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Armas de distracción masiva
Por GEES
Apuntes nº 30   |  16 de Febrero de 2004
 
El debate en España sobre las armas de Saddam
 
La guerra de Irak en su día quiso ser instrumentada políticamente por los actuales dirigentes del Partido Socialista Obrero Español, habida cuenta de la proximidad entre la fase bélica de dicho conflicto y la celebración de las elecciones municipales y autonómicas en nuestro país. Su estrategia no se vio recompensada en las urnas y no se produjo el vuelco electoral que esperaban. Así y todo, el PSOE sigue empeñado en sacar el máximo beneficio electoral de la guerra contra Saddam.
 
La línea argumental del momento mantenida por los socialistas es muy simple: como no se han encontrado las supuestas armas de destrucción masiva de Saddam, se infiere que la amenaza de las mismas no existía y que, por tanto, el peligro inminente como justificación para atacar a Irak era falso. Esta falsedad se debe, añaden, en el caso americano y británico a la manipulación política de los servicios de inteligencia y en nuestro caso, al seguidismo respecto a Bush, lo que habría llevado a desoír hipotéticos análisis del CNI según los cuales la amenaza de Saddam no podía sustentarse sobre datos fiables.
 
A pesar de su simpleza de desarrollo, la crítica al Gobierno es de gran atractivo demagógico porque mezcla simultáneamente, según convenga, tres temas claramente diferenciados: las razones y legitimidad para acabar con el régimen de Saddam; la supuesta manipulación política de la inteligencia; y, por último, la eficacia o ineficacia de los propios servicios de inteligencia para conocer qué estaba pasando realmente en Irak. En al medida en que el PSOE esgrime diversos estudios del CNI, según ellos contrarios a la política seguida por el Gobierno, este último punto –vivo en el resto de los aliados- se ve supeditado aquí por los otros dos que, como decimos, se presentan entremezclados.
 
La argumentación del PSOE, a pesar de su capacidad evocativa, es tremendamente endeble por dos razones: porque, en primer lugar, se sustenta en una lectura muy interesada y parcial de las declaraciones de David Kay, el jefe del Iraq Survey Group, quien, en realidad, como expondremos más abajo, no dijo sólo lo que los socialistas repiten, sino muchas otras cosas que van en contra de sus argumentos; en segundo lugar, porque los socialistas sólo pueden mantener su actual línea si se produce una amnesia generalizada sobre lo que ellos mismos decían al respecto antes de la guerra.
 
En ese sentido, creemos que su línea argumental puede ser destruida fácilmente, al menos en el plano teórico. No estamos convencidos, no obstante, de que una contra-argumentación pueda calar en el público en general, sobre todo en un momento de indudable polarización como suelen ser las campañas electorales. Sería confiar en que, por una vez, prime la razón sobre la pasión y hablando de una guerra controvertida eso es mucho suponer. Es comprensible, por tanto, que , como estrategia electoral, el Partido Popular pudiera escoger ignorar por completo el falso debate que plantea el PSOE. Sería la opción lógica si se tiene el convencimiento de que entrar a discutir sobre Irak no da más votos ni al Gobierno ni a la oposición.
 
En cualquier caso, ninguno de nosotros somos sociólogos electorales ni participamos en el diseño de campaña electoral alguna y como analistas de seguridad internacional sí podemos señalar las principales fallas del pensamiento socialista sobre Irak y las armas de destrucción masiva.
 
Antes de comenzar a desgranar los sucesivos argumentos, convendría dedicarle un momento a la principales armas sobre las que se sustenta la estrategia del PSOE, las declaraciones de David Kay y, en menor medida, el discurso del director de la CIA, George Tenet en la Universidad de Georgetown, así como la entrevista al Washington Post del Secretario de Estado Colin Powell.
 
Palabra de (David) Kay: No hemos encontrado los arsenales
 
Lo que se ha recogido por la prensa, con especial virulencia en El País y El Mundo, y que ha sido repetido hasta la saciedad por los líderes del PSOE y sus intelectuales orgánicos, ha sido la ya famosa frase del exdirector del ISG en su testimonio ante el Comité de Inteligencia del Senado americano el pasado 29 de enero: “en mi opinión, estábamos todos equivocados”, apuntando a que la CIA y otras agencias de inteligencia habían sido incapaces de detectar el caos y la corrupción creciente en el seno del régimen iraquí, lo que habría llevado a que muchos de los programas que eran financiados por Saddam fueran, en realidad, un método de enriquecimiento personal de los propios científicos y cuyo resultado habría sido que Irak, a comienzos del 2003, no poseía cantidades significativas de armas de destrucción  masiva ni los sistemas para producirlas a gran escala.
 
Siendo esas conclusiones el reflejo condensado del testimonio de David Kay, conviene destacar que toda su comparecencia estaba destinada no tanto a informar de sus conclusiones al frente del ISG, sino de los posibles fallos de inteligencia. Así y todo, David Kay quiso dejar cerrado el debate sobre la legitimidad de la intervención con tres frases contundentes (y que el PSOE nunca menciona):
 
-          En mi opinión, basándome en el trabajo desarrollado hasta el momento por el ISG, y sobre el que, de hecho, ya les informé en pasado octubre, Irak estaba en clara violación de los términos de la resolución 1441. La resolución 1441 requería que Irak informara de todas sus actividades, como última oportunidad par clarificar lo que poseía. Hemos descubierto cientos de casos, basados tanto en documentos, evidencias físicas y testimonios de los iraquíes, de actividades que estaban prohibidas bajo la resolución inicial 687 y que tendrían que haberse sido declaradas bajo la 1441, con testimonios de que no sólo no lo dijeron a las Naciones Unidas sino que fueron instruidos para no hacerlo y ocultar el material concernido.
 
-          Sabemos que terroristas pasaban por Irak. Y ahora sabemos que había muy poco control sobre las capacidades armamentísticas. Creo que eso muestra que Irak era un lugar muy peligroso. El país tenía la tecnología, la habilidad de producir, con la presencia de grupos terroristas y no control central.
 
-          En realidad creo que la comunidad de inteligencia le debe una disculpa al Presidente más que el Presidente al pueblo americano.
 
En todo caso, las conclusiones concretas sobre las armas que ha ofrecido Kay en esta ocasión y que, en cierta medida, puntualizan sus conclusiones provisionales del 2 de octubre pasado son, en realidad, las siguientes:
 
- Sobre las armas químicas:
·         Irak no produjo grandes cantidades de estos sistemas en los años 90;
·         Es probable que desarrollara “cantidades de prueba” con las que experimentar;
·         Los bombardeos de 1998 (Operación Desert Fox) posiblemente acabaron con la infraestructura para poder producir grandes cantidades de estas armas;
·         Irak, no obstante, seguía trabajando en la mejora de sus métodos de producción y esta;
·         No se ha encontrado sistemas almacenados de nueva producción.
 
- Sobre las armas biológicas:
·         Se han encontrado pruebas de que Irak continuó hasta el último momento con la I+D para mejorar su capacidad de producir ricina y particularmente en sus aspectos de empleo como arma (weaponization);
·         Aunque retenía una infraestructura para la investigación, desde 1996 había sido descentralizada y compartimentalizada y no se han encontrado evidencias de una capacidad de producción a gran escala.
 
- Sobre los sistemas nucleares:
·         Irak  ha preservado su capacidad técnica y científica durante los 90;
·         Se han encontrado pruebas de que en el 2001 y 2002 se tomaron iniciativas destinadas a reconstituir el programa nuclear, particularmente el sistema de enriquecimiento por centrifugación;
·         En cualquier caso, los desarrollos nucleares estaban en una fase muy atrasada.
 
- Sobre misiles balísticos:
·         Irak continuaba con el desarrollo de misiles balísticos con combustible sólido y líquido, de manera muy activa y con importantes ayudas extranjeras.
·         El alcance de dichos misiles excedía los límites impuestos por las resoluciones de Naciones Unidas;
 
En este sentido, el panorama que dibuja Kay no es tranquilizador. Aunque el grueso de su presentación está dirigido a poner de relieve que las evaluaciones previas a la guerra se han demostrado incorrectas, Kay nunca niega que Saddam mantuviera la ambición y el deseo de producir y dotarse de estos sistemas, todo lo contrario. Es más, todas sus afirmaciones se refieren a “grandes cantidades” y, como ha subrayado el antiguo director de la CIA con Clinton, James Woolsey, no puede ser lo mismo hablar de grandes cantidades de gas mostaza que del agente nervioso VX, mucho más letal, o de ántrax u otras armas biológicas ¿Cuánta cantidad es suficiente para resultar letal con armas biológicas? El Secretario de defensa con Clinton, William Cohen, se presentó a comienzos de 1998 en una entrevista televisada con un sobre de azúcar, afirmando dramáticamente que de ser ántrax, cientos de miles de vidas en cualquier ciudad americana estarían en peligro.
 
Las justificaciones de Tenet: Nada inminente
 
Una segunda línea de crítica por parte de los socialistas pretenden justificarla con las palabras del director de la CIA, George Tenet, pronunciadas en una conferencia en la Georgetown University pocos días después del testimonio de David Kay, exactamente, el 5 de febrero. A lo que los dirigentes del PSOE reducen toda la conferencia es a su afirmación de que la CIA nunca dijo que Saddam representara una amenaza inminente, porque en ella quieren encontrar su argumento para denunciar la intervención militar de marzo del año pasado como algo innecesario y, por tanto, ilegítimo. Para el PSOE no era inminente la amenaza, desde luego, porque Saddam no disponía de sistemas de destrucción masiva ya que éstos, como dice Kay, no se han encontrado.
 
Es verdad que Tenet dijo que Irak no era una amenaza inminente en marzo del 2003, pero, al igual que Kay, dijo algo más. De hecho, su frase textual, al referirse a los analistas de la CIA  fue:
 
- Nunca dijeron que era una amenaza “inminente”. Lo que dibujaron fue una evaluación objetiva para los responsables políticos de un dictador brutal que continuaba con sus esfuerzos para engañar y construir programas que podrían sorprendernos constantemente y amenazar nuestros intereses.
 
Es más, las conclusiones a las que llega Tenet en su conferencia son relativamente distintas a las que extrae el PSOE de la misma, pues, en palabras del mismo Tenet, éstas eran:
 
·         (Saddam) Tenía misiles y otros sistemas con alcance superior a lo permitido por Naciones Unidas y estaba buscando misiles con un alcance todavía mayor (...) Sobre los misiles, acertamos (en nuestra evaluación);
 
·         Detectamos el desarrollo de Uvas prohibidos y no declarados, pero es discutible la intención iraquí de emplear sus UVAS nuevos y más pequeños como medio de dispersión de armas biológicas;
 
·         Saddam no tenía un arma atómica, pero todavía quería tenerla y en algún momento (reciente) intentó reconstituir su programa nuclear (...) Puede que sobreestimáramos el progreso que Saddam estaba logrando (al respecto);
 
·         Irak intentó desarrollar armas biológicas. Claramente, trabajos de I+D estaban en desarrollo de tal forma que hubiera sido posible una rápida conversión hacia la producción de agentes si hubieran contado con los elementos suficientes. No sabemos si la producción tuvo lugar y no henos encontrado todavía armas biológicas;
 
·         Saddam tenía la intención y la capacidad de reconvertir la industria civil rápidamente en un sistema de producción de armas químicas. Sin embargo, no hemos encontrado aún las armas que esperábamos.
 
El cuadro que pinta George Tenet, claramente, apunta a un Saddam empeñado en mantener la capacidad de avanzar en los programas que le estaban prohibidos explícitamente por las resoluciones de Naciones Unidas, aunque constreñido por sus propias capacidades técnicas, mermadas por el impacto del embargo y las sanciones y las operaciones de castigo de las tropas de la coalición. En cualquier caso, apunta a una capacidad de reconstitución más que evidente, sobre todo si se hubiera puesto fin a las sanciones, tal y como se discutía a comienzos de esta década.
 
Hay que conceder, no obstante, que sus conclusiones son consistentes con su afirmación inicial de que Saddam no representaba una amenaza inminente. Ahora bien, la contra argumentación aquí es bien sencilla: nunca se dijo que lo fuera.
 
Es posible que una lectura rápida o la simpleza del medio audiovisual pudiera inducir a error y se hubiera fomentado, sin querer, una imagen de un Saddam a punto de atacarnos. Pero que no se pensaba así es fácil de demostrar: Inminente es algo que está a punto de suceder, ¿cómo explicar, entonces, los largos meses, desde verano de 2002 hasta marzo de 2003, que transcurrieron en interminables diatribas diplomáticas en la sede de la ONU? ¿No hubieran tenido que actuar mucho antes los miembros de la coalición para contrarrestar la inminencia de la amenaza?
 
Es más, cuando una agresión es inminente, lo que se le concede al potencial agredido es el derecho de autodefensa, incluso de manera anticipatoria (pre-emptive que no preventive). Basta demostrar la intencionalidad y  las capacidades del enemigo, así como responder proporcionalmente. La guerra de Irak nunca se justificó como una acción anticipatoria, porque no lo era. La amenaza era más difusa en su naturaleza y de futuro. Por tanto que el PSOE diga ahora que no era inminente tiene que ser rebatido con que, efectivamente, no lo era, pero no por eso la amenaza resultaba menos peligrosa.
 
Los remordimientos de Powell. ¿hicimos lo correcto?
 
El PSOE también ha recurrido a una entrevista concedida al Washington Post por el Secretario de Estado Colin Powell, el pasado 3 de febrero y en la que ante una pregunta sobre si hubiera recomendado la invasión si se hubiera sabido que no había arsenales de armas de destrucción masiva, éste contestaba con una evasiva “la ausencia de arsenales cambia el cálculo político”, pero que todos el mundo interpretó como su negativa a la acción militar.
 
Es verdad que Powell añade que esa es una hipótesis no contemplada, puesto que fueron a la guerra creyendo en los arsenales y en la posesión por Saddam de sistemas no convencionales, pero eso todavía refuerza más la suposición de que él no hubiera recurrido al uso de la fuerza para cambiar el régimen de Saddam si éste no hubiera representado un “clear and present danger”.
 
Hay quien interpreta las declaraciones de Powell como un acto de vendetta contra quienes le pusieron en primera línea de fuego (Cheney y Rumsfeld) durante toda la crisis en Naciones Unidas a pesar de sus dudas sobre la estrategia presidencial. En todo caso, hay que reconocerle la coherencia personal que ha mantenido desde que era Chairman de la Joint Chiefs of Staff hasta ahora, pues ya en 1991 fue el gran opositor dentro de la Administración a la guerra por Kuwait a la vez que el gran defensor de detener la operación Tormenta del Desierto justo tras liberar Kuwait, impidiendo la toma de Bagdad en ese momento. Y todo, como ahora, por su consideración de que las fuerzas armadas americanas no están para ocupar indefinidamente países que requieren tareas de nation building. Lo que se está haciendo desde el 1 de mayo, fin formal de la campaña bélica, rompe y pone fin a la llamada “doctrina Powell”. Y, lógicamente, su padre, no puede estar muy satisfecho al respecto.
 
En todo caso, también Powell añadió otra afirmación que los socialistas no quieren utilizar.  A la pregunta ¿Todavía se siente seguro de que la invasión militar (de Irak) fue lo que había que hacer?, Powell responde: “Sí. Fue lo que había que hacer y pienso que la Historia lo demostrará”.
 
Lo que olvida el PSOE intencionadamente
 
La interpretación sesgada y partidista de las tres declaraciones expuestas más arriba se intentan consolidar en beneficio del PSOE a través de un doble ejercicio de amnesia colectiva, sin la cual, los argumentos de los socialistas se tambalearían por sí solos. En primer lugar, los socialistas deben evitar recordar el pasado de Saddam. Su deseo es presentar a Bush, Blair y Aznar como los inventores de la amenaza iraquí y, por tanto, no pueden permitir que se traiga a colación el empeño sistemático y continuado de Saddam por dotarse de los sistemas no convencionales en todas sus ramas y en el uso reiterado de sus armas químicas en la década de los 80. Como tampoco les conviene sacar el trabajo de los inspectores de UNSCOM y la enorme tarea de destrucción de ingentes arsenales de todo tipo. Ni las revelaciones de Hussein Kemal en 1995 (y que ahora se sabe que preocuparon en exceso al régimen iraquí). Ni siquiera las dudas que presentaron los inspectores jefes de UNMOVIC el año pasado. Por ejemplo, la afirmación de Hans Blix en su informe de 7 de marzo de 2003, días antes de la guerra, de que, ante la falta de pruebas de la destrucción de diversos sistemas, “Irak podría todavía poseer 10.000 litros de ántrax, cabezas de misiles Scuds y aviones no tripulados”.
 
El segundo olvido voluntario de los dirigentes del PSOE, éste más relevante, es su propio pasado, lo que dijeron o callaron acerca de las supuestas armas de Saddam. No sólo nunca intentaron rebatir su existencia, que dieron por sentada de forma natural, sino que algunos de sus más destacados representantes, se mostraron explícitamente convencidos sobre la realidad de las mismas.
 
Así, en la primera comparecencia del Presidente Aznar ante el Pleno del Congreso de los Diputados, de 5 de febrero de 2003, Zapatero nunca niega la existencia de esos sistemas, sino que subraya que lo importante es desarmar a Irak y sólo muestra su disconformidad con que eso se logre recurriendo a una guerra.
 
Antes, el 26 de septiembre de 2002, Javier Solana, en una visita a la sede de la OSCE declaró a los periodistas “No tengo necesidad de escuchar a Tony Blair para estar convencido de que existen armas de destrucción masiva en Irak y debemos hacer todo lo que esté en nuestro poder para destruir esas armas”
 
Lo que argumenta el Gobierno
 
El Gobierno español ha salido al paso de las acusaciones con dos razonamientos entrelazados. En primer lugar, que toda la polémica generada en Estados Unidos e Inglaterra sobre la manipulación, el valor y la eficacia última de los servicios de inteligencia, no es trasladable a nuestro país porque en ningún momento durante la crisis o la guerra, el Gobierno invocó informes secretos acerca de los arsenales de Saddam y que le hubieran llevado a tomar las decisiones que en su día tomó, apoyando una intervención militar para derrocar a Saddam Hussein. En segundo lugar, se añade, la posición del Gobierno se explicó en su momento, y todavía se explica, por los juicios y evaluaciones que los inspectores de las Naciones Unidas vertían en sus diversos informes, particularmente en lo tocante a las reiteradas violaciones por parte del Irak de Saddam no sólo en dar explicaciones convincentes de sus argumentos, sino también en la continuada falta de cooperación satisfactoria para con los inspectores.
 
De hecho, se suele recordar, la postura del Gobierno español está basada en los términos de la resolución 1441 del Consejo de Seguridad, aprobada por unanimidad, y que establecía lo siguiente:
 
El Consejo de Seguridad (…)
Decidido a lograr que se cumplan plenamente sus decisiones, (…) Reconociendo la amenaza que el incumplimiento por el Irak de las resoluciones del Consejo y la proliferación de armas de destrucción en masa y misiles de gran alcance plantean para la paz y la seguridad internacionales (…) Actuando en virtud del Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas
1.   Decide que Irak ha incurrido y sigue incurriendo en violación grave de sus obligaciones con arreglo a las resoluciones en la materia, entre ellas la resolución 687 (1991), en particular al no cooperar con los inspectores de las Naciones Unidas y con el OIEA y no llevar a cabo las medidas previstas en los párrafos 8 a 13 de la resolución 687 (1991); [que establecen la obligación de desarme de armas de destrucción masiva]
 
Esto fue suficiente, junto con su voluntad de hacer valer la legalidad internacional como principio básico de la convivencia pacífica y la estabilidad internacional, para que el Gobierno español considerara legítima y deseable la intervención en Irak.
 
La lógica del Gobierno español es intachable, pero se escuda en argumentos procedimentales para no entrar de lleno en la auténtica polémica, que no es si hubo o no manipulación de los servicios de inteligencia, porque todo el mundo en nuestro país entiende que el CNI no podía ser determinante para la valoración del Gobierno en este asunto, sino si la guerra contra Saddam estaba justificada por lo que entonces se sabía y sospechaba o si todo respondió a una gran maniobra de engaño. Y, en última instancia, a si la guerra fue necesaria en esos momentos, si se podía haber evitado y si, con la situación actual en Irak, se puede decir que valió la pena.
 
Ante estos puntos, el Gobierno prudentemente no ha entrado en la polémica. Es de suponer que no considera que el PSOE se está moviendo por un deseo de buscar la verdad sino que lo hace, como es evidente, movido por su desmesurada ambición de poder y que todo lo tiñe de batalla electoral. Con las encuestas en la mano, la tentación se entiende que sea la de evitar una confrontación dialéctica, en vísperas electorales, sobre un tema en el que más del 80% del país estuvo en mayor o menor medida disconforme, tal y como se desprende de los datos del Barómetro de Real Instituto Elcano.
 
Sin embargo, a pesar de entender la presente actitud del Gobierno, evitando caer en una trampa electoralista, creemos que el discurso frente a la izquierda y al PSOE en particular debería ser menos evasivo y sí más contundente, porque razones para afirmar y defender que la guerra de Irak del año pasado fue justa, legítima y beneficiosa, hay de sobra. En el apartado siguiente se muestran algunas de ellas.
 
Lo que habría que decirle a Zapatero
 
En primer lugar, que su discurso sobre las supuestas mentiras del Gobierno no sólo es ya en sí toda una manipulación, sino que raya en la calumnia. El Gobierno de José María Aznar no mintió sobre las armas de Saddam para justificar la guerra más fácilmente. Es un hecho probado que Saddam desarrolló e incluso utilizó dichas armas en el pasado, que mintió a las Naciones Unidas y mantuvo vivos algunos programas y ocultos determinados arsenales tras 1991 y, sobre todo, que no cumplía con su obligación de presentar las pruebas de que no las tuviera, tal y como le exigía la ONU. El Gobierno español asumía, por tanto, que Saddam debía tenerlas.
 
En segundo lugar, que el juicio del Gobierno español no es un caso aislado, al contrario. De hecho, ningún otro gobierno puso en duda en ningún momento que fuera necesario desarmar a Saddam y, en consecuencia, no negaban que las poseyera. Francia, Rusia, como miembros del Consejo de Seguridad, votaron la resolución 1441 por la que se daba una última oportunidad a Saddam. En Alemania tampoco se puso en cuestión la existencia de los programas y arsenales de Saddam; como tampoco lo hizo ni la OTAN ni la UE. Por tanto, la postura del Gobierno español era la común y aceptada por la comunidad internacional en esos momentos. Ni más ni menos.
 
Además, cabe recordar que en el terreno doméstico, tampoco nadie puso nunca en duda la existencia de esos arsenales. Zapatero, en el debate del 5 de febrero de 2003, se muestra partidario de desarmar a Saddam y aunque pide más tiempo para el trabajo de los inspectores, no refuta la existencia de unas armas cuya eliminación defiende.  Si hubiera creído o sabido en ese momento que Saddam no las tenía, ¿por qué no lo dijo? ¿por qué esperar más de un año?
 
La petición por parte del PSOE de crear una comisión que investigue si hubo manipulación política de los servicios de inteligencia es un ardid electoral, totalmente innecesario e irrelevante desde el punto de vista de querer saber qué ha pasado en realidad.  Ya se ha dicho que el Gobierno se basó en todo momento en los informes de los inspectores de Naciones Unidas y en las sucesivas resoluciones del Consejo de Seguridad, desde 1991 al 2003.
 
Si finalmente se prueba que se ha sobreestimado la capacidad de Saddam en este terreno –y no olvidemos que todos los servicios de inteligencia occidentales habrían cometido el mismo error-  se debe en gran parte al propio Saddam, a su pasado y, sobre todo, a las triquiñuelas encaminadas a hacer creer que sí las tenía, como movimientos de unidades y transportes especiales, conversaciones telefónicas, etc. Si finalmente se llegara a la conclusión de que en marzo de 2003 Saddam no tenía las armas que se sospechaba que tenía, el gran engaño es el de Saddam. No sólo hizo creer a todo el mundo que seguía escondiendo dichas armas sino, por lo que sabemos hoy, mantuvo a sus propios militares creyendo que sí las tenía.
 
Por otro lado, hay que recordar a los dirigentes del PSOE, reducir el caso de Irak a la posesión por Saddam de armas de destrucción masiva es distorsionar deliberadamente la realidad. Ya en su día criticaron al Gobierno español y a Bush de tener demasiadas razones para intervenir. Ahora bien, como plantea Colin Powell ¿si se hubiera sabido que no tenía armas Saddam se habría intervenido militarmente? La respuesta es decididamente sí. Sin armas en el 2003 Saddam no era una amenaza inminente, pero no por eso dejaba de ser peligroso. Su ambición y la incapacidad de la ONU para impedírselo le habría llevado a tenerlas tarde o temprano. Como se ha dicho ya, las armas de destrucción masiva de Saddam no era la única causa de esta guerra, había otras poderosas razones como:
·         el cumplimiento de la legalidad internacional y evitar que siguiera jugando con la ONU;
·         el derrocamiento de una dictadura brutal y la consiguiente liberación del pueblo iraquí;
·         el temor a que el terrorismo internacional se viera favorecido directamente por el régimen de Saddam;
·         la democratización y modernización de toda la zona.
 
Es más, Saddam era una amenaza real. En primer lugar, porque Saddam mantenía la ambición de poder llegar a tenerlas ya que las consideraba vitales para su proyecto político de dominar el Golfo Pérsico;  y, en segundo lugar, porque los mecanismos impuestos por las Naciones Unidas desde 1991 y destinados a desarmar a Irak e impedir su rearme eran cada vez menos eficaces. El embargo no le impedía conseguir cuantiosos fondos clandestinamente y destinarlos como quisiera ni dejar de acceder a tecnologías críticas armamentísticas. Sin el embargo y las sanciones Saddam podría haber acelerado sin problemas sus programas y desarrollo de armas de destrucción masiva. En realidad y a pesar del régimen de sanciones, Saddam había sido capaz de tener programas de investigación y desarrollo y mantener una capacidad de reconstituir su producción llegado el momento. De hecho, los técnicos del equipo encargado de buscar las armas no convencionales ha encontrado numerosas pruebas de que Saddam mantenía la capacidad científica y técnica para poder volver a producir este tipo de armas. Y, de hecho, desde el 2001 había intentado relanzar clandestinamente su programa nuclear.
 
Por otro lado, los dirigentes socialistas, tan piadosos en la defensa de los derechos humanos, se olvidan en el caso de Irak que si bien la inteligencia parece haber sobrevalorado la capacidad armamentística de Saddam, todos habíamos infravalorado el sufrimiento y el horror que había impuesto sobre su pueblo. Los cientos de miles de cadáveres, enterrados en secreto en numerosas fosas comunes, las cámaras de tortura diseminadas a lo largo y ancho del país, las espeluznantes historias de los supervivientes o de sus familias, todo eso debería despertar al menos un cierto sentido de vergüenza por haber permitido tanto tiempo el sistemático pisoteo de la dignidad humana. El PSOE hace mal ocultando la dimensión de tragedia humana del pueblo iraquí.
 
Por eso, quién más tiene que decir al respecto, sobre la legitimidad y el valor de la intervención militar para derrocar a Saddam, son los propios iraquíes y éstos, mayoritariamente, y a pesar de su situación actual, se manifiestan decididamente partidarios de haber acabado a Saddam y confían en que su futuro será mejor que el presente, en términos políticos, económicos y personales. Zapatero no debería olvidar la escena de la reunión de la Internacional Socialista en Madrid, cuando los representantes de Irak se levantaron en protesta por las palabras de una dirigente del PSOE que estaba condenado la intervención. Si los representantes iraquíes estaban allí, era gracias, como dijeron, a que ya no estaba Saddam en el poder. Y eso, desde luego, añadimos nosotros, no se lo deben al PSOE.
 
Finalmente, hay que decir que la imagen que los socialistas españoles quieren proyectar de un Irak caótico, en peor situación que con Saddam, casi al borde de la guerra civil, no es correcta y que sólo puede interpretarse por su brutal desconocimiento de la realidad sobre el terreno o, peor, por su deseo palpable de utilizar sesgadamente el caso de Irak para arañarle votos al PP.  Es verdad que en Irak siguen actuando remanentes del régimen de Saddam así como terroristas islámicos capaces de infligir un gran daño a la población civil, pero, a pesar de ello, todos los indicadores sociales y económicos siguen mejorando paulatinamente. Es más, el plan de devolución de soberanía se está llevando a cabo. La campaña actual de extrema violencia y atentados con coches bomba y suicidas se debe esencialmente al deseo de los terroristas precisamente de impedir el cumplimiento del calendario de transición hacia el autogobierno iraquí. Desde la ONU o Alemania, por ejemplo, se está intentando superar la polémica del año pasado y se avanza una nueva disposición para hacer que el cambio de régimen en Irak sea un éxito. Sería una pena que fueran los socialistas de Zapatero quienes se quedaran al margen voluntariamente de este éxito político.
 
Pidiendo, como piden, la retirada de las tropas españolas de la zona, es lo que conseguirán. Si cumplieran sus palabras no sólo llevarían a que España perdiera el grado de credibilidad internacional de la que hoy goza, sino algo mucho peor y más inhumano: dejar a la población no ya sin los servicios básicos que se le prestan, sino a merced de los delincuentes y terroristas.
 
En suma, con estos pocos ejemplos el Gobierno debería ser plenamente consciente y capaz de dar su batallas pública y defender no sólo que actuó correctamente sino, además, que la guerra que acabó con Saddam fue justa, legítima y necesaria. Y que está dando los frutos deseados y que promete cambios sustanciales para los hoy ciudadanos libres de Irak, el país y toda la región.


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