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El arte de cambiar de chaqueta. Cómo bajarse del tren del derrotismo sin romperse la crisma políticamente
Colaboraciones nº 2082   |  11 de Diciembre de 2007
 

(Publicado en Townhall.com, 30 de noviembre de 2007)

Ténganle compasión al pobre Harry Reid. Allá por abril, el líder de la mayoría del Senado proclamó que la guerra en Irak estaba “perdida”. 2 meses antes de que el general David Petraeus hubiese puesto en su lugar los refuerzos que le hacían falta para ejecutar su atrevida y valiente estrategia – que incluía un “aumento” en las operaciones contra las fuerzas de al-Qaeda en Irak – Reid dijo también: “El aumento de tropas no está consiguiendo nada”. 
 
Desde entonces, se ha convertido en algo cada vez más obvio que Reid se equivocó, que el “aumento” ha estado consiguiendo nada menos que la derrota de al-Qaeda en el corazón mismo del mundo árabe. Parece que las tropas de Petraeus también están haciendo avances en su lucha contra las milicias respaldadas por Irán. Como consecuencia, la amenaza de una guerra civil iraquí ha disminuido y no hay movimiento de “resistencia” sobre el que hablar – ni fieles partidarios de Saddam Hussein y ciertamente tampoco hay patrióticos nacionalistas iraquíes.
 
Aunque tardíamente, los medios de la élite están admitiendo esta realidad: “Usando cualquier tipo de medida para calcular la guerra – ataques totales, bajas americanas, bajas iraquíes, atentados suicidas, bombas de carretera – ha habido una enorme mejora” según informa el Washington Post. El Los Angeles Times añade que: “Sunníes y chiítas, hartos de la guerra, están aunando esfuerzos a nivel local para proteger sus comunidades contra militantes en ambos bandos”. Según el Pew Research Center:“Por primera vez en mucho tiempo, casi la mitad de los americanos expresan opiniones positivas sobre la situación en Irak”.
 
Quizá el senador Reid piensa que todas son tonterías. ¿Pero qué pasaría si reconociese que se está haciendo progreso? ¿Qué deben hacer él y otros como él? No sólo a los que ocupan la Oficina Oval les disgusta decir “Me equivoqué”.
 
El congresista Brian Baird, demócrata por el estado de Washington, no ha dicho eso. Él cree que la guerra ha sido “uno de los errores más atroces de la historia de este país”. Pero agrega que abandonar Irak demasiado rápido sería un error igualmente grave.
 
Los hechos sobre el terreno indican que la situación en Irak está mejorando” dijo Baird recientemente en la Cámara de Representantes. “Valientes americanos han dado sus vidas y su tiempo lejos de sus familias para lograr que esto sucediese... Se están haciendo progresos. No deje que nadie le diga hoy que no es así. La violencia ha disminuido. Los líderes políticos están esforzándose por alcanzar acuerdos con las otras opciones políticas. Los chiítas se están reuniendo con los sunníes, los sunníes se están reuniendo con los chiítas. Necesitan más tiempo para tener éxito y una situación de inseguridad minará el progreso, no lo fomentará”.
 
¿Por qué no pueden seguir el ejemplo de Baird el senador Reid – y los senadores Hillary Clinton, John Edwards y otros? Porque, a diferencia de Baird, ellos votaron en 2003 a favor de autorizar el uso de la fuerza militar en Irak. Es decir, estaban a favor de la guerra cuando era políticamente popular, luego cuando la cosa se puso difícil, se pusieron en contra de la guerra y ahora, si vuelven a cambiar, temen que se les vea como los oportunistas del triple cambio de chaqueta.  
 
Debemos resistir la tentación de mostrarnos jubilosos, sobre todo aquellos de nosotros que hemos estado decididos a salvar el éxito en Irak. En vez, deberíamos ayudar a los políticos que buscan hallar una forma de volver a la coalición pro victoria.
 
Haré aquí mi pequeña aportación: A ver, Senador Reid, le ofrezco unos cuantos argumentos para Ud. y otros que quieran saltar del tren de la derrota sin romperse la crisma políticamente:
 
Diga que el presidente Bush debería haber previsto que derrocar a Saddam crearía un vacío – y una irresistible tentación para al-Qaeda e Irán. Diga que Bush fue tonto al proclamar “Misión cumplida” cuando lo más difícil aún estaba por hacerse y que fue irresponsable al gritar “Que vengan” cuando no estaba preparado ni militar ni políticamente para lo que se venía encima. Diga que a Bush le tomó demasiado tiempo reconocer que hacía falta reemplazar al Secretario de Defensa Donald Rumsfeld y a sus más altos generales en Irak por otros comandantes con una estrategia nueva y mejorada.
 
Diga que el crédito de darle la vuelta a la situación en Irak es de nuestros soldados americanos, nuestros hombres y mujeres de uniforme. Diga que Estados Unidos tiene el ejército más dedicado, valeroso y – quizás lo más importante – el más adaptable que el mundo nunca antes vio. Diga que aunque Ud. piensa que Bush merece ser más criticado, Ud. entiende que cuando un avión se estrella, el piloto no es el único que se quema.
Finalmente, diga que Ud. no está entre los que consideran las malas noticias en Irak como buenas noticias para Ud. mismo y para el Partido Demócrata. Diga que aunque Ud. pudo haber sido persuadido de que la derrota de Estados Unidos en Irak era inevitable, Ud. nunca estuvo entre los que consideraron la derrota de Estados Unidos como algo deseable. Gente así nos traiciona. Ud. debería decir eso también.


 

 
 
Clifford D. May, antiguo corresponsal extranjero del New York Times, es el presidente de la Fundación por la Defensa de las Democracias. También preside el Subcomité del Committee on the Present Danger.
 
 
 
 
©2007 Scripps Howard News Service
©2007 Traducido por Miryam Lindberg
 


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