Esta obra del General de Brigada de Infantería Fontenla Ballesta, quien culminaba este año 2007 su dilatada vida militar como Jefe de la Brigada Paracaidista (BRIPAC) tras haber pasado por destinos como, entre otros, el Sáhara, los Tercios I y III de la Legión, Bosnia-Herzegovina o la Fuerza de Acción Rápida (FAR), no podía ser sino una espléndida entrega de un profesional de la milicia que condensa en sus páginas muchas de las lecciones que le ha aportado tan rica experiencia. Si además tenemos en cuenta que el autor es Doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y que habla con fluidez, entre otras, la lengua árabe, podemos entender que nos encontramos ante una obra que recoge enseñanzas de la vida castrense sintetizadas, además, por un hombre con perfil académico que accede a dimensiones del conocimiento de nuestros vecinos meridionales que la hacen especialmente valiosa.
La obra, recién publicada, aparece en buen momento para demostrar una vez más cómo tantos y tantos de nuestros militares que pasan a la reserva en plenitud de formación y de vitalidad deberían de ser bien aprovechados por la sociedad y por el Estado: el General Fontenla, con este libro que se añade a otras publicaciones y su activa participación en coloquios y seminarios, es un buen ejemplo de ellos.
Que la obra está redactada por un militar profesional lo demuestra la forma en que múltiples cuestiones, algunas más transcendentales que otras pero todas ellas útiles para reforzar la visión estratégica y los conocimientos de táctica de cualquier lector español, son tratadas de forma generalmente sucinta pero clara y profunda. El autor clasifica estas cuestiones, muchas de ellas de gran actualidad en la España de hoy, en cada uno de los grandes apartados siguientes: antecedentes históricos; los campos de batalla posibles; los campos de batalla probables; el campo de batalla preferido; y, finalmente, el ejército preferido.
Cuando habla del “campo de batalla nacional” y de la obligada defensa de la integridad territorial de España afirma que el solar patrio “no nos pertenece, lo hemos heredado de nuestros antecesores y tenemos el deber de traspasarlo a las generaciones futuras” y, aparte de repasar los casos de nuestros territorios norteafricanos y de Gibraltar y de denunciar los supuestos paralelismos que algunos establecen entre Montenegro y Kosovo y algunas partes de España, se refiere, por ejemplo, a la inquietante presencia en folletos oficiales de las Fuerzas Armadas austríacas sobre Operaciones de Mantenimiento de la Paz de una amalgama de conflictos que sitúa en igual posición a los Balcanes, al Sáhara Occidental, a Palestina, a Argelia, al Tíbet y... al País Vasco (páginas 19-24).
Con respecto al terrorismo insiste en la necesidad de no ceder ante él porque la sensación de impunidad fomenta su osadía y ambiciones y deprime la conciencia de resistencia política y civil. El terrorismo, nos recuerda, está dirigido a la psicología adormecida y acomodaticia de la retaguardia, verdadero centro de gravedad de las sociedades occidentales (página 31). Ante la crítica situación da Afganistán el autor habla de la necesidad de vencer para lo que se necesita inexcusablemente voluntad de lograrlo, debiendo ponerse sobre el tapete los recursos humanos (incluyendo fatalmente vidas) y materiales para conseguirlo (página 33).
Es pues este un libro vivido, que recoge de forma ordenada y muy compartimentada en temas y subtemas la experiencia de un soldado que considera, citando al General Felipe Quero Rodiles, que el ejército está para la guerra, organizado y adiestrado para el combate, porque la tarea fundamental de toda fuerza militar es el combate (pagina 74). En momentos de confusión respecto al papel de los ejércitos como los que se viven hoy en muchas sociedades occidentales es preciso recordar, parafraseando al General Fontenla, que cuando la ciudadanía necesita a las Fuerzas Armadas estas deben de ofrecerle no el sacrificio o la rendición sino garantizarle la libertad, es decir, la victoria (página 74).
Esta es pues una lectura recomendable para afianzar conocimientos sobre nuestra milicia, sobre sus competencias en el marco general del Estado, sobre sus necesidades presentes y futuras y sobre los múltiples escenarios que debe de considerar y misiones que cumplir.