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El Festival de Mahmud: el bueno, el malo y el cobarde
Colaboraciones nº 1981   |  11 de Octubre de 2007
 
Cuando mis hijos sean adultos, les podré contar dónde estaba mientras el sanguinario matón en jefe de Irán se atrevió a deshonrar la Universidad de Columbia con su presencia. Estaba junto a líderes judíos, disidentes irano-americanos, veteranos de la Segunda Guerra Mundial y otros preocupados ciudadanos, jóvenes y viejos, pronunciándome contra el mal frente a la entrada del campus universitario.
 
La activista nacida en Irán, Banafsheh Zand-Bonazzi, cuyo padre, periodista de profesión, se encuentra encarcelado allí, se mostraba horrorizada por la ignorancia y la equivalencia moral de los izquierdistas desfilando ante las cámaras de televisión con toda su parafernalia que decía Bush-es-un-terrorista. Unos cuantos bobos llevaban una gran pancarta que rezaba: “Ahmadineyad es malo. Bush es peor”.
 
“No siempre se trata de Bush”, gritaba Zand-Bonazzi, después de instruir a los apologistas de Ahmadineyad y señalaba a sus compañeros de protesta iraníes que llevaban carteles en recuerdo de los compatriotas perseguidos o ya ejecutados. Decía indignada que los matones de ANSWER “no saben de historia. No ven la amenaza mayor. No se dan cuenta”.
 
El rabino Avi Weiss, un líder judío ortodoxo del Bronx sí se da cuenta. Parado ante un pequeño pero compacto mar de carteles que decían “Hitler está vivo” y “Nunca olvidemos”, el rabino Weiss me dijo: “La Primera Enmienda significa que uno tiene derecho a invitar a los architerroristas del mundo. Pero no significa que se esté obligado a hacerlo – especialmente cuando toda esta visita la inició la misión iraní. Y las misiones iraníes son conocidas por andar tramando en las comunidades donde están”. En lugar de agasajar a este hombre, responsable de contribuir al asesinato de tropas americanas en Irak, se le debería haber recibido con una orden judicial y puesto a disposición de los tribunales.
 
Varios manifestantes expresaron su decepción porque no hubo una mayor cantidad de gente congregada en Nueva York. Estoy de acuerdo. Las ambiciones nucleares del presidente iraní, su devoción por el Mahdi, su judeofobia, su negacionismo del Holocausto, la represión de los derechos humanos y su máquina de matar soldados americanos nos amenazan a todos. No sólo a los judíos. No sólo a los activistas persas perseguidos. No sólo a las familias de los militares.
 
Justo antes de llegar a la Gran Manzana, ese demente iraní actuó de gran maestro en un desfile militar por las calles de Teherán salpicado de carteles que decían “Muerte a Estados Unidos” y “Muerte a Israel”. Y estos letreros no son excluyentes en su deseo mortal.
 
Perdidas en el debate sobre el “debate” en Columbia están las gigantescas conexiones de Irán con el terrorismo islámico incluyendo las del 11 de septiembre. El Informe de la Comisión sobre el 11 de septiembre afirmaba en una sección sobre Irán y el atentado contra las Torres Khobar en 1996 que “la evidencia de intervención iraní es fuerte”.
 
Sobre la sociedad de Irán y al-Qaeda, el Informe concluye que “hay una fuerte evidencia de que Irán facilitó el paso de miembros de al-Qaeda dentro y fuera de Afganistán antes del 11 de septiembre y que algunos de ellos acabaron siendo secuestradores del 11 de septiembre. Asimismo, hay pruebas circunstanciales de que altos miembros de Hezbolá siguieron de cerca el viaje a Irán de algunos de esos futuros secuestradores atacantes en noviembre de 2000.
 
El Informe decía sobre Irán entrenando a al-Qaeda que: “A finales de 1991 ó en  1992, las conversaciones en Sudán entre miembros de al-Qaeda y agentes iraníes llevaron a un acuerdo informal de cooperación para dar apoyo – aunque sólo fuera entrenamiento – a actos cometidos principalmente contra Israel y Estados Unidos. No mucho después, altos miembros de al-Qaeda y sus entrenadores viajaron a Irán para ser adiestrados en el manejo de explosivos (...) Las relaciones entre al-Qaeda e Irán demuestran que la división sunní-chiíta no es una barrera insalvable para que cooperen en actividades terroristas.
 
No le sorprenderá, por tanto, enterarse que el fin de semana previo a la visita de Ahmadineyad a Columbia, los ministros de Asuntos Exteriores de Irán y Arabia Saudí se reunieron para “hacer hincapié en la necesidad de que los musulmanes del mundo se unan” e hicieron un llamamiento para tener cuidado frente a las tramas del enemigo sembrando la discordia entre sunníes y chiítas”. No, de eso no se habló en el “debate”.
 
En el tren de regreso a casa después del Festival de Mahmud, conversé brevemente con una graduada de la Universidad de Columbia envuelta en la nube tan Ivy League de ser “acrítico”. La joven estaba decepcionada y avergonzada – pero no por la estúpida decisión del rector de Columbia, Lee Bollinger, de dar legitimidad a Ahmadineyad, en el Foro de Líderes Mundiales (World Leaders Forum). No, estaba mortificada porque Bollinger hubiera dado su discurso de presentación para salvar la cara mientras que al mismo tiempo retaba a Ahmadineyad.
 
Con inocencia infantil, esta alumna de Columbia me dijo: “Me asusta la polarización”. Algo que resume la opinión de la mayoría en el mundo académico y de los que justifican a Ahmadineyad en la izquierda: Están más asustados por tener que plantar cara y denunciar el mal que por perder Occidente, su país y sus propias vidas.

 
 
Michelle Malkin es autora del nuevo libro: “Unhinged: Exposing Liberals Gone Wild”.
 
 
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©2007 Traducido por Miryam Lindberg


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