En el Reino Unido y en Marruecos, dos países distantes pero unidos por ser a la vez base de operaciones y de proselitismo y objetivo de guerra de los yihadistas salafistas, el frente judicial de la lucha contra esta modalidad de terrorismo se está mostrando eficaz en estos días. Junto a la autorización para la extradición a los Estados Unidos de Mustafa Kamel Mustafa (alias Abu Hamza Al Masri) por parte del Tribunal londinense de Westminster, emitida el 15 de noviembre, ese mismo día el Juez de Instrucción del Tribunal de Apelación de Salé, localidad vecina de Rabat, enviaba a prisión provisional a un sospechoso de quien sólo se conocen sus siglas para asegurar la continuación de las investigaciones por el atentado suicida cometido en Meknes el pasado 13 de agosto, el último de una larga lista que este año han golpeado con frecuencia al Reino. Tales atentados han logrado escasos resultados letales gracias bien a la escasa preparación de los terroristas o bien a la diligente reacción de las fuerzas de seguridad o de los ciudadanos.
La larga impunidad de Abu Hamza Al Masri toca a su fin
Gracias a la decisión del Juez Timothy Workman, del Tribunal de Westminster, que ahora deja en manos de la Ministra del Interior, Jacqui Smith, la luz verde definitiva a la extradición, se pone punto casi final a un largo proceso contra un individuo que se ha aprovechado tanto de su condición de ciudadano británico - desde que se casara con una ciudadana de ese país en 1979 - como de la tradicional permisividad del sistema del Reino Unido hacia los islamistas radicales de todo pelaje. Si la policía británica detuvo en 2004 a Abu Hamza, de origen egipcio e Imam entonces de la Mezquita londinense de Finsbury Park, fue gracias a una petición al respecto procedente de los EEUU y fue a partir de ahí que se presentaron cargos contra él en el Reino Unido y fue condenado a 6 años por once de las quince causas presentadas. En el Reino Unido se le considera inspirador tanto de Zacarías Mussawi, único condenado en los EEUU por los atentados del 11-S, como del británico Richard Reid, quien pretendía derribar un avión de pasajeros a fines de 2001 con una bomba oculta en uno de sus zapatos.
Si la Ministra decide finalmente conceder la extradición - y aquí esperamos que no se prolonguen las dilaciones que hicieron que durara una década la extradición de Rachid Ramda desde el Reino Unido hasta Francia al estar acusado de financiar el atentado del Grupo Islámico Armado (GIA) contra la estación del metro parisino de Saint Michel, en 1995 - en los EEUU Abu Hamza será juzgado por once cargos existentes contra él que podrían acarrearle, de ser condenado, hasta 100 años de prisión. Entre ellos están su supuesta participación en el secuestro de doce turistas occidentales en Yemen en 1998 y la organización de un campo de entrenamiento para terroristas yihadistas salafistas en el Estado de Oregón entre 1998 y 2000. El secuestro de los occidentales en el país árabe lo habría organizado para liberar así a su hijastro Moshen Ghailan y facilitó a los secuestradores un teléfono por satélite: cuatro de los secuestrados, tres británicos y un australiano, fallecieron cuando el Ejército yemení lanzó una operación para liberarlos. Si llegara a cumplir toda su condena en los EEUU Abu Hamza debería regresar después al Reino Unido para agotar el resto de la condena que actualmente cumple por incitación al terrorismo y al odio racial y posesión de grabaciones y documentación de contenidos terroristas.
Las lecciones del último atentado suicida cometido en Marruecos
Lo que en un principio parecía un atentado suicida protagonizado por un individuo en solitario - por el ingeniero Hicham Dukali quien el 13 de agosto se lanzaba corriendo y cargado de explosivos contra un autobús de turistas en Meknes, hiriéndose él gravemente pero sin lograr su objetivo gracias a la perspicacia del conductor del autobús - comienza a mostrar ahora, y gracias al trabajo judicial, que al menos algún otro individuo estaba al tanto de los planes de Dukali, quien está en prisión preventiva desde el 3 de octubre, y quizás colaboraba en ellos. Así lo atestigua un detenido que comparecía el 15 de noviembre y por segunda vez ante la Justicia acusado de no denunciar un atentado terrorista y de constituir una banda criminal con el objetivo de atentar contra el orden público. Según el Procurador General del Rey (figura equivalente a la de Fiscal) ante la Corte de Rabat, de la investigación policial se deduce que el acusado no sólo estaba al corriente de los planes de Dukali sino que incluso había coadyuvado gracias al proselitismo a que éste decidiera cometer la acción terrorista. Dukali perdió en dicho intento de atentado suicida el brazo izquierdo y los dedos de la mano derecha y está acusado de cometer actos de terrorismo premeditados con el objetivo de atentar contra el orden público a través del terror y la violencia, así como de fabricar, poseer y utilizar explosivos contra la seguridad y la vida de otras personas. Cabe recordar que en los intentos de atentados suicidas anteriores producidos este año siete suicidas morían entre el 11 de marzo y el 10 de abril, todos ellos en Casablanca, y que un comisario de la Policía marroquí fallecía también en una de las explosiones.
En conexión con Marruecos, el 29 de octubre el Juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno dictaba auto de prisión provisional e incondicional contra el argelino Abdelkader Ayachine y contra el marroquí Wissam Lotfi, detenidos en Burgos en octubre y acusados, entre otros delitos, del envío de fondos a presos yihadistas encarcelados en Marruecos por su participación en atentados. La carnicería “halal” que Ayachine regentaba en la capital burgalesa había pertenecido precisamente a un terrorista encarcelado en Marruecos y sentenciado a muerte por participar en los atentados suicidas de 16 de mayo de 2003 en Casablanca, exitosos aquellos desde la perspectiva de los terroristas pues en ellos fallecieron 45 personas y que otros yihadistas han pretendido ahora emular a lo largo de 2007.
Mientras estos avances se dan en el ámbito específico de la judicatura, la lucha contra el terrorismo yihadista es tomada cada vez más en serio en el Reino, donde en el proyecto de presupuestos para 2008 que se debate ahora en el Parlamento de Rabat se ha incrementado en un 29,5% la partida destinada a seguridad y lucha antiterrorista hasta alcanzar los 45.600 millones de dirhams, el equivalente a 4.145 millones de euros, que se destinarán tanto al reclutamiento de nuevos miembros para sus diversas fuerzas de seguridad (Dirección General de Seguridad Nacional, Fuerzas Auxiliares y Gendarmería Real) como a la mejora de su material. Caben recordarse aquí los atentados suicidas sufridos entre los meses de marzo y agosto de este año, el último de ellos el anteriormente citado de Meknes, que llevaron al Gobierno marroquí a decretar la alerta máxima antiterrorista entre el 8 de julio y principios de septiembre y a las autoridades estadounidenses a cerrar temporalmente sus Consulados en el Reino como, por otro lado, ya lo habían hecho coyunturalmente en 2004.
Marruecos demuestra con ello que se toma muy en serio, acertadamente creemos, las continuas amenazas de Al Qaida emitidas por su prolífico número dos, Ayman Al Zawahiri, dirigidas contra Marruecos y su Jefe de Estado, el Rey Mohamed VI, pero también en un contexto más global contra todos aquellos que, siempre desde la perspectiva del cirujano egipcio, mancillan continuamente al Islam y, además, se someten a los occidentales. Entre estas amenazas destaca el último vídeo de Al Zawahiri en el que, el pasado 3 de noviembre, llamaba de nuevo a atacar los intereses de España, los EEUU y Francia en todo el Magreb y en el que también citaba expresamente a los Jefes de Estado de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia calificándolos de sirvientes de aquellos. En su invitación a purgar las tierras del Magreb de estos “apóstatas” Al Zawahiri aparecía junto al jeque Abu Al Layth Al Libi, uno de los cabecillas de la Jamaa Al Salafiyya Al Muqatila, que anunciaba la incorporación formal de este grupo yihadista salafista libio a la estructura de Al Qaida como previamente lo hiciera, el pasado enero, el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) argelino. Las palabras de Abu Al Layth Al Libi invitando a levantar el estandarte del Tawhid (la unidad de Dios) y del Yihad guerrero (el combate sagrado) en todas las tierras magrebíes “junto con nuestros hermanos de Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI)” no son pues echadas en saco roto por las autoridades de Rabat ni tampoco deben de serlo por las españolas y europeas. Además, la comparación que ambos intervinientes hacen en dicho vídeo entre Muammar El Gadaffi y el Presidente palestino Mahmud Abbas, calificados ambos de “vendidos y entregados a América y a Israel”, hacen prever continuados esfuerzos de Al Qaida para reventar cualquier intento de aproximación y de negociación entre árabes y occidentales, en general, o la prevista entre árabes e israelíes a fines de noviembre en Annápolis (EEUU) en particular.