en noviembre de 2005; Green, en diciembre de 2005; y las Operaciones Chacal, en Cataluña en enero de 2006, y Duna, en 2006 en Ceuta, en las que se desarticularon redes de proselitismo y de preparación de atentados. La continuidad en esta labor terrorista se confirmaba en el presente año 2007 con el desarrollo de la Operación Tala en Badalona. El 5 de febrero de 2007 el CNP detenía en la localidad de Reus (Tarragona) al súbdito marroquí Mbark El Jaafari, acusándole de formar parte de una estructura terrorista ligada a Al Qaida y al GSPC que desde mayo de 2006 habría venido reclutando voluntarios en Marruecos y Argelia para canalizarlos hacia Irak tanto para combatir como para formarse y regresar al frente euro-magrebí de combate. Según los investigadores policiales El Jaafari habría reclutado y enviado a Irak a unos 32 voluntarios.
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2.2. La estrategia antiterrorista y sus principales resultados en este ámbito
Diversas operaciones policiales han permitido en los últimos años abortar planes terroristas en nuestro suelo o en otros lugares dada la vocación universalista de los yihadistas salafistas.
Es importante destacar que en las operaciones desarrolladas en la última década tanto por el CNP como por la Guardia Civil el elemento de cooperación con el exterior ha sido importante. Esta es una respuesta lógica a un terrorismo de carácter transnacional como es el yihadista salafista, que opera en red - con Al Qaida como el principal modelo a imitar -, y en el que hay múltiples vínculos entre terroristas de distintos orígenes que tienen distintas intensidades y también distintas consecuencias. De hecho, la experiencia ha demostrado a las FCSE que a partir del año 2000 la mundialización del terrorismo ha sido una constante y que aunque los individuos detenidos por aquel entonces seguían teniendo con frecuencia objetivos principalmente nacionales en su activismo terrorista - centrados en los campos de batalla argelino o marroquí - formaban ya parte de un engranaje global en el que el Yihad guerrero tenía objetivos cada vez más universales con escenarios tan variados como Afganistán, Chechenia, Bosnia, Indonesia, Argelia, Cachemira y otros.
Las actividades tradicionales de los terroristas - propaganda y reclutamiento, financiación, infraestructura y apoyo, planificación de acciones y ejecución de las mismas - han tenido y tienen un fuerte componente internacional en lo que al yihadismo salafista respecta obligando a las FCSE a incrementar sus contactos y su formación respecto a fenómenos hasta entonces no considerados como centrales en su trabajo cotidiano. Es importante destacar que este carácter internacional del terrorismo yihadista salafista lleva a algunos autores a insistir en denominarlo “terrorismo internacional” para diferenciarlo de execrables terrorismos localizados en ámbitos nacionales como es el de ETA: en realidad todos los terrorismos tienen una proyección internacional - y el de ETA ha utilizado desde hace décadas santuarios como el francés, ha operado incluso en Iberoamérica y acaba de asesinar en Francia a los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero - y calificar al yihadista salafista de internacional oculta su naturaleza y distrae en tiempos en los que es obligado no distraerse.
Los terroristas yihadistas han demostrado sobradamente su disposición a cometer atentados de cualquier tipo, incluidos los realizados con suicidas tal y como las investigaciones en la Operación Nova han demostrado. Además las investigaciones llevadas adelante en el marco de dicha Operación Nova han desvelado cuán importante es el activismo yihadista dentro de las prisiones, realidad esta que hace necesaria una urgente labor preventiva en la que también se involucren los funcionarios de prisiones y las distintas autoridades implicadas.
Una mención especial merece la dificultad añadida que incorpora la investigación de los individuos y células sospechosos de terrorismo yihadista salafista, a saber: la necesidad de realizar larguísimas investigaciones que incluyen numerosos seguimientos e intervenciones telefónicas que hacen aún más compleja la labor policial en coordinación con la judicatura. Ello lleva en ocasiones a que por causa de defectos de forma detectados durante los procesos judiciales se haga necesario poner en libertad a individuos a los que ha sido muy difícil llevar a prisión preventiva y sentar después en el banquillo. Un ejemplo actual de esta situación es no sólo la absolución el 28 de septiembre de 2007, por parte de la Sección Tercera de lo Penal de la Audiencia Nacional, de siete yihadistas argelinos y un tunecino procesados por el Juez Baltasar Garzón por actividad terrorista, sino también la aún más actual sorpresa ante absoluciones como la de Rabei Osman Sayed (alias El Egipcio) en la sentencia del 11-M hecha pública el 31 de octubre de 2007.
[13] Aunque El Egipcio haya podido ser absuelto en relación con los atentados de Madrid no debe olvidarse que cumple condena en Italia - aunque es cierto que está recurrida y aún no es firme, un despiste de la judicatura que hubiera podido condenarle en España al menos por pertenencia a organización terrorista que es por lo que está encarcelado en Italia - o que su detención en Milán a principios de junio de 2004 posibilitó la desarticulación en Bélgica de una célula del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM) que preparaba atentados tanto en Holanda como en Irak.
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2.3. La progresiva especialización en los diversos Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado
En España tanto las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado - Guardia Civil y CNP - como policías integrales, como algunas policías autonómicas (Mossos d’Esquadra en Cataluña y Ertzaintza en la Comunidad Autónoma Vasca) y cuerpos policiales locales se han visto obligadas en los últimos años a perfeccionar sus instrumentos de lucha contra un tipo de terrorismo, el yihadista salafista, cuya manifestación ha sido relativamente reciente en suelo español.
Para ello han debido de comenzar por la conceptualización de la amenaza, ayudándose para ello tanto de los instrumentos existentes en cada Cuerpo - en la Guardia Civil han sido y son muy útiles los oficiales de enlace destinados en algunas capitales del mundo árabo-musulmán como Rabat y Argel - como de sus vínculos con cuerpos equivalentes de otros países. El papel de los órganos específicos de información - Servicio de Información de la Guardia Civil (SIGC) y Unidad Central de Información Exterior (UCIE) del CNP - han jugado también un papel central a la hora de diseñar el combate contra dicho terrorismo.
Si en un principio la mayoría de los individuos a los que había que someter a vigilancia y eventualmente detener venían de fuera de España - son ilustrativos los ejemplos del argelino Mohamed Bensakhria, detenido en junio de 2001, o del tunecino Essid Sami Ben Khemais, seguido en España y luego detenido en Italia, ambos encuadrados en los Comandos Meliani y Varese de Al Qaida - hoy las FCSE se enfrentan a individuos autóctonos, con perfiles muy variados, más o menos integrados en la sociedad, que conocen sus derechos y los resquicios legales del sistema, que cuentan con más o menos recursos y que son más difíciles de identificar y de encausar.
La detención en enero de 2003 en Cataluña en el marco de la Operación Laguna del CNP de 16 individuos acusados de organizar atentados terroristas es buen ejemplo también de las dificultades inherentes a la investigación y la persecución del terrorismo yihadista salafista. Detenidos por sospechas fundadas de que preparaban atentados en Argelia, Francia y Chechenia - y por qué no también en España - se les intervinieron productos que según un informe posterior de la Oficina Federal de Investigación (FBI) estadounidense servían para producir napalm casero. Como las detenciones se produjeron en los difíciles días previos al desencadenamiento del conflicto de Irak, iniciado el 20 de marzo de 2003, y como fueron incluso utilizadas por el Secretario de Estado de los EEUU Colin Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU como ilustración de la amenaza global a la que se pretendía hacer frente incluso con medios militares, las detenciones fueron tratadas políticamente adjudicándosele al grupo la irresponsable denominación de Comando “Dixán”, banalizando así lo que dicho grupo representaba en términos de amenaza. Finalmente la Audiencia Nacional condenaba en febrero de 2007 a sus integrantes a 13 años de prisión cada uno por actividades terroristas, pero ello cuatro años después de su detención y con el mal ya hecho. Haciendo balance al final del citado proceso lo que sí queda claro es que las FCSE han sido capaces de aportar a la Fiscalía información suficiente sobre los vínculos internacionales de los individuos juzgados y condenados, tanto con grupos terroristas en Argelia como con otros situados en Francia y Georgia y Chechenia, con planes terroristas en marcha y entrenamiento en el seno del grupo de Abu Hafs en el desfiladero del Pankisi incluidos.
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En acciones antiterroristas como la Operación Nova se ha demostrado la importancia del mundo delincuencial como vivero del terrorismo yihadista salafista. No hemos de olvidar que los seguidores de la corriente extremadamente radicalizada Takfir Wal Hijra consideran que actividades delictivas como el tráfico de drogas o la prostitución, condenadas duramente por la Sharía y no hay más que recordar las crueles condenas aplicadas en Arabia Saudí o en Irán a quienes las realizan, son actividades permitidas siempre que se realicen para llevar adelante el Yihad guerrero. De hecho, el nivel de radicalización detectado en individuos encarcelados, que además habían alcanzado dicho nivel en prisión, viene obligando a las FCSE y en particular a sus servicios de información a explorar con más intensidad el esfuerzo proselitista de los yihadistas dentro de las cárceles y entre los círculos de la delincuencia común para abortar su ambicioso despliegue.
Las redes terroristas han ganado en autonomía y en operatividad en los últimos años y aunque encuadradas en un esfuerzo yihadista que es global no dependen necesariamente de la red de redes Al Qaida y exigen un trabajo en múltiples frentes aún más complejo que el ya de por sí difícil orientado a combatir a organizaciones terroristas jerarquizadas y en las que sus distintos instrumentos están interconectados como es el caso de ETA.
3. Las respuestas específicas desde las FCSE a la amenaza del terrorismo yihadista salafista en sus tres principales ámbitos
Caben destacarse algunas de las lecciones aprendidas de las diversas operaciones realizadas por las FCSE en su lucha contra el terrorismo yihadista. Junto a las aprendidas en operaciones propias tampoco hay que desdeñar las derivadas de operaciones realizadas por otros cuerpos de seguridad - las policías autonómicas y locales - que se conocen a través tanto de las Salas de Coordinación Policial entre los diversos cuerpos como de los resultados obtenidos posteriormente tras ser juzgados los individuos detenidos que son imputados, procesados y que reciben o no condena.
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3.1. De las células que se desplazan hacia España y se implantan a las células que nacen y se desarrollan en suelo español
Si ya el desplazamiento por España de células terroristas yihadistas, en tránsito algunas o buscando establecimiento otras, obligó desde hace años a nuestras FCSE tanto a profundizar en el conocimiento del fenómeno del terrorismo yihadista a través de sus servicios de información como a reforzar sus instrumentos de control de fronteras, el proselitismo posterior entre comunidades inmigradas musulmanas en las que ya podemos hablar de hasta una segunda generación les obliga a realizar una labor que tiene ya más componente interior que exterior. No obstante también en esta segunda dimensión, la del proselitismo dentro de nuestras fronteras, existe una interacción con el exterior en lo que al filtrado de predicadores venidos de fuera o al necesario control de Internet respecta.
La ubicuidad de los elementos yihadistas por todo el territorio nacional, tanto en medios urbanos como rurales, utilizando para camuflarse todo tipo de coberturas, ha obligado a las FCSE a reforzar la formación de todas sus unidades territoriales en la materia. Obviamente la concentración de comunidades musulmanas - que son, no lo olvidemos, el marco idóneo para la infiltración de los terroristas tanto para su ocultamiento como para la realización de su labor de control y de proselitismo - en algunos lugares específicos (Ceuta y Melilla; Madrid y Barcelona; algunas urbes y zonas como Alicante; etc.) ha llevado a concentrar los esfuerzos policiales en dichos lugares pero sin abandonar otros, considerados en principio como marginales pero en los que las operaciones policiales posteriores han ido mostrando la realidad de la presencia yihadista por doquier.
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3.2. La adquisición de medios por parte de las células terroristas y su persecución por las FCSE
La experiencia adquirida en la lucha contra el terrorismo yihadista salafista ha demostrado la enorme capacidad de adaptación y de supervivencia de este así como su gran pragmatismo, característica esta última que introduce una importante contradicción con la rigurosísima ideología que alimenta a dicha actividad terrorista. Tráficos ilícitos como los de seres humanos y los de drogas pueden ser aprovechados, y en algunos casos ya lo son, para mantener a los activistas. Para que tales actividades, punibles desde la perspectiva de la religión musulmana, dejen de serlo deben de orientarse a la realización del Yihad guerrero y se han emitido incluso “fatwas” (decretos religiosos) legitimadoras al respecto.
El tráfico de drogas realizado tradicionalmente por súbditos y redes marroquíes en nuestro suelo se debe a que Marruecos ha venido siendo el primer productor mundial de hachís y ha abastecido al ávido mercado europeo a través de España ampliándose en tiempos más recientes la entrada de drogas desde las costas norteafricanas a la cocaína colombiana. La vinculación de tal tráfico con el mundo del yihadismo salafista es ya un fenómeno más reciente.
[18] A título de ejemplo, elementos vinculados a los atentados del 11-M en Madrid tenían como actividad principal el tráfico de drogas: el 26 de marzo de 2004 el CNP intervenía 59.254 gramos de hachís y 125.800 pastillas de éxtasis MDMA en el registro del domicilio de Hamid y Hicham Ahmidan, primos de Jamal Ahmidan (alias El Chino), unas drogas valoradas en entre 1,3 y 1,5 millones de euros.
[19] Precisamente Hamid Ahmidan ha recibido una de las condenas más fuertes en la sentencia de 31 de octubre de 2007: 23 años de prisión.
En cuanto al tráfico de armas y explosivos nada mejor que la instrucción por el caso del 11-M, el juicio y la sentencia para ilustrar sobre el asunto. La vinculación entre yihadistas, traficantes de drogas y ladrones de explosivos, estos últimos con una experiencia larga en Asturias, se mostró idónea para crear confusión dadas las dificultades para atar cabos pues el componente terrorista fue el más tardío en dicha relación entre delincuentes. La vinculación entre ladrones de explosivos y traficantes de drogas quedó demostrada en Asturias en 2001 con la desarticulación en la Operación Pipol de un grupo del que algunos elementos, con Emilio Suárez Trashorras a la cabeza, fueron aprovechados tres años después por terroristas yihadistas para hacerse con explosivos.
[20] Suárez Trashorras ha recibido también una fuerte condena en la sentencia del 11-M, 34.715 años de prisión, y ya fue condenado en el juicio por la Operación Pipol. Por otro lado, y ya dentro del mundo puramente yihadista salafista, entre septiembre y noviembre de 2004 once paquistaníes eran detenidos en Barcelona acusados de financiar a la red Al Qaida a través del tráfico de drogas.
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El tráfico de seres humanos, y en especial el que se produce entre África Subsahariana y España y Europa a través de la franja del Sahel, es una actividad ilícita más de las varias situadas en la región y que sirven para que los grupos terroristas yihadistas financien sus acciones.
[22] De hecho, la tradicional existencia de todo tipo de tráficos ilícitos en dicha zona, donde la enormidad de las fronteras y los escasos medios de control de Estados como Mauritania, Malí, Níger o Chad constituyen un magnífico escenario para la circulación de armas, de seres humanos, de diamantes sucios, etc, ha sido aprovechada en los últimos años tanto por células terroristas autóctonas como el GSPC como para el redespliegue de Al Qaida.
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Siendo pues los tráficos de drogas, armas, explosivos y personas a diversa escala, unidos a otras actividades delictivas como los robos y la falsificación de documentación y tarjetas de crédito, áreas en las que los terroristas yihadistas de origen magrebí se han movido con fluidez en los últimos años en España, importante será explorar las posibles conexiones de individuos de dicho origen y dedicados a tales actividades con el mundo yihadista.
[24] En lo que al GSPC respecta destaca también la especialización de algunos de sus miembros en la falsificación de documentos de identidad en la experiencia policial de vecinos nuestros como Italia o Francia.
[25] En el ámbito de los robos cabe destacarse la Operación Gamo de la Guardia Civil que el 23 de noviembre de 2005 desmantelaba una red del GSPC argelino dedicado al robo de domicilios y coches en todo el Levante español obteniendo así fondos para alimentar el yihadismo salafista tanto dentro como fuera de las fronteras de Argelia. En las provincias de Alicante, Murcia y Granada esta red argelina conseguía apoyo logístico para el GSPC a través de los robos y de la falsificación de documentos: cuatro argelinos ingresaban en prisión de inmediato y un quinto, huido de esa Operación, era detenido en Alicante el 15 de diciembre cuando trataba de abandonar España oculto en el ferry de Orán.
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En términos preventivos, ámbitos como la inmigración irregular, tradicionalmente cubiertos funcionalmente por otros servicios (Servicio Fiscal y de Fronteras en la Guardia Civil), pueden ser utilizados por los terroristas tanto para la infiltración de terroristas como para el transporte de drogas. Por supuesto no se trata con ello de hacer la amalgama respecto a todos los males y amenazas posibles sino de adelantarse a tendencias que algunos indicios nos permiten ya vislumbrar. A título de ejemplo, en agosto de 2007 la Guardia Civil, el CNP y la Policía Local de San Javier localizaban 1.750 kilogramos de hachís en distintas playas de Murcia tras la llegada de 64 irregulares argelinos en diversas embarcaciones procedentes de las localidades de Mostaganem y Orán, en la parte occidental del país magrebí. Aunque dichos irregulares no tienen porqué pertenecer a células terroristas - que por otro lado sí han estado bien implantadas en años precedentes en estas regiones de Argelia, en concreto del GIA - sí es importante realizar una labor anticipatoria en términos preventivos así como investigar desde la perspectiva antiterrorista tanto algunas detenciones de irregulares como la decomisación de drogas en casos como este.
[27] Para el caso de Marruecos sí conviene destacar que en la operación policial que a fines de julio de 2006 llevaba a la detención de hasta 56 personas desarticulando la red yihadista conocida como “Ansar Al Mahdi”, de hecho uno los grupos terroristas más numerosos neutralizados por las fuerzas de seguridad marroquíes, varios traficantes de drogas de ciudades del norte del país formaban parte de una tupida red en la que también se detuvo a algunos militares y trabajadores de Royal Air Maroc.
[28]
Sin ir más lejos el Ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, transmitía en mayo de 2007 la preocupación de su Ministerio ante la posibilidad de que los terroristas yihadistas utilicen las rutas africanas de la droga para entrar en nuestro país a la Directora de la Agencia Antidroga de los EEUU (DEA) estadounidense, Karen P. Tandy.
[29] De hecho, la DEA, que comparte con España y con los países del Magreb esta preocupación, ya ha formado a lo largo de 2006 a diversos técnicos policiales en materia de control de drogas en la subregión del África Occidental.
3.3. La determinación de objetivos por parte de las células terroristas y la necesaria labor anticipatoria de las FCSE
La determinación de objetivos a atacar por parte de los terroristas yihadistas ha demostrado hasta ahora su osadía y su deseo de producir el mayor número posible de víctimas. Los ataques contra medios de transporte público en grandes ciudades, desde los cometidos por el GIA contra el metro de París en 1995 y 1996 hasta el 11-S en los EEUU, el 11-M en España o el 7-J en el Reino Unido, son buenos ejemplos de ello. También lo son los múltiples atentados que bien la oportuna intervención de las fuerzas de seguridad o bien el factor suerte han sido capaces de abortar en los últimos años en diversos escenarios de Europa y del mundo. No hay que olvidar que en fechas recientes el factor suerte ha intervenido para evitar matanzas semejantes a las del 11-M en Madrid o a las del 7-J en Londres en trenes de pasajeros en Alemania, donde el 31 de julio de 2006 dos terroristas de origen libanés no pudieron hacer explotar sus maletas bomba por un problema técnico, o una repetición del 7-J dos semanas después (el 21-J) y en idénticos escenarios londinenses cuando a otros cuatro suicidas les fallaron los mecanismos de activación de sus bombas.
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Por otro lado, el estudio de las reflexiones y análisis que llevan a cabo los terroristas yihadistas y que son accesibles a cualquiera a través de Internet obligan a realizar un trabajo preventivo constante por parte de nuestras FCSE. Lugares con gran concentración de población, nudos de comunicaciones, instalaciones estratégicas (tendido eléctrico, depósitos de hidrocarburos, centrales nucleares, etc), vigilados tanto por FCSE, por policías autonómicas y locales o por compañías privadas de seguridad, pueden ser en cualquier momento objeto de atentados y es preciso realizar una gran labor de tipo anticipatorio, tanto respecto a la selección de objetivos por parte de los terroristas como a la modalidad de ataque a realizar.
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El estudio del modus operandi de los terroristas, la naturaleza de los grupos y redes a los que se hace frente en cada caso, su forma de pensar, las instrucciones o consejos que reciben de sus líderes, la organización de dichos grupos, redes o células, la existencia de facilitadores y su nivel de ambición y de motivación y otros factores representan un desafío fundamental para las FCSE hoy. Por otro lado, el estudio de las reflexiones de los terroristas demuestra que la posible evolución de su estrategia en el corto y en el medio plazo, si los yihadistas salafistas atienden a los consejos de nefastos ideólogos como el sirio-español Mustafá Setmarian Nasar (alias, Abu Musab Al Suri), nacionalizado español desde octubre de 1987, en su obra
La llamada a la resistencia islámica global, obligará a todos, a la sociedad en su conjunto y a las FCSE en particular, a tomar conciencia de que nuestra seguridad está amenazada por un terrorismo extremadamente decidido y muy letal.
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4. Las lecciones aprendidas
En términos cronológicos, en España hemos pasado de percibir a elementos terroristas que venían, actuaban en nuestro suelo pero sólo en la dimensión del apoyo logístico o propagandístico, y se iban sin atentar en España pues su objetivo prioritario era otro, a identificar a otros terroristas que no sólo se instalan y mantienen su activismo en frentes foráneos sino que también consideran a nuestro país como parte de su campo de batalla universal. La implantación permanente de elementos del GIA argelino o de las redes marroquíes de la Yihadiya Salafiya o del GICM, unida a la presencia incluso más antigua de activistas yihadistas sirios huidos de las sucesivas ofensivas antiterroristas del régimen de Hafez Al Assad en los años ochenta y noventa del siglo XX, han situado a España en una posición difícil cuando durante los años noventa se ha producido un proceso de radicalización ideológica a nivel mundial del islamismo militante que encontraba en España un terreno abonado gracias a la presencia en su suelo de múltiples semillas dispuestas a germinar.
La vecindad inmediata con el campo de batalla magrebí, en especial en Argelia, la extensión a Europa del combate yihadista, la implicación de nuestro país en escenarios de países musulmanes donde se hacen esfuerzos de normalización y de reconstrucción (Líbano y Afganistán) y el redescubrimiento por los terroristas de Al Andalus en términos militantes primero y ya obsesivo en la red Al Qaida después han hecho el resto, situándonos en primera línea de combate.
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Ese proceso acelerado de globalización sufrido por el terrorismo yihadista salafista en los últimos años no ha pillado desprevenidos a los servicios de información de nuestras FCSE y a nuestra agencia principal de inteligencia, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que venían actuando como sus homólogos europeos contra este tipo de terrorismo, pero sí logró, gracias a la rapidez que caracteriza a la última fase de preparación de los atentados yihadistas y a la complejidad de las células que los llevan a cabo, que el 11-M se produjera en Madrid de la misma forma que un año después se produciría el 7-J en Londres.
La ruptura de tabúes y de compartimentaciones tradicionales entre grupos delincuenciales y, en consecuencia, la creciente ruptura también de compartimentaciones dentro de las FCSE entre sí, y en el seno de cada una de ellas también, debe de llevar a un trabajo más ágil y desarrollar una dinámica imaginación que se refleje en la labor policial y de inteligencia para tratar de anticiparse a los terroristas yihadistas. En este sentido hay que felicitarse porque exista un Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (CNCA) pero también porque exista un Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado (CICO) y animarles a que incluso ambos centros se coordinen entre sí dadas las interconexiones cada vez más evidentes entre el mundo del terrorismo, el yihadista salafista para el tema que nos ocupa, y las diversas actividades delincuenciales más o menos organizadas.
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Como quiera que las investigaciones sobre terrorismo yihadista salafista suelen ser extremadamente largas, con seguimientos de muchos meses en los que hay que utilizar a múltiples agentes, y como a veces hay que precipitar las detenciones para evitar que el paso previo a la comisión de atentados pueda darse, ello provoca un doble efecto negativo: por un lado suele ser preciso detener a muchas personas, generalmente demasiadas si comparamos el número de detenidos con el de finalmente imputados, procesados y condenados, pero ello es así porque durante todo ese tiempo la red de relaciones de los sospechosos suele ser amplia;
[35] y por otro lado, el precipitar las detenciones suele conllevar también debilidad en las pruebas incriminatorias aportadas. Lo primero es pernicioso porque al detenerse a muchas personas, que en su inmensa mayoría pertenecen a la comunidad musulmana, ello da a entender a algunos que se incrimina a todo un colectivo, y lo segundo lo es también porque las absoluciones o las escasas penas aplicadas a algunos procesados dan a entender que la amenaza no es tan relevante como las FSCE, las agencias de inteligencia o los expertos en materia de terrorismo yihadista salafista dicen.
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En términos operativos, hemos comprobado cómo en lo que denominamos la periferia del terrorismo yihadista - actividades ilícitas varias que los terroristas yihadistas o sus apoyos realizan o de las que se aprovechan con el fin de coadyuvar al Yihad guerrero - las FCSE y el mundo fiscal y judicial trabaja sobre el indicio, sobre el hecho con frecuencia no probado, inventariando delitos de seguridad ciudadana que raramente se pueden relacionar con la actividad terrorista y que con frecuencia se quedan en simples faltas administrativas. La necesidad de trabajar codo con codo las FCSE entre ellas, y dentro de ellas entre sus distintos servicios o divisiones, se extiende también a la que tendrían los jueces y fiscales de trabajar con la comunidad de inteligencia para reforzar sus procedimientos. Sabida es la facilidad relativa con que se puede intercambiar inteligencia estratégica y la dificultad extrema con que se intercambia inteligencia operacional entre los servicios y agencias de información e inteligencia y este es un obstáculo que hay que derribar cuando antes para ser más eficaces en la lucha contra este terrorismo implacable.
Como culminación y amparando todo lo dicho se hacen necesarias herramientas legislativas adaptadas a la amenaza aquí tratada pues de nada servirán los esfuerzos anteriores si una vez puestos a disposición judicial los presuntos terroristas el sistema no es capaz de culminar de forma eficaz su trabajo en defensa de la libertad y de la seguridad de todos.