En Toulouse y en Colomiers, en el suroeste francés, y también en el Departamento de Lot, la policía detenía el 23 de octubre a cinco ciudadanos franceses y a uno magrebí acusándoles de coadyuvar al envío de yihadistas a Irak. Ese mismo día, en España, el Juez Baltasar Garzón procesaba por pertenencia o colaboración con banda armada a 22 islamistas acusados de formar en Cataluña y Madrid una red que alimentaba de suicidas el frente iraquí. Esta célula española, desarticulada en enero de 2006, se disponía según el Juez instructor a atentar en España cuando fue detenida. Al día siguiente, el 24, la Guardia Civil desarticulaba en Burgos una red de seis yihadistas quienes guiados desde hace años por su emir argelino habían tejido una red de recaudación de fondos para presos, principalmente marroquíes encarcelados por los atentados suicidas de Casablanca de mayo de 2003, y alimentado intelectualmente el yihadismo salafista a través de chats y foros de Internet.
Este importante despliegue antiterrorista coincide con las primeras sesiones del juicio en la Audiencia Nacional contra los detenidos en la Operación Nova, iniciado el 15 de octubre, y con la proximidad de la lectura de la sentencia por el 11-M, prevista para el 31 de octubre, mostrando en todas sus dimensiones la vigencia de una amenaza especialmente cruenta hoy en escenarios como Afganistán, Argelia, Pakistán o Somalia pero que, no lo olvidemos, se jalea intelectualmente y se alimenta logísticamente desde lugares como España.
El dominio de la publicidad “a la occidental”
Si asumimos que la agencia de Al Qaida “As Sahab” emite nuevos vídeos sobre actividades yihadistas en distintos frentes del mundo aproximadamente cada tres días entenderemos la variedad y vistosidad de la oferta, con imágenes de atentados y reivindicaciones de los mismos en Argelia, con las recurrentes imágenes de ataques en Irak - que afortunadamente van a menos en lo que al yihadismo se refiere - o con el hostigamiento por parte de los Talibán a las fuerzas occidentales en Afganistán. Estos vídeos, acompañados de intervenciones de cuadros de Al Qaida como Ayman Al Zawahiri y otros, constituyen la irreemplazable herramienta proselitista que grupos como el desarticulado en Burgos se encargan de hacer llegar a los forofos del Yihad guerrero. De ahí la importancia de este tipo de operaciones en el marco de la lucha antiterrorista global.
Quienes realizan esta importante labor son gente corriente, vecinos nuestros, algunos que nunca se han manifestado como islamistas y ni siquiera lo aparentan, y otros que como el emir del grupo burgalés, el argelino Abdelkader Ayachine, a pesar de su actitud e indumentaria, han hecho falta hasta 18 meses de investigación para poder incriminarle. De hecho, Ayachine había puesto en marcha la primera gran trama detectada en España de alimentadores del yihadismo a través de chats y foros restringidos en Internet, y se le ha intervenido abundante propaganda terrorista y también útiles manuales de explosivos. El argelino Ayachine, asistido por su segundo, el marroquí Wissan Lotfi, identificaba a su grupo como los “Al Ansar” siguiendo la estela épica de los yihadistas combatientes en Irak y otros frentes en el mundo. Una carnicería “halal” era su centro de operaciones y anteriormente había sido regentada por Buchaid Maghder, condenado a muerte en Marruecos en julio de 2003 por estar involucrado en los atentados suicidas de Casablanca del 16-M. El lunes 29 de octubre los seis detenidos han pasado a disposición judicial quedando dos de ellos en prisión preventiva y el resto en libertad con cargos.
Precisamente el carácter universal de Internet y de sus accesos utilizados por los yihadistas en su labor militante hace que las operaciones antiterroristas cuenten cada vez más con la participación de varios países: aquí cabe destacarse que la desarticulación de la célula de Burgos se ha logrado gracias en parte a la colaboración de agencias de inteligencia y de fuerzas de seguridad de países tan variados como los EEUU, Dinamarca o Suecia.
La importancia del frente logístico
Junto a la susodicha operación policial francesa, que nos muestra la vigencia del activismo terrorista en suelo europeo, la fase ya judicial de la lucha antiterrorista está de actualidad en España con la inminente sentencia por el 11-M y con los procesos contra los detenidos en la Operación Nova, realizada en octubre de 2004, y contra 22 detenidos en Cataluña y Madrid en enero de 2006. Los primeros, que están siendo juzgados desde el pasado 15 de octubre en la Audiencia Nacional, tenían como emir al marroquí Abderrahmane Tahiri (alias Mohamed Achraf), y desarrollaron sus vínculos desde el interior de varias prisiones españolas entre 2000 y 2004: entre sus intenciones estaban no sólo atentar con un suicida contra la Audiencia Nacional sino también, en el caso de algunos de ellos, volver a las montañas de Zberber en las proximidades de Argel a combatir a los apóstatas.
Junto a la treintena de yihadistas juzgados por la Operación Nova el Juez Baltasar Garzón iniciaba el procesamiento de otros 22 yihadistas detenidos en Villanova i la Geltrú y Madrid en enero de 2006: 18 por pertenencia a banda terrorista y cuatro por colaboración con la misma. El emir de este grupo, el marroquí residente en Bélgica Omar Nakhcha (alias Abdelkrim), huído de España a raíz de desencadenarse la Operación Tigris, en junio de 2005, trabajaba bajo órdenes directas emitidas por Abu Musab Al Zarqaui desde Irak - de hecho envió a ese país a una docena de suicidas, destacando el argelino Bellil Belgacem, responsable de la matanza de Carabinieri en Nasiriya en noviembre de 2003 - pero sin abandonar a sus hermanos del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM) en Marruecos y en Europa. De hecho, la célula había sido fundada entre 2002 y 2003 por Abdeladim Okoudad, coordinador del GICM en Europa y que habría estado involucrado tanto con el 16-M en Casablanca como con la célula Hofstad que el 2 de noviembre de 2004 asesinaba a Theo Van Gogh en Amsterdam. Elementos de su grupo planificaban cometer atentados en España, Francia e Italia y dotarse de fondos para sus actividades realizando un atraco a un banco en Barcelona. La sentencia del próximo 31 de octubre sobre el 11-M se referirá probablemente a esta célula al ser presuntamente responsable de la huída de tres de los implicados en los atentados de Madrid: Mohamed Afallah, Daoud Ouhmane y Mohamed Belhadj. Recordando que el pasado 28 de septiembre la Sección Tercera de lo Penal de la Audiencia Nacional absolvía a ocho yihadistas procesados por él mismo, ahora el Juez Garzón insiste en su auto que las escuchas telefónicas incluidas en el sumario han sido acordadas por la autoridad judicial cumpliendo los más rigurosos requisitos legales.