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Siria. El Misterio de un Bombardeo
En letra impresa nº 839   |  29 de Octubre de 2007
 
(Publicado en La Razón, 29 de octubre de 2007)
 
El seis de septiembre fueron bombardeadas unas instalaciones sirias, ¿o no?, por parte de la aviación israelí, ¿o no?, pero lo único seguro es que desde entonces el más alto cotilleo internacional no ha dejado de especular sobre qué pasó. Un secreto verdaderamente bien guardado, tanto por Washington como por Israel, ambos grandes coladeros, que perpetuamente rezuman filtraciones políticas de todos los espesores. ¿Y si el gran secreto fuese que nada hubo? Pues seguiría estando extraordinariamente bien guardado. Los iraníes lo conocen. Jordanos y saudíes también y probablemente los egipcios. Y ni mu. Así que habrá que contentarse con las más osadas especulaciones de la crema del comentariado mundial.
 
En juego están todos los problemas del Oriente Medio que pueden significar guerra. Es decir, más guerra, nuevas guerras. O los elementos que pueden prevenirlas. Reaparecen las fatídicas armas de destrucción masiva y las implicaciones llegan al Extremo Oriente, porque los norcoreanos están metidos en el asunto. Si ellos, como es casi seguro, han estado proporcionando medios de carácter nuclear a Siria, el acuerdo por el que se comprometen a desmantelar sus propias instalaciones es papel mojado, porque prometieron una radical renuncia a vender las correspondientes tecnologías que habrían violado antes de que la tinta de la firma se secase. 
 
Lo único que parece seguro es que algo saltó por los aires el 6 de septiembre en el norte de Siria. Y que los israelíes fueron responsables con cobertura americana de vario tipo. Damasco ha negado un ataque aéreo. La explicación de la negativa sería que un reconocimiento les obliga a una represalia que ni les conviene ni están en condiciones de llevar a cabo. Tras múltiples hipótesis sobre cómo pudo haberse realizado la ofensiva desde el aire y las lecciones a extraer con vistas a una operación mucho más amplia no ya contra Siria, sino incluso contra su aliado y protector Irán, ha surgido una nueva teoría, tan incomprobable como todas las anteriores: No fue un bombardeo sino una acción de comandos de gran envergadura. Más difícil me lo ponéis. Requiere una incursión por aire con muchos más aparatos, sobre todo helicópteros de transporte, que vuelan mucho más bajo y lento que los cazabombarderos y son, en consecuencia, mucho más vulnerables a las nutridas aunque obsoletas defensas antiaéreas de los sirios.
 
Por tanto, ni a éstos ni a los iraníes les llega la camisa al cuerpo a la vista de la ineficacia de sus medios antiaéreos. Los primeros dedican al tema más hombres que la suma de las fuerzas navales y de aviación y tratan de suplir el atraso de sus sistemas soviéticos con una gran densidad numérica en las zonas sensibles. Pero las medidas electrónicas americanas e israelíes son capaces de neutralizarlos sin grandes problemas. La incompetencia de los hombres de Damasco no deja de pesar en el asunto. Irán posee sistemas americanos, europeos, rusos y chinos. Su integración e integrabilidad deja mucho que desear. Unos y otros recurren desesperadamente a los rusos para que les proporcionen sus armas más avanzados, totalmente fuera del alcance económico de Siria, pero que los petromillonaríos persas podrían permitirse. No es fácil para Putin dar una respuesta rápida. La producción es limitada. Y resta la cuestión de si realmente le interesa. El tiempo nos dará la respuesta y la incógnita figura entre las realmente importantes para el próximo futuro del Oriente Medio y las más amplias relaciones internacionales.
 
Otra cuestión de la máxima gravedad concierne a lo que fue destruido. Todas las variaciones giran en torno a lo nuclear. Los primeros pasos de un reactor que los israelíes han querido matar en el huevo ha sido la hipótesis más traída y llevada. En los últimos días se ha puesto otra variante sobre el tapete. Se trataría de un reactor para la producción de un plutonio muy instable y sumamente contaminante que no sirve para la fabricación de armas nucleares sino para elaborar lo que se llama “bomba sucia”, un tipo de arma categorizado como de destrucción masiva, basada en la capacidad de contaminar radiológicamente. Un explosivo convencional dispersaría el material contaminante, produciendo un completo dislocamiento de toda la vida en el área objeto de contaminación, que puede ser unos pocos o varias docenas de kilómetros cuadrados. Según la naturaleza del material radiológico la intensidad del fenómeno puede también variar en una amplia escala. El plutonio del que hablamos sería el peor de los casos, porque no admite descontaminación posible. Piénsese lo que significaría de tratarse de una gran área urbana. O la contaminación de una importante fuente hidrológica que abastece a millones. Asociada a esta hipótesis está la del comando. Habría desmontado las instalaciones trayéndoselas como pruebas y luego habría volado los edificios, tanto de superficie como subterráneos.
 
En definitiva, muchas más incógnitas que respuestas, pero el tema está que arde y es más que probable que lo siga estando mientras no se desvelen los secretos. Las implicaciones son de largo alcance y la globalización no deja a nadie al margen. El molino de las hipótesis seguirá dando vueltas. Así por ejemplo, ha vuelto a resurgir la pregunta de a dónde fue a parar lo que sabemos que Sadam tenía y nunca se le pudo encontrar. Si fuera una subasta, una voz preguntaría ¿quién da más?


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