Grupo de Estudios Estratégicos RSS
Portada > Notas > 11-M: ¿Pero qué prefiere el PSOE?





Buscar artículos publicados por el GEES
Buscar BuscarEspanol - Ingles
11-M: ¿Pero qué prefiere el PSOE?
Por GEES
Notas nº 15   |  13 de Marzo de 2004
 
El Gobierno está haciendo lo que tiene que hacer cualquier gobierno que se precie: basar sus conclusiones no en meras hipótesis o indicios débiles, sino en evidencias. Y si no las tiene, evitar especular. El Ministro del Interior ha sido valiente y reconoce que la autoría de la barbarie del 11-M no está cien por cien clara y que por eso mantiene en estudio cualquier hipótesis. Pero plausibilidad no es lo mismo que posibilidad y mucho menos que seguridad.
 
El Gobierno podía perfectamente haberse mantenido en la tesis de la autoría de ETA, porque a pesar de que no todo cuadra, lo que más cuadra es que así sea, pero su prudencia ha sido malinterpretada y, aún peor, deliberadamente aprovechada con fines electorales. Desoyendo a la razón y la lógica, el socialismo español desea encontrar en los atentados del jueves, 11 de marzo otro culpable que no sea ETA. El diario El País ya lo avisaba en su editorial en primera página el viernes 12, si ha sido Al Qaeda, habría que delimitar la responsabilidad de Aznar por meternos en Irak. La SER no se ha quedado atrás y los dirigentes del PSOE siguen en su estela haciendo bascular su discurso sobre la exigencia de que el Gobierno informe cuanto antes de sus pesquisas.
 
Es verdad que no todo lo que rodea a estos brutales asesinatos encaja con el modus operandi tradicional (y hay que subrayar lo de tradicional) con ETA, pero a medida que pasan las horas los datos que rodean estos atentados tampoco encajan con Al Qaeda. Ni el explosivo, ni la disposición y arquitectura de las bombas, ni el robo de una furgoneta que podrían haber comprado perfectamente, como en otras ocasiones, ni la ausencia de suicidas. Es más, si el objetivo hubiera sido la destrucción de la estación de Atocha, como algunos apuntan, les hubiera bastado introducir 10 o 12 suicidas, cargados de explosivos (para, los que dicho sea de paso, no hay control alguno en las estaciones de cercanías) y reventarse controladamente una vez en los andenes. No, es mucho más difícil explicar el 11-M por Al Qaeda que por ETA. Así y todo, el Gobierno insiste en mantener todas las líneas de investigación abiertas, como una actitud prudente recomienda.
 
Pero otra hipótesis cobra cuerpo desde la izquierda española: la colaboración, a modo de macabra joint venture entre ETA y el islamismo fundamentalista. Poco importa que no haya indicio alguno al respecto o que los expertos en una u otra organización se manifiesten abiertamente escépticos ante tal eventualidad.
 
Ante tal insistencia en llevar los ojos de los españoles a direcciones que no apunten al terrorismo ETARRA y en la crítica al Gobierno, cabe preguntarse honestamente qué es lo que pretenden los socialistas. ¿Qué prefieren como autor de la masacre? Y una cosa es clara: la responsabilidad clara de ETA les hubiera puesto contra las cuerdas ante las elecciones del domingo, pues el discurso de que el atentado era la demostración del balón de oxígeno que ERC y el tripartito bajo la dirección del PSC le ha dado a ETA y la materialización de que ETA, efectivamente, discriminaba entre la geografía española.
 
Por el contrario, echar la culpa al terrorismo internacional podría servir, no sólo para ahuyentar el fantasma de un castigo en las urnas por las peligrosas amistades en Cataluña, sino como arma arrojadiza contra Aznar y el PP. La lógica socialista es muy simple: Al Qaeda nos ataca porque participamos activamente en la guerra contra el terrorismo y porque estamos en Irak. Por eso al PSOE le conviene que sea Al Qaeda.
Ahora bien, su ambición de llegar al poder recurriendo a lo que haga falta para erosionar la base electoral del Gobierno puede que no esté bien meditada, prisionera como está de la ceguera del corto plazo electoral: si hubiera sido Al Qaeda, estaríamos entrando en un nuevo capítulo en la historia del terrorismo y el gobierno que saliera de las elecciones del día 14 se enfrentaría a un problema si no nuevo, sí en un plano cualitativamente distinto. PP o PSOE tenderían que respondernos a la pregunta que nos hacemos todos los españoles. ¿Cómo nos van a defender de estos asesinos y qué van a hacer para acabar con ellos?
 
Sabemos que Al Qaeda ha establecido en España una cierta infraestructura mucho antes de que Aznar apoyara la invasión de Irak. El cerebro del 11-S se paseó por media geografía de la península con total impunidad, Dios sólo sabe para qué, pero todo indica que en la planificación del 11-S, España se vio directamente involucrada, así como en otras actividades operativas del islamismo fundamentalista. El propio discurso de Bin Laden hace sucesivas referencias a Al Andalus como parte integral del Islam. Y no parece sensato culpar a Don Pelayo de los males del terrorismo que hoy padecemos.
 
Si lo que quieren decir los socialistas es que después de un atentado de Al Qaeda en España, nuestro país, bajo su dirección, se retiraría de nuestros compromisos internacionales, porque sólo con el repliegue y el aislacionismo podría  garantizar un Gobierno socialista la seguridad de los españoles (de todos los españoles y no sólo de los que viven en determinadas comunidades autónomas), equivaldría a elevar la cobardía a política de Estado.
 
Contra el terrorismo estamos obligados a luchar, porque no nos queda otro remedio. No hemos tenido el privilegio de elegir a nuestros enemigos. Será una lucha larga y que exige mucha determinación, pero la ventaja es que sabemos que podemos vencer. Eso sí, habrá que combatir con todos los instrumentos del estado de derecho allí donde y cuando sea necesario. Por ejemplo, vencer al terrorismo en Irak, como las fuerzas de la coalición están persiguiendo, nos añadirá mayor seguridad, no nos creará más riesgos.
 
El PSOE no parece capaz de calibrar el alcance de sus deseos. Aún peor, desde el punto de vista de las víctimas lo que menos se necesita es la explotación partidista de su sufrimiento. Y desde el punto de vista del combate contra el terror, la retórica vacía y supeditada a la suma y resta electoral es lo que no se necesita para nada.
 
Puede que el Gobierno no quiera entrar en polémicas en este particular momento. Pero alguien debería levantar la voz y decirle a quienes difunden falsos rumores y alimentan conjeturas sin sentido, no sólo que tengan paciencia y prudencia, sino que su discurso en nada ayuda a librarnos de otro atentado como el del 11-M. Si eso es lo que desean que sigan librando de toda culpa a ETA. Cabe confiar que el actual Gobierno, al menos, no lo haga hasta que esté plenamente seguro y convencido. Sea cual sea el día de las elecciones. Es nuestra vida y futuro lo que está en juego.


© 2003-2008 GEES - Grupo de Estudios Estratégicos
Aviso legal | Mapa Web | Lista de correo | Contactar