“La única cosa que este aumento logrará es un aumento de aún más muerte y destrucción”. Ésa era la predicción de la bloguera y activista pacifista Arianna Huffington allá por diciembre del año pasado – un mes antes de que el Senado confirmase unánimemente al general David Petraeus como comandante en Irak.
“Creo... que esta guerra está perdida y que este aumento de tropas no está logrando nada”. Ésa era la opinión de Harry Reid, líder de la mayoría del Senado en abril – dos meses antes de que los refuerzos que el general Petraeus necesitaba llegasen a Irak para implementar al completo su nuevo “aumento”.
A mediados de junio, apenas cuando la potencia de las tropas iba alcanzando el nivel necesario para llevar a cabo la misión modificada, el senador Reid agregó: “Como muchos habían previsto, la escalada ha fracasado en producir los resultados deseados”.
Pero ahora esos resultados deseados se están viendo – incluso algunos críticos de la guerra lo reconocen, algo que dice mucho a su favor. “Más tropas americanas han significado más paz en más partes de Irak. Creo que es un hecho” afirmó el senador demócrata Dick Durbin a los periodistas.
“Lo que me dice mi instinto es que el ímpetu táctico está allí con las tropas”, le dijo el senador demócrata Jack Reed a Charlie Rose de PBS.
El debate sobre la guerra en Irak está cambiando, aunque más lentamente que la guerra en Irak, debido a un movimiento pacifista bien financiado y decidido, así como también a causa de muchos en los medios de comunicación para quienes las buenas noticias no son noticias.
Hace algunos días, Kyra Phillips de la CNN entrevistó al teniente general Raymond Odierno, el principal oficial del general Petraeus. Ella le podría haber preguntado si sus tropas ahora poseen la voluntad y la manera de derrotar a los terroristas suicidas de al-Qaeda y los escuadrones de la muerte patrocinados por Irán. En lugar, su mente inquisitiva quería saber: “¿Cree Ud. que este trabajo que ha asumido podría ser un suicidio para su carrera?”
Debido al escaso interés de los medios, la mayoría de americanos ni siquiera se da cuenta de que el llamado aumento de tropas es una estrategia nueva y distinta, puesta en ejecución por el general Petraeus porque el enfoque de sus antecesores – incluido el ex Secretario de Defensa Donald Rumsfield – fracasó.
Rumsfeld quería dejar una “huella ligera” en Irak, no quería una ocupación militar intrusa. Él pensaba que más tropas significarían más blancos para nuestros enemigos. Él presionó duramente a los iraquíes para que se encargaran de su propia seguridad lo más rápidamente posible.
Bajo la estrategia de Rumsfeld, la mayoría de las fuerzas americanas pasó la mayor parte de su tiempo en bases operativas de avanzada. Al estar desconectados de la población local, recibieron pocos datos de inteligencia. Y puesto que las tropas se encargaban de su propia seguridad pero no de la de los iraquíes, los iraquíes recurrieron a milicias sectarias que crecieron más y más volviéndose más fuertes y violentas.
Mientras tanto, al-Qaeda en Irak desplegó a sus terroristas suicidas para que masacrasen a civiles como una forma de atizar la violencia sectaria. Al-Qaeda calculó – y no sin razón – que los americanos se retirarían en lugar de quedarse en el fuego cruzado de una guerra civil.
El general Petraeus, máximo experto en contrainsurgencia del Ejército de Estados Unidos, decidió que era hora de un enfoque distinto. Sacó a las tropas de las bases operativas de avanzada y las puso en ciudades y aldeas iraquíes donde han estado encargándose de la seguridad de los iraquíes – que han sabido demostrar su aprecio proporcionando datos de inteligencia que los satélites espía no pueden conseguir.
El blanco de Petraeus es al-Qaeda al igual que las milicias chiítas entrenadas, financiadas y equipadas por Teherán – sus células, bastiones y fábricas de bombas. Y con el aumento de tropas, él ha sido capaz de mantener libres los vecindarios depurados.
También es verdad que los líderes iraquíes más tradicionales se han sentido asqueados con el extremismo y la brutalidad de al-Qaeda. Los americanos, por el contrario, han demostrado su respeto a los jeques locales mientras entrenan y coparticipan con los iraquíes – poniendo muy en claro que nada les gustaría más que ver a los iraquíes encargándose de su propia seguridad tan pronto como estén listos.
Además de todo eso, los soldados de Estados Unidos han estado desempeñando un doble rol como diplomáticos: ayudando a que grupos tribales sunníes y chiítas se reconcilien e incluso que insurgentes– aquellos no afiliados a al-Qaeda o Teherán – entren en línea con el gobierno iraquí.
Esta semana, el general Odierno lanzó la “Operación Ataque Fantasma” (Phantom Strike), una nueva ofensiva que busca perseguir a los terroristas de al-Qaeda y a las milicias respaldadas por Irán desplazadas de sus refugios seguros debido a combates anteriores este verano: Las operaciones Trueno Fantasma (Phantom Thunder) y Fard al-Qanun (El plan de seguridad de Bagdad).
La operación Ataque Fantasma, si tiene éxito, significará más “muerte y destrucción” – pero mayormente para los enemigos jurados de Estados Unidos. Sin duda, las huestes pacifistas se opondrán y declararán que es un fracaso incluso antes de que se haya completado. Pero otros americanos – si se enteran de lo que en realidad está sucediendo en Irak – apoyarán a las tropas. La mayoría estará de acuerdo en darles el tiempo y los recursos que necesitan para terminar su misión.