Antes de que pierda los nervios debido a las molestias en el aeropuerto por las fiestas, las largas colas en las tiendas, todas las horas que se pasará cocinando y limpiando, los invitados que vienen a colarse a la fiesta futbolera de su marido y la interminable lista navideña que le espera, deténgase por un momento.
Deténgase y piense en la familia Johnson. El soldado del ejército John Austin Johnson de El Paso, Tejas, se está recuperando de extensas heridas sufridas en un ataque con dispositivos explosivos improvisados. Johnson es miembro de la caballería 4-1 de Fort Bliss. Él había sobrevivido previamente cinco ataques. Pero eso no es todo.
A principios de este mes, Johnson y su esposa, Mona Lisa, enterraron a su hijo de 9 años, Tyler Anthony Johnson. El pequeño había estado conectado a un respirador durante varias semanas después de sufrir graves lesiones en un espantoso accidente automovilístico. Estaba de camino con su familia para visitar a su padre recuperándose en el Brooke Army Medical Center en San Antonio. Nunca llegó. El vehículo familiar volcó dando varias vueltas de campana después de haber sido golpeado por fortísimas ráfagas de viento. Tyler fue enterrado en el Pinecrest Memorial Park en Benton, Arkansas. Pero eso no es todo.
Los Johnson tenían 2 niños más. Ashley Mishelle tenía 5 años de edad. Logan Wesley tenía 2 años. Murieron en el acto en el mismo accidente automovilístico que se cobró la vida de su hermano mayor. En las exequias, informaba el Benton Courier, el programa incluyó la canción preferida de Ashley Mishelle – Pieces of Me de Ashley Simpson – y la inolvidable In the Arms of an Angel de Sarah McLachlan. Un oficial militar retirado donó las palomas blancas.
Perder a un hijo es ya bastante devastador. ¿Perder 3? ¿Mientras que uno se recupera de traumáticas lesiones de guerra? ¿Y enterrar a 3 angelitos justo semanas antes del día de Acción de Gracias? Ningún progenitor puede leer sobre el sufrimiento de gente como los Johnson y entregarse a las ridículas y egoístas lamentaciones de quejicas navideños y violentos al volante.
A los quejicas que salen en los informativos de la noche regodeándose en la autocompasión por unas cuantas horas de retraso en la carretera o en su vuelo, les hace falta tranquilizarse, ser menos egoístas y poner las cosas en perspectiva.
C.S. Lewis escribió genialmente que “Dios nos susurra en nuestros placeres, nos habla en nuestra conciencia, pero nos grita en nuestros dolores: es Su megáfono para despertar a un mundo sordo”. Afortunadamente incontables ciudadanos se conmovieron con la situación tan difícil de la familia Johnson y demostraron que el generoso espíritu americano perdura 365 días al año.
Más de 200 moteros de la Patriot Guard, la agrupación voluntaria de entusiastas de la motocicleta que se encargan de la protección durante los entierros militares, sirvieron como portadores del féretro de Tyler. Viajaron desde Arkansas, Tennessee y Luisiana. Donantes anónimos pagaron las tumbas y sus marcadores para las parcelas de los niños. Pero eso no es todo.
Soldiers' Angels pagó las estancias de hotel para los parientes de los Johnson en Dallas, según contó un funcionario del Brooke Army Medical Center al Servicio de Prensa de las Fuerzas Americanas. El grupo también proporcionó los fondos para alimentos y otras necesidades básicas. La Organización de Servicios para Veteranos de Dallas y los Veteranos de Guerras Extranjeras contribuyeron con las comidas. Operation Comfort cubrió la gasolina de los coches de alquiler, que las compañías Hertz y National facilitaron. Pero eso no es todo.
El programa Hero Miles de la Fundación Fisher House pagó los viajes de Johnson para que fuera a ver a su accidentada esposa. American Airlines pagó los viajes de la pareja Johnson a los entierros de sus hijos. La Asociación de golfistas profesionales recaudó 95.000 dólares para un coche nuevo y otros gastos. Operation Homefront utilizará fondos que queden para construir un permanente patio de juegos conmemorativo en honor de los niños en Fort Bliss.
Antes de que las fiestas saquen a relucir lo peor de usted, piense antes de quejarse. Dé gracias por los hogares ruidosos, por los niños sanos y la compañía desbordante, por esas mesas repletas de abundancia, por esos amigos y vecinos revoltosos, por la vida y la integridad física y también por aquellos que dan de sí mismos – como servicio a nuestra nación, como deber cívico y en respuesta a la llamada Divina todo el año. Eso es todo.
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