“Si tan sólo”... Es la muletilla verbal que Estados Unidos debe desechar en un mundo post 11-S.
Si tan sólo el Departamento de Estado no hubiera sido tan torpe en expedir visas a los secuestradores del 11-S. Si tan sólo la policía local y estatal hubieran podido comprobar el estatus migratorio de los secuestradores a los que pararon por exceso de velocidad antes de los ataques. Si tan sólo las universidades hubieran sido más diligentes en la supervisión del paradero de los secuestradores. Si tan sólo los agentes federales hubieran escuchado las recomendaciones de los agentes alertando de incluir a estudiantes árabes jóvenes como perfiles sospechosos en nuestras escuelas del vuelo.
Si tan sólo alguien, cualquier persona, hubiera dicho algo cuando vieron el comportamiento sospechoso de los yihadistas cuando andaban de pruebas.
Hemos cargado con el coste sangriento del “podría-habría-debería”. Casi 3.000 muertos. Las Torres Gemelas en ruinas. El Pentágono en llamas. Los campos en Shanksville, Pensilvania, quemados. 6 años después ya no podemos darnos el lujo de mirar atrás suspirando profundamente. La memoria debe encauzar la acción. Y esa acción se debe llevar a cabo sin excusas.
Zogby publicó una encuesta por el sexto aniversario de los ataques del 11-S que daban como resultado que “el 77% de los que viven en la Costa Este de Estados Unidos y el 46% de los que viven en la Costa oeste – un 61% en total – dicen que piensan en los ataques por lo menos una vez a la semana. El 81% – 90% en la Costa Este y 75% en la Costa Oeste – dijeron que los ataques fueron el acontecimiento histórico más significativo de sus vidas”.
Ésa es una buena noticia. Pero la remembranza sin resistencia a la yihad y a sus intermediarios es una receta para otro 11-S. Todo americano no lleva uniforme militar. No obstante, todo americano tiene un rol en la protección de nuestra patria – no sólo protegerla de terroristas musulmanes, sino de quienes los financian, de su máquina de relaciones públicas, de sus activistas distribuidores de sharia, de sus esbirros pacifistas, de los absolutistas de las libertades civiles y de los académicos apologistas de nuestros enemigos.
A principios de año, esos que les hacen las cosas fáciles a los yihadistas intentaron intimidar a ciudadanos que denunciaron el comportamiento sospechoso de seis imanes en un vuelo de US Airways en Minneapolis/St. Paul. La batalla legal para proteger a los americanos de a pie contra tales demandas dio lugar al movimiento de Juan Nadie (John Doe Movement). Abogados voluntarios y miembros del Partido Republicano dieron un paso al frente para prestarles protección. Y los americanos a través de todo el país expresaron su solidaridad con los pasajeros de la aerolínea convertidos en blanco del Consejo de Relaciones Islámico-Americanas (CAIR) y los de su índole.
La izquierda dio la bienvenida al movimiento de Juan Nadie mofándose y haciendo escarnio, prefiriendo más bien chuparse el pulgar colectivo, esgrimir la tarjeta del agravio y jugar al juego de la culpa. Pero es la gente anónima de este país, no los abogados de la confrontación racial y reprimidores de la expresión, los que ayudarán a prevenir el siguiente ataque de los terroristas. Son las personas anónimas como Brian Morgenstern, el joven empleado de la tienda Circuit City que entró en contacto con las autoridades después de ver un vídeo de entrenamiento yihadista de los 6 conspiradores de Fort Dix.
“Fue una decisión difícil al principio” contaba Morgenstern a la Fox News. “Fui a casa, y hablé con mi familia al respecto. Y todos llegamos a la conclusión general de que era lo que había que hacer. Sin arrepentimientos. Sin excusas. Y sin el “Si tan sólo”.
No todos están dispuestos a hacer lo que hay que hacer. Cuando el FBI pidió recientemente la ayuda ciudadana para identificar a dos hombres actuando sospechosamente en transbordadores del Pacífico Noroeste, el periódico Seattle Post-Intelligencer se negó a publicar las fotos – y en su lugar organizaron un concurso de verso japonés para sus lectores burlándose de las preocupaciones sobre el terrorismo. Cuando arrestaron a dos jóvenes musulmanes y los procesaron por delitos de terrorismo y posesión de armas después de haber sido detenidos cerca de una base naval en Goose Creek, Carolina del Sur, los grupos musulmanes de derechos civiles inmediatamente gritaron racismo e insinuaron que los agentes de la ley eran intolerantes y paranoicos.
Hay gente 10-S y gente 12-S. La gente 10-S vive en un mundo de fantasía, donde la sensibilidad está por encima de la seguridad y andar de adivino es la única política aceptable para la seguridad del territorio nacional. La gente 12-S es la que está en su barrio, en su avión, tren o autobús, viviendo su vida pero siempre alerta.
Vivimos en una realidad post 11-S donde ”No olvide nunca” no es sólo un eslógan de uso anual. Es un estado mental de 24 horas al día, 7 días a la semana.
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