El gobierno quiere que el actual JEMAD, el Gral. Félix Sanz, se convierta en el próximo chairman del Comité Militar de la OTAN. Vaya por delante nuestra enhorabuena al JEMAD si eso es lo que le apetece como broche de su exitosa carrera, con mis mejores deseos para que lo consiga.
Pero lo que no es de recibo es el intento por parte del gobierno y sus corifeos de presentarnos esta candidatura como una fiesta nacional en la que celebrar la normalización de las relaciones españolas con Estados Unidos o como la prueba del gran papel de España en la escena mundial. Porque no es ni un a cosa ni la otra.
Por un lado cabe recordar cómo Felipe González ya logró en su día que uno de sus ministros, por lo demás batallador activo a finales de los 70 en aquello de “OTAN, de entrada no” que esgrimía el PSOE contra la UCD, llegara a ser aceptado como Secretario general de la OTAN. Me refiero, lógicamente, a Javier Solana, el líder socialista que apretó el botón de los bombardeos contra serbia en la guerra de Kosovo.
El actual presidente tiene que contentarse con un puesto de menor trascendencia, puesto que la Alianza Atlántica, según la propia doctrina socialista, es una organización política defensiva, en la que el Comité Militar no forma parte de la estructura integrada, sino que es el órgano de representación militar nacional. Tampoco es el Comité Militar parte de la cadena de mandos. ¿Quién recuerda qué general era el presidente de dicho comité cuando la guerra de Kosovo? Sin embargo es mucho más probable que recuerden la figura del Gral. Westley Clark, a la sazón comandante supremo aliado para Europa o SACEUR en la jerga otánica.
Sin querer menospreciar el peso del Comité Militar, un paseo por la página web de la Alianza Atlántica nos dará como resultado que en su estructura de decisión, los órganos principales son el Comité del Atlántico Norte, el Comité de Planes de la Defensa y el Grupo de Planes Nucleares; y en la estructura militar, el Mando Operativo Aliado, el Mando de Transformación y los cinco submandos tácticos. Que sea una omisión deliberada o no debería explicarlo el gobierno socialista, que es quien pone el énfasis ahora en la importancia del Comité Militar.
El JEMAD es un militar con cintura y sabrá desenvolverse bien en Bruselas si llega al puesto. Pero en los tres años que durará su turno al frente del Comité Militar más vale que esté preparado para que Rodríguez Zapatero, quien se cree campeón en las próximas elecciones generales, le saque los colores más de una vez.
Contrariamente a lo que creen en Moncloa, el Comité Militar tiene que velar por la organización y no servir a los intereses de las naciones miembros. De ahí su responsabilidad en asesorar a los órganos políticos. Y por ello Sanz deberá exigir al gobierno español que cumpla con sus compromisos, no avalar sus deficiencias.