Sea que uno esté en la izquierda o la derecha del espectro político, no se puede negar que la izquierda ha tenido un impacto enorme en las principales instituciones de la sociedad americana – específicamente el periodismo, la educación y la judicatura.
En cada encuesta que he visto, los progres sobrepasan aplastantemente a los conservadores en el periodismo y el mundo académico, incluyendo las universidades para profesores que están en la ultraizquierda. Y pocos niegan el sesgo izquierdista del Tribunal Supremo de Estados Unidos durante la mayor parte de los últimos 40 años.
Entonces la pregunta no es si la izquierda ha tenido semejante impacto, sino por qué.
Me enteré de una parte importante de la respuesta hace años en Idaho donde estaba de moderador de un panel de jueces – incluyendo a un magistrado del Tribunal Supremo de California – y de abogados asociados al Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito. Yo pedí a los miembros de panel que dieran su opinión sobre el papel de los jueces. La respuesta del ex magistrado, de persuasión progresista,, del Tribunal Supremo de California me abrió los ojos a la opinión de la izquierda sobre virtualmente todo en la sociedad.
Él dijo que el objetivo de un juez del Tribunal Supremo de California – y de hecho, de todo juez – es luchar contra la desigualdad económica y el racismo en la sociedad. Yo le respondí que pensaba que el único objetivo de un juez era impartir justicia en la sala de un tribunal.
Fue como si le hubiera hablado en hebreo bíblico (que de todos modos es de dónde saqué la idea del papel de un juez): Él y los otros progres del panel reaccionaron como si les hubiera ofrecido un concepto nuevo y original sobre el papel de los jueces.
Ya que la izquierda considera que el objetivo de los jueces es fomentar una agenda social que trascienda la justicia en la sala de un tribunal, el proceso judicial se ha visto distorsionado durante décadas. Quizás el ejemplo más conocido es Roe versus Wade, una decisión que incluso algunos académicos progresistas – como el catedrático Laurence Tribe de la Facultad de Derecho de Harvard – han criticado.
En palabras de Richard Cohen, columnista progre del Washington Post y defensor de posturas pro abortistas: El principio fundamental de la decisión de Roe v. Wade – en el que se cimienta el derecho al aborto en la Constitución -- ahora le parece a mucha gente como ligeramente ridículo. No importa lo que pueda ser el aborto, simplemente no puede ser una cuestión de privacidad”. Pero para los jueces progres implicados, la pregunta no era si el derecho al aborto se encontraba en la Constitución; era si deseaban o no legalizar el aborto.
En el periodismo vale el mismo principio. Hubo una época cuando el objetivo primordial de los periodistas era dar las noticias. Pero para la mayoría de los periodistas de la izquierda, eso es algo insignificante comparado con cambiar la sociedad para mejor, razón principal para ser de izquierdas.
Esto explica por qué la cobertura en los medios de comunicación es progresista. El New York Times simplemente está más interesado en favorecer sus ideales sociales que en informar sobre las noticias. Por eso, por sólo citar un ejemplo reciente, ese periódico ofreció una información tan deficiente sobre los jugadores de lacrosse de la Universidad de Duke que fueron falsamente acusados de violar a una mujer negra. Los hechos sugerían que el fiscal de distrito había fabricado los cargos, pero el New York Times estaba menos interesado en los hechos y más en pintar a los ricos atletas blancos de Duke como racistas.
Con respecto a la educación, se ha dado el mismo cambio de objetivo. Hasta que la izquierda asumió el control de la educación, el objetivo primordial de un profesor era enseñar y hacerlo tan veraz y apolíticamente como fuera posible. Hoy, el objetivo primordial para muchos profesores universitarios y de bachillerato que son de izquierdas es influir en sus alumnos. Por eso, tantas escuelas muestran a sus alumnos el documental Una verdad incómoda de Al Gore (y no muestran nada que contradiga sus tesis). Es más importante influir sobre la gente joven para luchar contra el calentamiento global que dedicarse a educar alumnos.
Lo mismo se puede decir sobre los libros de texto. Hasta que la izquierda asumió el control de la educación, los libros de textos se escogían mayormente en base a su claridad y exactitud histórica. Pero para los educadores de izquierdas, un objetivo vital acerca de los libros de historia americana es hacer que los estudiantes de minorías se sientan bien consigo mismos. Por tanto, la historia se puede distorsionar para prestar tanta atención a minorías y mujeres – no importa lo poco importante que fuera su verdadero rol en la historia americana – como a los hombres blancos, quienes constituyen la gran mayoría de las figuras de primer orden que moldearon la historia de Estados Unidos.
Y la situación en las universidades es aún peor. Departamentos universitarios enteros – de Inglés, Sociología, Ciencias Políticas, Estudios de la Mujer y Estudios Afroamericanos, por nombrar unos cuantos – se han convertido en laboratorios de ideología izquierdista. Su dedicación a la verdadera enseñanza – y ni hablar de objetividad – es mínima.
Ya no se puede asumir que un estudiante vaya a salir de una universidad americana bien ilustrado en civilización occidental – que era el objetivo primordial de una educación universitaria a lo largo de la historia americana – sino comprometido con conceptos izquierdistas de justicia social, igualdad económica, ecologismo, antagonismo al excepcionalismo americano, la autoidentificación como ciudadano del mundo en lugar de ser básicamente americano, y otras ideas similares.
Limitarse sólo a la enseñanza es tan poco importante para la mayoría de los profesores izquierdistas como el dar las noticias lo es para los periodistas izquierdistas o el impartir justicia lo es para los jueces más progres. Ellos consideran su profesión no como un fin sino como un medio – para más elevados fines izquierdistas.
©2007 Creators Syndicate, Inc.