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Sin rodeos. John Bolton es duro con amigos y enemigos por igual
Colaboraciones nº 2071   |  4 de Diciembre de 2007
 

(Publicado en Townhall.com, 16 de noviembre de 2007)

Como embajador de Estados Unidos en la ONU, John Bolton era el defensor más eficaz de la Casa Blanca. Ahora, como ex-diplomático, se ha convertido en uno de los críticos más duros de la administración. Pero él critica desde la derecha, no desde la izquierda, lo que probablemente explica por qué los medios de la élite no sienten mucho interés en poner atención a lo que tiene que decir.
 
Hijo de un bombero de Baltimore que estudio becado en la facultad de Leyes de la Universidad de Yale, Bolton combina un temperamento combativo con un agudo intelecto. Es un conservador sin prefijos – ni neocon (él es escéptico sobre la construcción de naciones y el fomento de la democracia) ni paleocon (él no es para nada aislacionista). Defiende apasionadamente que se proteja la soberanía de Estados Unidos y sus intereses nacionales. Todo esto se ve patentemente reflejado en su libro nuevo, Surrender Is Not an Option (Rendirse no es una opción). Sus puntos de vista también fueron persuasivamente elocuentes en un reciente debate organizado por la revista American Spectator.
 
Él cree que la administración Bush no está teniendo éxito cuando se trata de alcanzar sus metas más importantes. Por ejemplo, el presidente Bush prometió que no se permitiría que las armas más peligrosas del mundo cayesen en manos de los peores dictadores y terroristas del mundo. Pero por casi cinco años, Estados Unidos ha permitido que los europeos llevasen la batuta del toma y daca diplomático para convencer a Irán que detenga su desarrollo de armas nucleares. Esa iniciativa ha sido tan generosa en el toma y tan poco exigente en el daca que Bolton la llama “hablar dulcemente y llevar una gran zanahoria”.
 
“Hacer uso de la diplomacia no es gratis”, señala Bolton. Las prolongadas negociaciones han dado a Teherán  el tiempo para dominar las complejidades de la tecnología nuclear. Bolton cree que ahora las únicas opciones que quedan para evitar que los mulás que tanto odian a Estados Unidos lleguen a adquirir armas nucleares es promover una revolución –“es un régimen frágil” – o como último recurso “fuerza militar contra objetivos específicos”
 
Bolton también duda que se esté logrando verdadero progreso en las  negociaciones con Corea del Norte. Él ve “asombrosas semejanzas” entre el rumbo que ha tomado la administración Bush y el pacto “Marco de Acuerdo” que el presidente Clinton negoció con Pyongyang en 1994. En ese pacto se confió, pero no se verificó, que Corea del Norte acabase con sus programas de armas nucleares a cambio de generosas compensaciones. Ahora Corea del Norte está prometiendo desactivar – pero no desmantelar – sus reactores nucleares. Bolton dice que eso es “como sacar las llaves del coche y ponerlas en la mesita de noche”.
 
Mientras tanto, Pakistán, que ya es una potencia nuclear, podría pasar a peores manos en meses venideros. Entre otras cosas, la proliferación en la era del terrorismo global lleva a este panorama de pesadilla: El misil nuclear “Sin dueño” que destruye una ciudad americana, europea o de Oriente Próximo - sin que haya manera alguna de saber con seguridad quién fue el responsable. (Recuerdo que justo después del 11 de septiembre de 2001 un indignado entrevistador de la BBC me exigió que demostrara la imputación de que al-Qaeda estaba detrás de esa atrocidad. Y nunca hemos conseguido establecer la responsabilidad de los ataques con ántrax que sucedieron poco después.)
 
Bolton también está preocupado por las negociaciones palestino-israelíes que pronto convocará la Secretaria del Estado Condoleezza Rice en Annapolis. El actual gobierno de Israel “no puede hacer mucho. Es débil. No tiene mucho apoyo público”. En cuanto al lado palestino, Bolton pregunta: “¿Qué lado palestino? La Autoridad Palestina está rota”. Hamás, organización terrorista patrocinada por Irán, gobierna Gaza y parece estar contemplando la guerra civil en Cisjordania que está débilmente controlada por al Fatah, “una ex organización terrorista”.
 
“La Secretaria Rice sólo tiene 24 horas en su día” observa Bolton. Un mejor uso de su tiempo sería “apoyar la democracia en el Líbano que está bajo directa amenaza” de Hizbolá, grupo terrorista y subsidiario de Siria e Irán.
 
La ONU no será de utilidad en ninguna de estas situaciones. Por el contrario, aunque el secretario general Bank Ki-Moon es una mejora comparado con Kofi Annan – que se autoproclamaba “papa laico” – ahora la organización es estructuralmente hostil a Estados Unidos y está empecinada en convertirse en un gobierno mundial con el poder de imponer leyes e impuestos a los americanos. En respuesta, Bolton dice, deberíamos dejar de permitirle a la ONU que nos “tase” para las contribuciones y deberíamos financiar sólo proyectos que consideremos útiles.
 
Él también apoya la sugerencia del ex presidente español José María Aznar para transformar la OTAN en una “liga de naciones democráticas” y un competidor de la ONU. Y se siente decepcionado porque Bush no ha hecho más que Clinton en pro del fomento de esas ideas.
 
Bolton deplora que una razón pueda ser la oposición del Departamento de Estado que, se ha convertido en una “una burocracia que se autoperpetúa”, que mina al presidente que debe servir y que vela menos por los intereses de Estados Unidos para así granjearse el favor de la llamada comunidad internacional. ¿Qué hará falta para llevar a cabo una reforma en Foggy Bottom? En opinión de Bolton, nada menos que una “revolución cultural”.


 

 
 
Clifford D. May, antiguo corresponsal extranjero del New York Times, es el presidente de la Fundación por la Defensa de las Democracias. También preside el Subcomité del Committee on the Present Danger.
 
 
 
 
©2007 Scripps Howard News Service
©2007 Traducido por Miryam Lindberg
 


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