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Proceso de rendición. Fuera caretas
Por GEES
En Libertad Digital nº 1299   |  28 de Noviembre de 2007
 
A estas alturas, engañarse carece de sentido: el Gobierno ha negociado, negocia y negociará con ETA. Llegará a pactos y tratará de cumplirlos. A tres meses de la cita electoral, hay que quitarse las caretas: el PSOE y los partidos que le acompañan volverán a las reuniones oficiales con ETA tan pronto como les sea posible. Y el PP debe impedírselo.
 
No puede mantenerse por más tiempo la ficción de pensar que la negociación comenzó con la aprobación del Congreso y la declaración de tregua. El PSOE de Zapatero negociaba con ETA antes de 2006, y antes de llegar al poder en 2004. Lo que hemos ido sabiendo no deja lugar a dudas: mintió cuando decía que no negociaba, mintió cuando dijo desde cuándo negociaba y mintió cuando dijo que había dejado de negociar.
 
Tampoco puede mantenerse más la ficción de que fue ETA la que ofreció el diálogo a Zapatero. En realidad fue Zapatero quien lo ofreció a los terroristas cuando respaldó a aquellos socialistas vascos que llevaban años de conchabeo con Batasuna. No conviene engañarse tampoco en esto: quienes hoy dirigen el PSE y el PSOE consideran que se debe pactar con ETA, que hay reformar el Estatuto y anexionar Navarra al País Vasco para que Otegi, Ternera y De Juana se sientan satisfechos.
 
La tercera careta que conviene quitarse de encima: Zapatero no negocia con ETA ni por oportunismo ni para ganar elecciones. Lo hace porque cree ideológicamente que es posible y necesario. Nadie le ha obligado a pactar con ETA; lo hace libre y voluntariamente. Afirmó que por encima de los "accidentes" se debía seguir negociando y eso está haciendo y va a hacer. Por eso entusiasma a sus socios de gobierno; todos se sienten más a gusto con Otegi y Goirizelaia que con Rajoy y San Gil y casi todos ellos han negociado con ETA en más de una ocasión.
 
Zapatero negoció y pactó con ETA. Si no consumó los pactos alcanzados es por la actitud del Partido Popular, que supo dar voz a una sociedad española que no pasa por el aro de los apaños entre ZP y ETA. Si no es por el partido de Rajoy, el pacto con ETA estaría cerrado y consumado. Sólo la movilización popular, en Madrid y Pamplona, asustó al PSOE y le obligó a recular, desairando a los etarras. El fracaso de tan siniestros planes es un mérito que debe apuntarse el Partido Popular.
 
La culpa de unos y el mérito de otros deben ser sometidos al veredicto de las urnas. Es obligado que los ciudadanos sean conscientes de lo que votan en marzo, y es responsabilidad del PP hacérselo saber. Los populares pueden estar orgullosos. Algunos de sus dirigentes deberían abandonar la actitud temerosa de las "entrevistas-martirio" en el diario El País: No serán quienes llevan años defendiendo los oscuros apaños con ETA y acusando al PP de ser "enemigo de la paz" los que llevarán al PP a La Moncloa. Tampoco parece buena idea abandonar las manifestaciones de las víctimas de ETA para agradar a quien jamás se dejará agradar y apoyará nuevos pactos con los terroristas.
 
Fuera caretas; el PSOE y la coalición de partidos y medios de comunicación que le acompañan van a volver a buscar el pacto con ETA. Y tan pronto como les sea posible. Ellos son los que deben rendir cuentas en el mes de marzo de su actitud en este asunto y es el PP quien debe exigírselo hasta entonces. Alto, fuerte y claro.
 
 


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