Grupo de Estudios Estratégicos RSS
Portada > Análisis > El islamismo en Marruecos tras las elecciones legislativas del 7 de septiembre





Buscar artículos publicados por el GEES
Buscar BuscarEspanol - Ingles
El islamismo en Marruecos tras las elecciones legislativas del 7 de septiembre
Análisis nº 216   |  12 de Septiembre de 2007
 
Una alta abstención, del 63%, un 19% de votos nulos o en blanco, la victoria de los veteranos nacionalistas del Istiqlal y la modestia de los resultados del tantas veces anunciado como favorito Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD) en las elecciones legislativas del 7 de septiembre en Marruecos dibuja un escenario complejo tanto en lo político como para la seguridad del país. En paralelo a dicho proceso político, en el que han participado 33 partidos, y sin desdeñar la cada vez más evidente amenaza yihadista salafista que angustia cada vez más en el Reino, en la vecina Argelia el terrorismo se cobraba múltiples vidas en atentados suicidas ocurridos en Batna, el día 6 de septiembre, y que provocó 22 muertos, y en Dellys el día 8 con un saldo de 30 muertos.
 
La apuesta islamista por la política tras el descalabro del 7 de septiembre
 
El que el PJD haya sido el segundo partido más votado en unas elecciones calificadas de transparentes por los pocos, medio centenar, observadores internacionales que las han supervisado ha sorprendido no sólo a quienes vaticinaban su victoria a la luz de diversos sondeos realizados en los últimos años, tanto desde dentro como desde fuera del país, sino también al propio partido, que esperaba un resultado más lucido, pero no ha sorprendido a quienes pensábamos que los mecanismos correctores del sistema seguirían funcionando como tradicionalmente lo han hecho. Dichos mecanismos correctores han consistido tradicionalmente en acuerdos secretos entre los partidos y el Ministerio del Interior para garantizar la estabilidad del proceso, en los que los distintos partidos tradicionales aceptaban autocontrolarse evitando estridencias y sorpresas que podrían poner en peligro una frágil situación política. Aunque tales mecanismos se han aplicado, incluso por parte del PJD en las anteriores legislativas de 2002, algunos creían que las cosas estaban cambiando deprisa en el Reino y la experiencia reciente de victoria electoral islamista en Turquía o incluso la presencia islamista en el Gobierno de coalición de la vecina Argelia hacían a algunos abrigar esperanzas de un mayor protagonismo del PJD en la vida política marroquí - y pasar de sus 42 parlamentarios actuales hasta los 60 o 70 - y ello a pesar de que el régimen había puesto en marcha alguna medida innovadora de control como la redelimitación de las circunscripciones electorales para debilitar el impacto del voto islamista.
 
La abstención a lo largo y ancho de Marruecos - alta incluso en las ciudades, feudo de los islamistas, con un paupérrimo e ilustrativo 28% de participación en Casablanca -, que marca la primera distancia respecto al proceso turco donde lo que ha sorprendido ha sido que la victoria de los islamistas del Primer Ministro Tayyib Recep Erdogan se ha producido en el marco de una altísima participación, indica varias cosas desde la perspectiva del análisis del fenómeno islamista en Marruecos: en primer lugar, que buena parte de la población no se siente involucrada en el proceso político tradicional, y ello incluye a los aparentemente ilusionados islamistas del PJD; en segundo lugar, que en parte la abstención no indica dejadez política o incluso debilidad del islamismo político ya que los islamistas alegales pero autorizados de Justicia y Caridad, liderados por el jeque Abdesalam Yasin, han propiciado precisamente la abstención; y que, en consecuencia, los resultados del 7 de septiembre no deben de ser interpretados en clave tranquilizadora como de victoria del sistema y de los partidos tradicionales frente al islamismo. Por otro lado, y teniendo en cuenta que Marruecos puede y podrá siempre sorprendernos, no debemos olvidar que en los últimos lustros el ahora vencedor Istiqlal se ha significado por sus flirteos con los sectores islamistas de la sociedad marroquí - como históricamente también en el aparentemente laico Frente de Liberación Nacional (FLN) de la vecina Argelia ha existido una corriente que ha contemporizado con corrientes islamistas y entre cuyos más destacados representantes ha estado el actual Primer Ministro del país, Abdelaziz Belkhadem - y nada impide que en el Gobierno que debe crearse pase a haber algún atisbo de orientación islamista, aunque modulada, entre sus miembros.
 
Así pues, y asumiendo que el islamismo como fuerza latente es un actor clave en el Marruecos de hoy y lo seguirá siendo en el futuro, sólo queda intentar vislumbrar cuál va a ser su reacción ante este proceso a la luz de su implantación social. La alta abstención en ciudades como la citada Casablanca y como Tetuán, importantes canteras ambas de terroristas yihadistas, muestra el pulso entre los islamistas más o menos radicalizados que es el pulso que se libra como bien sabemos en todo el orbe islámico: el PJD, que es un actor urbano, no ha conseguido pues imponerse a la llamada a la abstención de sus competidores de Justicia y Caridad y, mucho menos, a la opción rupturista y violenta de los yihadistas salafistas agrupados en redes (Yihadiya Salafiya), siglas (Grupo Islámico Combatiente Marroquí, GICM) u organizados de forma embrionaria en pequeñas células o incluso de individuos actuando en solitario. Además, el voto islamista se ha visto dividido por la participación en las elecciones de otras dos formaciones también islamistas, el Partido del Renacimiento y de la Virtud y el Partido de la Civilización Alternativa: el primero está dirigido por Mohamed Jalidi pero quien realmente destaca de él es Abdelbari Zemzmi, un predicador con cierto prestigio pues es “Alem” (doctor de la fe) pero radical y antisemita que ya fuera destituido en 2001 como imam de una importante mezquita de Casablanca y que abandonó recientemente el PJD junto con sus seguidores por considerarlo moderado.
 
Habría pues que distinguir entre la abstención de quienes han venido afirmando que “votar no sirve para nada”, y que van desde algunas desencantadas capas urbanas hasta el hastiado mundo rural, y la abstención convencida de quienes creen que el proceso electoral sobra en el marco de la lucha sagrada por acabar con el poder de los apóstatas dirigidos por Mohamed VI y que el PJD y sus líderes, sus 42 diputados, sus militantes y seguidores y, por supuesto, los otros dos partidos islamistas citados no serían más que servidores y legitimadores de dicho poder corrupto y por tanto mancilladores del Islam. Poco les importa a estos sectores radicales que el PJD preconice la implantación de la Sharía como principal fuente de legislación o que postule que dos “Ulemas” (doctores de la ley islámica) se incorporen al Consejo Electoral: tales promesas no son más que eso y están hechas por quienes creen, ingenuamente, que el activismo político legal va a permitir alcanzar el objetivo sagrado de derrocar finalmente a los apóstatas.
 
Si un partido islamista, el PJD, que no ha ocultado como vemos sus objetivos claramente islamizadores pero sí había moderado algunas reivindicaciones tradicionales como la de reformar la Constitución o limitar los poderes del Rey, pierde capacidad de actuación tras su descalabro en las elecciones aquí comentadas el islamismo marroquí, en sus distintas tendencias, no va a cejar en su empeño transformador. Si finalmente el PJD no obtuviera resultados visibles - participación en el Gobierno de coalición que el Istiqlal estará ya diseñando en contacto con Palacio, mayor protagonismo en el Parlamento, etc., - es evidente que en su seno se producirán desgarros y que las otras dimensiones significativas del islamismo marroquí - Justicia y Caridad, por un lado, y los sectores defensores de la violencia de forma explícita por otro - saldrán beneficiadas. Así como en el Frente Islámico de Salvación (FIS) argelino siempre hubo quienes propugnaron el cambio de régimen violento compartiendo activismo con algunos que apostaban por la política para ir islamizando la sociedad, y se impusieron definitivamente a estos últimos cuando el proceso electoral fue interrumpido en enero de 1992, el descalabro del PJD cuando su tan cantado impulso se ha mutado en pírricos resultados llevará a los más recalcitrantes a intentar deslegitimar a los líderes posibilistas encabezados por el Secretario General Saad Eddin El Othmani. Este último tratará de convencerles de que aún es pronto para rendirse y que algo se puede sacar aún del típico mercadeo posterior a las elecciones en Marruecos, pero también es previsible que los islamistas que están fuera del PJD no se queden quietos en esta fase en la que se puede sacar partido de la frustración que a buen seguro existe en las filas de dicho partido. La hija del jeque Yasin, y líder mediática de Justicia y Caridad que tanto se ha prodigado durante años por Europa y por los Estados Unidos, Nadia Yasin, declaraba con regocijo al conocerse el sábado los primeros resultados: “Nosotros no creemos en elecciones libres bajo este poder. Sólo miramos cómo este régimen podrido se está autodestruyendo”. No hay que olvidar que frente al autocontrol al que se sometió el PJD en las elecciones de 2002 - aceptó presentarse sólo en la mitad de las circunscripciones -, en las que quedó tercero tras la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) y el Istiqlal, ahora se presentaba en 92 de las 95 circunscripciones. Así, es probable que hombres como Mustapha Ramid, uno de los líderes de la corriente radical del PJD y defensor del recorte de poderes del Rey frente a la actitud más prudente de otros compañeros dirigentes, pugnen por ascender y por darle al partido una estrategia de mayor acción y quizás algo más radical.
 
Por último, no hay que olvidar que el telón de fondo de estos comicios ha venido marcado, en Marruecos, por la vigencia del estado de máxima alerta por amenaza terrorista, desde el pasado 8 de julio, y el atentado suicida del ingeniero Hicham Dukali en Meknes el pasado 13 de agosto; en la vecina Argelia, por los dos sangrientos atentados suicidas citados que, reivindicados por Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI) el 9 de septiembre, llevaban al Gobierno marroquí a enviar un mensaje al argelino mostrando su voluntad de cooperar para “limpiar” la región del Magreb de terroristas; y, en un marco más global, por el oscuro mensaje del propio Osama Bin Laden, hecho público en vídeo el 7 de septiembre anunciando una continuación de dicho mensaje en torno al sexto aniversario del 11-S, y que no hace sino insistir en la vigencia de su lucha. En esa lucha el paso por las urnas sobra y cualquier islamista que se precie, y más si es yihadista salafista, sabe que tal práctica sólo sirve para legitimar los regímenes “taghout” (tiranos) y perpetuar la impiedad. Ahora sólo queda ver en qué grado la participación del PJD en las legislativas del 7 de septiembre en Marruecos contribuye a soliviantar a los ya de por sí activos seguidores del yihadismo salafista en el país magrebí y cómo los para los dirigentes de dicho partido decepcionantes resultados electorales anunciados contribuyen a recomponer el complejo mundo del islamismo marroquí.

 
 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.


© 2003-2008 GEES - Grupo de Estudios Estratégicos
Aviso legal | Mapa Web | Lista de correo | Contactar