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Nuestros amigos los sirios
Colaboraciones nº 2085   |  12 de Diciembre de 2007
 
(Publicado en The Jerusalem Post, 3 de diciembre de 2007)
 
Justo antes de las elecciones a la Duma el domingo, el Presidente ruso Vladimir Putin daba otro paso más para poner fin al deshielo post-Guerra Fría en las relaciones de Rusia con Occidente convirtiendo en ley una propuesta que suspende la participación de Rusia en el Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa. A partir de la semana que viene, Rusia detendrá las inspecciones de los países de la OTAN y la verificación de sus enclaves militares, y ya no estará obligada a limitar el número de armas convencionales desplegadas al oeste de los Urales. La señal que envía la maniobra a las repúblicas exsoviéticas y a satélites como Ucrania, Georgia, Polonia o Rumania es preocupante.
 
La hostilidad de Rusia hacia Occidente se extiende desde Europa hasta Oriente Medio. Durante la guerra de Israel contra Hezbolá en el 2006, consejeros militares rusos en Rusia proporcionaban Inteligencia actualizada tanto a Siria como a Hezbolá. Los misiles de Hezbolá fueron transferidos a la organización terrorista en su embalaje original procedente del Ministerio de Defensa de Siria después de llegar procedentes de Rusia.
Desde la guerra, Rusia ha vendido cantidades masivas de armamento avanzado tanto a Siria como a Irán. Las armas rusas siguen comprendiendo el grueso del arsenal balístico de Hezbolá, recién abastecido.
 
Diplomáticamente, Rusia ha servido de escudo de Siria y de Irán en el Consejo de Seguridad de la ONU y en otros foros internacionales. Ha interpuesto obstáculos a la investigación de la ONU del crimen del ex primer ministro libanés Rafik Hariri. Ha evitado que el Consejo de Seguridad tome cualquier acción consecuente contra del programa de armas nucleares de Irán. Y ha continuado su patrocinio del programa nuclear de Irán manteniendo su implicación en el reactor nuclear de Bushehr, el cual ha construido.
Apenas esta semana, la pro-iraní Agencia Internacional de la Energía Atómica aprobaba el plan de Rusia de enviar combustible nuclear a Bushehr.
 
En mitad de todo esto, en su sabiduría, el Primer Ministro Ehud Olmert y su gobierno han decidido aceptar a Rusia como principal mediador en las negociaciones entre Israel y Siria de cara a una rendición israelí de los estratégicamente vitales Altos del Golán.
 
Según informaciones del Ma'ariv, Olmert ha estado llevando a cabo conversaciones secretas con Assad con respecto a una retirada israelí de los Altos del Golán a través del Ministro de Exteriores ruso en funciones Alexander Sultanov. En la conferencia de Annapolis la semana anterior, esas negociaciones - y el papel central de Rusia promocionándolas - salían a la luz.
 
Olmert accedía a la participación israelí en un remake ruso de Annapolis en Moscú en enero. Allí, la exigencia de Siria de una retirada israelí de los Altos del Golán ocupará un lugar central.
 
Según las informaciones del Ma'ariv, los funcionarios israelíes están entusiasmados con el papel principal de Rusia en las negociaciones. Mientras que Siria recela de Estados Unidos, confía y respeta a su defensor ruso Putin. Según las ideas de Olmert, esto es algo bueno.
 
La hostilidad de Rusia hacia Estados Unidos e Israel y sus vínculos cercanos con los principales enemigos de Israel, Siria e Irán, hacen difícil de digerir el entusiasta apoyo de Israel a la mediación rusa con Siria. Desagradable o no, tendría sentido si a cambio de la legitimidad israelí, Moscú fuera a atenuar su mal comportamiento. Pero no ha habido ninguna señal de que esto haya ocurrido.
 
El Ma'ariv afirma que la súbita visita de Olmert al Kremlin el mes pasado era la consecuencia de avances en la diplomacia lanzadera de Sultanov.
 
Quizá sea verdad. Pero viniendo como venía inmediatamente después de que Putin volviera de su visita de estado a Irán, donde reanudó su apoyo al desarrollo de la tecnología nuclear de Irán y prometiera finalizar el reactor de Bushehr, la visita de Olmert fue interpretada como la aceptación israelí del apoyo de Rusia a Irán.
 
Existe la posibilidad trasnochada de que los funcionarios que hablaron con el Ma'ariv estén en lo cierto. Quizá bajo mediación rusa, los sirios estén más dispuestos a acceder a firmar un acuerdo con Israel, en el cual Israel se comprometería a entregar los Altos del Golán a Damasco, de lo que lo estarían bajo mediación americana. Pero tal acuerdo sería un desastre estratégico para Israel.
 
Dada la naturaleza antidemocrática de los regímenes sirio y ruso, está claro que tal acuerdo no va a incluir ninguna provisión para la liberalización política de Siria. Y puesto que solamente la liberalización de la política de Siria podría hacer que Damasco abandonase su apoyo a la jihad, su alianza estratégica con Irán y el desarrollo de armas de destrucción masiva, está claro que un acuerdo con Israel no conduciría a una disminución de la belicosidad siria.
 
La constante hostilidad de Siria hace estratégicamente indefendible la noción de una rendición israelí de los Altos del Golán. Sin el Golán, todo el norte de Israel estará expuesto a las fuerzas sirias. Y esas fuerzas son hoy mucho más poderosas de lo que lo fueron antes de 1967, cuando hicieron insoportable la vida para las comunidades israelíes por debajo de la meseta estratégica. En la práctica, teniendo en cuenta el arsenal ruso avanzado de Siria, sería completamente imposible para Israel reconquistar los Altos del Golán y así ganar una futura.
 
En el ínterin, simplemente al llevar a cabo negociaciones de mediación rusa con Siria, el gobierno Olmert está concediendo una legitimidad inmerecida tanto a Moscú como a Damasco. Por extensión, el gobierno está erosionando aún más la situación regional de Israel.
 
El gobierno de Olmert no es el único en apoyar a Damasco. La administración Bush está siguiendo una política pro-Siria propia, con resultados igualmente desastrosos.
 
Comentando al New York Times la decisión de la administración de invitar a Siria a la conferencia de Annapolis de la semana pasada, un alto funcionario de la administración argumentaba, "Mire, un grupo en la Liga Árabe estaba diciendo que no podía asistir a menos que Siria fuera incluida en la agenda. De modo que incluimos a Siria en la agenda. ¿Qué nos costó? Nada".
 
Aunque quizá ningún dinero real cambiase de mano, decir que Estados Unidos no va a pagar ningún precio por su decisión de invitar a Siria a participar en la conferencia es ignorar la realidad. Lo que cuesta la participación de Siria en Annapolis a Estados Unidos es el Líbano.
 
Inmediatamente después de la conferencia, la mayoría anti-Siria en el parlamento libanés accedía a apoyar al candidato de Siria, el General Michel Suleiman, como próximo presidente libanés a reemplazar a un agente sirio, el ex presidente Emil Lahoud. Como explicaba al Times Talal Atrissi, un analista político de la Universidad Libanesa, "los sirios no querían ir a Annapolis y sin ellos la conferencia habría sido un fracaso... Los sirios cambiaron su participación, que no les costaba nada, por un acuerdo sobre la presidencia libanesa”.
 
Como denunciaba Lee Smith en el Weekly Standard, las fuerzas anti-sirias del Líbano interpretaron la decisión norteamericana de invitar a Annapolis a los sirios como el abandono de la democracia libanesa por parte de los americanos. En octubre, el líder de la coalición anti-Siria Saad Hariri visitaba Washington. Como observa Smith, tras reunirse con el Presidente George W. Bush y los líderes del Congreso, Hariri informaba a la prensa, "Existe una maquinaria asesina en Siria. Vinimos a Washington a decir 'si váis a hacer algo, hacédnoslo saber. Si no vais a hacer nada, hacédnoslo saber. Pero no importa lo que pase, no vamos a abandonar'“.
 
Al invitar a Siria a Annapolis, los americanos dicen a las fuerzas anti-sirias del Líbano todo lo que necesitan saber. Aceptando la realidad del abandono de América, abandonaban y anunciaban su apoyo a Suleiman.
 
El ascenso de Suleiman a la presidencia libanesa es desastroso para Estados Unidos por dos motivos. En primer lugar, destruye la credibilidad norteamericana como aliado. Entre la decisión de Rice de presionar a Israel para liberar a cantidades masivas de palestinos que apoyan al terror, pasando por su postura lánguida ante los abusos de Rusia contra aliados norteamericanos como Ucrania y Polonia, pasando por su abandono de Japón en favor de apaciguar a Corea de Norte y su abandono de las fuerzas políticas pro-americanas en Irak, la preferencia de Rice por Siria en lugar de los demócratas libaneses deja claro que no hay ninguna ventaja a sacar de ser proamericano.
 
Además, como demostraron los ataques del 11 de Septiembre, cuando los estados son dispuestos bajo mando terrorista constituyen peligros claros y presentes no sólo para la región, sino para todo el mundo. Bajo el régimen Talibán, en lo recóndito del remanso afgano se planearon ataques exitosos contra América.
 
La fuerza letal de un Líbano gobernado por el terror situado estratégicamente en la costa del Mediterráneo plantea una amenaza aún mayor para la seguridad nacional norteamericana. Esto es aún más obvio al tener en cuenta que el agente de Hezbolá recientemente condenado Nadim Prouty se infiltró con éxito en el FBI y la CIA, y es un hecho bien conocido que agentes de Hezbolá campan por todo Estados Unidos y Canadá.
En lo que a Olmert y Rice concierne, quizá su apoyo a Siria sea realmente una maniobra gratuita. Olmert se aísla aún más de sus críticos reforzando su postura con los ultra-izquierdistas medios israelíes, fanáticos del apaciguamiento. Rice logra su fotografía con señores feudales árabes en Annapolis.
 
Pero mientras que sus respectivos apoyos a Siria les pueden hacer avanzar políticamente, no hay duda de que sus beneficios vienen a expensas de la seguridad de los pueblos israelí, libanés y norteamericano.


 

 
 
Caroline Glick es periodista por la Universidad de Columbia y editor jefe en funciones de The Jerusalem Post. Tras finalizar sus estudios, ingresó en el ejército y alcanzó una consejería en las negociaciones de Oslo junto al ex primer ministro Rabin. Tras abandonar la esfera política, Glick pasó al periodismo con una columna semanal de portada en el diario. Durante el reciente conflicto de Irak, fue la periodista empotrada del medio, estando en el primer escuadrón americano que entró en Bagdad y siendo la primera mujer en poner el pie en la capital durante el conflicto.

 


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