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Somalia: los complejos antecedentes del conflicto actual
Análisis nº 244   |  3 de Diciembre de 2007
 

(Publicado en Ejército, nº 792, junio de 2007)

Entre fines de 2006 y principios de 2007 la ofensiva etíope contra el avance de la Unión de Tribunales Islámicos (UTI) en Somalia parecía resolver en un plazo relativamente breve - algo más de dos semanas de guerra regular - lo que para el régimen de Addis Abeba era una amenaza insoportable dada su memoria histórica de lo que Somalia ha representado para la seguridad de Etiopía. No sólo un escenario de inestabilidad crónica en el vecino somalí, que se arrastra desde la caída de la dictadura de Syad Barre en enero de 1991 hasta la actualidad, sino también la posibilidad de que un régimen islamista volviera a provocar problemas internos en Etiopía, apoyando como ya se hiciera desde Mogadiscio en el pasado los secesionismos del Frente de Liberación de Oromo y del Frente de Liberación del Ogadén, y ello unido a la complicidad entre los líderes de la UTI y las autoridades de Eritrea, justificaron la intervención etíope. Cuando a fines de enero el Gobierno de Etiopía ha anunciado su intención de abandonar el suelo somalí tras haberse asegurado de que dicha amenaza ha sido despejada, es buen momento para repasar los orígenes de un conflicto aún no resuelto. De hecho, dar estabilidad a Somalia es, tanto ahora como a medio y probablemente a largo plazo, un objetivo para el que habrá que trabajar en múltiples frentes y que estará plagado de dificultades.
 
Una compleja sociedad en una compleja región
 
Los 8,5 millones de somalíes se dividen en cinco grandes clanes: el más numeroso es el de los “hawiye”, el 25% de la población, que ocupan gran parte del centro-norte del país así como el suroeste de Etiopía y el norte de Kenia; los “ishaak”, el 22%, que viven en Somalilandia; los “darod”, el 20%, que habitan en Puntland y en parte de Somalilandia; los “rahanwein”, el 17%, que habitan en el centro y sur; y los “dir” que habitan en Somalilandia y Yibuti. Syad Barre gobernó entre 1967 y 1991 y en ese tiempo, y sobre todo durante los ochenta, algunos factores de inestabilidad comenzaron a germinar en la sociedad. Previamente se había producido la guerra etíope-somalí del Ogadén (1977-1978) en alusión al territorio etíope habitado por clanes somalíes.[[1]]
 
Hasta llegar al colapso del Estado en 1991 - que junto a la Guerra del Ogadén, a la guerra fronteriza entre Etiopía y Eritrea (1998-2000) y a las sequías que durante décadas han provocado enormes desastres humanitarios - algunos hitos permiten entender mejor el caos actual. Ya en los ochenta se manifestaban algunas desavenencias internas que perduran hasta hoy: tal es el caso de la ex Somalia británica o Somalilandia, donde el Movimiento Nacional Somalí - creado en 1981 - expresaba las aspiraciones regionalistas de los clanes de alto linaje del norte, principalmente de los “ishaak” que son también la etnia dominante en Yibuti.  Este Movimiento habría sido el beneficiario de la integración del Ogadén en un conjunto pansomalí de haberse producido esta. Desde 1983 las contradicciones internas de Somalia primaron sobre el conflicto con Etiopía, aunque en aquel año se produjeran escaramuzas en la punta oriental del Ogadén y el Ejército etíope ocupó algunos pueblos fronterizos, y fueron tales contradicciones las que desembocaron en el colapso del Estado.
 
La caída de Siad Barre a fines de enero de 1991 sumió al país en la confusión institucional durante lustros, marcada por fuertes enfrentamientos en Mogadiscio y por la secesión de facto del norte del país, aparte del reparto del resto del territorio entre milicias. Somalilandia, antigua posesión británica a lo largo de la costa del Mar Rojo, se autodeclaró independiente en mayo de 1991 y recuperó el nombre anterior a la independencia. En 1992 la ONU decretó un embargo de armas ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos y luego esta Organización habría de sufrir una humillación que no sólo diezmó a sus dos misiones sobre el terreno - UNOSOM I y II - sino también la imagen de la propia ONU y de sus operaciones de mantenimiento de la paz.[[1]] Somalia frenó también la tibia disponibilidad que los EEUU habían mostrado hacia dicho tipo de operaciones. UNOSOM II supuso el despliegue sobre el terreno de hasta 28.000 cascos azules entre 1993 y 1995 mientras que los EEUU enviaron a miles de soldados en diciembre de 1992 que en octubre de 1993 se enfrentaron con hombres del señor de la guerra General Mohamed Farah Aidid, perteneciente al clan de los “hawiye”, en Mogadiscio: murieron más de 1.000 somalíes y 18 estadounidenses y las imágenes de un helicóptero “Black Hawk” derribado y sus tripulantes linchados el 3 de octubre precipitaron la retirada..
 
A partir de la evacuación de las fuerzas internacionales, en marzo de 1995, la asistencia humanitaria empezó a escasear y la comunidad internacional se contentó con sostener desde fuera a los consejos de distrito o de región, identificados como los instrumentos de poder local aunque se mostraron corruptos e ineficaces, y los islamistas - que ya avanzaban en esos años en escenarios como Sudán - trabajaron hábilmente su frente social a lo largo de toda la década logrando una fuerte influencia frente al caos representado por bandas y milicias. El 15 de junio de 1995 el General Aidid proclamó un gobierno sólo reconocido por Libia y trató de ampliar sus zonas de influencia frente a su rival y también autoproclamado presidente Alí Mahdi Mohamed. El 15 de septiembre de ese año Aidid tomó la ciudad de Baidoa y a finales de octubre Hoddur. Mahdi, por su parte, bombardeó el puerto de Mogadiscio provocando su cierre a mediados de octubre - y así siguió hasta enero de 2007 - y cada bando dispuso a partir de entonces de un puerto, Eil en el norte para Mahdi y Mercu en el sur para Aidid. Este último no dudaba en apoyarse en el desde mayo de 1993 Presidente de Somalilandia, Mohamed Ibrahim Egal, en su enfrentamiento con Mahdi. El 1 de agosto de 1996 el General Aidid falleció en combate y le sucedió su hijo Hussein Mohamed Aidid al frente de su clan de los Habar-Guedir, designado presidente por sus seguidores el 7 de agosto de 1996 y cuyas tropas controlaban el centro y el sur del país.[[1]]
 
En enero de 1997 Etiopía apadrinó un acuerdo entre diferentes facciones, con excepción del Gobierno de Somalilandia, incluyendo las reunidas en el Gobierno de Aidid. Tal acuerdo no prosperó ante la debilidad de sus firmantes y de una diplomacia árabe, sobre todo yemení y egipcia, respaldada por Italia que era el único país occidental aún involucrado, que reponía al clan de Aidid en el poder. Persistieron hondas divergencias y los dirigentes del nordeste trataron de reforzar la opción de Somalilandia creando el Estado semitribal de Puntland y Etiopía suministró armas a los disidentes multiplicándose los enfrentamientos en la comarca de Kismayo. Mientras, en Mogadiscio los señores de la guerra eran incapaces de ponerse de acuerdo y sus milicias se sumían en el bandolerismo.[[1]] A partir de julio de 1998 diversas fuerzas centrífugas se manifestaban en varios frentes a la vez: por un lado, se instalaba un gobierno regional en el nordeste dirigido por Abdullali Yussuf Ahmed; por otro se creaba un gobierno en la región de Benadir en agosto; y, finalmente, otras dos regiones, Hirán en la frontera con Etiopía y Jubaland en la frontera con Kenia, proclamaron el mismo deseo. Apoyado por Etiopía, el Estado de Puntland, que reivindicaba el nordeste y dos regiones fronterizas incorporadas a Somalilandia, Sol y Sanag, designó Garowe como su capital y su nueva fuerza policial ocupó las islas Anod, hasta entonces bajo control de Somalilandia. Ante tal situación, agravada por los enfrentamientos en Mogadiscio y por la ausencia de ayuda humanitaria, ninguna organización internacional trataba de frenar ni el rearme de las diversas facciones, alimentado por actores como Eritrea, Etiopía o Libia en violación del embargo de la ONU, ni las incursiones del Ejército etíope.
 
A tan caótico escenario otro acontecimiento regional en el Cuerno de África, la guerra fronteriza entre Etiopía y Eritrea (1998-2000), iba a contribuir a empeorar la situación en Somalia aportando más armas a las diversas milicias. En Somalilandia la estabilidad se mantenía el año 2000 pero en Puntland su Presidente, Abdullali Yussuf Ahmed, debía su elección más a la ayuda financiera etíope que al consenso interior y la situación era más delicada. El sur, la zona más rica y más poblada del país con dos tercios de la población total, seguía siendo en ese año la zona más inestable y en ella las rivalidades entre Etiopía y Eritrea y entre Etiopía y Egipto alimentaban diversos enfrentamientos militares pues tanto los unos como los otros violaban el embargo de la ONU: el 2 de junio de 1999 el Ejército de la Resistencia “Rahanwein”, apoyado por Etiopía, recuperó el control de las regiones de Bay y Bakol, y el 11 de junio una alianza heterogénea de facciones y milicias de hombres de negocios tomó el control de Kismayo aunque fue incapaz de instaurar el orden.
 
En septiembre de 1999 una ambiciosa Conferencia de Reconciliación Nacional fue anunciada por el Presidente de Yibuti, Ismail Omar Guelle. Hasta llegar a esta otras doce iniciativas habían fracasado antes siendo todas ellas incapaces de poner fin a 9 años de guerra civil. La presentada por el Presidente Guelle fue bendecida de inmediato por la ONU pero suscitó reacciones contrastadas en Somalia al poner el acento más en una pretendida sociedad civil, como concepto importado, que en la realidad somalí de clanes y etnias. Celebrada en Yibuti a principios de mayo de 2000 la Conferencia introdujo algunos aspectos positivos como implicar a muchos actores, incluidos algunos de la numerosa diáspora somalí, y excluir a las facciones enemigas declaradas de la paz pero no sirvió para despejar el principal problema: cómo frenar las fuerzas centrífugas que cuestionaban la unidad del país.[[1]] Las disputas entre los diversos clanes por el reparto de los 225 escaños de la nueva Asamblea Nacional Provisional Somalí se sucedieron durante semanas y aunque esta fue finalmente inaugurada el 27 de agosto de 2000 y un Presidente interino, Abdiqassim Salah Hassan, fue situado a la cabeza de un Gobierno Nacional de Transición, ambos órganos obedecían más al fuerte apoyo diplomático saudí que a un acuerdo consensuado entre las partes y los jefes de los clanes del sur del país no los habían apoyado en ningún momento. Así, los señores de la guerra mantuvieron sus enfrentamientos en Mogadiscio, el autodeclarado independiente Estado de Somalilandia en el noroeste seguía su propio rumbo y la autodeclarada región autónoma de Puntland elegía a un nuevo Gobierno regional.[[1]] En noviembre de 2000 el Presidente Abdiqassim anunció un plan para la desmovilización de 75.000 milicianos para fines de 2003, trató de negociar con los jefes de las distintas facciones asentadas en Mogadiscio, reuniéndose por ejemplo durante la primavera de 2001 con Hussein Aidid en Libia, y hubo de enfrentarse además a dos problemas de difícil resolución: uno, el creciente avance islamista, y el otro la permanente ingerencia de Etiopía que, frente a dicha amenaza islamista, aprovechaba para seguir armando a algunas milicias.
 
El último intento de normalización política y el avance islamista
 
En lo que a la amenaza islamista respecta ya entre fines de 2001 y los primeros meses de 2002 los EEUU habían prestado gran atención a Somalia como posible refugio de terroristas de Al Qaida, pero llegaron a la conclusión de que no existía tal tipo de amenaza y adoptaron una actitud más preventiva que intrusiva. No obstante, sí incluyeron al grupo somalí Al Itihaad (Unión Islámica) en su lista de organizaciones terroristas y en noviembre cerraron el banco local “Al Barakaat” congelando sus fondos.[[1]]
 
Ante las limitaciones de la Conferencia del año 2000 en Yibuti una nueva Conferencia fue convocada en Nairobi en octubre de 2004 y de ella saldría el Gobierno Federal de Transición actual que se habría de establecer en Baidoa y no en  Mogadiscio dado el caos endémico en la capital. Dicho Gobierno está presidido por Abdullahi Yusuf Ahmed, miembro del clan “darod”, y formado por varios señores de la guerra ha sido incapaz entre fines de 2004 y mediados de 2006 de frenar tanto los choques entre milicias como el ascenso imparable de la UTI. El 18 de febrero de 2006 los señores de la guerra que se repartían el control de Mogadiscio creaban la Alianza para la Lucha contra el Terrorismo Internacional para hacer frente a una UTI que se iba imponiendo militarmente sobre el terreno y que parecía representar un embrión de orden estatal frente al caos imperante desde 1994.[[1]]
 
Cuando en junio de 2006 la UTI tomaba el control de Mogadiscio, logrando reunificar la ciudad por primera vez desde 1991 y reabrir el puerto por primera vez desde 1995, y se consolidaba en los siguientes meses en cada vez más regiones del país desafiando al Gobierno de Baidoa, la situación en Somalia sí recuperaba el protagonismo internacional que nunca hubiera debido perder. Apoyada desde Eritrea, Irán, Arabia Saudí, Egipto, Sudán, Yibuti, Yemen y Libia, la UTI tomaba en septiembre la ciudad costera de Kismayo, algo que inquietó a Kenia y Tanzania que veían amenazados sus intereses turísticos en el Índico, y en noviembre declaraba el Yihad guerrero contra Etiopía  haciendo públicas además sus intenciones de conquistar porciones de Etiopía y de Kenia - en el anhelo de recuperar la Gran Somalia, con el Ogadén, la provincia septentrional de Kenia y Yibuti - y de perpetrar atentados en suelo etíope. Esta radicalización de la UTI obedecía al liderazgo del jeque Hasan Dahir Aweys, sustituto desde junio del más moderado Sharif Ahmed.[[1]]
 
En noviembre el Embajador estadounidense ante la ONU, John Bolton, presentó un proyecto de resolución al Consejo de Seguridad que tras arduas negociaciones fue aprobadao el 6 de diciembre y que permitirá el despliegue de 8.000 efectivos de la Unión Africana (UA) para reforzar al Gobierno de Transición. A fines de enero de 2007 Uganda, Malaui y Nigeria habían comprometido ya fuerzas por un total de 3.500 hombres pero los enfrentamientos sobre el terreno seguían y el Consejo de Seguridad urgía el 2 de febrero a la UA a acelerar tal despliegue.[[1]]  El 8 de enero de 2007 aviones estadounidenses habían bombardeado posiciones de la UTI y de sus aliados yihadistas en el sur de Somalia, seguidos de ataques similares en días sucesivos. Por otro lado, el 23 de enero Etiopía anunciaba que comenzaba a retirarse del país en aplicación de un plan de tres etapas pero ese mismo día 23 camiones etíopes repletos de soldados penetraban en Somalia a través de Jowar y en dirección a Mogadiscio.[[1]]
 
Conclusiones
 
Tres lustros de conflicto desde el derrocamiento de Siad Barre en 1991 han provocado ya la muerte de alrededor de un millón de personas en Somalia, un país que aparte de sus muchas contradicciones internas - complejos equilibrios entre clanes, separatismos, proliferación de milicias, etc - ha sido y es también campo de batalla para diversas rivalidades regionales. Varias conferencias de paz celebradas a lo largo de los años noventa y todas ellas fallidas dan buena prueba de ello. Más recientemente el Estado etíope, rodeado por Sudán y Eritrea por el oeste y norte y por Somalia por el este, y con una larga tradición de enfrentamiento con este último, terminaba 2006 con una intervención directa en Somalia ante el incremento del caos interno y el agravamiento de las amenazas.
 
Los enfrentamientos entre la UTI y los señores de la guerra a lo largo de 2006, la intervención etíope desde diciembre de 2006 y la puntual estadounidense en enero de 2007 constituyen los aspectos más recientes de la tragedia somalí pero no son los únicos. A ellos hay que añadir el separatismo de facto de Somalilandia - que busca apoyos tanto en los EEUU como en la UE - y en menor medida el de Puntland, una gran sequía en 2006 que agrava una caótica situación humanitaria, el éxodo de miles de somalíes que parten desde Puntland como irregulares hacia Yemen y la piratería como mal añadido a lo largo de sus 3.700 kilómetros de costa que nadie controla de forma permanente. Demasiados desafíos internos pues en un entorno regional poco propicio al entendimiento y en un marco más amplio, el de la comunidad internacional representada a escala continental por la UA y a escala universal por la ONU, que no ha sido capaz en quince años de diseñar soluciones integradas y que difícilmente lo va a hacer ahora pero a la que sí es legítimo exigírselo. Urgentes motivos humanitarios y de seguridad así lo demandan.

 
 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.
 
 
Notas


[[1]]CORTÉS LÓPEZ, José Luis: Introducción a la Historia de África Negra Madrid, Espasa Calpe-Colección Austral nº 1648,  1984, pp. 206-207 y 231.
[[1]]En aplicación de la resolución del Consejo de Seguridad 794, de 4 de diciembre de 1992, Marruecos envió a Somalia 1.000 soldados y 60 civiles en 1993 mientras que el diplomático argelino Mohamed Sahnoun había sido nombrado Enviado Especial de la ONU a Somalia el 28 de abril de 1992. Véanse BENBRAHIM, Brahim: “Les dimensions stratégiques et humanitaires dans les relations maroco-africaines: l’action du Maroc en Somalie” en SAAF, Abdallah (Coord): Le Maroc et l’Afrique après l’independance Rabat, Institut des Études Africaines, 1996, p. 130 y SAHNOUN, Mohamed: Somalia: The Missed Opportunities Washington DC, Institute for Peace Press, 1994.
[[1]]HÉLÈNE, Jean: “Mohamed Farah Aïdid, le chef de guerre le plus puissant de Somalie, est mort” Le Monde 3 agosto 1996, p. 24.
[[1]]MARCHAL, Roland: “Somalia” en AA.VV.: El estado del mundo 1999 Madrid, Akal, 1998, pp. 172-174.
[[1]]MARCHAL, R.: “Somalia” en AA.VV.: El estado del mundo 2001 Madrid, Akal, 2000, pp. 182-183.
[[1]]El Gobierno de Puntland se había dotado en 1999 de una pequeña Fuerza de Seguridad Marítima para proteger sus actividades pesqueras. Véase ECHEVERRÍA JESÚS, C.: “The Sahel-A Volatile Region” en MARQUINA, Antonio y GÜNTER-BRAUCH, Hans (Ed): The Mediterranean Space and Its Borders. Geography, Politics, Economics and Environment Madrid-Mosbach, UNISCI-AFES PRESS, 2001, p. 239.
[[1]]“The Horn: Old Wars, New Terrorism” Strategic Survey 2001/2002 Londres, Oxford University Press-IISS, 2002, p. 335.
[[1]]“Caos en Somalia” Informe Semanal de Política Exterior nº 507, 5 junio 2006, p. 7.
[[1]]LOBO, Ramón: “Somalia, después de los islamistas, ¿qué?” El País 30 enero 2007, p. 8.
[[1]]“Cinco muertos por ataques de mortero en la capital somalí” El País 3 febrero 2007, p. 6.
[[1]]“Un ataque aéreo de EEUU mata a un presunto líder de Al Qaeda en Somalia” El Mundo 11 enero 2007, p. 30.


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