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¿Qué tiene de malo la mutilación genital femenina?
Colaboraciones nº 2088   |  13 de Diciembre de 2007
 
La semana pasada informaba acerca de cómo la Asociación Antropológica Norteamericana difamaba y condenaba a las tropas americanas y cómo instaba a los antropólogos que asesoran a nuestros soldados en Irak y Afganistán a evitar las labores por "inmorales".
 
Hoy aparece más estupidez pan-islamista, cortesía de la marca de este grupo sobrevalorado de personas que dedican sus carreras a estudiar cuántas veces se iba al baño en la antigua Roma o si las tropas de Saladino llevaban calzoncillos o slips.
 
La organización afirma ahora que aquellas personas que condenamos la mutilación genital femenina -- practicada en su mayor parte por musulmanes -- somos "culpables de ignorancia e imperialismo cultural".
 
Sí, todos malinterpretamos esta salvaje práctica contra la mujer porque nosotros - no ellos - somos retrógrados e intolerantes. John Tierney, el libertario residente del New York Times, escribe que el sábado la asociación presentaba a dos mujeres musulmanas africanas que sufrieron y están a favor de la mutilación genital femenina, y "van a debatir" con el tema ¿debe permitirse que las mujeres africanas tomen parte en la práctica denominada en ocasiones circuncisión femenina? ¿Están justificados los críticos de esta práctica, que la llaman mutilación genital femenina, al intentar ilegalizarla, o son culpables de ignorancia e imperialismo cultural?
 
Esas preguntas serán debatidas la mañana del sábado en Washington en la reunión anual de la Asociación Antropológica Norteamericana. Representantes de colectivos internacionales contrarios a este procedimiento debatirán con antropólogos de opiniones algo diferentes, incluyendo a antropólogas africanas que han sufrido el procedimiento en persona. Como los organizadores del panel de la asociación observan:
 
El panel incluye por primera vez a la crítica "tercera generación" o perspectivas feministas multiculturales de las académicas africanas circuncidadas Wairimu Njambi, keniata, y Fuambai Ahmadu, de Sierra Leona. Ambas mujeres proceden de culturas en las que los rituales de iniciación masculinos y femeninos son la norma y han escrito acerca de sus experiencias contextualizadas y en gran medida positivas, creando un espacio de debate emergente para un colectivo "mudo" hasta la fecha en el debate global acerca de la mutilación genital femenina.
 
¡Sorpresa!-- no destacada ni por la asociación ni por el New York Times - tanto Njambi como Ahmadu son musulmanas.
 
Ahmadu, numeraria posdoctoral en la Universidad de Chicago, creció en América y después volvió a Sierra Leona siendo adulta para someterse al procedimiento junto a otras integrantes del grupo étnico kono. Ella argumenta que los críticos del procedimiento exageran los riesgos médicos, malinterpretan el efecto sobre el placer sexual, y ven erróneamente la extirpación de partes del clítoris como una práctica que oprime a la mujer.
Lamenta que sus hermanas feministas occidentalizadas insistan en negarnos a las demás este aspecto crítico de convertirse en mujer en concordancia con nuestra herencia cultural poderosa y única. En otro ensayo, escribe:
 
Es difícil para mí - considerando el número de ceremonias a las que he asistido, incluyendo la mía propia - aceptar lo que parece ser expresión de alegría y éxtasis de la femineidad, disfrazada en la práctica de experiencias de coacción y subyugación. En su lugar, presupongo que el grueso de las mujeres kono que se someten a estos rituales lo hacen porque quieren - disfrutan de los poderes sobrenaturales de sus líderes rituales al nivel de los hombres en la sociedad, y apoyan la legitimidad de la autoridad femenina y particularmente la autoridad de la madre y la abuela.
 
Vaya, no puedo esperar hasta el próximo "debate" de la Asociación Antropológica Norteamericana: "La alegría de la cocina judía: ¿fue el gaseamiento de los reclusos de Auschwitz una práctica sanitaria malinterpretada?
 
Tristemente, el normalmente razonable Tierney se muestra de acuerdo con estos apologistas intelectualmente discapacitados, esto... AntroPOLOGISTAS:
 
Si me pidieran tomar una decisión con mi propia hija, yo no elegiría la circuncisión para ella. ¿Pero qué hay de la cuestión planteada por estos antropólogos, deben los extranjeros decir a las mujeres africanas qué prácticas de iniciación son aceptables?
 
Bien, John, si yo tuviera una hija, yo no elegiría los hornos para ella. ¿Pero qué hay de la cuestión planteada por los antropólogos, debieron los extranjeros decir a los Nazis qué prácticas “sanitarias” nacionales eran aceptables?
 
¿Deben los forasteros informar a Arabia Saudí de que está mal condenar a una víctima de violación colectiva a latigazos? Quiero decir, ¿no tienen el derecho a elegir su propia variante de "es que las visten como putas por ahí, pidiéndolo a gritos"?
 
¿Deben los forasteros juzgar a Hamas y Fatah por los atentados homicidas en pizzerías y cafés?
 
Vaya, podemos informar a Israel de qué hacer con sus fronteras y la seguridad nacional -- asuntos de soberanía nacional importantes. Pero con la mutilación genital femenina musulmana, tenemos que abstenernos, ¿no?
 
Seamos intelectualmente honestos por una vez. Un grupo de académicos norteamericanos está legitimando la castración bárbara islamofascista de la mujer a la fuerza. Punto. Estas niñas son muy jóvenes y no tienen criterio. La mayor parte de ellas no quieren ser "circuncidadas". Vaya y pregunte a Ayaan Hirsi Ali. Es tortura, clara y simplemente.
 
Recuerde que la antropóloga más famosa de la historia fue Margaret Mead, por inventar lo que le hizo famosa -- todo su estudio de las prácticas sexuales desinhibidas de los samoanos. Un fraude de pies a cabeza. Algunas cosas que nunca cambian. Fraude ayer, fraude hoy, y apologistas de los enemigos de América ahora.

 


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