No cabe duda que el 11 de septiembre de 2001 fue la primera y gran acción de guerra contra Occidente - muy particularmente contra las democracias occidentales. Tal evento marcó el punto de inflexión en las relaciones con los países del Oriente Medio. Ese mismo Occidente, transcurridos seis años, continúa sabiendo muy poco del islamismo. A menudo se aprecia confusión entre Islam, arabismo e islamismo y es notoria la ausencia de elementos de juicio para conceptuar con objetividad cuál es realmente el contexto en el que se desarrolla y proyecta el fundamentalismo islámico.
Una de las características más importantes del Islam es que no hay separación entre política y religión. Concretamente, el Islam es un modo de vida, una organización política.
El islamismo es una fuerza ideológica. Esto explica su exitosa expansión por Oriente Medio, norte de África, sur de Asia y España, y aunque nació en el mundo árabe y el árabe es su lengua común, el 65% de los 1.300 millones de personas que profesan el Islam no son étnicamente árabes. Por tanto, uno de los errores más frecuentes es creer que ambos términos (árabe y musulmán) son sinónimos. Indonesia es el país islámico más poblado del mundo y no está en Oriente Medio. Tales confusiones, el desconocimiento y los prejuicios han contribuido al difícil reconocimiento del fenómeno por parte de Occidente para con el Islam.
Los fundamentalistas opinan que los sistemas políticos han fracasado y no han sabido responder a los retos del siglo XX. Esas agrupaciones, como la que encabezan los Talibanes en Afganistán, tienen como meta volver a las fuentes primigenias del Islam: el Corán, la sunna (tradiciones de Mahoma) y la sharia (ley islámica revelada), a la vez que promueven el rescate de los valores propios e intrínsecos de la religión, la restauración del Estado Islámico, y el rechazo a toda innovación. En virtud de lo anterior, su lucha es tanto contra Occidente como contra los regímenes laicos de sus países, a los que consideran traidores a los preceptos de Mahoma.
Aquí es donde adquiere importancia la faceta de la educación religiosa que clarifica el pensamiento islámico moderno y su relación con fenómenos del terrorismo fundamentalista. En la ciudad de Jyber, Pakistán, se encuentra la madraza de Haqqaniah una de las mayores madrazas (escuelas coránicas) de Pakistán. La escuela cuenta con más de 5.400 alumnos. La matrícula, el alojamiento y la comida son gratuitos. Los estudiantes, en general, proceden de sectores pobres y la madraza recauda sus fondos de los paquistaníes ricos, además de algunos benefactores de los países del Golfo. Los alumnos tienen edades comprendidas entre los 8 y 9 años a los 30 y 35.
En una clase normal, los maestros se sientan en el suelo con los alumnos y les leen en árabe. Los alumnos repiten lo que dice el profesor. La clase puede durar de cuatro a ocho horas al día. Estos jóvenes, que un occidental consideraría en edad escolar o universitaria, asisten a un programa de ocho cursos sobre la interpretación del Corán. Son pocos los alumnos de la madraza de Haqqaniah que estudian otras disciplinas o materias aparte de las religiosas. No hay cursos de historia universal, ni matemáticas, ni salas de ordenadores o laboratorios.
Según algunos clérigos musulmanes, la madraza de Haqqaniah es en realidad “una fábrica de yihadistas”, y no es la única en Pakistán. Hay un millón de alumnos que estudian en las 7.600 madrazas del país, y el fundamentalismo militante constituye la base de casi todas ellas, Haqqaniah destaca no sólo por sus dimensiones, sino también porque ha producido la mayoría de los líderes de los Talibanes que combaten hoy en Afganistán.
Los talibán parecen tener asimismo una profunda fe en la idea de una yihad constante y perpetua, lo cual hace de la madraza de Haqqaniah un blanco de enorme interés para capitales como Washington, Moscú y Nueva Delhi.
En opinión de estas escuelas religiosas, el mundo se divide en dos campos separados y mutuamente hostiles: dar-al-harb y dar-al-Islam. Dar-al-hab es la 'morada de la guerra'. Dar-al-Islam es la 'morada de la paz'. Occidente, los cristianos y los judíos representan la morada de la guerra para los planes de estudio de esa escuela. Hoy, ese dar-al-harb es simbolizado por Estados Unidos.
En opinión de los profesores de estas madrazas pakistaníes, Occidente es implacablemente hostil al mensaje del Islam, por lo que la necesidad de preparase para la jihad no termina jamás. Jihad es un concepto muy mal comprendido en Occidente. No significa solamente guerra santa. Significa, sobre todo, lucha, y según las interpretaciones tradicionales del Islam, existen dos tipos de yihad: la grande y la pequeña. La gran yihad es la lucha contra el demonio interior. La pequeña yihad es la lucha contra el demonio exterior: el combate militar contra aquellos que sojuzgan a los creyentes. La yihad contra el opresor de los musulmanes es un deber absoluto. El Islam es una religión que se defiende a sí misma. La yihad contra el demonio exterior ha asumido un lugar de importancia permanente y supino en la visión que los mulás tienen del mundo.
El problema no es que la madraza de Haqqaniah sea un campo de estudios del Islam. El peligro real son los miles de jóvenes de las madrazas de Pakistán y Afganistán, adolescentes analfabetos e impresionables a los que se mantiene en la más absoluta ignorancia de lo que ocurre en el mundo exterior, convirtiéndolos en máquinas perfectas para una segunda generación de la jihad.