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El exabrupto marroquí
En letra impresa nº 845   |  8 de Noviembre de 2007
 

(Publicado en La Razón, 6 de noviembre de 2007)

Sin novedad en el Sur. Marruecos ha seguido el procedimiento estándar.
 
En esta minicrisis, mini de momento, el lado interesante es el español, lleno de incógnitas, porque por parte marroquí era razonablemente previsible que no tuviera un comportamiento razonable, puesto que eso es para ellos lo racional, es decir, conveniente.
O más sencillo, porque su lógica no es la nuestra. En tiempos coloniales nuestros vecinos decían “Francia pega, Inglaterra paga y España ni pega ni paga”. Y el no tener ni palo ni zanahoria suscita desprecio a pesar de todos los pesares, consistentes éstos en que el gradiente económico mayor del mundo entre dos estados contiguos se da precisamente entre nuestros dos países. La mayor diferencia de renta per capita entre dos fronterizos. A pesar de lo cual están acostumbrados a dar por descontada una cierta flojera española que les permite compensar otras frustraciones mirándonos un poco por encima del hombro. Zapatero se embarcó en una política de concesiones sin contrapartida que el moro cazó al vuelo y si te he visto no me acuerdo. La habitual rendición preventiva. Ahora recoge una cosecha de amargos frutos, a no ser que contabilice las hieles internacionales como mieles electorales.
 
No hay ningún determinismo inexorable y Marruecos podía haber sido un poco más suave  después de todas las zalamerías y pagos en especie política con que ha sido regalado por nuestro gobernante. Pero es sólo una cuestión de grado. Por algo las dos ciudades no han sido pisadas por un jefe de gobierno o un jefe de estado en décadas. No nos engañemos. De nada vale decir que son españolísimas y el rey las visita cuando le apetece. La cuestión es por qué a ningún alto responsable español le ha apetecido hacerlo durante tanto tiempo, cuando la conveniencia de afirmar la españolidad no tiene nada de nuevo. O más bien, por qué se han aguantado las ganas. No cabía esperar otra cosa, al menos otra cosa muy distinta. También Marruecos tiene viejas reivindicaciones que reafirmar y presiones internas de todos conocidas. Hace muy pocos meses, unas elecciones no sólo con abstención masiva sino además con un nutrido voto en blanco o nulo que es todo un acto de protesta contra el entero sistema. Y el sistema es el rey, el rey y el rey, en lo religioso, en lo político y en lo económico, con una ligerísima costra de democracia y un amenazante islamismo al acecho. Y más de la mitad de la juventud, de enorme peso demográfico, buscando desesperadamente un visado para marcharse. Para colmo Zapatero ya rompió el tabú con una visita en febrero del 2006 y no hubo reacción. Bien es verdad que el presidente respetó religiosamente en sus declaraciones públicas lo que Marruecos considera líneas rojas. Pero contando con aquello puede que para Rabat la visita del monarca sea llover sobre mojado donde la sequía se había convertido en ley o valor convenido. En sus condiciones, la norma marroquí es desviar la atención hacia el extranjero y agitar la bandera.
 
Dado que no otros son los bueyes con los que hay que arar, lo que encontramos del lado español es un ramillete de incógnitas sin respuesta. El rey no viaja sin acuerdo del gobierno o incluso a petición de éste. Qué hay de acierto y qué de disparatado error en los cálculos que se han hecho. El de Zapatero es electoral. A estas alturas, ni concedérsele puede el beneficio de la duda. Una cosa es ser mal pensados y otra chuparse el dedo. Sería como creer que la lluvia de subvenciones no es desvergonzada compra de votos. Zapatero está en modo españolista hasta que pasen las elecciones. Seguir exhibiendo su duda sobre si España es una nación y lo poco que le importa no le añade ya ningún voto. Hay que pescar en el estanque de enfrente. Nada mejor que Ceuta y Melilla para cubrirse con el manto de la españolidad. De paso puede rebañar algunas papeletas en un feudo PP. La nueva ruptura del tabú, en este caso por parte de la casa real, honraría a quien la autoriza si todo lo demás no le deshonrase. El presidente gobierna guiado por su intuición y confiando en su baraka. Y en su maestría en las puñaladas traperas. Si gana, ya tendrá tiempo de darle vuelta a las tortillas de su predilección. Él estuvo y no pasó nada. ¿Contaba con los réditos acumulados y calculó bien? ¿Hubo pacto bajo cuerda? En las circunstancias actuales era muy arriesgado y más utilizando al rey. Lo que por un lado gana en la imagen que ahora le conviene puede perderlo por otro. Desbarata su único éxito aparente en política exterior. Haber mejorado las relaciones con el Reino Alauí, sin que se hable del precio. Salvo la ubérrima vaca lechera de la foto de las Azores, lo exterior pesa poco en nuestros comicios. Pero tanto fracaso internacional no puede ser nada bueno para él.
 
Una vez más ¿grave error de cálculo u osada precisión milimétrica? Zapatero nos tiene acostumbrado a las espectaculares meteduras de pata. Apoyo público, con invectivas para los rivales finalmente vencedores, a Kerry, a Schröder, a  Ségolène Royal por no citar más que unos pocos. En el caso actual ¿es eso lo que buscaba o no las vio venir? ¿Qué es peor?


 

 


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