“El País” de la censura: manipulación y manufactura
Análisis nº 240 | 21 de Noviembre de 2007
Dicen en la Facultad de Periodismo que existen ciertas reglas del periodismo que sólo desde el sectarismo más enfermizo o desde las servidumbres más apesebradas es posible saltarse. La primera de ellas es evidente; respetar los hechos tal y como son, citar las palabras tal y como fueron dichas o escritas, respetar el espíritu con el que fueron emitidas. Creo haber leído algo así en el “Libro de Estilo” de “El País”, aunque no me hagan mucho caso. El caso es que saltarse esta regla es una tentación continúa, aunque supongo que en esto se diferencia el periodismo riguroso y serio del panfleto de partido o el amarillismo político. En prensa política, se da por hecho que cuando un periódico reproduce las palabras de alguien es porque esas palabras fueron realmente pronunciadas así. Lo otro es, en sentido estricto, manipulación.
Es lo que hizo “el periódico global en español” a propósito del último libro de Aznar, del que GEES publicó el discurso de presentación. No es que a estas alturas uno espere demasiado de un periódico en decadencia. La obra, como cualquier otra, está sujeta a crítica o discusión; A mí el Santiago éste me parece un cursi de cuidado. Y no esperaba menos de “El País” que una crítica brutal al libro, como corresponde. No me negarán que esto parece claro: vale que se encuentre en crisis intelectual, o sea, que los autores se le escapan y que Ernesto Ekaizer publica casi cada día. Vale que esté en crisis comercial, que PRISA sea una máquina de perder pasta, que “El Mundo” y “La Razón” le estén pillando.
Pero hombre, uno espera que “El País” ofrezca a sus lectores la referencia real de lo que se dice o se hace, y en segundo lugar que ataque despiadadamente las palabras de Aznar. O sea, que nos diga qué dice Aznar y luego lo ponga a parir por facha, por carca y por amigo de Bush.
Sin embargo, el diario “El País” prefirió hurtar a sus lectores la posibilidad de juzgar por sí mismos las palabras del presidente de la FAES. En su lugar, les ofreció una versión del libro, más que manipulada, manufacturada. En su edición del 23 de octubre anunciaba extractos del libro, las “perlas” según decía el redactor. Pues vaya. Y tan “perlas”; como que lo que ofrecía “El País” era tan raro y tan excepcional, que no hay forma de encontrarlo tal cual en las páginas de “Cartas a un joven español”. Les juro que revisando el libro de abajo a arriba y de arriba abajo he sido incapaz de encontrar lo que leí en “El País” que había escrito Aznar de manera brutal y despiadada.
Les aseguro que no exagero. El diario “El País” ha alumbrado una nueva forma de manipular la información; ya conocemos lo de sacar frases fuera de contexto, pero es que el diario de PRISA ha descubierto una nueva forma de manipulación; sacar las palabras fuera de las frases, recortar expresiones de aquí y allá y después recomponerlas a gusto del redactor. Ha pasado de la manipulación a la manufactura, que es como pasar de la edad de piedra a la edad de bronce. Eso sí, a costa de Aznar, que siempre vende. Para encontrar lo que “El País” dice a sus lectores que dice Aznar hay que armarse de escuadra, cartabón, lápiz y tijeras, desmontar el libro y montarlo a conveniencia, mezclando expresiones, palabras y citas de frases y párrafos diferentes. Quisiera mostrarles algunos ejemplos del prodigioso trabajo de manufactura.
1. En primer lugar, veamos lo que dice Aznar de la nación española en su libro:
Caben muchas interpretaciones y perspectivas de lo que ha sido y debe ser la nación propia. En una democracia, esa diversidad es imprescindible. Lo que la democracia no soporta es, en cambio, que no se respeten los acuerdos sobre los que se pueden fundar la propia discrepancia. Y el acuerdo fundamental, en este sentido, es el que se ha de mantener sobre la nación española. Sin él todo lo demás se derrumba, como bien dice la Constitución
Pero el diario “El País” no lo debe considerar lo suficientemente escandaloso; hombre, tratándose del tipo de la guerra de Iraq y del Prestige… Así que decide meter las tijeras y sacar el pegamento y construir algo más atractiva para que la clientela no se haga una idea de Aznar distinta a la que Gabilondo les cuenta de Aznar. Esto es lo que hace el Censor de “El País”, lápiz en mano, con el párrafo anterior:
Caben muchas interpretaciones y perspectivas de lo que ha sido y debe ser la nación propia. En una democracia, esa diversidad es imprescindible. Lo que la democracia no soporta es, en cambio, que no se respeten los acuerdos sobre los que se pueden fundar la propia discrepancia. Y el acuerdo fundamental, en este sentido, es el que se ha de mantener sobre la nación española. Sin él todo lo demás se derrumba, como bien dice la Constitución.
Algo flojito, pero bueno. El tipo en cuestión elimina lo de las “interpretaciones y perspectivas distintas”, lo del “acuerdo” y lo de la “discrepancia”; hombre si llevan años diciendo que Aznar es un facha, no van a defraudar a sus lectores a estas alturas hablando de pluralismo y consenso. Y he aquí que el párrafo de Aznar adelgaza considerablemente, se le suma una frase y se le ofrece al lector de “El País” de la siguiente manera:
Sin la nación, todo se derrumba. El acuerdo fundamental es sobre la nación española. Sin él todo lo demás se derrumba.
2. Como verán, el Censor se lo curró de lo lindo; observen lo que escribe Aznar, lo que censura “El País” y lo que publica el periódico. Pero vayamos con la segunda. En la siguiente cita del libro, el censor de guardia debía estar más animado, y aquí ya realiza un collage de considerable mérito, donde se salta de una palabra a otra de otra frase y así sucesivamente. El libro de Aznar dice:
Conoces esta forma de pensar porque me dices que la ves en la facultad y entre tus amigos. Sabes a lo que me refiero. Has oído cómo se mezclan el desprecio al matrimonio entre el hombre y la mujer con las alusiones al franquismo y la dictadura. Por eso dices que cuando intentas argumentar, te sacan la Iglesia Católica, el franquismo, el capitalismo y muchas cosas más. Dices que cuando intentas argumentar, te sacan la Iglesia Católica, el franquismo, el capitalismo y muchas cosas más. Me dices que califican tu postura de “facha”. Pero tú tranquilo. No sé qué haría cierta izquierda si no tuviese a mano la palabra “facha” para utilizarla cada vez que no sabe muy bien qué decir
Pero al Censor de “El País”, el párrafo no le parece lo suficientemente escandaloso; “¡hombre si somos nosotros los que decimos lo de la Iglesia, el franquismo y el capitalismo! ¡Qué va a decir Manuel Rivas¡”, piensa indignado el polanquista. Así que empieza a meter la tijera con todas las ganas posibles, que son muchas:
Conoces esta forma de pensar porque me dices que la ves en la facultad y entre tus amigos. Sabes a lo que me refiero. Has oído cómo se mezclan el desprecio al matrimonio entre el hombre y la mujer con las alusiones al franquismo y la dictadura. Dices que cuando intentas argumentar, te sacan la Iglesia Católica, el franquismo, el capitalismo y muchas cosas más. Me dices que califican tu postura de facha. Pero tú tranquilo. No sé qué haría cierta izquierda si no tuviese a mano la palabra facha para utilizarla cada vez que no sabe muy bien qué decir.
Una palabra de esta frase, otra de esta, recortar parte del argumento y ¡ale hop!, Aznar el facha. Una vez limpito y alicatado, que el periódico global en español es muy pulcro, este párrafo se convirtió en el siguiente en la versión que “El País” publicó del libro de Aznar:
En la facultad, tú has oído cómo se mezclan el desprecio al matrimonio entre el hombre y la mujer con alusiones al franquismo y la dictadura. Me dices que califican tu postura de facha. Tú tranquilo.
3. Y tan tranquilo, como se debió quedar el censor de “El País”, porque hurtó a sus lectores el argumento entero y se inventó el que le venía en gana. Tranquilo pero con ganas, porque acomete con furia la deconstrucción del capítulo que Aznar dedica a la familia. En el libro de Planeta se lee textualmente lo siguiente:
Desde luego existen otras formas de convivencia humana, homosexuales o heterosexuales. A todas ellas, te diré, hay que dar una solución justa y equilibrada. Son naturales en la medida en que existen, y es absurdo ignorarlo. No solo eso sino que hay que respetarlo.
Por mi parte yo creo, Santiago, en una familia compuesta de un hombre y una mujer, con hijos y extendida a todos los miembros que por costumbre, por consaguinidad o integración, pertenecen a ella. La familia ha sido un gigantesco avance social, y sobre ella se funda la estabilidad y el progreso de nuestras sociedades. También, y en muy buena medida nuestra propia libertad. No te equivoques: no estoy en contra de que se regulen otras formas de convivencia. El modelo que te he descrito antes puede cambiar: una madre o un padre separado que se hace cargo de sus hijos constituye evidentemente una familia. Requiere el mismo sacrificio, la misma solidaridad, el mismo apoyo incondicional. Pero no estoy de acuerdo en que se considere cualquier situación equivalente a la familia de la que te hablo. Lo mismo en cuanto al matrimonio. No me parece correcto que se le dé el carácter de matrimonio a una unión que no sea entre un hombre y una mujer. Es algo respetable, pero no forma un matrimonio. Ni equivalente, ni alternativo.
¡Acabáramos! “Demasiado moderado”, debió pensar el Censor de “El País”. Un Aznar que ni se come homosexuales, ni los lapida ni los mete en manicomios… “Nada de eso; hay que proteger a los lectores de algo así, no sea que el culpable del 11M acabe convenciendo a alguien”. Así que poseído de un enérgico furor tijerino, esto es lo que se hizo con el párrafo en “El País” de la censura:
Desde luego existen otras formas de convivencia humana, homosexuales o heterosexuales. A todas ellas, te diré, hay que dar una solución justa y equilibrada. Son naturales en la medida en que existen, y es absurdo ignorarlo. No solo eso sino que hay que respetarlo.
Por mi parte yo creo, Santiago, en una familia compuesta de un hombre y una mujer, con hijos y extendida a todos los miembros que por costumbre, por consaguinidad o integración, pertenecen a ella. La familia ha sido un gigantesco avance social, y sobre ella se funda la estabilidad y el progreso de nuestras sociedades. También, y en muy buena medida nuestra propia libertad. No te equivoques: no estoy en contra de que se regulen otras formas de convivencia. El modelo que te he descrito antes puede cambiar: una madre o un padre separado que se hace cargo de sus hijos constituye evidentemente una familia. Requiere el mismo sacrificio, la misma solidaridad, el mismo apoyo incondicional. Pero no estoy de acuerdo en que se considere cualquier situación equivalente a la familia de la que te hablo. Lo mismo en cuanto al matrimonio. No me parece correcto que se le dé el carácter de matrimonio a una unión que no sea entre un hombre y una mujer. Es algo respetable, pero no forma un matrimonio. Ni equivalente, ni alternativo
No, si alternativo, sí y mucho. Con un corta y pega de párrafos y frases distintas, “El País” hace un collage de lo más apañado; quita un “respeto” por aquí, una llamada a la “justicia” por allá, una “regulación de parejas” por acullá. Y así es como ofreció el párrafo anterior a sus lectores el diario “El País”:
Por mi parte yo creo, Santiago, en una familia compuesta de un hombre y una mujer, con hijos, y extendida a todos los miembros que por costumbre, por consanguinidad o integración, pertenecen a ella. Existen otras formas de convivencia, homosexuales o heterosexuales. Hay que respetarlo. Pero no estoy de acuerdo en que se considere cualquier situación equivalente a la familia de la que te hablo. Ni equivalente, ni alternativo.
4. A estas alturas de artículo, el lector de “El País” está leyendo un libro de Aznar que tiene el mérito de no ser el libro de Aznar; lo que es mérito tienen, en “El País”. El Censor, animado, siguió dándole a la tijera y al pegamento con un celo encomiable. Veámoslo con el siguiente ejemplo. Más adelante, el libro de Aznar dice;
Pero de nuevo a “El País” debe parecerle poco escandaloso que el tipo de las Azores se preocupe de los derechos de los huérfanos, así que vuelve a meter la tijera para que sus lectores sepan de qué va realmente la cosa:
No sé, y creo que nadie lo sabe, qué pasará cuando un niño o una niña no puedan llamar padre ni madre a quienes se dicen sus progenitores pero que en muchos casos no lo van a ser. No sé si se están anteponiendo los sueños de los adultos a los derechos, esta vez muy reales, de los niños. Y por otro lado, ¿qué idea del mundo y de la realidad van a tener unos niños así criados? ¿La de que todo es posible? ¿La de que las leyes pueden dar satisfacción a todos los deseos?
“Quitemos la frase de en medio no sea que alguien crea que Aznar se preocupa por los niños en vez de ser un tipo homófono y peligroso -debió pensar el Censor-”. Así que el párrafo se convirtió en el siguiente en la versión de “El País”:
No sé, y creo que nadie lo sabe, qué pasará cuando un niño o una niña no puedan llamar padre ni madre a quienes se dicen sus progenitores pero que en muchos casos no lo van a ser. ¿Qué idea del mundo y de la realidad van a tener unos niños así criados? ¿La de que todo es posible? ¿La de que las leyes pueden dar satisfacción a todos los deseos?
5. “El País” pone un celo voluntarioso en ocultar a sus lectores lo que dice Aznar; ¿para qué? Ya se lo contarán después Soledad Gallego Díaz, Javier Pradera o Suso del Toro. Así que el Censor aborda con ganas el siguiente tema, viendo lo bien que va quedando la cosa. Siguiente tema: Esto es lo que dice el libro del expresidente sobre la familia y su relación con el bienestar de la sociedad;
Entre naturaleza y sociedad se establece un vínculo que no podemos romper. La familia está basada en la naturaleza biológica del hombre, y la sociedad está basada en la familia. No se trata de un asunto de “derechos” individuales, sino del propio futuro de la sociedad. En España, los hospitales públicos no podrían funcionar si no fuera porque muchas familias no dejan a los enfermos solos ni un solo momento. Les acompañan y les ayudan a levantarse, a comer, a todo lo que sea necesario. La realidad es que sin las familias, las que se sacrifican por los padres, por un hijo o por un hermano en apuros, el sistema sanitario público estaría colapsado.
La familia es el fundamento de nuestra sociedad. Observa, además de la sanidad, la economía. Cuando las cosas van mal, cuando se tuercen los proyectos económicos, son los padres y hermanos los que están ahí. Cuando llegué al gobierno en 1996, la tasa de paro dejada por los socialistas era del 24 por ciento. Pero las familias paliaron las consecuencias de esa situación. La familia es la clave de la cooperación, de la solidaridad que no busca más retribución que el cariño. Cuando tienes un problema serio, ¿a quién recurres si no tienes hermanos, ni padres, ni hijos? Quedan los amigos, las redes de amigos, que se dice ahora. Está bien, pero tú sabes que no le puedes pedir a un amigo lo mismo que a un padre o a un hermano. Y cuando el Estado pretende llegar a donde llega la familia, lo que hace es destruir la red de solidaridad espontánea de solidaridad y, al cabo, los propios fundamentos de esta.
“Nada, nada -debió pensar el Censor- Demasiado aburrido y sociológico”. Así que, manos a la obra, mete la tijera y saca el pegamento para que al lector de “EL País” le quede claro que lo que realmente dice Aznar no es lo que realmente dice Aznar:
Entre naturaleza y sociedad se establece un vínculo que no podemos romper. La familia está basada en la naturaleza biológica del hombre, y la sociedad está basada en la familia. No se trata de un asunto de “derechos” individuales, sino del propio futuro de la sociedad. En España, los hospitales públicos no podrían funcionar si no fuera porque muchas familias no dejan a los enfermos solos ni un solo momento. Les acompañan y les ayudan a levantarse, a comer, a todo lo que sea necesario. La realidad es que sin las familias, las que se sacrifican por los padres, por un hijo o por un hermano en apuros, el sistema sanitario público estaría colapsado.
La familia es el fundamento de nuestra sociedad. Observa, además de la sanidad, la economía. Cuando las cosas van mal, cuando se tuercen los proyectos económicos, son los padres y hermanos los que están ahí. Cuando llegué al gobierno en 1996, la tasa de paro dejada por los socialistas era del 24 por ciento. Pero las familias paliaron las consecuencias de esa situación. La familia es la clave de la cooperación, de la solidaridad que no busca más retribución que el cariño. Cuando tienes un problema serio, ¿a quién recurres si no tienes hermanos, ni padres, ni hijos? Quedan los amigos, las redes de amigos, que se dice ahora. Está bien, pero tú sabes que no le puedes pedir a un amigo lo mismo que a un padre o a un hermano. Y cuando el Estado pretende llegar a donde llega la familia, lo que hace es destruir la red de solidaridad espontánea de solidaridad y, al cabo, los propios fundamentos de esta.
El Censor a estas alturas va refinando el método de collage; ni siquiera entresaca ya del mismo párrafo; “¿para qué, habiendo todo un libro de donde sacar palabras?. Deja, deja, que luego Gabilondo no tiene por donde meterle mano al asunto”. Así que tras afilar la tijera, así reprodujo “El País” este argumento azanarí:
La familia está basada en la naturaleza biológica del hombre, y la sociedad está basada en la familia. Sin familias, el sistema sanitario público estaría colapsado. ¿A quién recurres si no tienes hermanos, ni padres, ni hijos?
6. “A Polanco”, debió pensar nuestro Censor. Por mi parte iré ya terminando. En trance, con el furor censor de quien ha nacido para ello, el responsable de “El País” continúa dándole a la tijera. En relación a la negociación con los terroristas y su propia experiencia en la lucha contra ETA, Aznar escribe textualmente en su libro:
Me preguntas por la negociación. Creo que siempre hay que desconfiar de cualquier oferta terrorista. Así lo creía en septiembre de 1998, aunque al final aceptara comprobar qué había de sincero en la declaración de los terroristas. Al respecto, tuve claro desde el principio una cosa: cualquier contacto con un grupo terrorista tiene que venir marcado por tres limitaciones inviolables. En primer lugar por el respeto escrupuloso a la ley. Ni para las fuerzas de seguridad ni para la justicia puede haber ningún tipo de tregua. Deben perseguir y encarcelar a los terroristas. En segundo lugar, el más mínimo contacto con los terroristas tiene que ser absolutamente transparente para los ciudadanos. Los españoles han de saber de qué se está hablando en cada momento. En tercer lugar, la memoria y el presente de las víctimas, aquellas que más han perdido en la lucha frente al terrorismo, que no pueden ver defraudada la fe que han puesto en el Estado de derecho.
Estas tres limitaciones son absolutas e inviolables bajo cualquier circunstancia. Dejan al terrorista una única opción: tratar de negociar como buenamente pueda su rendición y la entrega de las armas. Pero cuando el gobernante cumple con su obligación y responsabilidad, es difícil que el terrorista acepte las condiciones de una rendición total, que es lo único que el Estado le puede ofrecer. Si algo nos enseñó la tregua de 1998 es que toda tregua es una trampa del terrorista. Con el paso de los años y la reflexión, cada vez estoy más convencido de lo inútil de cualquier tipo de contacto con los terroristas, que ven en las treguas una maniobra estratégica para tratar de dividir a la sociedad, reaprovisionarse, rearmarse y volver a organizarse. Sin contar con que salen reforzadas moral y políticamente.
“Demasiado para nuestros lectores -debió pensar “El País”- Algo habrá que hacer para protegerlos del pérfido Aznar; ¡con lo que desde PRISA hemos defendido la negociación con ETA!” ¡Con lo difícil que nos está siendo ahora recular! Este Aznar es demasiado respetuoso con las instituciones, hombre”. Así que tijera en mano, el Censor del diario global en español se metió manos a la obra, y esto hizo con los dos párrafos:
Me preguntas por la negociación. Creo que siempre hay que desconfiar de cualquier oferta terrorista. Así lo creía en septiembre de 1998, aunque al final aceptara comprobar qué había de sincero en la declaración de los terroristas. Al respecto, tuve claro desde el principio una cosa: cualquier contacto con un grupo terrorista tiene que venir marcado por tres limitaciones inviolables. En primer lugar por el respeto escrupuloso a la ley. Ni para las fuerzas de seguridad ni para la justicia puede haber ningún tipo de tregua. Deben perseguir y encarcelar a los terroristas. En segundo lugar, el más mínimo contacto con los terroristas tiene que ser absolutamente transparente para los ciudadanos. Los españoles han de saber de qué se está hablando en cada momento. En tercer lugar, la memoria y el presente de las víctimas, aquellas que más han perdido en la lucha frente al terrorismo, que no pueden ver defraudada la fe que han puesto en el Estado de derecho.
Estas tres limitaciones son absolutas e inviolables bajo cualquier circunstancia. Dejan al terrorista una única opción: tratar de negociar como buenamente pueda su rendición y la entrega de las armas. Pero cuando el gobernante cumple con su obligación y responsabilidad, es difícil que el terrorista acepte las condiciones de una rendición total, que es lo único que el Estado le puede ofrecer. Si algo nos enseñó la tregua de 1998 es que toda tregua es una trampa del terrorista. Con el paso de los años y la reflexión, cada vez estoy más convencido de lo inútil de cualquier tipo de contacto con los terroristas, que ven en las treguas una maniobra estratégica para tratar de dividir a la sociedad, reaprovisionarse, rearmarse y volver a organizarse. Sin contar con que salen reforzadas moral y políticamente.
Así eliminamos los requisitos que Aznar dice que hay que respetar, lo del Estado de Derecho y lo de las víctimas. Y lo de la rendición, también. Así que ni corto ni perezoso, el periódico de PRISA ofreció así el párrafo anterior:
Me preguntas por la negociación. Creo que siempre hay que desconfiar de cualquier oferta terrorista. Así lo creía en septiembre de 1998, aunque al final acepté comprobar qué había de sincero. Si algo nos enseñó es que toda tregua es una trampa del terrorista. Con el paso de los años y la reflexión, cada vez estoy más convencido de lo inútil de cualquier tipo de contacto con los terroristas
Y se quedó tan ancho, nuestro amigo el Censor. Yo ignoro sinceramente si la figura de Censor aparece en el libro de estilo de “EL País”, o si establece alguna diferencia entre manipular y manufacturar. Quizá es que son estos los cambios que llevan anunciando en el periódico durante meses.
Uno ya conocía el declive económico del periódico, la fuga de escritores, la dificultad para seguir siendo referente intelectual de la izquierda española. Es lo que tiene la secta, claro. Uno estaba acostumbrado a que algunos de los libros más vendidos no aparezcan por “Babelia” ni de refilón. Incluso a que el periódico saque frases de contexto, para que luego Genma Nierga se entere de cómo va el mundo y Santiago Carrillo -que leer, leer, lee lo justo- haga su apología de la checa cada tarde en la SER. En fin, lo normal en PRISA, dirán ustedes. La manipulación habitual que tanto nos divierte a los que lo vemos desde fuera.
Ahora bien, no me negarán que lo de deconstruir un libro, desmontarlo palabra por palabra para luego montarlo según conveniencia, tiene su mérito. Primero porque hay que tener un rostro de titanio para publicar algo así y pretender que nadie se de cuenta; ¡pero hombre, por Dios, algunos lectores de “EL País” leen también otras cosas y te acaban pillando!. Segundo, porque hay que andar huérfano de ideas para tener que manufacturar las de la competencia; ¿no tiene “El País” nada que ofrecer contra las ideas de Aznar? Y tercero porque, ¿qué demonios piensa “El País” de sus lectores para ofrecerle textos falseados y retocados? ¿Tan incapaz y aborregada ve a su clientela? Es de asustar, no me extraña que se pasen todos a Mediapro, que al menos tiene a Patricia Conde.
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