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El éxito del fracaso
En letra impresa nº 853   |  23 de Noviembre de 2007
 

(Publicado en ABC, 23 de noviembre de 2007)

Si Condi Rice quería una buena oportunidad para pasar a la historia, más le hubiera valido no elegir el proceso de paz entre israelíes y palestinos. Como era previsible, la conferencia de Anápolis, su criatura personal, será una nueva frustración y no una solución. De hecho, su objetivo inicial, establecer un horizonte político y temporal para la creación del Estado palestino y la paz entre éste e Israel, se ha quedado simplemente en una nueva oportunidad para relanzar el diálogo entre las partes.
 
Razones objetivas por las que Anápolis no podía ser un salto adelante hay muchas. Comenzando porque la Autoridad Nacional Palestina no es hoy más que una ficción. En un doble sentido. Primero, porque la franja de Gaza está en manos de los terroristas de Hamás (desde donde se sigue bombardeando a diario el suelo de Israel); segundo, porque el presidente palestino, Mahmud Abbás, sufre de una clara falta de legitimidad entre su pueblo y, si se mantiene en el poder, es gracias a que Israel así lo quiere y al dinero que llega de la Unión Europea.
 
Abbás es un zombi y sin el apoyo directo de Tel Aviv, Cisjordania caería en manos de los extremistas.
 
Por su parte, Olmert goza de una asombrosa estabilidad parlamentaria, pero su debilidad política es patente. Es muy probable que sea sincero cuando afirma que se entiende con Abbás y que está dispuesto a luchar por un acuerdo duradero. Pero, al mismo tiempo, sabe que si realiza concesiones sobre temas sensibles para los israelíes (como la partición de Jerusalén) se arriesga a que una fracción no desdeñable de su gobierno de coalición le abandone.
 
Abbás, por su parte, no tiene menores límites. Es consciente también de su debilidad, pero necesita endurecer sus posturas negociadoras para ganar algo de credibilidad entre los suyos.
 
En suma, lo que con todo su esfuerzo ha conseguido Condoleezza Rice al final ha sido un nuevo encuentro en el que las partes vuelvan a hablar del proceso, pero no de la sustancia. Y es que, mientras los palestinos no garanticen la seguridad de Israel, de poco se puede hablar.


 

 


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