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La estrategia del general Petraeus para ”la más compleja y enloquecedora forma de guerra”
Colaboraciones nº 1977   |  9 de Octubre de 2007
 

(Publicado en Scripps Howard Service News, 4 de octubre de 2007)

Es trabajo del Pentágono prepararse para las guerras del futuro. Pero en alguna parte entre Vietnam e Irak, los planificadores militares confundieron "futuro" con "futurista." Se convencieron de que combatir en el siglo XXI se asemejaría a los juegos de ordenador. Los satélites proporcionarían los datos de inteligencia. Las “bombas inteligentes” se encargarían de la mayor parte de las muertes. “Conmoción y pavor” abrumarían al enemigo y éste perdería las ganas de luchar.
 
Pero el futuro, como dicen, no es lo que solía ser. Puestas a prueba en Irak, las fuerzas militares americanas tuvieron un éxito brillante derrocando al régimen de Saddam Hussein. Sin embargo, en la fase siguiente, ante una insurgencia impulsada tanto por al-Qaeda como por los mulás dementes de Irán, el estilo de guerra post-moderno fracasó espectacularmente.
 
Los satélites no podían distinguir entre combatientes enemigos y amistosos civiles. Tampoco podían identificar los alijos de armas y las fábricas de coches bomba ocultos en escuelas y mezquitas. Los blancos que no se podían localizar, tampoco se podían destruir. Ningún programa de ordenador podía resolver los conflictos sectarios avivados por terroristas extranjeros que mataban a inocentes mientras las tropas americanas estaban encerradas en bases operativas de avanzada bien resguardadas. Los videos de decapitaciones colgados en Internet provocaron más conmoción y pavor de lo que alguna vez lo consiguió un misil de crucero.
 
Pero he aquí una de las cosas maravillosas acerca del ejército de Estados Unidos: Aprende y se adapta. Otras burocracias no. Correos, las escuelas públicas y la Oficina de Pasaportes – ésas van a paso lento, sin inspiración o innovación, culpando de sus errores, ahora y por siempre, a la falta de “fondos adecuados”.
 
Los militares son diferentes quizás porque, para los que están en uniforme, el precio del fracaso es la muerte. “Lo triste es que cuando empezó la insurgencia en Irak a finales del verano de 2003, el ejército no estaba preparado para luchar” escribió el analista militar John A. Nagl. Y agregó que el ejército “no estaba preparado para enfrentar a un enemigo que entendía que no podía esperarse derrotar al ejército de Estados Unidos en un campo de batalla convencional y que por lo tanto eligió emprender una guerra contra Estados Unidos en las sombras”.
 
En cuanto a por qué el ejército no estaba preparado, la explicación de Nagl es simple: “Después de la guerra de Vietnam nos purgamos de todo lo que tuviera que ver con la guerra irregular o la insurgencia debido a que eso tenía que ver con la forma cómo perdimos esa guerra. En retrospectiva, ésa fue una mala decisión”.
 
Sin embargo, finalmente le siguió una buena decisión. Los militares se dedicaron a resolver el problema y este año publicó los resultados: “El Manual de Instrucciones para la Contrainsurgencia del Ejército y los Marines de Estados Unidos”, una guía de 419 páginas para librar lo que el experto militar Andrew Krepinevich espera que sea “la forma dominante de guerra durante la próxima década”.
 
El general David Petraeus, actual comandante de las fuerzas americanas en Irak, era uno de los principales autores del manual. Siguiendo sus reglas para la contrainsurgencia – conocida como COIN – él “aumentó” el número de tropas en Irak y en vez de colocarlas dentro de las bases operativas de avanzada, las puso en las candentes y polvorientas calles de ciudades y pueblos iraquíes. Para los pensadores militares convencionales, eso era la locura: Darle al enemigo más tropas para matar - y colocarlos en posiciones más vulnerables. 
 
Pero los soldados y marines de Petraeus rápidamente pusieron en claro que su misión era proporcionar seguridad a sus anfitriones. Las poblaciones locales han respondido tratando a las fuerzas de Estados Unidos como huéspedes valorados en vez de como ocupantes extranjeros. Y han estado proporcionando la única cosa que necesita una operación COIN para tener éxito: datos de inteligencia sobre dónde se está escondiendo el enemigo.
 
Eso no es todo: Los iraquíes se han estado alistando para luchar junto a los americanos – 30.000 voluntarios en los últimos seis meses. Como resultado de estos cambios, el brigadier general John Campbell, comandante adjunto de la división de Estados Unidos en Bagdad, ahora dice: “Hemos hecho un muy buen trabajo con al-Qaeda. Creo que se han dado a la fuga”. El número de víctimas civiles iraquíes ha disminuido de forma significativa. Y el mes pasado, las muertes americanas llegaron a su nivel más bajo en más de un año.
 
Aún quedan serios desafíos. Al-Qaeda no se ha rendido ni en Irak ni en ningún otro sitio y ellos también aprenden y se adaptan. Irán continúa entrenando y dirigiendo milicias terroristas en Irak – y suministrándoles armamento sofisticado. Irán también soborna y amenaza a políticos iraquíes.
Sarah Sewall, que trabajó en el Departamento de Defensa durante la administración Clinton y ahora enseña en Harvard, llama a COIN “la más compleja y enloquecedora forma de guerra”. Pero es un tipo de guerra que debemos dominar si Estados Unidos quiere derrotar a sus enemigos del siglo XXI – las fuerzas islamistas que han jurado destruirnos.
 
El general Petraeus y sus tropas están demostrando que el ejército americano está a la altura del desafío. Ver si la clase política y la opinión pública de Estados Unidos también tienen el valor de enfrentar una lucha tan larga y difícil sigue siendo una pregunta abierta.


 

 
 
Clifford D. May, antiguo corresponsal extranjero del New York Times, es el presidente de la Fundación por la Defensa de las Democracias. También preside el Subcomité del Committee on the Present Danger.
 
 
 
 
©2007 Scripps Howard News Service
©2007 Traducido por Miryam Lindberg
 


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