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Al Qaida y los talibán en el eje afgano-paquistaní: una amenaza sólida y duradera
Análisis nº 242   |  29 de Noviembre de 2007
 

(Publicado en Ejército, nº 798, octubre de 2007)

La Cumbre de la OTAN celebrada en Riga, en noviembre de 2006, transmitía para analistas como el paquistaní Ahmed Rashid un peligroso mensaje de debilidad respecto al conflicto de Afganistán, y ello en unos momentos en los que tanto los Talibán como Al Qaida se sentían especialmente fuertes sobre el terreno. La actitud de Alemania, España, Francia e Italia impidiendo a sus soldados combatir en el sur del país o la de otros aliados oponiéndose a enviar más fuerzas y material militar eran el mejor ejemplo de dicha actitud y hacían que el contingente de más de 40.000 soldados, 32.795 de la OTAN y el resto estadounidenses bajo su propio mando, fuera insuficiente para hacer frente al tandem Al Qaida-Talibán. El Secretario General de la Alianza, Jaap de Hoop Scheffer, calificaba durante la Cumbre aliada a Afganistán de “misión posible” pero los 190 soldados aliados muertos a lo largo de 2006 y la realidad sobre el terreno en los meses posteriores parecen mostrar lo contrario si no se incrementa el esfuerzo y si el santuario paquistaní no es neutralizado.
 
La naturaleza de la amenaza en Afganistán
 
La producción de droga y una creciente actividad terrorista constituyen hoy las dos principales amenazas a la seguridad en Afganistán. La elección presidencial de 9 de octubre de 2004, ganada por Hamid Karzai, y las legislativas de 18 de septiembre de 2005 que daban paso al primer Parlamento elegido democráticamente desde 1969, constituyen los principales hitos en el sendero de la normalización institucional de un país donde el clan y la región son claves, los candidatos son individuos pues no existen partidos y “señores de la guerra” y traficantes de drogas constituyen el grueso de la clase política.[[1]] Es ilustrativo observar el perfil de algunos de los elegidos en las legislativas de 2005: Haji Mohammad Mohaqiq, un shií de la minoría Hazara muy activo durante la guerra civil (1992-1996), fue el más votado en la provincia de Kabul; el comandante pastún Abdul Rabb Rasoul Sayyaf, acusado como el anterior de crímenes durante la guerra civil; o tres importantes líderes Talibán como Haji Mullah Abdul Salaam Rocketi, Mawlavi Islamuddin Mohammadi o Hanif Shah Al-Hussein. La presencia de algunos Talibán en la política obedece a una estrategia presidencial de reconciliación nacional que habría logrado en los dos últimos años reinsertar a  algunas personas y desarmar a algunas milicias, pero también les permite a estos influir en la política.  La división tribal del país queda reflejada en el Parlamento donde seis etnias del centro y el norte aparecen más o menos unidas contra el mayor grupo étnico, el pastún, al que pertenece Karzai y la mayoría de los Talibán y que está sólidamente asentado en el sur y el este. Enfrente tiene, entre otros, a un bloque que incluye a los seguidores del shií Mohaqiq, a los del tayiko Mohamed Yunus Qanooni, acusado de crímenes contra la humanidad, y a los partidarios del General Abdul Rashid Dostum, quien no se presentó a las elecciones pero que personifica un importante polo de poder formado por uzbekos y turcomanos.
 
Desde 2005 el Gobierno parece haber perdido el control y “señores de la guerra” y traficantes ponen en peligro el futuro de Afganistán permitiendo que yihadistas de Asia Central, de Cachemira o incluso de Chechenia se estimulen por el ejemplo afgano o por los fondos del tráfico de drogas. Esto podría llevar a algunos Estados de la región a intervenir en la política afgana para, por ejemplo, apoyar a tayikos, uzbekos o hazaras en el norte y frenar el empuje pastún.
 
El Yihad que Karzai declaró en diciembre de 2004 contra la producción de opio no se ha mostrado muy eficaz en estos tres años y según un informe de la Oficina de la ONU sobre el Crimen y las Drogas (UNODC) de noviembre de 2006 la producción se incrementó en un 50% en 2006 respecto a 2005. La UNODC ha verificado en los últimos años cómo su cultivo se ha trasladado a zonas menos controladas entre las que destaca Badghis, donde España estableció su Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT). Herat y su región, donde están concentrados españoles e italianos, es una zona de paso de droga fronteriza con Irán y desde el pionero atentado suicida del 20 de diciembre 2005 contra una patrulla italiana se han producido otros contra dicha presencia. El opio genera el 60% del PNB afgano, representa el 87% de la producción total mundial y afgana es más del 90% de la heroína que se consume en Europa. Baz Mohamed, un importante traficante vinculado al régimen Talibán, primer afgano extraditado a los EEUU el 21 de octubre de 2005, producía heroína para combatir con ella a sus enemigos infieles. El 26 de junio de 2007 la UNODC publicaba datos actualizados destacando que la provincia meridional de Helmand, foco del activismo de los Talibán y de Al Qaida, está a punto de convertirse en la mayor región productora de drogas del mundo.[[1]]
 
En lo que al terrorismo respecta, en 2007 los Talibán han venido actuando cada vez con más osadía y más medios humanos: si ya en el verano de 2006 intentaron conquistar Kandahar e instalar en la segunda ciudad de Afganistán un gobierno alternativo, en 2007 han incrementado sus ataques suicidas y sus emboscadas contra fuerzas aliadas y afganas en lugares donde la respuesta puede provocar bajas civiles para beneficiarse así del descontento popular. El Ejército afgano junto con soldados británicos, canadienses estadounidenses y holandeses pudieron impedir  entonces la toma de Kandahar pero, si no reciben refuerzos, no podrán contener a un adversario que cada vez recluta más combatientes y realiza ataques suicidas cada vez más frecuentes desde su inicio en el otoño de 2005. El 14 de noviembre de 2005 dos atentados suicidas en Kabul, dirigidos contra militares alemanes y griegos, provocaban la muerte a siete personas, una de ellas un soldado alemán de la  Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF).
Desplegada por la OTAN en agosto de 2003, la ISAF tenía en el otoño de 2005 desplegados a unos 12.000 soldados de 37 nacionalidades, concentrados la mayoría en Kabul. Su principal misión entre 2003 y 2005 fue la estabilización y la reconstrucción y participó activamente en la protección de las elecciones legislativas. Reivindicados los susodichos atentados por los Talibán supusieron el comienzo de una campaña terrorista que no ha remitido desde entonces y que se muestra tan dinámica como en Irak. Dichos ataques suicidas en Kabul eran los más graves sufridos por la ISAF desde el comienzo de su despliegue mientras que en septiembre de 2005 otro atentado suicida más luctuoso había provocado la muerte, también en Kabul, a 12 soldados afganos en las proximidades del Centro de Entrenamiento del Ejército Nacional.
 
Más allá de Kabul, zonas hasta entonces desatendidas por la OTAN como eran el sur y el este empezaron a ser reforzadas a partir de 2006 para apoyar la labor hasta entonces solitaria de las fuerzas asignadas a la Operación Libertad Duradera, entre 18.000 y 20.000 hombres bajo mando de los EEUU - que aportaba el 90% de los efectivos - en misión antiterrorista. En el verano de 2007 el total de fuerzas extranjeras desplegadas en Afganistán asciende a unos 50.000 efectivos, una cantidad insuficiente para la amenaza a la que se enfrentan. La intensificación de las acciones terroristas en el último año ha tenido como escenario privilegiado la frontera con Pakistán, desde la región nororiental de Nuristán hasta la zona meridional de Kandahar, y las duras respuestas dadas en el marco de "Libertad Duradera" comienzan a debilitar el frente antiterrorista a los seis años del comienzo del conflicto. Fidelidades tribales en zonas de Afganistán y del "santuario" paquistaní o la imposición del terror a quienes en dichas zonas no les apoyan han permitido a Al Qaida y a los Talibán restar eficacia a unas fuerzas que han venido combatiendo a un enemigo que se oculta entre civiles provocando que las operaciones tengan un precio cada vez más inaceptable. El 22 de junio de 2006 Karzai hacía un dramático llamamiento a la comunidad internacional para que llevara a cabo una lucha contra el terrorismo verdaderamente global - contra sus redes financieras y de captación y contra sus campos de entrenamiento en el "santuario" paquistaní -, reforzara las fuerzas armadas y de seguridad afganas y superara la centralidad de tal lucha en su país, donde en el último año se ha incrementado exponencialmente el número de civiles muertos. La población afgana empezaba a mostrar su hartazgo ante una violencia que no parecía tener final y una manifestación de protesta celebrada en Kabul a fines de mayo de 2006 terminaba con disturbios que produjeron 20 muertos. Entre enero y julio de 2007 se estimaban en 2.300 los muertos en actos de violencia en Afganistán, existiendo debate en torno al porcentaje de muertos por error, civiles pero también algunos soldados y policías afganos. Kabul rechaza la utilización cada vez más frecuente de ataques aéreos, medio que evita discriminar lo suficiente los objetivos y que provoca bajas no deseadas.[[1]] Así, un bombardeo realizado por la OTAN el 29 de junio de 2007 en Hiderabad provocaba la muerte de 80 personas, buena parte de ellas civiles, y el 7 de julio un mando policial de Kunar, en el este de Afganistán, denunciaba que fuerzas de la OTAN habían matado el día anterior a 25 civiles en una operación, algo negado por los mandos aliados.[[1]] La muerte de 5 niños en un ataque suicida contra una columna de la ISAF que logró matar a un soldado holandés, producido en Tarin Kowt, capital de Uruzgán, el 15 de junio de 2007, es buen ejemplo de acción terrorista que busca agotar la paciencia de la población para que esta rechace la presencia extranjera. Según sondeos realizados en la primavera de 2007 entre 17.000 afganos en el sur pastún el 26,8% apoya a los Talibán.[[1]] Por otro lado, los recursos humanos de los Talibán no escasean si atendemos a las bajas que sufren en enfrentamientos con fuerzas aliadas que no cesan: el 21 de mayo de 2007 morían 25 en el distrito de Sangin, en la provincia de Helmand, entre ellos el comandante regional Maulawi Din Mohamad (Mullah Yunus); el 22 de mayo, 28 en un puesto fronterizo del distrito de Alisher, en la provincia de Khost; el 10 de junio, 27 en la provincia meridional de Zabul; el 30 de junio, 62 en un ataque aéreo en Helmand; el 4 de julio, 20 en una ofensiva de la ISAF en el sur; el 6 de julio, 33 en la provincia de Uruzgán, en una represalia con bombardeos y fuego de artillería tras un ataque Talibán con granadas anticarro a una columna de la Policía afgana; etc. Cabe destacarse que la OTAN ha reconocido 83 muertos en sus filas entre enero y mediados de junio de 2007 mientras que perdió a 190 soldados en 2006 y que, por su parte, los muertos afganos entre enero y mediados de junio de 2007 ascendían a unos 1.700.
 
La naturaleza de la amenaza desde el santuario paquistaní
 
Pakistán puede ser la primera víctima del imparable caos afgano. A la vista está que el acuerdo firmado el 5 de septiembre de 2005 por el Gobierno del Presidente Pervez Musharraf con notables y jefes tribales de la provincia fronteriza de Waziristán del Norte, no ha servido para fidelizarles con Islamabad y alejarles de los Talibán y de Al Qaida, al menos con la intensidad como se pensaba; los fieles a los dictados del Gobierno paquistaní han sido bien eliminados - se estimaban en más de 200 los muertos a manos del los Talibán-Al Qaida en 2006 - o bien  forzados a apoyar a los yihadistas, y ello añade otro difícil problema a Musharraf, quien debe ocuparse también del levantamiento armado en la región del Baluchistán iniciado en 2005. El susodicho acuerdo, que hacía concesiones en términos de amnistías y de relajación en la presión militar y policial, parece haber reforzado a los violentos que perciben debilidad en su enemigo de Islamabad. Por otro lado, fondos de ciudadanos particulares en los países del Golfo estarían alimentando, en parte, tanto el levantamiento Baluchi como a los yihadistas, y a ellos habría que añadir los recursos abundantes procedentes del tráfico de drogas. El Gobierno paquistaní ya intentó en 2004 y 2005 acercamientos a los jefes tribales de Waziristán del Sur sin éxito y, de hecho, ahora el número de combatientes yihadistas extranjeros en esas provincias fronterizas agrupadas en las denominadas Áreas Tribales Administradas Federalmente supera los 500 inicialmente estimados y puede llegar hasta los 2.000 según fuentes de la inteligencia paquistaní. Entre ellos estarían Osama Bin Laden y Ayman Al Zawahiri junto con otros líderes que emergen con fuerza en la zona como Jalaluddin Haqqani, uno de los señores de la guerra que combatió a los soviéticos y luego fue Ministro Talibán de Asuntos Tribales y que ahora jugaría un importante papel en dichas provincias como reclutador y entrenador de combatientes yihadistas, o el Mullah Dadullah Lang, un líder Talibán basado en Quetta, capital del Baluchistán, desde donde se desplazaba continuamente tanto por Pakistán como por Afganistán para organizar los combates hasta que encontró la muerte en una operación de la OTAN el 12 de mayo de 2007 en las proximidades de Kandahar.[[1]] Según Musharraf el esfuerzo paquistaní es indudable, incluyendo el despliegue de 80.000 hombres a lo largo de 2.600 kilómetros de frontera y también el acuerdo con los jefes tribales cuya utilidad destaca[[1]], pero en este enfrentamiento el desgaste es evidente ya que las contradicciones de Pakistán, país aliado de Occidente pero minado por el islamismo radical, pasan por su tensión con el Gobierno afgano y por los coletazos de un conflicto transfronterizo. A título de ejemplos, el ataque contra una madrassa paquistaní que provocó 82 muertos a fines de octubre de 2006 o la muerte de 32 Talibán en un campo de Al Qaida en Waziristán del Norte en junio de 2007 provocados ambos con misiles lanzados desde Afganistán, coadyuvaron a agitar la tensión y el desgaste político de Musharraf y a buen seguro no serán los últimos acontecimientos de ese tipo.[[1]]
 
La situación es tan volátil que dificulta llevar adelante las políticas de dividir al enemigo aprovechando el faccionalismo que caracteriza a ese bloque conformado por distintos componentes de la red Al Qaida, yihadistas conectados o no a la misma, “señores del la guerra”, traficantes de droga y, por encima de todo ello y como herencia histórica en todo el territorio, las diferentes tribus y clanes presentes a ambos lados de la frontera.[[1]] Bien entrenados, con un gran conocimiento del terreno y una determinación letal tanto respecto a sus enemigos foráneos (militares extranjeros) como locales (Ejército y Administración afgano y paquistaní, jefes de tribu locales, etc.) los Talibán reemplazan rápidamente a sus líderes caídos y siguen combatiendo sin tregua ni rendición: a título de ejemplo el actual jefe militar de los Talibán, el Mullah Mansur Dadulah, declaraba en una entrevista concedida a la Al Jazira el 5 de junio de 2007 haber recibido instrucciones recientes del propio Bin Laden.[[1]]
 
Conclusiones
 
El activismo de Al Qaida y de los Talibán crece desde 2005 y ello a pesar del esfuerzo desplegado desde el otoño de 2001 para erradicarlo. Dicho recrudecimiento terrorista, los retrasos en la reconstrucción o la impotencia ante la producción de droga hacen prever tiempos difíciles tanto para el Gobierno de Karzai, controlado por un peculiar Parlamento, como para las fuerzas multinacionales.
 
Junto a las debilidades en la seguridad, y debido en gran medida a ellas, el Gobierno afgano ha venido siendo incapaz de dirigir un país aún plagado de obstáculos económicos y sociales: la corrupción en general y la economía de la droga en particular siguen siendo una realidad, las fidelidades a "señores de la guerra" son más importantes que la fidelidad al Gobierno central y la criminalidad y la impunidad se dejan sentir por una población que hace más responsable de ello al Ejecutivo y a sus protectores extranjeros que a los terroristas. El debilitamiento creciente del frente antiterrorista, tras el optimismo posterior a las legislativas de septiembre de 2005, puede llevar a erosionar el ya de por sí endeble liderazgo de Karzai - quien el 10 de junio de 2007 sufría el último atentado conocido contra su vida en Andar, en la provincia de Ghazni[[1]] - y devolver Afganistán al caos de antaño.


 

 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.
 
 
Notas


[[1]]Para ilustrar las complejidades de Afganistán véase <www.afghan-web.com>.
[[1]]GUALDONI, Fernando: “La ONU confirma que la producción de heroína está fuera de control en Afganistán” El País 27 junio 2007, p. 8.
[[1]]El 12 de junio de 2007 un ataque por error de tropas estadounidenses provocaba la muerte de siete policías afganos en la provincia de Nangarhar, en el este del país. Véase “Siete policías afganos mueren en un ataque por error de EEUU” El País 13 junio 2007, p. 6.
[[1]]“La OTAN, acusada de matar a 25 civiles afganos” El País 8 julio 2007, p. 9.
[[1]]KAMMINGA, Jorrit: “El talón de Aquiles: las políticas negativas de la comunidad internacional en el sur de Afganistán” Colaboraciones del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES) nº 1667, 27 abril 2007, en <www.gees.org/articulo/3936> y“Cinco niños y un soldado holandés mueren en un atentado suicida en Afganistán” El País 16 julio 2007, p. 11.
[[1]]ECHEVERRIA JESÚS, C.: “La multiplicación de los atentados yihadistas salafistas en el mundo: la lógica del terrorismo global hoy” Análisis del GEES nº 197, 26 junio 2007, p. 1, en <www.gees.org/articulo/4186/>.
[[1]]Véase la entrevista al Presidente paquistaní en “La mayoría en Pakistán es antiamericana” El País 26 abril 2007, p. 1.
[[1]]“Un misil mata a 32 talibanes en un campo de Al Qaeda en Pakistán” El País 20 junio 2007, p. 7.
[[1]]MILLS, Greg: Ten Counterinsurgency Commandments from Afghanistan Foreign Policy Research Institute, Philadelphia, 10 abril 2007, en <www.fpri.org>.
[[1]]ECHEVERRÍA JESÚS, C.: op cit p. 1.
[[1]]“Karzai escapa ileso de un nuevo intento de asesinato” El País 11 junio 2007, p. 8.


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